Tras Suzuran y Luna llena, Aki Shimazaki continúa su acercamiento a la familia Nire en la breve novela Una joven en Tokio, tercera entrega de su nueva pentalogía, publicadas todas por Tusquets Editores. En esta ocasión, la autora centra la narración en Kyoko, la hermana mayor a la que ya conocemos de las novelas anteriores. Joven intelectual, dinámica, culta, profesional y muy guapa, Kyoko resulta un imán para los hombres. Es una secretaria de dirección extremadamente eficaz y un auténtico epítome de la mujer independiente en el Japón cada vez más occidentalizado de nuestros días. Su vida está plenamente entregada a la compañía estadounidense en la que trabaja, un entorno en el que se siente feliz y desde el que tiene ocasión de visitar algunas de las ciudades más importantes del mundo como Berlín, Moscú, Nueva York... Sin embargo, la marcha de su jefe y la llegada de un nuevo superior, más joven, provocarán un pequeño terremoto en su vida que terminará afectando también a otras facetas, especialmente a la sentimental.
La novela profundiza, sobre todo, en los aspectos liminares del choque entre la mujer japonesa contemporánea y la mujer japonesa tradicional, más orientada al matrimonio y a la búsqueda de un marido como meta vital. La familia de Kyoko insiste en presentarle posibles parejas, organizar encuentros o concertar citas, incluso en forma de reuniones de hombres y mujeres que cenan, charlan o bailan con la esperanza de encontrar el amor. Pero Kyoko no está interesada en ese camino. De hecho, de algún modo se siente incapaz de amar o, quizá, presiente que su verdadero amor todavía no ha llegado.
Shimazaki vuelve a demostrar su habitual maestría a la hora de narrar de forma fluida y serena, sin sobresaltos aparentes, una vida ordinaria llena de matices extraordinarios. Como en otras de sus novelas, el leve desliz de un descubrimiento o el sobresalto de un hecho imprevisto sirve como detonante para narrar aquello que más interesa a la autora: las zozobras del espíritu ante lo imprevisible. Desde esta perspectiva, la incertidumbre se convierte casi en un monstruo mitológico contra el que luchan los personajes de Shimazaki. Vencer esa incertidumbre y regresar a la paz espiritual o mental constituye, en el fondo, la senda que va pavimentando —adoquín a adoquín— el camino de sus novelas.
Como siempre, la autora japonesa residente en Canadá y que escribe en francés, consigue acompañar al lector hasta el interior mismo de la historia. El lector se convierte en un observador silencioso que forma parte de la trama sin llegar nunca a ser un intruso. Shimazaki logra que nos sintamos cercanos a sus personajes, extraordinariamente humanos, a veces terriblemente solos y siempre frágiles.
Dentro de la pentalogía dedicada a la familia Nire, Una joven en Tokio cumple además una función de ampliación del mosaico narrativo que la autora va construyendo libro a libro. Cada volumen se centra en un personaje distinto, pero todos se entrelazan mediante pequeños secretos familiares, silencios heredados y revelaciones tardías que, poco a poco, reconfiguran la historia de la familia. Este mecanismo narrativo, tan característico de esta escritora, invita al lector a recomponer el conjunto como si se tratara de un delicado rompecabezas emocional.
También aquí vuelve a aparecer uno de los rasgos más reconocibles de la escritura de Shimazaki: su estilo depurado y minimalista. Con frases breves y una aparente sencillez narrativa, la autora logra transmitir emociones complejas y explorar con gran sensibilidad los conflictos entre tradición y modernidad, identidad personal y expectativas sociales. El resultado es una narrativa íntima y delicada que convierte pequeños gestos cotidianos en momentos de revelación.
Después de leer Una joven en Tokio, quedan aún más ganas de continuar con las dos novelas que completan la pentalogía.
Aki Shimazaki (Gifu, Japón, 1954) escribe y publica en francés desde 1991, una década después de trasladarse a Montreal, ciudad en la que reside actualmente y donde ha trabajado también como traductora. Su obra, caracterizada por una prosa breve, depurada y de gran sensibilidad psicológica, ha sido reconocida con algunos de los galardones más prestigiosos de la literatura canadiense, como el Premio Ringuet (2000) de la Academia de las Letras de Quebec o el Premio L’Algue d’Or.
A lo largo de su carrera ha desarrollado varios ciclos narrativos formados por novelas breves e interconectadas. En España, su obra ha sido publicada por Tusquets Editores, que ha editado títulos como Suzuran, Luna llena o Una joven en Tokio, todas reseñadas en este blog. Anteriormente ya había llegado al lector español gracias a Editorial Lumen, que reunió varios de sus ciclos en volúmenes como El quinteto de Nagasaki (2018) y El corazón de Yamato (2019). También Nórdica Libros ha publicado diversas entregas de su narrativa breve, entre ellas Azami, el club de Mitsuko (2023), Hozuki, la librería de Mitsuko (2017) o Suisen, el gato de Gorô (2023), consolidando así la presencia de la autora en el panorama editorial español.



