viernes, 29 de mayo de 2026

El coloso de Marusi - Henry Miller

Título: El coloso de Marusi
Autor: Henry Miller
 
Páginas: 256
 
Editorial: Edhasa
  
Precio: 9,45 euros 
 
Año de edición: 2025

Del gran escritor norteamericano Henry Miller se recuerdan sobre todo sus dos clásicos trópicos: Trópico de cáncer (1934) y Trópico de capricornio (1939), novelas en donde se lleva a cabo una eficaz demolición de las reglas narrativas tradicionales, apostando en su lugar por un torrente de sensualidad, sarcasmo, humor, absurdo y un rechazo visceral de cuanto signifique limitación de los deseos más naturales del hombre. La vida es un remolino de sensaciones que nunca debe ser censurado por las normas hipócritas de la sociedad burguesa. Como era de esperar, la censura cayó sobre los Trópicos como las moscas sobre la miel. Henry Miller se convirtió en un maldito, abandonó los EE. UU. y se fue a vivir a París. La generación beat recogería su testigo a partir de los años 50. Y más tarde, la contracultura, con su alergia al american way of life. 

Henry Miller escribió en 1940 este hermoso libro de viajes, El coloso de Marusi, en donde nos cuenta sus andanzas por Grecia. El norteamericano se aburría bajo los cielos plomizos de París. Decidió bajar hasta regiones más cálidas. Resulta casi un tópico el periplo del artista del norte por el sur, en donde descubre un universo luminoso, ardiente y sensual: el retorno a lo primitivo. Un mundo incontaminado. Una especie de paraíso originario, puro y desnudo, amenazado por el progreso industrial. Miller comparte plenamente este rechazo de la civilización moderna como si se tratara de una especie de prehippie. Grecia representa la liberación de los instintos reprimidos por el corsé de jueces, militares y curas. 

Nuestro hombre viaja a lugares de leyenda: Atenas, Olimpia, Micenas, Tirinto o Corfú. Se relaciona con otros escritores como Lawrence Durrell, Giorgos Seferis o el inefable George Katsimbalis, cuya alucinante facundia verbal embelesa a Henry Miller, que se queda como hipnotizado ante las parrafadas del griego. Así que el neoyorquino se baña desnudo en las dulces aguas del Egeo, sube durante un día tórrido hasta la incomparable Acrópolis ateniense, que parece flotar mágicamente en el aire inmóvil, o sufre una tormenta en alta mar como si se tratara de un nuevo Ulises. Todo le parece maravilloso, primigenio y encantado. Entra en una especie de comunión telúrica con el territorio griego, su historia y su belleza inmaculada. Lo resume en dos palabras: azul y blanco. Los colores de la bandera nacional helena. 

El paisaje griego es eterno. El paisanaje, por su parte, es muy superior al de cualquier otra parte del mundo. Los griegos son ciertamente pobres, pero llevan su miseria con una sobriedad digna del más austero de los filósofos estoicos. Incluso para mendigar son auténticos. Es verdad que a veces hablan más de la cuenta y son bastante mentirosos. Sin embargo, el entusiasta Miller siempre les encuentra alguna justificación. Hasta un asesino que se ha pasado veinte años en la cárcel reconoce su delito con una desenvoltura inexistente en otros lugares. Evidentemente, está un poco alucinado con los indudables encantos de Grecia, lo que le lleva a digresiones un tanto discutibles sobre el carácter griego y otros temas. No soporta a los griegos digamos «modernizados», que están bastante cansados de cuidar cabras y quisieran tener una radio o una máquina de coser, por ejemplo. 

A nuestro hombre tampoco le gustan los ingleses, con su aire de estúpida superioridad, los viajeros norteamericanos que suspiran por la comodidad de sus casas suburbanas en Ohio, o los franceses que hacen de la lógica más egoísta la regla infalible para medir las relaciones humanas. Las vidas de los hombres modernos son estériles, vacías e insustanciales. Además, la tecnología lleva inevitablemente a la guerra. Europa ya está envuelta en un terrible conflicto que amenaza con extenderse al mundo entero. En esto, Henry Miller no se equivocó. 

