viernes, 30 de octubre de 2026

El último caso de Unamuno - Luís García Jambrina

Título: El último caso de Unamuno
Autor: Luís García Jambrina
 
Páginas: 365 
 
Editorial: Alfaguara
   
Precio: 20,90 euros 
 
Año de edición: 2026

El 31 de diciembre de 1936 fue el último día en la turbulenta vida de don Miguel de Unamuno. Desde hacía meses una cruenta guerra civil desgarraba España. En Salamanca, capital de los sublevados, arreciaba la represión. El filósofo al principio se había adherido a los sublevados, ya que los creía salvadores de la civilización cristiana y occidental. Pero la sangre pronto anegó cualquier esperanza de una paz rápida. Unamuno, el hombre más libre de España según Andrés Trapiello, no tardó en estallar contra los franquistas. El 12 de octubre de 1936 les dijo a la cara: «Venceréis, pero no convenceréis». Inmediatamente fue destituido del rectorado y confinado en su domicilio hasta su muerte. Hay quien dice que esa muerte no fue natural. Que se trató de un asesinato. Uno más en la lista del general Franco. Otro Lorca. 

Luis García Jambrina convirtió al pensador bilbaíno en un detective con la agudeza de Sherlock Holmes en su novela El primer caso de Unamuno (2024). En la que ahora comentamos, El último caso de Unamuno (2026), se investigan dos asuntos: la postrera investigación de don Miguel y la extraña muerte del propio Unamuno, poco después. Así que García Jambrina nos da dos crímenes por uno. Una oferta literaria difícil de rechazar tratándose de una novela de intriga. Unamuno, con su aire de búho inquisitivo, resulta pertinente como investigador aficionado. No nos olvidemos que el vasco era ante todo un pensador, o sentidor como él decía, que buscaba sin descanso la verdad. Así que nuestro sabio metido a detective persigue la realidad de las cosas. Ya sea enarbolando su pluma como un caballero andante la lanza, trajinando entre libros o husmeando por aquí y por allá. 

1936 fue un mal año para Unamuno. Para todos los españoles en verdad. Muchos muertos salpicaron el atormentado paisaje celtibérico. Cadáveres ensangrentados aparecían tirados en cualquier camino, ante las tapias acribilladas de un cementerio, amontonados en una fosa común. En Salamanca no hubo guerra: hubo matanza. Cayeron amigos y conocidos de don Miguel. Algunos desaparecieron sin dejar ni rastro. La «hidra inquisitorial aúlla más que nunca» escribió desesperado nuestro filósofo. Hasta que un buen día se rebeló ante tanta ignominia y quizá con su gesto selló su destino. 

Unos meses antes de la muerte de Unamuno, un catedrático de la universidad de Salamanca apareció colgado en el despacho de su casa. Se trataba de un caballero liberal y católico. De esas gentes de orden que no querían ni fascismo ni comunismo. Exactamente igual que don Miguel. La viuda cree que su marido ha sido asesinado. Un buen católico jamás se hubiera suicidado. Más bien lo suicidaron. Sus sospechas caen en el vacío. Decide pedirle ayuda a Unamuno. Tras algunas dudas (no está el horno para bollos con la guerra civil) el rector acepta investigar el turbio asunto.  

La muerte de Unamuno tuvo un testigo. Se llamaba Bartolomé Aragón. Era un profesor fascista que rápidamente abandonó el fusil por la propaganda. El tal Aragón es universalmente desconocido hoy en día. Únicamente aparece cuando se escribe acerca del fallecimiento del bilbaíno. Al parecer, el filósofo sufrió una especie de derrame cerebral cuando estaba hablando con Aragón. Esta es la versión oficial. Se quedó aparentemente dormido al lado del brasero de cisco. El fuego comenzó a lamer sus zapatillas. Un olor raro se extendió por la estancia. Bartolomé Aragón se levantó estupefacto. Comenzó a gritar como un poseso ¡yo no he sido!, ¡yo no he sido!, abandonando apresuradamente el domicilio de Unamuno, que fue enterrado al día siguiente. 

