lunes, 18 de mayo de 2026

Una cuestión de honor - Yúsuf Idrís

Título: Una cuestión de honor
Autor: Yúsuf Idrís
 
Páginas: 192
 
Editorial: Ediciones del Oriente y del Mediterráneo
  
Precio: 15,20 euros 
 
Año de edición: 2003
 
Este autor me encanta, Yúsuf Idrís en un verdadero clásico de las letras egipcias, costumbrista, empático y con un sentido del humor irónico y muy especial. Aquí se han reseñado ya varias de sus obras y cualquiera de sus libros me parecen una joya. Son títulos difíciles de encontrar, así que, si veis alguno de ellos en una biblioteca o librería de lance, no lo dudéis: echarle el guante porque vale mucho la pena.
 
En este caso se trata de una recopilación de siete de sus mejores relatos. Historias cotidianas, irónicas, con mucho truco, escritas con compasión, retranca y mucho oficio:
  • Un chico y una chica, acompañada de su hermano pequeño, observados en un autobús por un señor muy serio y circunspecto, en un ejemplo espléndido de usos amorosos en el Egipto de los años 60. 
  • Un caballero que origina con su defunción el doble de problemas de los que causaba en vida, una historia triste, pero estupenda. Un ambiente en el que «Cualquier persona muerta debe de haber sido asesinada salvo que se demuestre lo contrario» y «Hay ataques de tristeza que se manifiestan en forma de risa».
  • El escándalo que organiza un vecino famoso en su pueblo por sus arrebatos volcánicos, que acaba desafiando a Alá. Todo en un lugar en el que «Los trenes se mueven con la lentitud del sol».
  • La melancólica y bella evocación de un hombre que vuelve a su pueblo y echa de menos a su padre fallecido. «¿Cómo te has muerto antes de poder saciar mi deseo de estar contigo?» llega a decir.
  • La historia surrealista de una vieja tradición que transformaba las bodas en batallas campales. Cuando los novios eran de distinta localidad, el novio con su séquito iba a buscar a la novia a su pueblo; pero si en el trayecto pasaban por una población, les invitaban a pasar allí la noche como invitados, una invitación que no podía rechazarse. La comitiva se negaba aludiendo a la duración del viaje, las palabras subían de tono y la gresca estaba asegurada.
  • En un pueblo muy tradicional, se plantea una cuestión de honor cuando el desvergonzado Garib se encontró a solas con la bella Fatma. ¿Quién podría pensar que no había ocurrido nada? Pero, como es natural, al final, Abdún no mató a su hijo ni Farab mató a su hermana. 
  • Las divertidas tribulaciones de un alumno que después de aprobar, tuvo que cumplir su promesa de llevar velas y caramelos a la tumba del poderoso e imponente Sultán Hámed. 
Un delicioso puñado de cuentos que retratan indirectamente curiosos usos y costumbres de una sociedad y una época determinadas. Un libro que pasa por ser el mejor de este autor, del que nada menos que Naguib Mahfuz dijo: «Su vida literaria fue una revolución constante, una revolución contra los cánones artísticos y sociales, irrumpiendo con audacia en todas las materias y tratándolas con ingenio, de tal manera que levantaba a su alrededor tempestades por su mensaje e impresiones, sin tener en consideración más que lo que le dictaba su conciencia y los sueños en los que había depositado sus esperanzas».
 
La traducción del árabe, correcta y sin estridencias, ha sido realizada por los hermanos Pilar y Jorge Pirola Delgado. La ilustración de la portada es el cuadro La bañista (1957) del sirio Marwan Kassab-Bashi. Como os decía, es un libro difícil de encontrar, pero además de buscar en los canales habituales (véase ¿Cómo encontrar un libro?), os recomiendo ir a la estupenda Librería Balqís, especializada en Oriente Próximo y África, allí lo tienen

Yúsuf Idrís (Sharquia, 1927-1991) fue un escritor egipcio, que mezclaba en sus textos el árabe clásico y el dialectal. Hijo de un recuperador de tierras que viajaba por todo el país, fue criado por su abuela. Estudió Medicina y Psiquiatría en la Universidad de El Cairo, pero solo ejerció como psiquiatra durante cuatro años.  

