martes, 28 de julio de 2026

Señales - Tim Gautreaux

Título: Señales
Autor: Tim Gautreaux
 
Páginas: 536
 
Editorial: La Huerta Grande
   
Precio: 23,95 euros 
 
Año de edición: 2025
 
Un buen amigo me ha regalado este libro ¡Gracias, Jesús!y la verdad es que me ha encantado, me ha gustado mucho. Ha sido una oportunidad para conocer a un buen escritor de relatos estadounidense, con una voz muy especial y temas originales. El volumen, publicado originalmente en 2012, se compone de 21 relatos, 12 nuevos y 9 escritos con anterioridad. Cubren, por lo tanto un amplio espacio de tiempo y se nota la evolución del autor, que poco a poco va encontrando el tono justo desde los tres primeros, un poco tentativos, hasta llegar a los 12 siguientes, que me parecen geniales.
 
Se trata de textos de unas 25 páginas de media, en lo que el autor se toma su tiempo para introducirnos en la atmósfera del sur profundo, donde vive gente trabajadora, baqueteada por la vida, a la que les sobra alcohol en el cuerpo y les faltan ilusiones. Gente dura y sufrida, a veces damnificados de la vida, que a menudo se desliza por la pendiente de la catástrofe sin poder evitarlo. Por aquí aparecen viejos duros de pelar, curas que han perdido casi toda su memoria en un accidente, ludópatas empedernidos, delincuentes que hacen reír, alcohólicos bien intencionados, ancianos al borde de la demencia, perdedores habituales, trabajadores precarios, policías cachazudos y con retranca, maniáticos incorregibles, pobres diablos obsesionados con un imposible, marginados irrecuperables... el sur estadounidense más profundo y atávico, poblados de personas que viven sumergidas cada día en el desastre. 
 
Estos relatos me parecen dignos herederos de El camino del tabaco, esa obra maestra de personajes que habitan el fracaso, que encarnan a la perfección el reverso del sueño americano. Son historias que podrían ser muy duras, pero están suavizadas por un finísimo humor que lo hace todo más llevadero. Y es que es imposible mantener el dramatismo cuando lo ridículo, lo risible aparece, y en estas páginas, despunta cada dos por tres, aunque a veces sea en forma de humor negro, negrísimo. Estos relatos son todos crónicas de un naufragio, de un tipo u otro, pero están empapados de ironía y de costumbrismo, de sabor local y de buenas historias, porque Gautreaux es un magnífico contador de historias. Al leerlas, parece que estamos escuchando a un viejo, algo achispado ya, que sentado en el bar del pueblo va desgranando la vida y milagros de todos sus vecinos, con cierta socarronería y un punto de exageración intencionada, que no hace dudar de la veracidad de todos los detalles que nos cuenta. 
 
Me ha gustado especialmente la pieza titulada «El cielo en las Vegas», en la que un grupo de amigotes que se conocen de toda la vida juegan a contarse historias a cual más disparatada mientras juegan una partida de cartas. El relato, sirve de resumen y síntesis de todo el libro y constituye todo un alarde de ingenio y creatividad del autor, capaz de rizar el rizo en una sarta de sucedidos disparatados. También me ha encantado «Bueno para el alma», sobre un cura demasiado aficionado al brandy, que trata de hacer una buena acción, aunque algo arriesgada y, naturalmente, la lía parda y la cosa acaba en un desastre tan fenomenal como hilarante.
 
El estilo delata a un escritor que conoce muy bien su oficio. Es una forma de escribir que parece inofensiva, bastante sencilla e incluso con poca gracia... hasta que nos damos cuenta de que casi sin querer nos embarca en unas tramas que, de estar contadas de otra manera, nos resultarían inverosímiles. Podría citar un buen número de frases divertidas, muchas de ellas por lo exageradamente expresivas que resultan, pero no quiero estropearos el placer de descubrirlas por vosotros mismos. Porque tenéis que leer este libro. 
 
En fin, un libro de relatos de antología, que es una oportunidad para conocer a un autor más que interesante. Un buen ejemplo de literatura del desastre, de fracasología y de cultura sureña, empapada de la más fina ironía, con una buena dosis de humor negro y generosas cantidades de alcohol. Un cóctel irresistible.
 
La traducción del inglés, que me ha parecido muy buena, la verdad, es obra de José Gabriel Rodríguez Pazos, profesor de la Universidad Villanueva de Madrid.
 
Tim Gautreaux (Morgan City, Luisiana, 1947) es un escritor estadounidense. Como indica su apellido, es descendiente de franceses acadianos que, expulsados por los ingleses en el siglo XVIII de Nueva Escocia y Acadia (una antigua región entre Canadá y Estados Unidos), se establecieron en Luisiana. Allí, en el sur profundo, formaron la cultura cajún, con su folclore propio, sus costumbres, su gastronomía, su música, sus tradiciones orales y su idioma, un dialecto derivado del francés.
 
Estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Nichols y se doctoró en la Universidad de Carolina del Sur. Desde los 25 hasta los 53 años, estuvo impartiendo clases de escritura creativa en la Universidad del Sureste, en Florida. Empezó a escribir poesía, hasta que se decidió por los relatos de unas 20 páginas, la longitud que suelen publicar las revistas literarias. Ha publicado tres novelas y tres recopilaciones de cuentos. Está considerado como uno de los mejores cuentistas estadounidenses, lo cual es mucho decir, porque hay una competencia tremenda. Es el señor de la foto, el de la sonrisita irónica.
 
