viernes, 10 de abril de 2026

El diario de Hamlet García - Paulino Masip

Título: El diario de Hamlet García
Autor: Paulino Masip
 
Páginas: 512
 
Editorial: Renacimiento
  
Precio: 24,90 euros 
 
Año de edición: 2026

El escritor Paulino Masip debió exiliarse en México después de la derrota republicana de 1939. Murió allí y su nombre se diluyó en el olvido. Max Aub, en una página patética de su Diario, recuerda el triste final de Paulino, con la cabeza perdida, y su entierro acompañado de unos cuantos expatriados como él. Nada parecía quedar de este escritor, excepto el recuerdo cada vez más vago de un autor «menor» que, por esas cosas que tiene España, fue a morirse al otro lado del Atlántico. Pero Paulino Masip escribió bastante, su obra tiene una calidad indudable y en 1944 publicó en el destierro mexicano una novela que le garantiza un lugar importante en la narrativa española del siglo XX. Nos referimos a El diariode Hamlet García. Sin duda, uno de los libros más insólitos entre los millares inspirados por la guerra civil. Una rareza que se ha convertido silenciosamente en un clásico.

El protagonista es ni más ni menos que un profesor ambulante de metafísica. Hamlet comienza a escribir su diario en 1935. Lo termina abruptamente el 30 de octubre de1936. Cualquiera sabe que en este lapso de tiempo pasaron en España muchas cosas tremendas, trágicas y decisivas. Acontecimientos que marcaron a fuego la existencia de millones de españoles y atrajeron la atención mundial sobre nuestro atormentado país. Todo el mundo se enteró de los desastres de la guerra en España. Muchos, desgraciadamente, en primera persona y para siempre. Pues bien: hubo un español, de 35 años y vecino de Madrid, que no se enteró absolutamente de nada. Se llamaba Hamlet García. Era un hombre que vivía en otra galaxia. Perdido en su universo filosófico. Incapaz de entender (o mejor, de aceptar) que en este bajo mundo la gente estaba dispuesta a morir y matar por media docena de eslóganes. 

No es que Hamlet García sea tonto. En absoluto. Es un tipo de amplísima cultura y gran capacidad de reflexión. Sencillamente, su tendencia a la abstracción, el aislamiento y el ensimismamiento le ha convertido en un hombre-Vía Láctea, como dice, con razón, su mujer Ofelia. Así que el dubitativo Hamlet deambula por Madrid como una especie de sonámbulo. Los sucesos le llegan amortiguados y desde muy lejos. Rumores de una vida real en la que él no desea participar. 

Hamlet García da clases a sus discípulos, discute con su mujer (que le engaña), sabemos que tiene hijos pequeños, el padre de una de sus alumnas le ofrece meterse en política y en una ocasión casi se mata al coger al vuelo un tranvía atestado. Pero estas aventuras son exteriores, sin relieve, como desdibujadas. La mente de Hamlet las filtra adelgazando su contextura humana, convirtiéndolas en abstracciones, en ideas puras. Hamlet es un ente impersonal que vaga feliz y bienaventurado por el cielo de Platón. Hasta que la vida lo reclama y se cae del guindo. 

El 17 de julio de 1936 apunta en su diario: hoy ha hecho mucho calor. Nada más. A partir de esa fecha, un rumor insistente, una marea incontenible, sube desde la calle hasta el cielo del filósofo ambulante. Se rompe la campana neumática en la que vegeta. Y nuestro hombre deberá descender a la calle, al corazón ardiente en que se ha convertido Madrid. Hamlet García se ve envuelto en la historia. En la historia grande, no en las pequeñas historias, o mejor, elucubraciones, de las que estaba hecha su vida contemplativa. Es la caída del intelectual puro en la existencia auténtica, tan terrible como humana. Del yo al nosotros. El problema es que los prójimos han decidido matarse unos a otros. Tiempo de violencia. 

