lunes, 4 de mayo de 2026

El sueño del jaguar - Miguel Bonnefoy

Título: El sueño del jaguar
Autor: Miguel Bonnefoy
 
Páginas: 272
 
Editorial: Libros del Asteroide
  
Precio: 20,95 euros 
 
Año de edición: 2025
 
Esta novela, ganadora del Premio Fémina y del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa está siendo una de las sensaciones del año. No me extraña, se trata de una obra que aprovecha con inteligencia el atractivo de las sagas familiares, llenas de peripecias, avatares y pasajes del género picaresco, y el encanto del realismo mágico sudamericano. El autor conoce bien las culturas venezolana y francesa, los dos polos entre los que se desarrolla esta entretenida ficción.

«Al tercer día de su vida, Antonio Borjas Romero fue abandonado en los escalones de una iglesia, en una calle que hoy lleva su nombre». Así arranca este texto exuberante y colorido, rico como los productos tropicales, en el que se describen a menudo sitios y ambiente por el olor que desprenden. El lenguaje y su estructura recuerdan al estilo de Gabriel García Márquez, salvando las distancias, y la historia de las tres generaciones de una familia, cuya devenir empieza en Maracaibo y acaba en París, las tramas que urde con habilidad Isabel Allende.

El estilo es rico, barroco y jugoso, con frases como párrafos, larguísimas, cuyos términos sorprenden al lector continuamente al jugar con lo exótico y lo inesperado, con las ideas originales y los hechos menos rutinarios que se puedan imaginar. Estas páginas nos recuerdan que también se puede hacer gran literatura con un lenguaje florido y verboso, lleno de digresiones y exotismo. No todo es minimalismo y contención. Bonnefoy emplea varios trucos para mantener el interés en lo más alto: mezcla elementos de la novela picaresca con varias historias de amor, todas ellas arrebatadas y muy románticas, anuncia cosas que van a suceder, con lo que mantiene un nivel de intriga casi constante; pone en juego la sorpresa de manera constante, el encanto de lo exótico e inesperado y la exageración desmedida; utiliza frecuentes retornos de personajes que regresan del pasado; finaliza muchos capítulos arriba, con un pequeño clímax, e intercala numerosas enumeraciones coloridas y maravillosas. El conjunto es una narración entretenidísima, plagada de personajes peculiares que se ganan la complicidad del lector, y que ofrece por añadidura y como decorado un resumen de los hitos más importantes de la historia venezolana. 

«... y sabía echar las cartas, pues la muda Teresa le había garantizado que era la única ciencia capaz de convencer a los hombres sin contar con el inconveniente de ser verdadera», «... hasta tal punto que llamaba a todo el mundo por su nombre de pila, incluso a aquellos que jamás le habían sido presentados», «Porque sólo me casaré con el hombre que me cuente la historia de amor más hermosa», «No se puede uno morir con el estómago vacío», «A las tres de la tarde, la ciudad se endiabló», «... le puso por delante un atlas abierto y empezó a hablarle de ciudades construidas en las cimas de las montañas, y de vergeles colgantes en Perú, del marfil etíope y los dialectos de la India, de las ceremonias celestes de Nepal y las danzas antillanas, de los misterios de Japón y las utopías secretas de Libertalia; le habló de las ciudadelas excavadas en acantilados birmanos, de las aldeas al borde de los fiordos daneses, de las calas mediterráneas, de los templos chinos, delos mercados senegaleses... », «No entendía cómo se podía enseñar a hablar a los niños para luego no escuchar lo que tenían que decir», «Solo los seres puros mueren en la misma fecha que nacieron», «... había alcanzado esa edad en la que uno no se echa de menos», «Todos somos hijos de un sueño de jaguar».

Un libro llamado a ser un superventas, un fenómeno editorial. Una obra estupenda y redonda, tropical, llena de vitalidad y energía, rematada con un desenlace muy borgiano. Una novela exuberante, olorosa y colorida, muy cinematográfica, que gustará a todo tipo de lectores y les hará pasar unas horas muy agradables.

La traducción del francés es obra de Regina López Muñoz a la que ya conocemos por haber traducido Los días del Cáucaso y varias obras de Foenkinos. En este enlace pueden leerse las primeras páginas de esta novela.
 