En definitiva, esta obra es el itinerario apasionado de un hombre que busca en Grecia, su Grecia, un antídoto contra la civilización burguesa. A lo artificial e hipócrita se contrapone el arrobo de lo sensual y eterno. El transparente paisaje griego, sus gentes, sus colores, sus olores, el hálito que emana de todo ello, es una fuente inagotable de vida para Henry Miller, que se asfixiaba en la gran metrópoli parisina. El coloso de Marusi es un libro de viajes atípico, nada convencional, lleno de magníficas descripciones de cosas y personas, pero repleto también de las diatribas características de su autor, lo que da a sus páginas un aire personal e intransferible. Buscaba el paraíso y lo encontró en Grecia durante unos meses antes del desastre. De lectura más que recomendable. 

Henry Miller

Henry Miller (1891-1980) fue un escritor norteamericano nacido en Nueva York. Sus padres eran alemanes de religión luterana. No fue un buen estudiante y le gustaba vagabundear por las calles. Simpatizaba con el socialismo. Se casó (lo hizo cinco veces) y trabajó en la Western Union. Sus primeros libros no tuvieron mucho éxito. En 1928 se fue a París. Tuvo amoríos con Anaïs Nin y en 1934 publicó Trópico de cáncerrápidamente prohibido en Estados Unidos. por obscenidad. Lo mismo sucedió con Trópico de capricornio (1939), quizá su obra maestra. La relación de Henry Miller con su país siempre fue tormentosa. 

En 1940 volvió a su patria y se instaló en California. Entre 1949 y 1959 publicó La crucifixión rosada, una especie de memorias noveladas de una sexualidad tan exacerbada que algunos consideraron como pornográficas. En EE. UU. se editaron en 1965, con enorme éxito de público y discrepancias entre la crítica. Fue nominado al Premio Nobel de Literatura en 1973. Siempre activo de cintura para abajo, el otoñal escritor se carteó durante los últimos años de su vida con una sensual modelo de Playboy llamada Brenda Venus. Además de escribir, Miller era un buen acuarelista e hizo algún cameo en el cine. Falleció en Los Ángeles con 88 años.  

Publicado por Alberto. 

jueves, 28 de mayo de 2026

En lugar seguro - Wallace Stegner

Título: En lugar seguro
Autor: Wallace Stegner
 
Páginas: 380
 
Editorial: Libros del Asteroide
  
Precio: 21,95 euros 
 
Año de edición: 2008
 
Hay novelas que crean todo un mundo, una atmósfera en la que el lector se sumerge para asistir al desarrollo de una historia. Como ésta novela, publicada originalmente en 1978, que es la despedida de un autor estadounidense de primera línea Wallace Stegner, no muy conocido por estos pagos, pero de una calidad apabullante. Escrita a los 78 años, puede decirse que es la gran novela de un gran novelista, una epopeya sobre la amistad, disponible ahora por primera vez en castellano gracias a Libros del Asteroide.

«Voy flotando hacia arriba en una confusión de sueños y memoria, retorciéndome como una trucha a través de los anillos de subidas anteriores y salgo a la superficie. Se me abren los ojos. Estoy despierto». Así arranca, de esta manera florida y jugosa, esta impresionante novela, en la que durante la Gran Depresión, dos matrimonios formados por dos profesores universitarios de literatura, Larry y Sid, y dos embarazadas, Sally y Charity, se conocen e inician una amistad que durará toda una vida. Una relación marcada por la lealtad, el compañerismo, el amor, la fragilidad, los pequeños desacuerdos, la lucha por la supervivencia en un departamento universitario, la riqueza y la pobreza, el talento indiscutible y el incipiente, la enfermedad y el estoicismo... una descripción espléndida de esa relación a cuatro, contada con todo lujo de matices y la precisión de un cirujano.

El narrador es Larry, que parece en un principio el protagonista, pero poco a poco el interés se va desplazando hasta centrarse en la peculiar relación que tiene la otra pareja, Sid y Charity. Una historia sobre lo bella y terrible que es la vida, rematada con un desenlace abierto y extremadamente elegante. Las frases son largas, como las de antes, con ritmo y de un acabado deslumbrante, poéticas, musicales y envolventes. Es un placer leerlas y disfrutarlas una a una. Por fin hemos encontrado un autor estadounidense que no practica el laconismo, sino que nos embarca en su historia con un estilo espléndido, rico y pulido hasta el extremo. Abundan las escenas magistralmente descritas con tan solo cuatro detalles, las cuatro cosas en las que primero se fijaría un observador recién llegado. Las descripciones de los paisajes son también acertadas y comedidas, una maravilla. Y la redacción en general demuestra que el autor conoce a fondo su oficio y lo practica con verdadero arte.