El diario de Hamlet García es un magnífico ejemplo de novela intelectual sobre la guerra civil española. Las entradas del diario del protagonista y narrador están escritas de manera magnífica, en una prosa machadiana admirable (algunos críticos identifican a Hamlet García con Antonio Machado-Juan de Mairena). Son reflexiones espléndidas al hilo de la vida cotidiana, que nos permiten conocer a un hombre singular, raro como pocos, tolerante y bueno, que, quizá por esa razón, no quiere participar en los furores apocalípticos de su tiempo. 

Paulino Masip critica sin duda la falta de compromiso de tantos intelectuales que creían estar por encima de las circunstancias, pero la posición excéntrica de Hamlet García tampoco es despreciable: no es posible para un individuo corriente controlar los acontecimientos; puede entonces colocarse fuera de ellos, al margen del río de los sucesos, y que sea lo que el destino, o el azar, quiera. Una gran novela personal, tan original como fascinante. Inolvidable. 

Paulino Masip

Paulino Masip Roca (1899-1963) fue un escritor español nacido en el pueblecito ilerdense de La Granadella. Con seis años se fue con su familia a Logroño. Estudió magisterio, residió en París y vuelto a España comenzó una importante carrera periodística. Durante la Segunda República cultivó las letras, estrenó un par de obras de teatro y su firma aparecía en diarios como Ahora o Estampa. Fue director de los periódicos republicanos La Voz y El Sol

Durante la guerra civil dirigió La Vanguardia. En 1939 se exilió en México. Allí publicó en 1944 su obra maestra, la magnífica novela El diario de Hamlet García. Para ganarse la vida, escribió más de cincuenta guiones cinematográficos (era la época dorada del cine mexicano). De alguna manera, como escribió su amigo Max Aub, fue devorado por la industria del cine, abandonando, aunque nunca del todo, su carrera literaria. Paulino Masip falleció en San Pedro Cholula con 64 años. 

Publicado por Alberto. 

jueves, 9 de abril de 2026

César o nada - Pío Baroja

Título: César o nada
Autor: Pío Baroja
 
Páginas: 424
 
Editorial: Alianza
 
Precio: 14,90 euros 
 
Año de edición: 2013

«Solo lo individual existe en el campo de la vida y en el campo del espíritu». Así se expresa Baroja en el prefacio de César o nada, novela perteneciente a la trilogía «Las ciudades», que retrata y denuncia el caciquismo político y la corrupción (tema desgraciadamente siempre de actualidad en España). Baroja presenta al protagonista como alguien que aspira a una moral individual, nietzscheana, de pasión y fuerza, no una moral colectiva, social, de raíz cristiana. César Moncada propugna adaptar la vida a un pensamiento, un plan preconcebido o un sueño. Si lo consigue, la victoria en el empeño limpiará las fechorías realizadas para ello, dotará de un sostén ético a todo, donde no lo habría en caso de fracaso. Para César, en fin, la derrota moral es no cumplir el mandato personal que cada uno se impone a sí mismo para desarrollarse como persona.

Con su estilo desabrido de frases cortas y aseveraciones rotundas, Baroja nos desgrana las aventuras de este nihilista, que quiere entrar en la vida a sangre y fuego. Republicano, escéptico y anticlerical, llega a Madrid para estudiar leyes, pero salta de la zoología a la fisiología y, sin más interés que aprobar asignaturas por pura rutina, termina la carrera de Derecho. Hace buenas migas con Alzugaray, joven práctico y burgués, que sirve a Baroja de contrapunto para las afirmaciones categóricas de César. Este recurso dialógico es muy propio de Baroja, que gusta de usar las conversaciones entre personajes para definir caracteres y hacer avanzar la acción de sus novelas. También su hermana Laura, vivaz y prudente, toma ese papel de contrapunto en otras fases de la obra.