Tim Gautreaux
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

lunes, 27 de julio de 2026

Nerópolis - Hubert Monteilhet

 
Título: Nerópolis
Autor: Hubert Monteilhet
 
Páginas: 804
 
Editorial: Tusquets
   
Precio: 14 euros 
 
Año de edición: 2002

Monumental novela de Hubert Monteilhet, podríamos tildarla de tratado de historia de los últimos años del emperador romano Nerón o de novela decimonónica de entretenimiento y aventuras. Todo cabe en este deslumbrante libro. Pero al igual que en los textos de Steven Saylor o Lindsey Davis, encontramos una historia menor y llana, no una narración grandiosa y de lejanía de los principales hechos y personajes de una época. Lo colosal de Nerópolis es el talento del autor para descender a ras de suelo, adentrarse en los aspectos más sórdidos y cotidianos de la vida romana del primer siglo de nuestra era y conseguir que nos hallemos relajados en una navegación narrativa que fluye sin más sobresaltos que los estrictamente debidos a la trama. La importante diferencia con las obras de los autores citados es el carácter enciclopédico de Hubert Monteilhet. Su sabiduría es apabullante y su capacidad para conectar hechos menores, costumbres, detalles ínfimos de los romanos y romanas de la época, caballeros, matronas, senadores o esclavos, referencias literarias y vericuetos políticos, sobrepasa cualquier expectativa que pueda tener el lector. Su prosa es clara y ágil, no se hace pesada en ningún momento. Su dominio del ambiente, en todos los niveles sociales, se torna, en ocasiones, en un auténtico ensayo que paraliza la narración para describir con exactitud tal curiosidad gastronómica o aquel detalle morboso sobre ciertos comportamientos sexuales o higiénicos de los antiguos romanos.

En esta obra asistimos, no a un fresco (metáfora manida donde las haya) de una franja histórica determinada, sino a una composición de teselas impresionante y minuciosa. Monteilhet nos cuenta la vida de Kaeso, presidida por los sacrificios de su padre y madrastra para darle una posición de relevancia en la sociedad romana, más cercana al emperador Nerón. Enviado a Atenas para perfeccionar su formación filosófica y moral, allí encontrará una cultura y una inteligencia desarrolladas que le llevarán a plantearse determinados dilemas morales, que se ven exacerbados por su contacto con el cristianismo incipiente.

Así, conocerá a Pablo y Pedro, apóstoles de un Cristo recién resucitado, como quien dice, a los que propone cuestiones y contradicciones sobre la incipiente doctrina cristiana. ¡Le echa en cara a Pablo su palpable e injustificada misoginia, quizás encubriendo una secreta homosexualidad! Kaeso contrapone el estoicismo de Séneca, quien aparece en toda su altura intelectual, a un cristianismo lleno de un potente mensaje de futuro, pero atenazado por las incertidumbres y la debilidad teórica de una doctrina con demasiadas lagunas, aún muy joven, y sin respuestas para muchas preguntas. La escasez de miembros o el choque cultural de sus premisas (sin descartar el desagrado de los judíos) son algunos de los inconvenientes añadidos que la nueva religión arrostra en esos tiempos. Los dos apóstoles intentan soportar la carga que les ha impuesto su Maestro, pero son conscientes también de sus limitaciones y falta de formación intelectual. Algunas de las trampas dialécticas y de razonamiento con que Kaeso le interroga acaban muchas veces por desesperar a Pablo, que recurre al más inteligente y perspicaz Lucas (futuro evangelista), que sí entiende el mundo romano y las posibilidades del cristianismo como religión multitudinaria con una claridad y visión encomiables.

Nerópolis es más que la historia de un emperador artista, con sus excesos y grandilocuencias, con un afán por ser bondadoso en un nido de víboras. La figura de Kaeso surge, de alguna manera, paralela a la de Nerón. Ambos desean ser íntegros y agradables a los demás, aunque la honestidad pueda costar un precio demasiado alto. Hubert Monteilhet firma una novela sobresaliente, excesiva en su tamaño y en su calidad, valiente en su revisión de la iconografía doctrinal cristiana y la humanización de los primeros apóstoles. Una novela para largas tardes de verano o perezosas noches de invierno. Merece la pena el camino. Sin duda.

Hubert Monteilhet

Hubert Monteilhet (París, 1928-2019) fue un escritor francés, licenciado en Historia por la Sorbona y profesor de esta materia en Túnez, que se dio a conocer en el ámbito de la novela policíaca. Su primera obra, LesMantes religieuses (1960), le valió el Gran Premio de Literatura Policiaca y ser considerado «el más literario de todos los autores franceses de novela negra». A lo largo de su carrera, Monteilhet se consolidó como un maestro del suspense con una producción constante durante las décadas de 1960 y 1970, publicando títulos como Le Retour des cendres (adaptado al cine), Les Pavés du diable y Les Bourreaux de Cupidon. Su estilo, a menudo descrito como elegante e irónico, se inscribe en la tradición de los novelistas libertinos del siglo XVIII y explora los recovecos de la psicología criminal y la ambigüedad moral de sus personajes.

A partir de la década de 1980, se orientó hacia la novela histórica, con la que obtuvo un gran éxito crítico y comercial. Obras como Les Derniers Feux (sobre la Inquisición), Néropolis (su mayor éxito) y La Pucelle (sobre Juana de Arco) son ejemplos de este periodo, en el que demostró su habilidad para recrear épocas pasadas con gran detalle y una mirada crítica.

Publicado por José Ángel Gayol.