Como muestra, basten algunos botones: «Dejar una huella en el mundo. En vez de eso, el mundo ha dejado huellas en nosotros», «Según mi experiencia, el hombre más feliz del mundo es un profesor joven que se hace estanterías», «Me chocó entonces, y me sigue chocando ahora, cómo la antipatía mutua se produce y se hace evidente en un instante», «El mejor humor es el involuntario», «Nos habían invitado a sus vidas y nunca nos desalojarían de ellas, ni las abandonaríamos nosotros», «Considera que los hijos de una familia numerosa tienen la ventaja de gozar de cierta falta de atención», «Hasta que no tiene su poeta, un sitio no es un sitio», «Todo paraíso tiene su serpiente», «El caos es la ley de la naturaleza; el orden es el sueño del hombre» (Henry Brook Adams), «Era la Charity de siempre. Veía objetivos, no obstáculos», «Milton, cuando no soportaba más inviernos ni políticos ingleses, se comía una aceituna para que le recordase a Italia».  
 
Mención aparte merecen las descripciones de un departamento universitario que es una verdadera jungla, un paraíso forestal y campestre en Vermont, al nordeste de EE. UU., o la historia cultural de los hombres y  mujeres de Nueva Inglaterra. Por otro lado, el autor utiliza dos recursos que le dan mucho juego: anticipa algunas cosas que van a suceder y al anunciarlas, carga el texto de intriga y de un cierto suspense; y practica algo de metaliteratura, dirigiéndose al lector y argumentando, por ejemplo, por qué no es capaz de escribir la novela que está escribiendo.
 
En fin, una obra llena de recursos y con muchos encantos, solvente, de gran belleza y más profunda de lo que parece a primera vista. Una enjundiosa reflexión sobre la amistad, las relaciones interpersonales y la lucha diaria de cuatro amigos frente a las tribulaciones de la vida. Una novela fenomenal que es una gozada para todo buen lector que se precie. Un gran libro. Muy recomendable.

La impecable traducción del inglés es obra de Fernando González Corugedo. Esta edición incluye un atinado prólogo del escritor español Ricardo Menéndez Salmón. En este enlace, se puede leer el comienzo de esta novela. 
 
Wallace Stegner (Lake Mills, Iowa, 1909-1993) fue un historiador y escritor estadounidense.  Estudió Literatura en la Universidad de Utah y completó su formación con un máster y un doctorado en la Universidad de Iowa. Ha impartido clases en la Universidad de Wisconsin y la Universidad de Harvard. Finalmente se estableció en la Universidad de Stanford, donde estableció un programa de escritura creativa y tuvo alumnos que llegaron a ser escritores destacados. Así se ganó el apodo de «decano de los escritores del Oeste»
 
Publicó su primera novela a los 26 años, a los 61 ganó el Premio Pulitzer con Ángulo de reposo y a los 68, el Premio Nacional del Libro estadounidense con El pájaro espectador. Publicó en total 14 novelas, 7 volúmenes de relatos y 17 títulos de no ficción, con notable éxito de crítica y público.
 
Se casó a los 25 años con Mary Stuart Page, con la que tuvo durante 59 años una «colaboración literaria personal con singular facilidad», según sus propias palabrasFalleció en un accidente de coche a los 84 años. 
 
Wallace Stegner
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Mis tardes en el pequeño café de Tokio - Michiko Aoyama

Título: Mis tardes en el pequeño café de Tokio
Autor: Michiko Aoyama
 
Páginas: 208
 
Editorial: Planeta
  
Precio: 19,90 euros 
 
Año de edición: 2025

Algunas lecturas te reconcilian con el mundo. Mis tardes en el pequeño café de Tokio de Michiko Aoyama pertenece a esa clase de libros. A través de lecturas entrelazadas que tienen como punto de partida un pequeño café de esa ciudad, enmarcado por un río y unos cerezales, el libro narra fragmentos de vidas, personajes relacionados mediante un hilo sutil de complicidad y humanismo. Que nadie espere grandes aspavientos en la trama, crímenes, piruetas de ficción grandilocuente o hechos épicos protagonizados por seres superlativos. Los personajes de este libro son seres vulnerables y comunes, nada más y nada menos que seres humanos enfrentados o en reconciliación con sus propias vidas.