En la primera parte de la novela, el protagonista se va a Roma. No sabe qué hacer con su vida, pero está convencido que algo se le ocurrirá para entrar en acción. La Ciudad Eterna se le presenta como un lugar decadente, de monumentos y personajes. Trata con personas de la más variada especie y sus aseveraciones no dejan títere con cabeza, incluido el Papa: «¡Qué pájaro más maravilloso! Tiene un abanico de plumas como el pavo real, habla como las cacatúas, pero se diferencia de ellas en que es infalible, y es infalible porque otro pájaro, también maravilloso, que se llama Espíritu Santo, le cuenta por las noches todo lo que pasa en la tierra y en el cielo. ¡Qué cosas más pintorescas y más extravagantes!».

César, y Baroja en su genio incontestable, realiza sus retratos y generalidades habituales sobre pueblos y razas, que orbitan entre lo humorístico y lo genial: «¿Los ingleses? [...] Es ganado vacuno; gente sentimental y ridícula que se extasía ante su aristocracia y ante sus reyes. Los latinos tienen algo de gato, son de raza felina: un francés es como un gato gordo y bien alimentado; el italiano es como un angora viejo que conserva su hermosa piel, y el español es como esos gatos de tejado, flacos, sin pelo, que maúllan, casi sin fuerzas, de desesperación y de hambre... Luego vienen ya los ofidios, que son los judíos, los griegos, los armenios... ». Sin olvidar, un antisemitismo muy barojiano: «Tiene ese aire de cabra triste tan frecuente en los judíos».

Roma no le agrada, pero entiende que puede ser la palanca para sus proyectos inconcretos. Y, sobre todo, le sirve para entablar relaciones con diferentes personas del mundo de la aristocracia, la política y la burguesía. Así conoce a don Calixto, llave para descubrir primero y lograr después su objetivo: hacerse diputado. Ya tiene un fin, y ahora necesita realizarlo.

La segunda parte de la novela narra sus cuitas y ambiciones políticas a caballo entre Madrid y la localidad ficticia de Castro Duro. Pío Baroja efectúa una crítica mordaz, inmisericorde y brillante de la política española de primeros de siglo XX, una política de caciquismo y alternancias, con individuos de baja catadura moral y alto estatus social: «Cuando se empapa uno en esa vida miserable de la política, cuando entra uno a formar parte de ese Olimpo de botarates que se llama Congreso, uno necesita purificarse. ¡Cuánta miseria! ¡Cuánta vileza hay en esa vida política! ¡Qué de caras pálidas por la envidia! ¡Qué de odios más bajos y repugnantes!». César Moncada tratará de poner en marcha sus proyectos de reforma y regeneración contra las fuerzas vivas de la burguesía, la aristocracia y el clero de la España de principios de siglo XX, una España de pensamiento retrógrado, cerril, inmovilista y tradicionalista aún viva.

Cesar o nada es una novela magnífica, narrada con la maestría de un nombre mayúsculo de la literatura española. Decir esto no constituye una novedad. El aparente desorden de su prosa esconde una gracia única para la creación de caracteres y la capacidad de entretener. Un escritor irrepetible. 

Pío Baroja en su despacho

Pío Baroja (San Sebastián, 1872–1956) fue uno de los grandes narradores de la generación del 98 y una de las voces más influyentes de la narrativa española del siglo XX. Tras licenciarse en Medicina y ejercer brevemente como médico, se dedicó por completo a la literatura, cultivando una narrativa de estilo sobrio, crítico y profundamente individualista.

Autor muy prolífico, escribió más de sesenta novelas, entre ellas El árbol de la cienciaZalacaín el aventurero o Las inquietudes de Shanti Andía, además de trilogías tan conocidas como «La lucha por la vida», «Tierra vasca» o «Las ciudades», que componen César o nada, El mundo es ansí y La sensualidad pervertida. Su obra, marcada por el escepticismo y el retrato de los marginados, renovó la novela española con un tono directo y una mirada desencantada sobre la sociedad de su tiempo. También dejó memorias, ensayos y libros de viajes que completan una de las trayectorias literarias más extensas y singulares de la literatura española.

Publicado por José Ángel Gayol.