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sábado, 28 de marzo de 2026

Novelas breves de frases cortas

Un estudio realizado recientemente por The Economist (véase el gráfico de más abajo) muestra que el número medio de palabras por frases en los superventas más populares ha disminuido de manera llamativa en el último siglo. Si en la década de 1930 ese número medio de palabras/frase estaba por encima de las 20 palabras, actualmente ha bajado hasta alrededor de 12. Ha disminuido aproximadamente un 40 %, lo cual es mucho. Como ejemplos extremos, se citan La cala del francés (1941) de Daphne du Maurier, que tenía una media de 40 palabras por frase, y Romper el círculo (2016) de Colleen Hoover, con 11.

Gráfico del nº medio de palabras/frase en los superventas de la lista publicada por The New York Times  

¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué pasa esto? Por un lado, parece que casi todo el mundo, salvo honrosas excepciones, quiere escribir como Hemingway. Se diría que ha triunfado el estilo minimalista y sobrio, de frases sencillas, cortas y claras, mucho más fácil de leer. A mí personalmente me encantan los libros barrocos, a lo Marcel Proust, de frases interminables que nunca acaban en la misma página, pero no parece ser la tendencia general.

Por otro lado, la simplificación del lenguaje no se circunscribe al ámbito literario, hay estudios que concluyen que la longitud de los discursos en el parlamento británico se ha reducido en un 30 % en solo una década.

Hay profesores que notan una creciente dificultad de sus alumnos para comprender el lenguaje de algunos clásicos decimonónicos, como Charles Dickens. Hay quien menciona una deriva general en los medios de comunicación en busca de mensajes sintéticos, de rápido consumo, y desde luego la evolución de las redes sociales y la comunicación digital promueve la fragmentación de la atención y origina una creciente dificultad para mantener la concentración.

Por otro lado, algunos expertos sostienen que la pérdida de la capacidad para procesar prosa compleja conlleva una merma en la habilidad para desarrollar ideas sofisticadas, apreciar matices y conciliar pensamientos contradictorios. Lo que resulta algo especialmente preocupante, porque ya sabemos que el pensamiento impulsivo y rápido conduce frecuentemente a cometer errores, como mostraba Daniel Kahneman en Pensar rápido, pensar despacio.

En cuanto a la longitud de las novelas que se publican últimamente, observo dos claras tendencias. Por un lado, la persistencia de superventas voluminosos, de hasta 600, 800 y en ocasiones 1000 páginas. El ejemplo más llamativo pueden ser las novelas históricas de Santiago Posteguillo, fantásticas, muy documentadas y encantadoramente voluminosas. Parece que hay lectores entregados que, cuando empiezan a disfrutar de una obra, prefieren que el placer dure. Pero creo que esa tendencia se mantiene en un panorama general que gusta de novelas de menos de 200 páginas a ser posible. Los nuevos valores de la literatura no suelen escribir largo. No quiero ser necesariamente apocalíptico, las obras breves tienen también mucho encanto. Decía Delibes que no hay nada tan difícil en literatura como la sencillez y ya dejó sentado hace casi cuatro siglos Baltasar Gracián aquello de «Lo bueno si breve... ». Pero me parece que es un hecho innegable que se está produciendo una deriva hacia los libros cortos de frases cortas, que resulta cuanto menos curiosa. Y creo que ya he escrito demasiado. Vale.

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

miércoles, 30 de marzo de 2022

El sonido de las olas - Margarita García Robayo

 

Título: El sonido de las olas                                                                                             Autora: Margarita García Robayo

Páginas: 284

Editorial: Alfaguara

Precio: 17 euros 

Año de edición: 2021

¿Es posible abrirse paso en el mundo de la literatura con una voz nueva y original? ¿Se puede encontrar un tono y unos temas que no estén ya trillados hasta la saciedad? García Robayo, una joven escritora colombiana muy prometedora, nos ofrece en este libro un buen ejemplo de que sí es posible; se puede ser original y a la vez tener calidad e interés, a pesar de todo lo que se ha escrito.

En este libro lo demuestra con tres novelas cortas, de 50, 133 y 75, respectivamente, tres historias estupendas sobre tres chicas jóvenes que buscan su lugar en el mundo difícil, competitivo y agresivo del siglo XXI en el que vivimos. Se puede decir que son tres historias de adolescencias, en mayor o menor grado, tres narraciones de procesos de madurez que se quedan a medias, tres historias vitales que son tres fracasos, mediante las cuales,  indirectamente, se proporciona una visión ácida y desencantada de nuestra sociedad occidental, que parece condenar a las nuevas generaciones a una adolescencia precaria eterna, versión perversa y angustiosa del mito de la eterna juventud.

Son tres relatos a cual más poderoso e impactante:

  • «Hasta que pase un huracán» nos habla de una chica que crece en un lugar sin oportunidades y, cuando le preguntaban de pequeña qué quería ser de mayor, contestaba siempre: «Extranjera». Convertirse en azafata será la única manera que encontrará para salir de su vida, pero pronto descubrirá que las cosas no son tan fáciles.   
  • «Lo que no aprendí» se basa en los recuerdos de la protagonista, que describe desde los once años el mundo de los adultos en Colombia. Una historia de pérdida, recuerdo de la pérdida y finalmente, pérdida del recuerdo y un vacío que nunca se llena.
  • «Educación sexual», subtitulada «Folletín adolescente», nos cuenta em primera persona las experiencias de una quinceañera, rebelde y algo terrible, en un colegio religioso de Bogotá, el ansia por descubrir el sexo y el amor, la represión, el acoso de los chicos, la relación con las amigas. Una narración brillante y perturbadora, para mí gusto la mejor de las tres, contada con una voz descarada y ácida, crítica y corrosiva, que me fascina.
Crecer en Colombia, y por extensión en muchos países y en muchos barrios, es hoy en día especialmente difícil y duro, demasiado duro. Y este libro nos lo recuerda con la autenticidad de lo verdadero. Nos haba de chicas que se obsesionan con métodos para salir de pobres, ya sea estudiar, trabajar como azafatas o convertirse en curandera, algo que a la postre, aparece como casi imposible. 
 
El lenguaje es expresivo, natural, lleno de expresiones coloquiales de la calle, algo irreverente y con toda la fuerza necesaria para levantar un mundo entero, una sociedad, en la mente del lector. Posee un sentido del ritmo muy especial, una elegancia de fondo que suaviza la dureza de la melodía narrativa.
 
Un libro redondo y fascinante, arrollador, crudo y cálido a la vez, cercano y duro, de cuya lectura no se puede salir ileso. Unas páginas llenas de humor, rebeldía, ganas de vivir, violencia, deseo y... marginalidad. Porque como dice la autora, «Fumar era como decir: me trago este veneno y lo devuelvo al mundo porque se lo merece». Una cita que resume el tono y los temas de estos tres relatos inolvidables. Una gran novela. Muy recomendable.
 
Margarita García Robayo (Cartagena, 1980) es una escritora colombiana que vive en Buenos Aires. Sus libros se han publicado en casi toda Hispanoamérica y se han traducido a ocho idiomas. Ha colaborado en varios periódicos, es la responsable del blog Sudaquia, que ha recibido importantes reconocimientos, y ha dirigido la fundación Tomás Eloy Martínez de 2010 a 2014.
 
Ha publicado tres novelas y cinco volúmenes de relatos, con los que ha ganado el Premio Casa de las Américas 2014 y ha sido finalista del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana 2015.

Margarita García Robayo

Publicado por Antonio F. Rodríguez.