Un mito discretísimo (2020), la excelente
biografía del escritor uruguayo Mario Benedetti escrita por Hortensia Campanella, inserta al maestro dentro de la convulsa realidad histórica en que
le tocó vivir. Una realidad uruguaya, pero también latinoamericana y universal.
Benedetti fue el arquetipo del escritor de izquierdas. Comprometido con su
causa antiimperialista. Esta postura franca y directa le convirtió
efectivamente en un mito para millones de admiradores de todo el mundo. Digamos
que don Mario era un hombre de letras metido en política. La política después
de todo forma parte de la realidad y Benedetti fue un escritor realista. Un
autor que se alimentaba del aquí y ahora, de los acontecimientos, del quehacer
diario. Así que su compromiso político era una consecuencia lógica de su opción
estética. Esta coherencia intelectual tan mal entendida la estudia con acierto
Hortensia Campanella. Benedetti nació en 1920 en una remota localidad
uruguaya con un nombre de lo más hermoso: Paso de los Toros. En algunos de sus
poemas recordaría con nostalgia sus primeros años. La familia era de origen
italiano, aunque una de las abuelas había nacido en Madrid. Los Benedetti se
trasladaron pronto a Montevideo. Llevaban una laboriosa vida de clase media.
Llegaron a estafarlos. Cambiaron muchas veces de domicilio. En aquellos años
Uruguay, el paisito, era una rara avis dentro de la torturada realidad
política latinoamericana: una sociedad tranquila, mesocrática y laica; un
precoz estado del bienestar con educación pública universal. No era un mal
panorama. Aunque algunos, entre ellos el propio Benedetti, lo acabarían encontrando
aburrido. La democracia es aburrida. A Dios gracias.
Hortensia Campanella considera a Benedetti un
perfecto ejemplo de autodidacta. El niño precoz estudia nada menos que en el
colegio alemán de Montevideo. Allí había disciplina. Al parecer, el herr
direktor se paseaba por el patio enarbolando un látigo. La disciplina es la
disciplina. Mario tenía sin embargo un recuerdo amable del colegio. Y aprendió
alemán, lo que no es grano de anís. Pero la vida no se detiene. El joven
abandona sus estudios. Se casa. Se pone a trabajar. Sus empleos serán durante
muchos años esencialmente oficinescos, burocráticos y aburridos.
Fuera del trabajo, lee, escribe, participa en
revistas que aparecen y desaparecen, viaja a Buenos Aires como secretario de un
personaje singular, Raumsol, fundador de la escuela raumsólica de logosofía,
admira la poesía sencillista de Baldomero Fernández Moreno y empieza a
relacionarse con otros colegas de pluma como Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, el genial Juan Carlos Onetti o Ida Vitale. Nace el
escritor. Uruguay es pequeñito, cierto, pero grande su nómina de escritores y
artistas.
Mario Benedetti fue un hombre ordenado,
sistemático y trabajador. Hortensia Campanella repasa una producción literaria
abrumadora. De la ruidosa máquina de escribir de Benedetti salían sin descanso
ensayos, crítica literaria, artículos periodísticos, obras de teatro y textos
satíricos. Empieza a publicar cuentos, de los que será un autor consumado,
novelas y poesías.
Poemas de la oficina se publicaron en 1956.
Tienen un gran éxito. En ellos se refleja la realidad repetitiva y gris del
trabajo burocrático de una manera magistral. Es una poesía sencilla de forma,
intencionadamente prosaica, carente de retórica. La vida corriente contemplada
a través de un vidrio empañado que desdibuja un panorama gris. El día a día, la
melancolía de lo vulgar.
1959 será un año decisivo. Benedetti escribe su
mejor novela, La tregua, publicada al año siguiente. El diario íntimo de
Martín Santomé ha conmovido a millones de lectores. La tregua es breve,
cuenta un amor otoñal y su protagonista es un funcionario anónimo. Benedetti
consigue el milagro: lo prosaico se vuelve poesía y la poesía es universal. Es
el mismo logro de Poemas de la oficina. Quizá por esa razón, se ha traducido a innumerables idiomas. También de 1959 son los
cuentos de Montevideanos. Maravillosas estampas de la gente corriente de
su ciudad, sus esperanzas, desesperanzas, amores, sueños y tristezas. La verdad
incontestable de la calle. Como la vida misma.
No queremos alargar demasiado esta nota. En los
años 60 Uruguay está en crisis. Benedetti, consustanciado con la realidad del
país, entra en ebullición. Cunde la rebeldía por las calles uruguayas. Estalla
la revolución cubana. El mítico Che Guevara da una conferencia en Montevideo
que acaba a tiros. Aparece la guerrilla urbana por excelencia, los Tupamaros.
La democracia uruguaya se tambalea. A medida que crece la violencia aumenta el
autoritarismo del estado. Benedetti toma partido hasta mancharse. Se va a Cuba.
Trabaja como promotor cultural en La Habana. Le acusan de comisario político,
de sectario, de rojo. Queda al margen del boom latinoamericano. Sigue
publicando sin tregua. Su literatura se vuelve popular, urgente, imprecatoria y
en ocasiones experimental. En 1973 desaparece la democracia uruguaya. Una cruel
dictadura envía a nuestro poeta y a miles de compatriotas al exilio. Desde el
destierro, su voz no para de crecer, sus lectores se multiplican, los homenajes
no cesan. Hasta su muerte a los 88 años.
Existen buenas razones para disfrutar de esta
biografía. Está muy bien escrita, es diáfana, utiliza una documentación
abundante y los juicios críticos son atinados. No es larga, evita las
reiteraciones y analiza muy bien el contexto vital de Benedetti, sus amistades,
influencias, amigos, revistas en las que participó, personas con las que acabó
por romper o respetó siempre pese a sus discrepancias políticas. En una página
estupenda se nos cuenta cómo la censura franquista prohibió en 1965 la
publicación en España de su novela Gracias por el fuego. Según el censor
mayor, el libro atacaba despiadadamente el honor, la patria y la familia. Y era
verdad, para gloria del autor.
Benedetti en el remolino de su vida supo salir
a flote, contar su verdad y hacer buena literatura, aunque demasiado militante
a veces. Esto último puede sin embargo matizarse: el escritor escoge la parte
de realidad que le conmueve y con la que se identifica, convirtiéndola en
literatura, que puede gustar o no gustar; pero el compromiso político no
prejuzga su calidad (¿acaso eso no sería «sectario»?). En un contexto
radicalizado, y por lo tanto maniqueo, resulta un tanto absurdo exigir a un
escritor una objetividad de laboratorio. Disfruten de Benedetti y conózcanlo
mejor con esta estupenda biografía de Hortensia Campanella.