Benedetti nació en 1920 en una remota localidad uruguaya con un nombre de lo más hermoso: Paso de los Toros. En algunos de sus poemas recordaría con nostalgia sus primeros años. La familia era de origen italiano, aunque una de las abuelas había nacido en Madrid. Los Benedetti se trasladaron pronto a Montevideo. Llevaban una laboriosa vida de clase media. Llegaron a estafarlos. Cambiaron muchas veces de domicilio. En aquellos años Uruguay, el paisito, era una rara avis dentro de la torturada realidad política latinoamericana: una sociedad tranquila, mesocrática y laica; un precoz estado del bienestar con educación pública universal. No era un mal panorama. Aunque algunos, entre ellos el propio Benedetti, lo acabarían encontrando aburrido. La democracia es aburrida. A Dios gracias.
Hortensia Campanella considera a Benedetti un perfecto ejemplo de autodidacta. El niño precoz estudia nada menos que en el colegio alemán de Montevideo. Allí había disciplina. Al parecer, el herr direktor se paseaba por el patio enarbolando un látigo. La disciplina es la disciplina. Mario tenía sin embargo un recuerdo amable del colegio. Y aprendió alemán, lo que no es grano de anís. Pero la vida no se detiene. El joven abandona sus estudios. Se casa. Se pone a trabajar. Sus empleos serán durante muchos años esencialmente oficinescos, burocráticos y aburridos.
Fuera del trabajo, lee, escribe, participa en revistas que aparecen y desaparecen, viaja a Buenos Aires como secretario de un personaje singular, Raumsol, fundador de la escuela raumsólica de logosofía, admira la poesía sencillista de Baldomero Fernández Moreno y empieza a relacionarse con otros colegas de pluma como Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, el genial Juan Carlos Onetti o Ida Vitale. Nace el escritor. Uruguay es pequeñito, cierto, pero grande su nómina de escritores y artistas.
Mario Benedetti fue un hombre ordenado, sistemático y trabajador. Hortensia Campanella repasa una producción literaria abrumadora. De la ruidosa máquina de escribir de Benedetti salían sin descanso ensayos, crítica literaria, artículos periodísticos, obras de teatro y textos satíricos. Empieza a publicar cuentos, de los que será un autor consumado, novelas y poesías.
Poemas de la oficina se publicaron en 1956. Tienen un gran éxito. En ellos se refleja la realidad repetitiva y gris del trabajo burocrático de una manera magistral. Es una poesía sencilla de forma, intencionadamente prosaica, carente de retórica. La vida corriente contemplada a través de un vidrio empañado que desdibuja un panorama gris. El día a día, la melancolía de lo vulgar.
1959 será un año decisivo. Benedetti escribe su mejor novela, La tregua, publicada al año siguiente. El diario íntimo de Martín Santomé ha conmovido a millones de lectores. La tregua es breve, cuenta un amor otoñal y su protagonista es un funcionario anónimo. Benedetti consigue el milagro: lo prosaico se vuelve poesía y la poesía es universal. Es el mismo logro de Poemas de la oficina. Quizá por esa razón, se ha traducido a innumerables idiomas. También de 1959 son los cuentos de Montevideanos. Maravillosas estampas de la gente corriente de su ciudad, sus esperanzas, desesperanzas, amores, sueños y tristezas. La verdad incontestable de la calle. Como la vida misma.
No queremos alargar demasiado esta nota. En los años 60 Uruguay está en crisis. Benedetti, consustanciado con la realidad del país, entra en ebullición. Cunde la rebeldía por las calles uruguayas. Estalla la revolución cubana. El mítico Che Guevara da una conferencia en Montevideo que acaba a tiros. Aparece la guerrilla urbana por excelencia, los Tupamaros. La democracia uruguaya se tambalea. A medida que crece la violencia aumenta el autoritarismo del estado. Benedetti toma partido hasta mancharse. Se va a Cuba. Trabaja como promotor cultural en La Habana. Le acusan de comisario político, de sectario, de rojo. Queda al margen del boom latinoamericano. Sigue publicando sin tregua. Su literatura se vuelve popular, urgente, imprecatoria y en ocasiones experimental. En 1973 desaparece la democracia uruguaya. Una cruel dictadura envía a nuestro poeta y a miles de compatriotas al exilio. Desde el destierro, su voz no para de crecer, sus lectores se multiplican, los homenajes no cesan. Hasta su muerte a los 88 años.
Existen buenas razones para disfrutar de esta biografía. Está muy bien escrita, es diáfana, utiliza una documentación abundante y los juicios críticos son atinados. No es larga, evita las reiteraciones y analiza muy bien el contexto vital de Benedetti, sus amistades, influencias, amigos, revistas en las que participó, personas con las que acabó por romper o respetó siempre pese a sus discrepancias políticas. En una página estupenda se nos cuenta cómo la censura franquista prohibió en 1965 la publicación en España de su novela Gracias por el fuego. Según el censor mayor, el libro atacaba despiadadamente el honor, la patria y la familia. Y era verdad, para gloria del autor.
Benedetti en el remolino de su vida supo salir a flote, contar su verdad y hacer buena literatura, aunque demasiado militante a veces. Esto último puede sin embargo matizarse: el escritor escoge la parte de realidad que le conmueve y con la que se identifica, convirtiéndola en literatura, que puede gustar o no gustar; pero el compromiso político no prejuzga su calidad (¿acaso eso no sería «sectario»?). En un contexto radicalizado, y por lo tanto maniqueo, resulta un tanto absurdo exigir a un escritor una objetividad de laboratorio. Disfruten de Benedetti y conózcanlo mejor con esta estupenda biografía de Hortensia Campanella.
Hortensia Campanella (1947) es una periodista y crítica literaria uruguaya nacida en Montevideo. Hortensia es egresada del Instituto de Profesores Artigas en la sección de Literatura y licenciada en Filosofía y Letras. Ha trabajado como periodista cultural y crítica literaria en numerosos medios de prensa. Dirigió el CentroCultural de España en Montevideo y Santiago de Chile. Ha editado las obras completas de Juan Carlos Onetti En la actualidad, es presidenta de la Fundación Mario Benedetti.