Pues bien: el abogado Manuel Rivera, buen amigo de Unamuno, será quien investigue la sospechosa muerte del maestro. En sus pesquisas contará con la ayuda de Teresa Maragall, una veterana anarquista catalana a quien don Miguel adoraba. Teresa ya no es joven. Pero tiene valor, las ideas muy claras y el gatillo fácil contra los enemigos de la idea. No está dispuesta a que la muerte de su amigo quede impune, ni a que los fascistas se aprovechen de ella. No es fácil investigar una muerte sospechosa que bien pudiera ser un crimen cuando los criminales dominan Salamanca. Hay que andar con pies de plomo. Tener un cuidado exquisito. Saber exactamente con quién hablar y de qué. La vida no vale nada en ese momento. 

El último caso de Unamuno destaca por su buena escritura. Es una novela entretenida. Cumple con nota el principio de la buena literatura de intriga: el detective se va descubriendo a sí mismo a medida que investiga. Posee además una base histórica muy trabajada. Luis García Jambrina conoce al dedillo la figura de Unamuno y su circunstancia. Se nota la seguridad con la que aborda ciertos asuntos espinosos (la represión en la ciudad del Tormes, las actuaciones poco presentables de ciertos individuos, el comportamiento de la iglesia católica poniéndose de canto ante el terror). La atmósfera está muy conseguida: una Salamanca helada por el frío y el miedo, repleta de soplones y fascistas, en la que nadie confía en nadie, con sombras huidizas en las esquinas, un goteo permanente de víctimas cruelmente sacrificadas y viudas humilladas vestidas de negro. 

De momento, sin embargo, no todo está perdido. Por sus calles aún pasea, muchas veces solo, un anciano venerable de pelo blanco como la nieve, con un curioso atuendo de pastor protestante, sombrero oscuro, sin corbata, gruesos anteojos en cuyo fondo bucean unos ojos pequeños, cansados e inquisitivos, y barba rematada en punta. Don Quijote revivido. Este hombre está dispuesto a que resplandezca la verdad. No conoce el miedo ni la desesperanza. Ante su imponente figura retroceden las tinieblas. De lectura más que recomendable.  

Miguel de Unamuno

Luis García Jambrina (1960) es un escritor y profesor universitario español nacido en Zamora. Durante años fue crítico literario del diario ABC. Actualmente dirige la revista Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno que edita la Universidad de Salamanca. Además de su labor docente, el profesor García Jambrina ha escrito numerosas novelas como El manuscrito de piedra (2008), La sombra de otro (2014), El manuscrito de fuego (2018) o Así en la guerra como en la paz (2023). Ha convertido en protagonistas de sus libros a Fernando de Rojas y Miguel de Unamuno. También es autor de cuentos, teatro y ensayos. Ha editado a autores como Claudio Rodríguez, Pere Gimferrer, José Manuel Caballero Bonald y, por supuesto, Miguel de Unamuno. 

En 2020 colaboró con el cineasta Manuel Menchón en el documental Palabras para un fin del mundo. Al año siguiente, ambos publicaron el libro La doble muerte de Unamuno. Tanto el libro como el documental ponen en duda las versiones tradicionales acerca de la muerte de Miguel de Unamuno. 
 
Luís García Jambrina

Publicado por Alberto. 

jueves, 29 de octubre de 2026

Leyla - Tina Suau

 

Título: Leyla
Autora: Tina Suau
 
Páginas: 196 
 
Editorial: Esdrújula
   
Precio: 17 euros 
 
Año de edición: 2026
 
Leyla significa oscuridad o noche, una noche que no siempre implica nada negativo, sino calma, misterio, belleza y romanticismo, pero que también puede suponer tinieblas y peligros desconocidos. Un título que me parece especialmente acertado para esta novela, basada en una mujer misteriosa y bella, que guarda un secreto.
 
Víctor, un escritor español. llega a Tánger, esa ciudad cosmopolita, magnética y de encanto inagotable, para participar en un encuentro de autores de ambos lados del Estrecho. Está aburrido de una vida y una relación que no le satisfacen, quizás en un buen estado para nuevas emociones, pero no alcanza a imaginar las aventuras que le esperan en la ciudad. Allí conocerá a una mujer fascinante, atractiva y enigmática, Leyla, que le llevará por caminos que ni siquiera imagina y le descubrirá aspectos de sí mismo que desconoce. Esa es la idea motriz que anima estas atractivas páginas.
 
