domingo, 21 de junio de 2026

El Atlas rojo - Agustín T. Villar

Título: El Atlas rojo
Autor: Agustín T. Villar
 
Páginas: 186
 
Editorial: Instituto de Estudios Campogibraltareños
  
Precio: 0 euros (libro digital)
 
Año de edición: 2026
 
¿Sabíais que la Unión Soviética desarrolló todo un plan clandestino de cartografía de España en los años de la guerra fría que dio lugar a mapas precisos y detallados de unas 20 ciudades españolas a escala 1:10.000? ¿Y que esos trabajos eran solo una pequeña parte de un magno programa que intentaba cartografiar prácticamente todo el planeta?
 
Mapa soviético de Sevilla 1:10.000 (1977)

La historia completa de esos mapas y muchos detalles relacionados se explican en este estupendo y maravilloso libro, haciendo énfasis en la cartografía de Andalucía y muy especialmente en la representación del Estrecho de Gibraltar, probablemente el paso marítimo más importante de la historia a través de los siglos por su posición estratégica.
 
Efectivamente, entre 1950 y 1990, la Unión Soviética realizó un proyecto de cartografía mundial extraordinariamente ambicioso y realizado clandestinamente, con siete escalas de detalle, que dio lugar a más de un millón de mapas en papel de todo el mundo de gran calidad, con una riqueza de detalles y una finura de trazado muy notables. La empresa contó con cinco academias de formación, doce factorías de mapas, quince depósitos y se estima que unos 40.000 cartógrafos. Llegaron a cartografiar 8 ciudades andaluzas a escala 1:10.000, 
 
El libro, subtitulado «Los mapas soviéticos del Estrecho de Gibraltar», comienza con un breve repaso a las representaciones cartográficas del Estrecho a lo largo de la Historia, desde los primeros mapas de Ptolomeo (100-170) hasta el siglo XX, cuando las principales potencias abordaron proyectos de cartografía global en los años de la II Guerra Mundial. A continuación, se describe el gran proyecto soviético de cartografía de todo el planeta, el más ambicioso de aquellos años, tanto desde el punto de vista técnico como organizativo, con mención especial del conjunto de normas e instrucciones que se produjeron para garantizar la estandarización y calidad de los mapas. Después se describen los mapas producidos, sus características técnicas y contenido, con detalles tan interesantes como los atributos recogidos de cada elemento representado, las transcripciones fonéticas de los topónimos locales escritas con el alfabeto cirílico o las extensas descripciones textuales del área cubierta por cada mapa.
 
Se investiga y se formulan hipótesis sobre las fuentes de datos utilizadas. En cuanto a la geometría, se copiaron muchos de los mapas existentes, incluidos los españoles del IGN, tal y como se demuestra con la identificación de errores reproducidos. También se utilizaron, obviamente, las imágenes de los satélites rusos espía de la serie Zenit, de la que se lanzaron más de 500 y que en los años 60 llegaron a resoluciones de 1 m, en los años 70, de 0,5 m y en los 80, incluso menores. Una barbaridad en aquellos años. En cuanto a la información temática y literal, se desplegó toda una labor de espionaje, a través de múltiples canales y con la colaboración de los partidos comunistas de cada país. El libro concluye que, como es habitual, es la política la que impulsa en una u otra dirección la producción cartográfica en cada momento, que este asombroso conjunto de mapas constituye una apasionante cápsula del tiempo, en la que se ve cómo era el mundo en aquellos años y, por reflejo, cómo era la URSS en muchos aspectos, y que todavía quedan muchos secretos que desvelar y numerosas materias que investigar. 
 
La edición incluye un acertado prólogo de Alfonso Fernández Tabales e Ismael Vallejo Villalta, catedráticos ambos de la Universidad de Sevilla, una lista de las fuentes empleadas, una selecta bibliografía y una serie de jugosos apéndices, que recogen: un glosario; la lista de siglas utilizadas; las traducciones de las abreviaturas en ruso que aparecen en los mapas; una traducción de las descripciones literales, en forma de textos sintéticos, los llamados spravka, de varias hojas; un callejero bilingüe de Tánger, y la reproducción de los mapas de Gibraltar y La Línea (1:10.000, 1974), Algeciras (1:10.000, 1973), Tánger (1:10.000, 1977), Valencia (1:1.000.000, 1986), Orán (1:1.000.000, 1976), Sevilla (1:500.000, 1986), Fez (1:500.000, 1979), Algeciras (1:200.000, 1991), Tánger (1:200.000, 1978), Algeciras (1:100.000, 1990) y Tánger (1:100.000, 1975).
 