El camarero se enamora de una clienta que escribe cartas en inglés, una maestra de infantil recibe una reprimenda de su directora, que también va al café a charlar con su amiga de toda la vida, alguien que pronto se va a casar y viajar a Sidney, donde se encuentra casualmente con una pareja de ancianos celebrando sus bodas de oro… En fin, cada capítulo compone parte de un mosaico de emociones, recuerdos y sentimientos a pequeña escala. El personaje secundario de un capítulo es el protagonista del siguiente y la figura de alguien que se hace llamar «Maestro», atraviesa la narración como una sombra bienhechora.

Michiko Aoyama practica una suerte de antropología sentimental. Relata las dudas que nos atenazan al tomar decisiones, los sentimientos que reprimimos por no hacer daño a quienes amamos, los recuerdos que nos remuerden la conciencia, o quizás la incapacidad de ser felices. Mis tardes en el pequeño café de Tokio es una novela o un libro de relatos, y da lo mismo: su objetivo es reconfortar con el lado amable de la realidad. La autora procura convencernos, con cierta ingenuidad (todo hay que decirlo), de que las casualidades y la bondad acaban confluyendo para hacer una sociedad más acogedora. Podemos tejer relaciones con desconocidos y enriquecernos con sus experiencias y pensamientos. Y siguiendo la tradición propia de las filosofías orientales, el karma devuelve los gestos y los auxilios.

Conviene enmarcar su obra en lo que se ha llamado healing fiction japonés (ficción terapéutica o iyashikei en su sentido literario), un subgénero narrativo nacido en Japón que prioriza la calma, la introspección y el consuelo emocional frente al conflicto o la acción trepidante. Sus historias, de ritmo pausado y tono amable, suelen girar en torno a personajes cotidianos que lidian con pequeñas crisis vitales (soledad, desempleo, duelo) y hallan respuestas en actividades sencillas como leer, cocinar, regentar una pequeña tienda o recomendar libros. La trama no busca un gran clímax dramático, sino crear una atmósfera envolvente y reconfortante que invite a la reflexión y ofrezca al lector una sensación de paz y esperanza. Suelen incluir elementos como gatos, cafés, bibliotecas de barrio o diarios de gratitud, y autores representativos son Michiko Aoyama, Toshikazu Kawaguchi o Satoshi Yagisawa. Es una literatura que actúa como bálsamo para el estrés moderno, en la que el verdadero viaje es el autodescubrimiento y la conexión humana en lo pequeño.

¿Libros de autoayuda? No diría tanto. Sería denigrar el género, puesto que de género en el sentido literario se trata. Son obras con vocación estilística, que emplean las herramientas narrativas para construir una trama. Que esa historia se vista de cotidianiedad no le resta mérito en absoluto. Así, en el caso de esta obra, la autora japonesa firma un texto sincero y emotivo, con una prosa límpida y sencilla, de oraciones encadenadas que, con sosiego, pintan bosquejos acertados de vidas normales. Hay una voluntad de lograr calidad literaria al tiempo que transmitir cierto mensaje de sosiego e introspección. Por eso es conveniente acudir a esta obra sin prejuicios. Mis tardes en el pequeño café de Tokio es un libro que se lee como un chocolate caliente para el espíritu y se bebe a sorbos medidos, como cualquier buena historia.

 
Michiko Aoyama

Michiko Aoyama nació en 1970 en la prefectura de Aichi, Japón. Estudió Periodismo y, tras graduarse, trabajó durante dos años como reportera para un periódico japonés en Sidney, Australia. A su regreso a su país, ejerció como editora de revistas en una editorial antes de decidirse por completo a escribir. Su primera novela, Mis tardes en el pequeño caféde Tokio (publicada en 2017), ganó el Premio Miyazakimoto. 

Su gran éxito internacional, sin embargo, llegaría con La biblioteca de los nuevos comienzos (Planeta, 2023), que fue finalista del Premio de los Libreros de Japón en 2021. Sus libros, que transmiten una profunda calidez y reflexión sobre las pequeñas cosas de la vida, han vendido millones de ejemplares en todo el mundo y se han traducido a más de treinta y cinco idiomas. Actualmente, reside en Yokohama, Japón. 

Publicado por José Ángel Gayol.