Título: Agua viva
Autora: Clarice Lispector
Páginas: 104
Editorial: Debolsillo
Precio: 10,95 euros
Año de edición: 2026 (4ª ed.)
La literatura de Clarice Lispector es una mina, porque todo lo que escribió es valioso. Como, por ejemplo, este pequeño libro, de apenas 100 páginas, que apareció originalmente en1973 y que ahora Debolsillo ha tenido el acierto de publicar junto a otros títulos de esta autora singular.
Se trata de una obra muy especial que, bajo la apariencia de una larga carta de desamor a un destinatario mudo y desconocido, probablemente un antiguo amor, enlaza una serie de párrafos en los que la autora reflexiona y divaga sobre cuestiones relacionadas con la escritura, hasta componer un texto muy personal, casi íntimo, acerca de cuestiones muy profundas de su quehacer literario.
Al principio, la voz que habla se presenta como una pintora, que ha estudiado matemáticas y reflexiona sobre la esencia del tiempo y la magia del instante, un tema de mucha enjundia. Sin embargo, a continuación, nos cuenta que se ha puesto a escribir como preparación para empezar a pintar, pero que le ha cogido gusto a la escritura y ha seguido hasta acabar este libro, así, casi sin querer. Y pasa a exponer una serie de ideas, entre la poesía y la elucubración filosófica, acerca de su escritura, el pensamiento, el conocimiento del mundo, los espejos, la muerte y varios asuntos más.
Quizás unas cuantas citas pueden describir mejor que nada el atractivo encanto de estas páginas y su fuerza: «Quiero capturar el presente», «Soy consciente de que no puedo decir todo lo que sé, solo pronunciar sílabas ciegas de sentido», «... quiero no lo que está hecho, sino lo que tortuosamente aún se está haciendo», «Pero ¿qué mal hay, sin embargo, en que yo me aparte de la lógica?», «Quiero escribirte como quien aprende. Fotografiar cada instante. Profundizar en las palabras como si pintase más que un objeto, su sombra», «Lo que te digo nunca es lo que te digo y sí, otra cosa», «No es cómodo lo que te escribo», «Detesto el domingo porque está hueco», «¿Por qué las cosas, un instante antes de suceder, parece que ya han sucedido?», «Yo amo lo feo con un amor de igual a igual», «Me estremezco al entrar en contacto físico con los animales o con su simple visión [...] Ellos son el tiempo que no se cuenta [...] Un animal nunca sustituye una cosa por otra»,
«No haber nacido animal es mi secreta nostalgia», «Me enorgullezco de presentir siempre los cambios de tiempo», «Lo que te escribo continúa y estoy hechizada».
El estilo puede parecer algo anárquico, pero tiene toda la belleza de las mejores páginas de Lispector: un discurso basado en el pensamiento lateral, tentativo, que intenta siempre buscar algo inefable, que está más allá de los límites del lenguaje, algo que acaba mostrándonos hablando indirectamente del objeto de su preocupación. Esta mujer es una enorme escritora y en este ensayo —por llamarlo algo— lo demuestra una vez más.
Un libro fascinante y de gran originalidad, una obra deslumbrante, rara y sugerente. Un alarde de sensibilidad y pensamiento más allá de las palabras. Un extraño ejemplo de lo que se podría llamar literatura abstracta, no figurativa. Un texto que hoy en día, 53 años después de su aparición, sigue siendo innovadora y de vanguardia. Una maravilla.
La traducción del portugués, que me parece impecable, es de Elena Losada, profesora de literatura portuguesa en la Universidad de Barcelona.
Clarice Lispector (Chechelnyk,1920-1977), nació en un pueblecito de Ucrania, donde pasaron una noche sus padres, de origen judío, que huían de la revolución rusa hacia Brasil.
Allí llegó con solo dos meses de edad, hizo la carrera de Derecho y a los 21 años publicó su primer libro, Cerca del corazón salvaje, escrito a los 19, con el que ganó el Premio
Graça Aranha e irrumpió como un meteorito en la escena literaria
brasileña.
Se casó con un diplomático y hasta su separación en 1959 vivió durante casi veinte años en varios países, ejerciendo de esposa modelo, elegante y culta, y de madre ejemplar de dos hijos. Por un lado, deslumbraba con su belleza, casi siempre vestida de blanco, negro o rojo, y por otro lado escribía cuando podía, con la máquina de escribir sobre las rodillas mientras atendía a un retoño. Luego volvió a Rio de Janeiro y murió joven de un cáncer. Escritora de difícil clasificación, original, moderna, sensible, difícil, no siempre se entiende completamente lo que dice, pero siempre resulta brillante.
Se casó con un diplomático y hasta su separación en 1959 vivió durante casi veinte años en varios países, ejerciendo de esposa modelo, elegante y culta, y de madre ejemplar de dos hijos. Por un lado, deslumbraba con su belleza, casi siempre vestida de blanco, negro o rojo, y por otro lado escribía cuando podía, con la máquina de escribir sobre las rodillas mientras atendía a un retoño. Luego volvió a Rio de Janeiro y murió joven de un cáncer. Escritora de difícil clasificación, original, moderna, sensible, difícil, no siempre se entiende completamente lo que dice, pero siempre resulta brillante.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.