Miguel Bonnefoy (París, 1986), hijo de una diplomática venezolana y de un novelista chileno, es un escritor de doble nacionalidad, a la vez francés y venezolano. Creció en Venezuela y Portugal, y estudió en liceos franceses. Ha sido profesor de francés en la Alianza francesa y a los y a los 23 años ganó el segundo premio en la 14ª edición del certamen de relato corto de la Sorbona Nueva.
 
Ha escrito hasta ahora diez novelas y ha ganado veintiún premios, los últimos, el Premio Fémina y el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa por El sueño del jaguar.
 
Miguel Bonnefoy
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

domingo, 3 de mayo de 2026

El muerto insepulto y transeúnte - Manuel Chaves Nogales

Manuel Chaves Nogales

El muerto insepulto y transeúnte

Yo era peluquero y en mi oficio llegué a gozar de una envidiable reputación. Reconozco que jamás tuve ocasión de salir de las modestas peluquerías de los barrios extremos, pero esto no me quita mérito. Debía esa postergación a mi modestia, a mi carácter pusilánime. Nada más. Pero no tenía tampoco mayores aspiraciones.  En mi pequeña barbería me sentía muy a gusto y mi arte la suavidad de mis manos y la dulzura de mis maneras, eran dotes apreciadas en cuanto valían por mis humildes parroquianos. 

Cuando cumplí veinte años, me hicieron soldado, ingresé en el cuartel y pasé días horribles entre aquellos hombres violentos e implacables. Me abrumaban con el peso de armas y correajes,  me rendían con caminatas terribles y ejercicios sin fin y toda mi blandura, mi naturaleza dulzona y aristocrática de oficial de barbería hubo de resentirse gravemente. Cuando se convencieron de que yo no servía para aquel bárbaro ajetreo me mandaron a la peluquería del regimiento donde recobré algo el sosiego. Allí estuve algún tiempo. Todos los soldados reconocieron que yo era un hombre superior por la inusitada suavidad, el miramiento con que rapaba sus testas esquinadas y sus barbas salvajes. Vuelto así a mi elemento me sentí orgulloso de mí mismo y de mi arte.

Pero se declaró la guerra; nos movilizaron y de la noche a la mañana, me encontré sobre el campo de batalla frente a unos feroces enemigos y cargado otra vez con armas y correajes. Allí no había escapatoria; en la guerra la gente no se corta el pelo ni se deja afeitar ―de ello deduzco yo la barbarie de las guerras―, y quieras que no, se empeñaron en hacer un bravo guerrero de un humildísimo rapabarbas. Puse todo mi empeño en conseguirlo, pero no fue dable. 

Así las cosas, nos metieron en fuego por primera vez. Yo iba desde el primer instante más muerto que vivo. Al poco rato de avanzar frente al enemigo, comenzaron a silbar las balas. Un soldado que marchaba junto a mí dió de pronto una zapateta bastante ridícula y se cayó de espaldas echando sangre por la boca No pude ver más; se me cerraron los ojos y así seguí avanzando, a tientas, mientras oía a lo lejos el zumbido de las balas 

De pronto oí un silbido más fuerte que los demás; aquella bala venia por mí. En efecto; sentí un terrible golpe en el pecho y me dí cuenta de que caía mortalmente herido. Unos minutos después yo fallecía; estaba muerto, irremisiblemente muerto. 

Yo me daba cuenta aún de algo de lo que por fuera pasaba, pero por dentro de mí, en los entresijos de mi ser, muerto y bien muerto me sentía. Así estuve varias horas; me preocupaba mucho la posibilidad de que los buitres viniesen a comerme; pero no veía el medio de evitarlo. Indudablemente me comerían. Y vendrían también los cuervos y me sacarían los ojos…

Vinieron unos camilleros y unos médicos. Me recogieron con pocos miramientos y dándome trastazos. Me arrumbaron en un furgón automóvil. iOh si los cadáveres pudiéramos quejarnos!  Cuando ya se disponían a enterrarme, como era su obligación, uno de aquellos médicos estuvo registrándome y atosigándome de una manera cruel. Le oí decir que yo no estaba muerto, cosa que me hizo reír de buena gana para mi calavera, que es como únicamente podemos reírnos los muertos aún no descarnados. Aquel bárbaro insistió en sus masajes, sus inyecciones y sus inhalaciones farigosas hasta hacerme abrir los ojos e incorporarme. Aquello era de una crueldad inaudita pues lo menos que se puede hacer con los muertos es dejarlos descansar en paz.

