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| Peter Feuchen |
Peter Freuchen (Nykøbing Falster, Dinamarca, 1886-1957) fue un explorador, escritor, cineasta y antropólogo danés. Era un gigante, medía 2,01 metros y calzaba un 49. Empezó a estudiar Medicina, pero era un hombre de acción, se aburrió y lo dejó a los seis meses. Cuando tenía 20 años, vio un anuncio: «Se busca personal para expedición a Groenlandia». Y para allá que fue. No sabía nada de la zona ártica, pero le gustó, se quedó allí 20 años y se casó con una inuit. Aprendió a cazar focas, aprendió el idioma, comió carne cruda y se hizo tatuajes típicos.
Se unió a la expedición de Knud Rasmussen que recorrió 1000 km y cruzó Groenlandia para cartografiar la costa. Pero en el viaje de vuelta, una violenta tormenta de nieve lo separó del grupo. Cavó una cueva en el hielo para sobrevivir, pero quedó allí atrapado y su aliento, unido a su calor corporal, derretía la nieve, el techo se hundía y era cada vez más peligroso. Aislado y sin herramientas ¿qué podía hacer? Pues hizo lo lógico: defecó, moldeó sus excrementos en forma de cuchillo, esperó a que se congelasen —estaba a unos 40º bajo cero— y con ese «estilete» rompió el techo, salió y se arrastró hasta llegar al campamento de la expedición. Al llegar, vio que tenía los dedos de los pies negros, completamente congelado, y se los amputó él mismo con unas tenazas y sin anestesia. Pero además, se le había congelado una pierna y tuvieron que amputársela. Estuvo diez años más explorando con una pata de palo.
Una noche, estando en Thule, al noroeste de Groenlandia, un lobo fue a molestar a los perros de su trineo. ¿Qué hizo? Pues, de nuevo, lo más lógico: salió en calzoncillos y a 30º bajo cero, le metió al lobo un puño en la boca para que no le mordiera en la cara y con la otra mano, lo estranguló. Luego se metió en su choza, se tomó un café y escribió en su diario: «Hoy, molesto lobo». Vivió mil aventuras, perdió un ojo en una ventisca y sobrevivió a mil peligros. Al final de su vida tenía 34 cicatrices de mordiscos de lobos y osos polares.
Volvió a Dinamarca, se divorció, se casó con una millonaria, escribió 30 libros entre novelas, volúmenes de viajes y memorias, ganó el concurso de cuentos del New York Times, hizo de esquimal en una película, se hizo amigo de Jean Harlow y Mae West, se presentó a gobernador de Groenlandia y perdió, fundó un periódico, lo dirigió, tuvo una productora de cine... no paraba. Cuando Alemanía invadió su país en 1940, tenía 54 años, una pata de palo, un ojo de cristal y seguía midiendo 2 metros. Se une a la resistencia, esconde judíos, imprime panfletos, pasa armas... hasta que los nazis lo detienen, lo llevan a un campo de prisioneros y lo condenan a muerte. No lo vigilan mucho porque está cojo, pero una noche de tormenta trepa la alambrada, se rompe la pierna buena y aún así, es capaz de andar 60 km hasta llegar a Suecia y quedar libre. Cuando le preguntaron cómo lo había hecho, respondió: «Odio a los nazis más que al dolor». En Suecia se casó por tercera vez con la ilustradora Dagmar Cohn.
Con 70 años, una pata de palo, un ojo de cristal, sin dedos en los pies, calvo y con barba de vikingo, se presentó al concurso televisivo The 64,000 $ Question como experto en los siete mares y ganó el premio de 64.000 $. Se hizo muy popular, era el danés más conocido después del rey. Resumiendo su vida, una vez dijo en una entrevista: «Me he encontrado en algunas situaciones difíciles, pero siempre he tenido suerte. Y cuando no la tuve, improvisé».
Publicado por Antonio F. Rodríguez.



