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| Anne Carson |
Anne Carson (Toronto, 1950) es una poeta canadiense, ensayista, traductora y profesora de literatura clásica y comparada en la Universidad de Míchigan. Está considerada por la crítica como una de las poetas vivas más relevantes del mundo anglosajón. Es a la vez una especialista en literatura griega y una poeta innovadora, que ha renovado la poesía moderna. En 2020 fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras y en 2026, muy recientemente, con el Premio Nobel de Literatura. Actualmente vive en Nueva York.
El viejo cárdigan azul de mi padre
Ahora
cuelga del respaldo de la silla de cocina
donde siempre me siento, como estuvo colgado
del respaldo de la silla de cocina donde él se sentaba.
Me
lo pongo siempre que entro en casa,
como él hacía, pateando el suelo
para quitarme la nieve de las botas.
Me
lo pongo y me siento en la penumbra.
Él no habría hecho esto.
El frío baja desmochando desde el hueso de luna del cielo.
Sus
normas eran un secreto.
Sin embargo, recuerdo el momento en que supo
que estaba enloqueciendo dentro de sus normas.
Un
día me lo encontré en la rampa del garaje.
Llevaba puesto el cárdigan azul con los botones abrochados hasta el cuello.
No era sólo que fuera una tarde calurosa de julio
sino
la expresión de su rostro...
igual que un niño al que una vieja tía ha vestido de buena mañana
para un largo viaje
en
vagones helados y andenes borrascosos
se sienta muy derecho al borde de su asiento
mientras las sombras como largos dedos
sobre
las balas de heno que pasan ante sus ojos
no dejan de sobresaltarle
porque avanza hacia atrás.
Domingo
Mis
trapos tendidos ventean contra el gris severo del atardecer.
Es hora de cenar, el aire se hace más frío.
Se apilan las hojas en pequeños montones.
Luz en las ventanas de la cocina.
Húmedos misterios de la noche asoman apenas entreabiertos.
Es hora de llamar a mamá.
Deja que timbre.
Seis.
Siete.
Ocho..., ella
levanta el auricular, espera.
En las huecas distancias acaso los ratoncillos corretean irónicos.
Esa fuerza
Esa
fuerza, madre: desenterrada. Martillada, encadenada,
sombría, agrietada, sollozante, arrolladora, encerrada
en sus lamentos, martillada, martillando residuos
de muerte. Aferrada y contenida,
informe y voraz. Cuchillo.
Sin desangrar la médula
esa fuerza, madre,
se detuvo.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.
