viernes, 8 de mayo de 2026

El cura de Almunacied - José Ramón Arana

Título: El cura de Almunacied
Autor: José Ramón Arana
 
Páginas: 93
 
Editorial: Turner
  
Precio: 7,37 euros 
 
Año de edición: 1979

He aquí una novela prácticamente desconocida, pese a su extraordinaria calidad literaria. El cura de Almuniaced fue publicada por vez primera en 1950. Su autor, José Ramón Arana, era un exiliado de la Guerra Civil. En España no pudo editarse hasta 1979. La historia que cuenta es de una sencillez engañosa. No importa tanto lo que sucede, el estallido de la guerra en un remoto pueblo aragonés, como la borrasca que se desata en el alma atormentada de Mosén Jacinto, el cura.

Así que la fuerza del relato reside en el intimismo ardiente, un angustioso mar de dudas, en donde el espíritu del sacerdote bracea para no ahogarse. El paisaje interior contrasta con el exterior: la dura existencia aldeana, los abusos de los caciques que enfurecen al buen sacerdote, las gentes de la aldea con su miserias e ilusiones, el ritmo impasible de la naturaleza. La monotonía de la vida rural se repite día tras día en un entorno sin cambios. Es la intrahistoria. La historia acabará por irrumpir con toda su fuerza. El cura deberá enfrentarse a un mundo nuevo entre dudas desgarradoras. 

Mosén Jacinto es, como buen aragonés, un tipo de una pieza. Hombre justo, bueno y colérico. El pueblo le quiere y él quiere a su pueblo. Cuando llega la Segunda República los campesinos ya no agachan la cabeza como antes. Se despiertan esperanzas dormidas durante mucho tiempo, pero no muertas. Ha llegado el momento de los cambios. El cura lo entiende, aunque rechace el anticlericalismo republicano. Tiene sus zozobras, pero en el fondo detesta a los anteriores amos, con su religiosidad falsa y acomodaticia, la ausencia de verdadera caridad, la preocupación exclusiva por el ritual externo y el olvido de las sencillas virtudes evangélicas. 

Las fuerzas vivas del pueblo no son tontas. Advierten la reticencia del cura y lo detestan. Claro que intentan disimular con la mueca verdosa de la hipocresía. Para ellos don Jacinto es un viejo estúpido que pretende hacerse querer por los enemigos del orden y la propiedad. Sueñan con vengarse: un cruel escarmiento para que todo siga como siempre. Cuando viene la guerra, los ricos escapan como alma que lleva el diablo. Pero Mosén Jacinto no les sigue. No está con ellos. Se queda en su lugar y con los suyos. Con su pueblo. Y que sea lo que Dios quiera. 

El cura de Almuniaced alterna con gran acierto los soliloquios y sueños del sacerdote con los acontecimientos exteriores que sacuden su conciencia. Mosén Jacinto es un personaje hondamente unamuniano. Las dudas que lo torturan son muy parecidas a las del gran pensador vasco. La aspiración cristiana a la eternidad que inevitablemente colisiona con la urgencia de las contingencias mundanas. La religión íntima y personal en conflicto con el aparato eclesiástico. La zozobra como fuente de clarividencia espiritual. El reposo en el seno de la naturaleza frente a los cambios de la historia. Las costumbres que fecundan la placidez de la vida. El fondo intrahistórico del pueblo español manifestado a través de sus tradiciones inmemoriales: fiestas, romances, supersticiones. La necesidad de separar la religión de la política (pero, ¿es eso posible?). La importancia de la fe viva, que duda, frente al dogma petrificado y muerto. La religión alternativa de los no creyentes (los anarquistas, en este caso). 

El estilo de Arana es excelente: expresivo, castizo y rotundo. Frases repletas de lirismo y cortadas de manera perfecta. Magníficas descripciones. Reiteración del sonido de las campanas para crear un ambiente pleno de sugerencias (como la fuente de Bécquer). Brillantes diálogos. El relato posee una gran belleza formal. Baste con este botón de muestra: 

«La tarde era gozosamente azul, sin una nube. Pasaban los santos trompicando en las piedras, astillándose a cada tirón, mudos, con pesadez de tronco. Vióles la carne apolillada, llena de manaderos de serrín muy pálido; los ojos ciegos, hincándose en el polvo y en el azul con la misma obsesionante fijeza; las frentes duras, rebotadoras; los muñones sin sangre...».

Cualquier lector recordará sin duda Réquiem por un campesino español o San Manuel Bueno, mártir, memorables historias con las que El cura de Almuniaced está íntimamente emparentado. En conclusión, una pequeña obra maestra que merece ser leída y hasta releída, tal es su categoría ética y estética. 

