Pío Baroja solía agrupar sus novelas en trilogías. Esta costumbre no implicaba necesariamente la repetición de personajes (aunque en algún caso sí se da, como en la trilogía de «La lucha por la vida»), sino en un cierto aroma o espíritu común. «Las ciudades» reúne las novelas César o nada (reseñada en este blog), El mundo es ansí y La sensualidad pervertida. Con ellas, Baroja compone un retablo sociológico de los idealistas y los idealismos que movieron a personas de todo el mundo a intentar corregir los males de las sociedades europeas de principios del siglo XX, males existentes aún por desgracia, al menos en parte. El protagonista de César o nada era un hombre liberal y anticlerical, que pretendía una transformación social usando un vehículo político. La protagonista de El mundo es ansí anhela cambiar la sociedad desde lo individual, desde su persona como centro de impulso de una suerte de propaganda por el hecho, a través de la acción directa y del ejemplo. Quizás su naturaleza de mujer le impide una actuación más activa en esferas en las que, en aquella época finisecular y prerrevolucionaria, la mujer tenía más difícil la entrada.
De esta manera, esta novela nos narra la historia de Sacha Savarof, hija de un militar zarista que decide estudiar medicina al tiempo que abraza la causa revolucionaria de socialistas y anarquistas. Idealista e impulsiva, ambiciona una regeneración política y social para Rusia y, por ello, devora libros de teoría marxista y socialista mientras entra en contacto con grupos e individuos de extrema izquierda. En la universidad conoce a Vera Petrovna, ligera y alegre, más preocupada por los trajes y las joyas que por la desigualdad o la injusticia. Práctica y bondadosa, Vera actúa de habitual contrapeso argumentativo al personaje principal, recurso muy propio de Baroja, que utiliza en casi todas sus novelas. Así, las aspiraciones sociales de una dialogan con los intereses mundanos de la otra. De esta manera, el autor retrata ambas posturas y consigue que la historia y el entretenimiento del lector no se detengan, sino que avancen y confluyan en razonamientos y trama.
Y hablando de la trama, si en César o nada, la historia transcurría entre Roma y la localidad ficticia y rural de Castro Duro, en El mundo es ansí Baroja nos lleva a Ginebra y Florencia. Entre ambas ciudades, alejadas de su Rusia natal, Sacha quiere vivir una vida de acción, una vida de altos ideales y pasiones. Sin embargo, no halla nada ni nadie que la conmuevan. De carácter ausente y melancólica, envidia la fuerza de los sentimientos ajenos, la virulencia de las emociones que aquejan a aquellos con los que entabla alguna relación: «Voy, ando de aquí para allá, con el alma vacía de emociones y de pensamientos». Quiere ser importante en el mundo, hacerlo más justo, pero carece del empuje para hacerlo.
La trilogía «Las ciudades» ahonda en cierto carácter humano de quien busca sublimarse, alcanzar un grado más alto de valor personal, o una cierta ética de lo superhumano. Los protagonistas de estas novelas ambicionan crecer en una dirección distinta de la que la sociedad les determina, sin cortapisas ni límites. La protagonista de El mundo es ansí descubre en un momento dado que «todo es crueldad, barbarie, ingratitud». Sacha quiere hurtarse a las trampas del destino y de la vida, y en las páginas de esta deliciosa novela la tristeza, la inevitabilidad de la desgracia, tiñen la vida de una nostalgia fantasmal, por una existencia que nunca tuvo lugar. La tesis de la obra reside en que conviene asumir cuanto antes la ausencia de esperanza. Allí donde César (protagonista de Cesar o nada) creía alzarse por encima de la media, Sacha encuentra que no hay grandeza en la humanidad, solo terror, desgracias, egoísmo, superficialidad, intereses particulares... «¡Cuánto dolor producido a los demás de una manera caprichosa e indiferente!», exclama Sacha Savarof en un momento dado.
Cuando Sacha llega a España, los españoles no escapamos a su escrutinio crítico, y no salimos bien parados. Se nos retrata como culturalmente atrasados, faltos de sentido social, egocéntricos... Además, «los españoles tienen orgullo individual, pero no patriotismo». Parece que a los españoles nos gusta denigrar a España y todo lo que contiene, lo que deja a cada español en una situación de ironía y mordacidad, al entender de Sacha. Visitando Madrid o Sevilla, la rusa irá componiendo un cuadro de caracteres y costumbres ácido e inmisericorde: la manera que tiene Baroja de pensar y exponer España. Libre, sentencioso, entretenidísimo, con soberbio talento narrativo, Pío Baroja nos regala una gozada intelectual y unas horas de amena evasión. Que no es poco.
Pío Baroja (1872-1956), novelista español de la Generación del 98, ejerció brevemente como médico rural antes de dedicarse a la literatura. Su obra, de estilo ágil y antirretórico, refleja un pesimismo existencial y critica la España tradicional. Autor de más de un centenar de libros, organizó muchas de sus novelas en trilogías, como «La lucha por la vida», «El mar» o «Las ciudades», que se componen de César o nada, El mundoes ansí y La sensualidad pervertida. Entre sus títulos más célebres figuran El árbol de la ciencia y Zalacaín el aventurero, que encarnan su escepticismo y su exaltación de la acción individual.




