El gran escritor Georges Simenon es bien conocido por sus estupendas novelas protagonizadas por el comisario Maigret. Un policía de lo más humano con el que puede identificarse cualquiera. Simenon era un maestro a la hora de recrear el ambiente un tanto sórdido, cerrado y mezquino de la burguesía francesa. En este mundo se mueven personajes vulgares. Gente que lleva una vida normal y corriente. Pero las apariencias engañan. Por debajo de la cotidianidad de los bibelots se arrastra el secreto. Puede ser un crimen, un drama familiar, un suicidio. En las novelas de Simenon las relaciones personales son implacables. Hay poco lugar en ellas para la sinceridad o la generosidad. Una vez rota la existencia vulgar cabe únicamente esperar la muerte, la cárcel o la locura. Vidas sombrías, sin épica ni lírica, marcadas por un destino inexorable.
Entre las innumerables novelas de Simenon destaca Los fantasmas del sombrerero, publicada por vez primera en 1949. La historia que cuenta es verdaderamente original. El sombrerero León Labbé es un respetable pequeño burgués de la ciudad de La Rochelle. Tiene una mujer inválida e insoportable. Lleva quince años cuidándola abnegadamente. O eso parece. El caso es que de un día para otro un maníaco comienza a estrangular señoras como si tal cosa. El asesino manda cartas al periódico local. El pánico se desata.
Delante del domicilio del señor Labbé vive el señor Kachoudas. Es un pobre sastre oriundo de Oriente Medio y lleno de hijos. El señor Labbé y el señor Kachoudas se saludan levemente cuando se encuentran en la calle. El señor Kachoudas sospecha y el señor Labbé se siente observado. Así crece la tensión entre uno y otro. Una tensión siempre silenciosa. Soterrada. De una intensidad inimaginable. El ciudadano francés de pura cepa a quien todos sus vecinos conocen. Arraigado. Seguro. De confianza. El sastre que viene de lejos. El extranjero. Un individuo diminuto que hace de la discreción un escudo protector frente a las malas caras. Labbé y Kachoudas se miden con miradas de soslayo en un duelo a la sombra.
Simenon es un maestro en contar con sencillez existencias sin relieve. Una ciudad pequeña y adormilada. Casas burguesas. Negocios de toda la vida. Criadas que saben más de lo que aparentan. El eterno café en donde los buenos ciudadanos se reúnen para charlar, tomar un aperitivo y leer los periódicos. Las calles oscuras, empedradas y mal iluminadas. La monotonía: los días se confunden de tan parecidos que son. Nunca pasa nada. Hasta que pasa. Comienzan entonces las sospechas, murmuraciones y adivinaciones. Naturalmente, la verdad es mucho más compleja de lo que pretenden los detectives aficionados. Esta verdad dice bastante de la ciudad y sus habitantes. Los retrata de manera indeleble.
Pues bien: Simenon teje con estos mimbres un relato primoroso con una carga nada leve de crítica social. Destacan la perfección de la trama, el interés de los personajes analizados en su trasfondo psicológico, la pequeña tragicomedia oculta que poco a poco se va desvelando, el retrato exacto de una sociedad hipócrita en la que nadie se conoce realmente o la naturalidad con la que fluye un relato que en otras manos menos expertas resultaría inverosímil. Sencillamente, Simenon era un maestro de la novela con todas las letras. Los fantasmas del sombrerero lo demuestra sobradamente. Recomendable cien por cien.
Únicamente cabe añadir que en 1982 el director Claude Chabrol adaptó Los fantasmas del sombrerero a la gran pantalla en una excelente película protagonizada por Michel Serrault. También recomendable.
Georges Simenon (1903-1989) fue un escritor belga en lengua francesa nacido como Georges Joseph Christian Simenon en la ciudad de Lieja. Su familia era de clase media. Simenon estudió en un colegio de jesuitas con el resultado que era de esperar: rechazo de la religión. Desde muy joven tuvo sus primeras experiencias sexuales. En 1918 dejó los estudios y comenzó a trabajar en varios oficios. Como reportero de sucesos llegó a conocer al dedillo el ambiente marginal de la delincuencia. En 1922 marchó a París. Pronto se multiplicaron las novelas. Viajó por el mundo.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Simenon se fue a los EE. UU. y no regresaría a Europa hasta 1955. Se calcula que escribió a lo largo de su vida más de 200 novelas (algunas con pseudónimo). Durante muchos años sufrió un pequeño tumor cerebral no detectado que, sin embargo, no afectó a su capacidad intelectual, aunque sí a su carácter. Le operaron de mayor. El gran personaje de Simenon fue el comisario Maigret, considerado sin discusión cono uno de los grandes de la novela negra. Georges Simenon falleció en Lausana en 1989. Se calcula que se han vendido unos 550 millones de ejemplares de sus libros.



