
Título: El brazalete de granates
Autor: Aleksandr Kuprin
Páginas: 144
Editorial: Ediciones Inivsibles
Precio: 14 euros
Año de edición: 2020
Hoy vamos a hablar de un libro golosina: breve, bonito, coqueto y con mucha literatura dentro. Publicado originalmente en 1911, es una novelita de poco más de 100 páginas muy apetecible, con una factura estupenda y temas de mucha enjundia.
La princesa Vera celebra su cumpleaños en su dacha (casa de campo rusa), entre otras razones porque su marido está casi arruinado y es más barato que hacerlo en la ciudad. Llega su hermana Anna y parece que se plantea un esquema de hermana rica, hermana pobre, pero esa situación se queda en un subtema secundario, apenas insinuado. Llegan los invitados, se recrea el ambiente de una cena elegante con invitados distinguidos, con un planteamiento inicial que recuerda a Los muertos de James Joyce.
Pero de pronto, aparecen los dos temas principales, en mi opinión del relato. El primero, el amor absoluto, el amor por encima de todo, el amor no correspondido, que todo lo soporta y se mantiene durante toda una vida, incluso sin ver a la persona amada. Ese amor que dice Sabina que mata y no muere ¿Tiene sentido ahora, hoy en día, en pleno siglo XXI o es una locura? Este texto está escrito hace más de un siglo, en una época en la que quizás se podía pensar así en el amor. Y el segundo tema es el del consentimiento. ¿Tiene derecho una persona a obsequiar y cortejar a otra en contra de su voluntad? ¿Esa insistencia es aceptable? ¿No puede llegar a comprometer su libertad? ¿Debería haber consentimiento en todas las etapas del amor, incluyendo el cortejo? Dos temas que están de actualidad y que dan para una buena sesión de librofórum.
En cuanto a los aspectos formales, estamos ante una narración decimonónica (en el mejor sentido de la expresión), un relato realista, con frases bellas y equilibradas, con ritmo y elegancia, descripciones espléndidas y contenidas sobre el jardín, el mar, el entorno, la comida... un libro de otra época que tiene algo de clásico, con buenos personajes, detalles de humor («Como muchos sordos, era un amante apasionado de la ópera»), diálogos bien argumentados y un manejo del tempo de la acción exquisito.
Un relato que es una pequeña joya y atesora grandes cualidades. Una novelita con mucho truco y el equilibrio que solo tienen los clásicos. Una lectura estupenda. Tenemos que leer más a Kuprin.
Aleksandr Kuprin (Narovchat,1870- 1938) fue un escritor ruso realista. Su padre murió de cólera cuando él tenía un año y su madre, de familia noble de origen tártaro, quedó sumida en la pobreza. Kuprin estudió en un colegio para huérfanos e ingresó en una academia militar.
A los 20 años empezó a escribir relatos y a los 23, publicó su primera novela corta. A los 24 años, dejó el ejército y volvió a su región natal para trabajar como periodista. A los 26 años le llegó el éxito como novelista. A los 31 años, se instaló en San Petersburgo, donde conoció a Iván Bunin, Antón Chéjov, y Máximo Gorki. Apoyó en un primer momento la revolución de octubre de 1917, aplaudió el derrocamiento del zarismo y colaboró en periódicos revolucionarios, pero al ver el progresivo autoritarismo de los líderes bolcheviques, huyó primero a Finlandia y definitivamente a París, donde siguió publicando hasta que volvió a la URSS en 1937, visiblemente envejecido y algo arruinado.
Admirado por Tólstoi y muy bien considerado en su época, llegó a ser considerado como el heredero del arte de Chéjov.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.