En la universidad, fue parte muy activa del movimiento estudiantil en contra del colonialismo británico y el rey Faruq, lo que le supuso una breve estancia en la cárcel, y fue secretario del Comité de Defensa de los Estudiantes. En esos años publicó sus primeros cuentos en varios periódicos. A los 27 años, publicó su primer libro de cuentos.

A los 33 años consiguió un puesto como editor del diario Al-Jumhuriya y dejó la práctica de la Psiquiatría. Viajó repetidamente por los países del mundo árabe, Europa y Asia. Escritor polifacético, que tocó casi todos los géneros, Está considerado, junto con Naguib Mahfuz, el gran renovador de la literatura egipcia. Falleció en Londres a la edad de 65 años a causa de un derrame cerebral.

Yúsuf Idrís
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

domingo, 17 de mayo de 2026

Esperando - Osamu Dazai


Esperando

Todos los días voy a la pequeña estación de tren a buscar a alguien. Quién es ese alguien, no lo sé.

Siempre paso por ahí después de hacer las compras en el mercado. Me siento en una fría banca, pongo la cesta de las compras sobre mis rodillas, y miro abstraídamente hacia los molinetes. Cada vez que llega un tren, una multitud de pasajeros es escupida hacia afuera desde las puertas de los vagones. La muchedumbre avanza en tropel hacia los molinetes, y las personas, todas con la misma cara de enojo, sacan los pases y entregan los boletos. Luego, sin mirar hacia los costados, caminan precipitadamente. Pasan por delante de mi banca, salen hacia la plaza que está frente a la estación, y se van cada uno por su lado. Yo sigo sentada distraídamente. ¿Qué sucedería si alguien sonriese y me hablase? ¡Ay no, por Dios! La mera posibilidad me pone tan nerviosa que me estremezco de solo pensarlo, como si me hubieran echado agua fría en la espalda. No puedo respirar; sin embargo, continúo esperando a alguien todos los días. ¿A quién podría ser que estuviera esperando? ¿A qué tipo de persona? Pero quizás lo que estoy esperando no sea un ser humano. Odio a los seres humanos. En realidad les tengo miedo. Cada vez que estoy cara a cara con alguien diciendo cosas como “¿qué tal, cómo está?”, o “¡cómo refrescó!”, saludando solo para cumplir, siento que soy la persona más falsa del mundo. Me pone tan terriblemente mal que quiero morirme. Y las personas con las que hablo se ponen a la defensiva sin razón, me hacen vagos cumplidos, y comentan sentenciosamente impresiones que no tienen en verdad. Su cautela mezquina me hace sentir triste: el mundo es cada vez más repugnante y no puedo soportarlo. La gente intercambia tensos saludos desconfiando unos de otros hasta cansarse, y así pasa la vida.

A mí no me gusta encontrarme con gente. Por eso, a no ser que hubiera una razón excepcional, nunca visitaba a amigos. Lo más cómodo ha sido para mí estar en casa con mi madre cosiendo, las dos solas, en silencio. Pero finalmente estalló la guerra, y el ambiente se puso tan tenso que empecé a sentirme culpable de quedarme en casa todo el día sin hacer nada. Me sentía angustiada y no podía relajarme en absoluto. Quería hacer una contribución directa trabajando tan duro como pudiese. Perdí toda fe en la vida que había llevado hasta ese momento.

No soporto quedarme en casa en silencio. Sin embargo, cuando salgo me doy cuenta de que no tengo ningún lugar adonde ir. Así que hago las compras, y al regresar paso por la estación y me siento distraídamente en la fría banca. Tengo la ilusión de que alguien venga, pero si esa persona realmente apareciera, ¿qué haría? La idea me da pánico, pero estoy resignada. Si eso sucede, voy a entregarle mi vida: estoy preparada y ese momento marcará mi destino. Estos sentimientos de resignación y fantasía impudentes se entretejen de una forma muy extraña. La sensación me agobia de un modo sofocante. El mundo alrededor se enmudece; la gente que va y viene en la estación aparece pequeña y lejana, como si estuviera mirando por un telescopio al revés. La sensación es vaga, como si estuviera soñando despierta, como si no supiera si estoy viva o muerta. ¡Ay! ¿Qué cosa estoy esperando? Acaso yo no sea más que una mujer obscena. Todo eso del estallido de la guerra, lo de sentirme angustiada, de trabajar duro porque quiero ser útil, quizás solo sea una mentira, una excusa noble para tratar de encontrar una oportunidad de materializar mis fantasías indiscretas. Me siento aquí con mirada perdida, pero en el fondo, dentro de mí puedo ver cómo flamea la llama de mis deseos obscenos.