Obligado fieramente, acosado por todas partes, de tal modo que el mismo médico estaba ya exasperado, me hicieron hablar, no sẻ cómo, pues no recuerdo el caso de ningún cadáver parlante. 

Cuando pude hacer uso de la palabra, la empleé en manifestar a aquellos señores el deseo de reposo eterno que, como buen cadáver tenía. Formulé, pues, la petición de que me enterrasen Para que aquellos caballeros perdiesen las vanas sospechas de que yo estuviese aún vivo.

Estas palabras, sensatas, les dejaron estupefactos y como yo las repitiera muy cuerda y respetuosamente, lo tomaron a mal  y, poniéndome en pie sobre mis inseguras piernas de fallecido,  me  atizaron tal puntapié en el trasero, que yo admití la posibilidad de morirme por segunda vez. 

De entonces acá mi vida de cadáver insepulto y viandante ha sido un verdadero martirio. He escuchado los mayores insultos y he sufrido los castigos más atroces.

Ante mi obstinación en declarar mi estado, se han burlado de mí y me han desmentido categóricamente llamándome impostor. ¡Claro!  Como no he podido sacar la cédula de cadáver que por clasificación me corresponde, nadie me cree. Me han formado consejos de guerra,  me han encarcelado, he sido deportado y últimamente me he visto convertido en quincenario profesional. 

¿Y todo por qué? Por mantener firmemente la íntima convicción de que soy un fallecido; una víctima del heroísmo. Nadie me cree.  Y ahora, en secreto, yo mismo he empezado a dudar. Muerto bien muerto estoy, aunque me hagan andar, hablar y moverme artificialmente. Desasido de todas las cosas de este mundo me hallo y ni voluntad ni amor, ni nada de lo que los vivos tienen he conservado.  Pero de vez en cuando, me asalta una irrefrenable apetencia de callos,  longaniza o chuletas de huerta. Y la verdad, soy el primer cadáver con apetito que conozco.

Esto me hace tener mis dudas.

Manuel Chaves Nogales, 1924

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

sábado, 2 de mayo de 2026

Anders Zorn - Varios autores

Título: Anders Zorn
Autores: Varios autores
 
Páginas: 312
 
Editorial: Fundación Mapfre
  
Precio: 39,90 euros 
 
Año de edición: 2026

La Fundación Mapfre, en su sede del paseo de Recoletos, acoge una amplia exposición de la obra de Anders Zorn, el pintor sueco más internacional, figura destacada de finales del siglo XIX; está dirigida por Markus Bertsch (Hamburger Kunsthalle) y Casilda Ybarra Satrústegui (Fundación Mapfre).

Autorretrato

Anders Zorn procedía de un entorno humilde de Mora, una pequeña localidad sueca, era hijo natural de una campesina y se crió con sus abuelos. A los quince años se matriculó en la Academia de las Artes de Estocolmo, donde destacó por sus cualidades como dibujante y escultor. Viajó por Europa y visitó varias ciudades, entre ellas Madrid, para aprender de Velázquez; se estableció en París donde tuvo notable éxito, fue nombrado caballero de la Legiónde Honor. Recorrió varias capitales de Europa, viajó varias veces a España y a Estados Unidos con gran éxito y aceptación antes de regresar a vivir a su pueblo natal.


Fue un gran retratista en la línea de sus coetáneos Sargent, Boldini y Sorolla, con el que le unió una gran amistad. Partidario de la pintura al natural y de las figuras espontáneas, también realizó numerosas obras de paisajes del norte y de imágenes costumbristas y de personajes populares.



La exposición es un amplio y muy completo recorrido por la obra de Zorn, organizado en varios apartados: retratos, paisajes, desnudos, escenas locales populares y una muestra de sus obras relacionadas con España. Incluye obras al óleo, grabados de gran calidad y acuarelas; en esta última disciplina se muestra como un auténtico maestro con un gran dominio de esa difícil técnica para superar las dificultades de mezclar colores y corregir fallos; resulta impresionante la calidad de las obras expuestas.

La exposición está abierta hasta el 17 de mayo. Es muy recomendable, no os la perdáis.   

Publicado por John Smith.