Os propongo un viaje cultural por la Europa central de hace un siglo, un recorrido por las capitales y grandes ciudades europeas, y alguna otra del resto del mundo: París, Berlín, Praga, Viena, Múnich, Heidelberg, Venecia y otras ciudades que eran lugar de descanso, retiro y meditación en el Tirol, los Alpes o la costa del Báltico. Eso es lo que nos ofrece Florian Illies en este libro, un compendio de sucesos y acontecimientos que tuvieron lugar en ese año.
El año comenzó mal para un muchacho quinceañero de color que es arrestado en Nueva Orleans por disparar al aire para celebrar el año nuevo, por sugerencia del policía que lo ha detenido comienza a tocar la trompeta, ese mismo año debuta en un escenario con público formando parte de una banda; el muchacho se llama Louis Armstrong.
En ese mismo año un joven y mediocre pintor frustrado, al ser rechazado por la Academia de Bellas Artes de Viena, pinta acuarelas para subsistir, con escaso talento, se llama Adolf Hitler, se relaciona poco y suele pasear por los jardines vieneses de Schömbrunn, jardines por donde también suele pasear soportando penurias un joven revolucionario ruso llamado Josef Dzhogashvili, que para despistar a las autoridades cambia su nombre por el de Josef Stalin. ¿Se llegarían a cruzar y saludar educadamente en el parque? Stalin ha ido clandestinamente a Viena para entrevistarse con otro revolucionario ruso, Trotski; pues bien, ese mismo año nace en Barcelona Ramón Mercader, el hombre que matará a Trotski por encargo de Stalin.
Fue el año en el que Sigmund Freud, padre del psicoanálisis y psicólogo de gran reconocimiento, tuvo desencuentros y enfrentamientos profesionales con el que había sido su discípulo, Carl Jung. También ese año, Albert Schweitzer acaba sus estudios de Medicina y lee su tesis doctoral sobre La valoración psiquiátrica de Jesús; años más tarde marchará a África para combatir la lepra y otras enfermedades infecciosas.
Ese año, se estrenó en París La consagración de la primavera dirigida por el mismo Ígor Stravinski, una composición muy innovadora que unía música y danza y que no dejó indiferente al público en uno u otro sentido. Más tumultuoso y escandaloso fue el concierto que dirigió Arnold Schömberg en Viena, con obras de Malher, suyas y de sus discípulos, entre gritos del público que silbaba y abucheaba la obra del compositor padre de la música atonal y dodecafónica, incluso hubo un exaltado músico que llegó a abofetear a Schömberg.
Ese mismo año se publica la primera parte de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, acogida con entusiasmo, un gran éxito. Por entonces, un adolescente Bertolt Brecht redacta casi en solitario un periódico escolar. Rilke sigue sufriendo y viajando, Thomas Mann trabaja en su gran obra La montaña mágica y Franz Kafka sigue dudando de todo y de él mismo: le escribe por dos veces a su amada Felice una carta de petición de matrimonio de más de veinte páginas llenas de incertidumbre y dudas, cualquier cosa menos apasionada o romántica.
El pintor Oskar Kokoschka y Alma Malher, viuda del compositor, viven un apasionado romance lleno de altibajos en lo sentimental y en lo creativo. Picasso y Matisse coinciden descansando en Ceret. Charles Chaplin firma su primer contrato cinematográfico. La casa Ford inicia la producción en cadena de automóviles. Prada abre su primera tienda en Milán. A finales de año aparece el cuadro La Gioconda, robado del Louvre dos años atrás por un fervoroso nacionalista italiano que quería devolvérselo a su país de origen; el ladrón, un carpintero que trabajaba en el museo, había sido interrogado y su habitación registrada por la policía, pero no miraron dentro de su maleta.
Por las páginas desfilan también otros personajes como los pintores V. Kandisnki, P. Klee, E. Heckel, G. Klimt, Balthus, y escritores como A. Schnitzler, H. Mann y V. Woolf. La mayoría de las noticias y anécdotas tienen relación con artistas y escritores centroeuropeos; frente a la clásica y formal Viena y la emergente Praga, París y Berlín eran ciudades a la vanguardia del arte y la cultura modernas, en ellas se desarrollaron movimientos artísticos muy vivos e innovadores que fueron estableciendo las bases de las corrientes de la modernidad. Artistas, escritores e intelectuales de Francia y Alemania celebran encuentros y exposiciones conjuntas, se visitan, debaten sobre tendencias y estilos y estrechan lazos, la cultura celebra la amistad franco-germana mientras la monarquía austrohúngara, los militares y gobernantes de ambos lugares, entre cacerías y fiestas lujosas, van aumentando el peso y los efectivos de sus ejércitos.
Florian Illies nació en Schlitz (Hesse, Alemania) en 1971, estudió Historia del Arte en Bonn y en Oxford. Ha tenido una larga trayectoria profesional en prensa como redactor y director del suplemento literario en los diarios Frankfurter Allggemeine y Die Zeit, así como en la revista Monopoll, de la que es cofundador. Experto en arte del siglo XIX, es socio de una casa de subastas berlinesa.
Es autor de cuatro libros y ha sido traducido a más de veinte idiomas; en español se han editado La magia del silencio, ya reseñado en este blog, y el que hoy nos ocupa, del que se han vendido más de un millón de ejemplares.