¿Pero, a quién diablos espero? No tengo en absoluto una idea clara, solamente una imagen vaga y confusa; sin embargo, continúo esperando. Desde el estallido de la guerra paso por aquí todos los días a la vuelta de las compras y me siento en esta fría banca a esperar. ¿Y si alguien me sonriera y me hablara? ¡Ay, no!, no es usted a quien estoy esperando. Entonces, ¿a quién? ¿Qué espero? ¿Un marido? No. ¿Un novio? No, para nada. ¿Un amigo? De ningún modo. ¿Dinero? Es ridículo. ¿Un fantasma? ¡Ay no, por favor!

Algo más apacible y alegre, algo maravilloso. No sé qué. Por ejemplo, algo como la primavera. No, no es eso. Hojas verdes. El mes de mayo. El agua fresca y cristalina fluyendo a través de los campos de trigo. No, tampoco es eso. Ay, y sin embargo sigo esperando, con el corazón palpitante. Las personas pasan unas tras otras delante de mis ojos. No es aquello, ni esto. Con la cesta de compras en mis brazos, me estremezco y espero con todo mi corazón. Le pido a usted por favor que no me olvide. Por favor no olvide a la chica veinteañera que viene todos los días a la estación y regresa a su casa sintiéndose vacía. Por favor recuérdeme, y no se ría de mí. No voy a decirle el nombre de la estación. Aunque no lo haga, usted me verá algún día.

Osamu Dazai, 1956

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 16 de mayo de 2026

¿Es España racista? - Mohamed El-Madkouri

La revista Mares30 publicó ayer un interesante artículo de Mohamed El-Madkouri titulado «¿Es España racista?». Se trata de un texto mesurado, penetrante y objetivo, escrito con inteligencia y que tiene mucho sentido. Os lo recomiendo:

 «¿Es España racista?»

Mares30 es un diario digital marroquí independiente en español, fundado en 2024. Está dirigido por el periodista e hispanista Toufiq Slimani. Su finalidad es informar, analizar y estudiar las relaciones hispano-marroquíes y latino-marroquíes y para calentar los motores periodísticos de cara al Mundial de Fútbol de 2030.

Mohamed El-Madkouri es doctor por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y por la Universidad Complutense en Lingüística y Filología Hispánica, y fundador de la licenciatura de Traducción e Interpretación en la UAM, donde es profesor titular, así como traductor e intérprete jurado y simultáneo. Preside en la actualidad la Asociación de Formadores, Investigadores y Profesionales de la Traducción e Interpretación en los Servicios Públicos (AFIPTISP).

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 15 de mayo de 2026

Los fantasmas del sombrerero - Georges Simenon

Título: Los fantasmas del sombrerero
Autor: Georges Simenon
 
Páginas: 200
 
Editorial: Tusquets
  
Precio: 11,70 euros 
 
Año de edición: 1989

El gran escritor Georges Simenon es bien conocido por sus estupendas novelas protagonizadas por el comisario Maigret. Un policía de lo más humano con el que puede identificarse cualquiera. Simenon era un maestro a la hora de recrear el ambiente un tanto sórdido, cerrado y mezquino de la burguesía francesa. En este mundo se mueven personajes vulgares. Gente que lleva una vida normal y corriente. Pero las apariencias engañan. Por debajo de la cotidianidad de los bibelots se arrastra el secreto. Puede ser un crimen, un drama familiar, un suicidio. En las novelas de Simenon las relaciones personales son implacables. Hay poco lugar en ellas para la sinceridad o la generosidad. Una vez rota la existencia vulgar cabe únicamente esperar la muerte, la cárcel o la locura. Vidas sombrías, sin épica ni lírica, marcadas por un destino inexorable.  