José Ramón Arana

José Ramón Arana (1905-1973) fue un escritor español nacido como José Ruiz Borau (se cambió el nombre tras la Guerra Civil) en Garrapinillos, provincia de Zaragoza. Arana tuvo que ponerse a currar desde muy joven y quedó cojo tras un accidente. En 1920 emigró a Barcelona e ingresó en el sindicato CNT. Fue obrero en la fundición Can Girona. Acabó en la UGT. Trabajó en un banco en Zaragoza. Durante la Guerra Civil fue maestro. También se hizo comunista. Fue espía en Bayona.

Después de la guerra se exilió en Francia y más tarde en América: Cuba, Martinica, República Dominicana. En México tuvo una librería ambulante. José Ramón Arana era un gran organizador de tertulias y revistas. En 1950 publicó el magnífico relato El cura de Almuniaced, su obra maestra. Se casó varias veces, tuvo bastantes hijos. En 1972, ya muy enfermo, regresó a España, para morir al año siguiente en Zaragoza.

Publicado por Alberto. 

jueves, 7 de mayo de 2026

Una caña de pescar para el abuelo - Gao Xingjian

Título: Una caña de pescar para el abuelo
Autor: Gao Xingjian
 
Páginas: 120
 
Editorial: Ediciones del Bronce
  
Precio: 14 euros 
 
Año de edición: 2003
 
Este libro reúne seis relatos estupendos del Nobel Gao Xingjian, escritos entre 1983 y 1990, en su época de mayor creatividad. Todos son interesantes, todos me gustan y me resulta completamente imposible elegir uno como favorito por encima de los demás. Los seis tienen su encanto y su razón de ser. Son como instantáneas que capturan algo de la belleza de la existencia humana.
 
La felicidad de una pareja de recién casados, que viaja en su luna de miel y visita un viejo templo en ruinas; reflexiones sobre un accidente en el que un autobús choca con una bici en la que van un padre y su hijo; el calambre inesperado que sufre un nadador solitario; el desencuentro de un hombre y una mujer que se reencuentran en un parque después de muchos años y no paran de discutir; las historias y manías de un abuelo, cazador y pescador, al que le empieza a fallar la memoria y una serie de escenas sencillas que se trenzan en un relato encantador y fuertemente experimental. Así son los temas alrededor de los que giran estos cuentos minimalistas una vez dijo «El exceso de palabras te lleva a no ver nada», sencillos, con un toque absurdo, poco complacientes con el lector, salvo el primero, y a pesar de todo, de un atractivo irresistible, casi mágico. El estilo es pausado y lírico, y la narración mantiene un cierto aire de misterio inasible, una atmósfera enigmática muy particular. El autor fue una figura innovadora en las letras chinas, un renovador que experimentó con la forma de narrar y creó unas historias originales y formidables.
 
Son cuentos muy especiales, por los que desfilan recuerdos de infancia, sentimientos intensos, lugares familiares, la sencilla felicidad que da el amor,  algunos pequeños dramas cotidianos y la complejidad maravillosa de la vida humana. Un libro espléndido, muy recomendable e ideal para empezar a conocer la obra y el mundo de un autor de altísima calidad, no tan conocido en nuestro país como se merece. Una excelente lectura.
 
Esta edición incluye un breve y atinado prólogo de Noël Dutrait, de la Universidad Aix-Marsella y un pequeño glosario chino al final. La traducción ha sido realizada por Laureano Ramírez Bellerínprofesor de la Universidad Autónoma de BarcelonaPremio Nacional de Traducción 1992. 
 
Gao Xingjian (Ganzhou, 1940) es un novelista, poeta, dramaturgo, director de teatro y pintor chino. Su padre era banquero y su madre, una actriz aficionada, fue la que despertó en él el interés por el teatro y la literatura. Estudió francés en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Beijing. Tradujo al mandarín a autores como Eugène Ionesco, Jacques Prévert y Henri Michaux, con los que llevó a su país la influencia de los temas de la cultura moderna occidental, como el flujo de conciencia y el teatro del absurdo.
 
Durante la Revolución Cultural, fue enviado seis años a un campo de reeducación y tuvo que quemar una maleta en la que había escondido varios manuscritos para evitar males mayores. No pudo salir de China hasta la muerte de Mao en 1979. Viajó a Francia e Italia. En los años 80 estrenó varias obras vanguardistas que tuvieron mucho éxito, pero le granjearon problemas con la censura. En 1987 se instaló en París y fue declarado persona non grata en su país.
 
Ha escrito 13 obras de teatro, 8 libros de narrativa, 10 ensayos y 2 libros de poemas. En la actualidad sigue viviendo en Francia y es ciudadano francés. En 2000 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. 
 
Gao Xingjian
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.