La historia está llena de peripecias, sorpresas y puntos de giro. La autora ha querido, en esta su segunda novela, mostrarnos parte del lado más marginal y oscuro de la perla del Estrecho, la cara oculta de Tánger, de la que no se suele hablar. Alrededor de los dos protagonistas, aparece un buen grupo de personajes, cuyas vidas se cruzan a través de una trama interesante y bien urdida: Sami, relaciones públicas de una discoteca; Chaib, el portero; Driss, su fiel amigo; Marta, una escritora española que puede ser un trasunto de la autora; Al Khaled, un violento kuwaití; Abderrahim, un pintor bohemio; Abdeslam, un pescador como una montaña, tan noble como peligroso; Benjelloun, el comisario compasivo... un elenco variado que, según quienes conocen bien la ciudad, está cuajado de personajes típicamente tangerinos. No son caracteres reales, pero podrían serlo perfectamente.

Por otro lado, el retrato de la ciudad y su atmósfera se completa con la aparición de lugares esencialmente tangerinos, como el Hotel Minzah, el Caid's Bar, el café Cherifa, la Librairie des Colonnes, el hammam Franco, el Grand Café París o las terrazas Renschaussen. También se alude con frecuencia a su topografía urbana, a sus calles, plazas, playas y avenidas. Hay descripciones afortunadas, rápidas y certeras como apuntes pictóricos y menciones de los platos más típicos de la gastronomía local.
 
El estilo es directo y decidido, maduro, de alguien que sabe muy bien lo que está haciendo y domina los resortes del oficio de escritor. En el texto, se alternan varios hilos narrativos, que se cruzan y trenzan según va avanzando la historia, hasta quedar completamente conectados. No se dan muchas explicaciones explícitas al lector, que tiene que ir atando cabos poco a poco hasta descubrir todas las claves de la trama.  El libro se divide en 25 capítulos cortos, de unas 7 páginas cada uno, que llevan por título el nombre del personaje que juega el papel de protagonista en cada uno de ellos. La lectura es fácil, amena; la historia se desenvuelve a ritmo de novela negra, y el desenlace, abierto y sugerente, es brillante y creíble. Tenemos aquí una narración que engancha, que impulsa a seguir leyendo hasta el final.
 
En suma, una novela que es muchas cosas a la vez: un atractivo viaje a la cosmopolita Tánger, una ciudad en cambio continuo que, por sus características de lugar abierto, resulta propicia para descubrir aspectos personales ignorados; una historia de aprendizaje en la que los protagonistas evolucionan a partir de sus experiencias; una aventura romántica delicada y sutil; una novela negra con mucha acción y un buen manejo del tempo; una historia de encuentros; una invitación a visitar esa ciudad, y muchas otras cosas. No se puede pedir más. Una lectura muy recomendable.
 
La imagen de la portada, tan oscura, hermosa y atractiva como esta novela, es obra de Teresa Montanero, una joven ilustradora, con actividad entre Granada y Madrid, que ha realizado aquí un trabajo espléndido. Esta edición incluye al final un glosario de términos árabes que aparecen en el texto —no os asustéis, son pocos—, la mayoría, gastronómicos, y unos sentidos agradecimientos.
 
Tina Suau Jiménez nació en Tánger al final de la época del Tánger internacional, y allí vivió hasta los 18 años. Luego se tuvo que trasladar a Valencia con su familia, cuando la ciudad cambió definitivamente.
 
Es una filóloga formada en la Universidad de Valencia y en la de Sheffield, con una larga carrera de docencia, investigación y traducción del inglés, francés y español. Ha sido profesora visitante en la Escuela Superior de Traducción Rey Fahd de Tánger y en universidades de Reino Unido, Alemania, Polonia, Italia y Estados Unidos. En 2024 publicó su primera novela, la atractiva Tangér, ia vida soñada. Leyla es su segunda novela. Afortunadamente, parece que tenemos escritora para rato. 
 
Tina Suau
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.