Entre las innumerables novelas de Simenon destaca Los fantasmas del sombrerero, publicada por vez primera en 1949. La historia que cuenta es verdaderamente original. El sombrerero León Labbé es un respetable pequeño burgués de la ciudad de La Rochelle. Tiene una mujer inválida e insoportable. Lleva quince años cuidándola abnegadamente. O eso parece. El caso es que de un día para otro un maníaco comienza a estrangular señoras como si tal cosa. El asesino manda cartas al periódico local. El pánico se desata. 

Delante del domicilio del señor Labbé vive el señor Kachoudas. Es un pobre sastre oriundo de Oriente Medio y lleno de hijos. El señor Labbé y el señor Kachoudas se saludan levemente cuando se encuentran en la calle. El señor Kachoudas sospecha y el señor Labbé se siente observado. Así crece la tensión entre uno y otro. Una tensión siempre silenciosa. Soterrada. De una intensidad inimaginable. El ciudadano francés de pura cepa a quien todos sus vecinos conocen. Arraigado. Seguro. De confianza. El sastre que viene de lejos. El extranjero. Un individuo diminuto que hace de la discreción un escudo protector frente a las malas caras. Labbé y Kachoudas se miden con miradas de soslayo en un duelo a la sombra. 

Simenon es un maestro en contar con sencillez existencias sin relieve. Una ciudad pequeña y adormilada. Casas burguesas. Negocios de toda la vida. Criadas que saben más de lo que aparentan. El eterno café en donde los buenos ciudadanos se reúnen para charlar, tomar un aperitivo y leer los periódicos. Las calles oscuras, empedradas y mal iluminadas. La monotonía: los días se confunden de tan parecidos que son. Nunca pasa nada. Hasta que pasa. Comienzan entonces las sospechas, murmuraciones y adivinaciones. Naturalmente, la verdad es mucho más compleja de lo que pretenden los detectives aficionados. Esta verdad dice bastante de la ciudad y sus habitantes. Los retrata de manera indeleble.    

Pues bien: Simenon teje con estos mimbres un relato primoroso con una carga nada leve de crítica social. Destacan la perfección de la trama, el interés de los personajes analizados en su trasfondo psicológico, la pequeña tragicomedia oculta que poco a poco se va desvelando, el retrato exacto de una sociedad hipócrita en la que nadie se conoce realmente o la naturalidad con la que fluye un relato que en otras manos menos expertas resultaría inverosímil. Sencillamente, Simenon era un maestro de la novela con todas las letras. Los fantasmas del sombrerero lo demuestra sobradamente. Recomendable cien por cien. 

Únicamente cabe añadir que en 1982 el director Claude Chabrol adaptó Los fantasmas del sombrerero a la gran pantalla en una excelente película protagonizada por Michel Serrault. También recomendable.

Georges Simenon

Georges Simenon (1903-1989) fue un escritor belga en lengua francesa nacido como Georges Joseph Christian Simenon en la ciudad de Lieja. Su familia era de clase media. Simenon estudió en un colegio de jesuitas con el resultado que era de esperar: rechazo de la religión. Desde muy joven tuvo sus primeras experiencias sexuales. En 1918 dejó los estudios y comenzó a trabajar en varios oficios. Como reportero de sucesos llegó a conocer al dedillo el ambiente marginal de la delincuencia. En 1922 marchó a París. Pronto se multiplicaron las novelas. Viajó por el mundo. 

Después de la Segunda Guerra MundialSimenon se fue a los EE. UU. y no regresaría a Europa hasta 1955. Se calcula que escribió a lo largo de su vida más de 200 novelas (algunas con pseudónimo). Durante muchos años sufrió un pequeño tumor cerebral no detectado que, sin embargo, no afectó a su capacidad intelectual, aunque sí a su carácter. Le operaron de mayor. El gran personaje de Simenon fue el comisario Maigret, considerado sin discusión cono uno de los grandes de la novela negra. Georges Simenon falleció en Lausana en 1989. Se calcula que se han vendido unos 550 millones de ejemplares de sus libros. 

Publicado por Alberto.