El estilo es ameno, divulgativo y todo el texto está cuidadosamente documentado y basado en sólidas referencias. Los aspectos técnicos están explicados con rigor y de manera que un lector medio los pueda entender sin problema. Una obra deslumbrante que aúna el interés histórico, los aspectos geopolíticos, los detalles cartográficos y las anécdotas más curiosas e interesantes. Una lectura muy apropiada para este verano, que cumple a la perfección el viejo lema de «instruir deleitando»
 
Mapa soviético de Barcelona

El libro puede descargarse de manera gratuita y en formato PDF en este enlace.

El viernes, el autor presentó el libro en la sede del Instituto Geográfico Nacional (IGN), en un acto promovido por la Real Sociedad Geográfica (RSG), en el que intervinieron la directora general del IGN, Laura Barbas Calvo, el director del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, Manuel Ignacio Castaño Sousa, la catedrática de Historia de España de la Universidad de Moscú, Olga Volosyuk, y Agustín Villar. El vídeo de la presentación estará disponible en breve en el canal de YouTube de la RSG.

Agustín Tomás Villar Iglesias (La Línea de la Concepción, 1965) es un político y geógrafo español. Estudió Geografía en la Universidad de Sevilla e Ingeniería Geodésica y Cartográfica en la Universidad de Jaén. Además, se ha especializado en Cartografía Catastral en la Universidad Autónoma de Madrid.
 
Es militante del Partido Andalucista desde 1985 y ha sido concejal del Ayuntamiento de Sevilla. Ingresó como funcionario de la Junta de Andalucía en 1993 y ha ocupado diferentes puestos en el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA). Actualmente es Subdirector del Área de Coordinación, Comunicación y Métodos. Ha publicado diversos artículos técnicos y presentado numerosas comunicaciones en congresos especializados.
 
Agustín T. Villar
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

sábado, 20 de junio de 2026

Borges - Luis Antonio de Villena

Luis Antonio de Villena

 

Borges 

Conocí a Borges ya viejo. Y quizá como otros tiendo a considerar

que el anciano de sonrisa perpetua, aferrado a su oscuro bastón

no debió conocer la juventud. Es este Borges al que retratamos una

tarde de 1982. El Borges que (con su peculiar acento, su continuo

tentar la ironía) hablaba continuamente de libros y de palabras…

Recordaba un verso de Lucano, traducido por Juan de Jáuregui,

y lo repitió varias veces, una mientras yo lo conducía al lavabo:

«Muere el mar y es cristal su monumento» ¡Caramba qué verso!

volvió a reiterar el mítico ciego, acaso para ocultar lo demasiado

humano inevitable. Como algunos grandes conservadores tenía

muchas proclamaciones anarquistas. Había vivido para los libros

y en los libros. Pero ¿no hubo más? ¿Quién era María, quién su

casi infinita madre, quién aquella Estela Canto a quien dedicó

y regaló el manuscrito minucioso de El Aleph? Como le hubiera

gustado decir, Borges era muchos y todos misteriosos, como tú,

casi como cualquiera. Pidió, otra tarde, que le leyéramos un fragmento

de un viejo cuento suyo, que no recordaba. Lo hicimos. Y cuando

surgía la frase carismáticamente borgeana, decía: «No está mal eso.

¿Verdad? ¡Caramba! ¿A quién se lo habré copiado yo?». Cuando alguien

le preguntó qué pensaba de quienes decían cosas contra él, acentuó

la peculiar sonrisa indefinida: «¿Qué voy a pensar, ché? Bueno, que

tienen razón, ¿no?» Recuerdo cuando, adolescente, leí el primer poema

suyo que me fascinó, «España». Recuerdo miles de posteriores lecturas

deslumbradas:  «¿Es posible que yo, súbdito de Yakub Almansur/

muera como tuvieron que morir las rosas y Aristóteles?»  Hizo,

con daño oculto, de la ceguera un don y se esforzó en la humildad

de quien sabe con sir Thomas Browne que «el olvido es insobornable».

Su presencia tranquilizaba, pues era igual a lo que imaginaste

y te gustaba saberlo próximo a Quevedo o a Lugones, cuando

leía con voz exacta: «Detrás de los mitos y las máscaras,/ el alma,

que está sola».  También ante el espejo en que no podía verse,

resignándose al retrato: «La justa y vasta y necesaria muerte»

Adiós, Borges. Sin usted todos seríamos, en verdad, mucho menos…

Luis Antonio de Villena

 

Jorge Luis Borges

Publicado por Antonio F. Rodríguez.