Año de edición: 2022
Esta desconcertante, innovadora y brillante novela, ganadora de un American Book Award en 2014, recuerda inevitablemente a La señora Dalloway de Virginia Woolf. En ella no hay prácticamente acción, ni descripciones, ni tampoco diálogos propiamente dichos, ni planteamiento, nudo y desenlace. El texto aborda el tema del matrimonio Sweet (dulce). El señor Sweet, pequeño, descendiente de judíos y profesor de música, odia a su mujer por razones extravagantes y al mundo en general, excepto a sus jóvenes alumnas, de las que se enamora sin discriminar a ninguna. La señora Sweet, madura y esforzada, por el contrario, está muy enamorada de su marido. La pareja tiene dos hijos de nombre mítico, Heracles y Perséfone, cuyo comportamiento se parece peligrosamente a los de sus homónimos mitológicos.
La narración, que no es tal, está conducida por un narrador omnisciente que se acerca a uno u otro personaje y parece introducirse en su mente, para emprender una especie de monólogo interior, con fantasías, recuerdos, elucubraciones y disparates sin fin, que parecen no tener sentido, pero que poco a poco van dibujando el entramado emocional de la familia. Una perorata de frases envolventes y largas, larguísimas, alguna de más de una página, con repeticiones frecuentes que llenan de ritmo el discurso, mezcla continua de pasado y presente —de ahí el título—, en simbiosis permanente, porque el presente orienta la interpretación del pasado y el pasado influye en el presente, y una serie de temas bastante interesantes: la ambivalencia que a veces tienen los sentimientos maternales, la tendencia a reproducir inconscientemente los comportamientos emocionales de los padres, el problema de las vocaciones frustradas y otras cosas de similar jaez, hasta llegar a un final francamente inquietante.
El estilo es una auténtica locura, un desmadre que a veces parece un desgobierno total, pero a pesar de todo, me ha gustado esta novela, original y atrevida donde las haya. Aquí aparecen huraños mirmidones, una fuga para orquesta de 100 liras, una manada de leones, un ama de casa que lo ha aprendido todo en los libros, hojas amarillas que caen al suelo en otoño y mil cosas más, en un caleidoscopio vertiginoso de colores e ideas. Para que veáis que no exagero, aquí tenéis algunos fragmentos seleccionados: «... y sí, el señor Sweet la amaba, y su odio era una forma de su amor por ella...», «Las personas que llegan en barcos bananeros no son personas a las que puedas conocer a fondo y ella había llegado en un barco bananero», «... y Entonces es lo mismo que Ahora, Entonces de vez en cuando se convierte en Ahora», «¡Pues el destino de un niño está en la memoria de su madre!», «Pero el señor Sweet estaba en su estudio de encima del garaje, donde tanto le gustaba estar; no era una funeraria, pero él estaba de luto y celebrando un funeral por su vida, la que nunca había vivido, y la señora Sweet al llamarlo interrumpió su luto, siempre estaba interrumpiendo algo, su vida o su muerte, siempre estaba interrumpiendo».
En fin, una novela llena de fuerza y originalidad, que te envuelve y te atrapa, pese a su errática concepción y la locura que parece animar cada página. Un despropósito encantador, una perorata desquiciada sobre un matrimonio decadente y sus dos hijos. Una inmersión en la psicología de unos personajes siguiendo sus líneas de pensamiento. Un texto muy interesante que no dejará a nadie indiferente.
Jamaica Kincaid (Saint John, 1949), pseudónimo de Elaine Cynthia Potter Richardson, es una escritora de Antigua y Barbuda. No conoció a su padre biológico, vivió con su madre y su padrastro, un carpintero, hasta los 16 años, mientras estudiaba secundaria según el plan de estudios británico, porque Antigua y Barbuda fue colonia británica hasta 1967.
Con 17 años se fue a Nueva York a trabajar como au pair. Tuvo la oportunidad de trabajar para la revista Forbes. Más tarde estudió fotografía en la New School for Social Research, asistió al Franconia College en Nuevo Hampshire y, gracias a su interés y tenacidad, consiguió llamar la atención de William Shawn, el todopoderoso editor de New Yorker, que le ofreció una columna fija. Ni que decir tiene que su sección fue un éxito y le abrió las puertas de las editoriales.
Ha publicado cinco novelas, un buen número de relatos e innumerables artículos y ensayos. Actualmente es profesora visitante en la Universidad de Harvard y enseña escritura creativa. Se ha convertido al judaísmo, está divorciada y tiene dos hijos. Es una de las escritoras más respetadas en Estados Unidos y ha sido nominada al Premio Nobel en 2020 y 2026.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.