Monumental novela de Hubert Monteilhet, podríamos tildarla de tratado de historia de los últimos años del
emperador romano Nerón o de novela decimonónica de entretenimiento
y aventuras. Todo cabe en este deslumbrante libro. Pero al igual que en los
textos de Steven Saylor o Lindsey Davis, encontramos una historia menor y
llana, no una narración grandiosa y de lejanía de los principales hechos y
personajes de una época. Lo colosal de Nerópolis es el talento del autor para descender a ras de suelo, adentrarse en los aspectos más
sórdidos y cotidianos de la vida romana del primer siglo de nuestra era y
conseguir que nos hallemos relajados en una navegación narrativa que fluye sin
más sobresaltos que los estrictamente debidos a la trama. La importante
diferencia con las obras de los autores citados es el carácter enciclopédico de
Hubert Monteilhet. Su sabiduría es apabullante y su capacidad para conectar
hechos menores, costumbres, detalles ínfimos de los romanos y romanas de la
época, caballeros, matronas, senadores o esclavos, referencias literarias y
vericuetos políticos, sobrepasa cualquier expectativa que pueda tener el
lector. Su prosa es clara y ágil, no se hace pesada en ningún momento. Su
dominio del ambiente, en todos los niveles sociales, se torna, en ocasiones, en
un auténtico ensayo que paraliza la narración para describir con exactitud tal
curiosidad gastronómica o aquel detalle morboso sobre ciertos comportamientos
sexuales o higiénicos de los antiguos romanos.
En esta obra asistimos, no a un fresco (metáfora manida donde las haya) de una
franja histórica determinada, sino a una composición de teselas impresionante y
minuciosa. Monteilhet nos cuenta la vida de Kaeso, presidida por los
sacrificios de su padre y madrastra para darle una posición de relevancia en la
sociedad romana, más cercana al emperador Nerón. Enviado a Atenas para
perfeccionar su formación filosófica y moral, allí encontrará una cultura y una inteligencia
desarrolladas que le llevarán a plantearse determinados dilemas morales, que se ven
exacerbados por su contacto con el cristianismo incipiente.
Así, conocerá a Pablo y Pedro, apóstoles de un Cristo recién resucitado, como
quien dice, a los que propone cuestiones y contradicciones sobre la incipiente
doctrina cristiana. ¡Le echa en cara a Pablo su palpable e injustificada
misoginia, quizás encubriendo una secreta homosexualidad! Kaeso contrapone el
estoicismo de Séneca, quien aparece en toda su altura intelectual, a un
cristianismo lleno de un potente mensaje de futuro, pero atenazado por las
incertidumbres y la debilidad teórica de una doctrina con demasiadas lagunas,
aún muy joven, y sin respuestas para muchas preguntas. La escasez de miembros o
el choque cultural de sus premisas (sin descartar el desagrado de los judíos)
son algunos de los inconvenientes añadidos que la nueva religión arrostra en
esos tiempos. Los dos apóstoles intentan soportar la carga que les ha impuesto su Maestro, pero son conscientes también de sus limitaciones y falta de formación
intelectual. Algunas de las trampas dialécticas y de razonamiento con que Kaeso
le interroga acaban muchas veces por desesperar a Pablo, que recurre al más
inteligente y perspicaz Lucas (futuro evangelista), que sí entiende el mundo
romano y las posibilidades del cristianismo como religión multitudinaria con
una claridad y visión encomiables.
Nerópolis es más que la historia de un emperador artista, con sus excesos y
grandilocuencias, con un afán por ser bondadoso en un nido de víboras. La
figura de Kaeso surge, de alguna manera, paralela a la de Nerón. Ambos desean
ser íntegros y agradables a los demás, aunque la honestidad pueda costar un
precio demasiado alto. Hubert Monteilhet firma una novela sobresaliente,
excesiva en su tamaño y en su calidad, valiente en su revisión de la
iconografía doctrinal cristiana y la humanización de los primeros apóstoles.
Una novela para largas tardes de verano o perezosas noches de invierno. Merece
la pena el camino. Sin duda.
Hubert Monteilhet (París, 1928-2019) fue un escritor francés, licenciado en Historia por la Sorbona y profesor de esta materia en Túnez, que se dio a conocer en el ámbito de la novela policíaca. Su primera obra, LesMantes religieuses (1960), le valió el Gran Premio de Literatura Policiaca y ser considerado «el más literario de todos los autores franceses de novela negra». A lo largo de su carrera, Monteilhet se consolidó como un maestro del suspense con una producción constante durante las décadas de 1960 y 1970, publicando títulos como Le Retour des cendres (adaptado al cine), Les Pavés du diable y Les Bourreaux de Cupidon. Su estilo, a menudo descrito como elegante e irónico, se inscribe en la tradición de los novelistas libertinos del siglo XVIII y explora los recovecos de la psicología criminal y la ambigüedad moral de sus personajes.
A partir de la década de 1980, se orientó hacia la novela histórica, con la que obtuvo un gran éxito crítico y comercial. Obras como Les Derniers Feux (sobre la Inquisición), Néropolis (su mayor éxito) y La Pucelle (sobre Juana de Arco) son ejemplos de este periodo, en el que demostró su habilidad para recrear épocas pasadas con gran detalle y una mirada crítica.











