Título: Una lectora nada común
Autor: Alan Bennett
Páginas: 128
Editorial: Anagrama
Precio: 18,90 euros
Año de edición: 2008 (7ª edición)
Si los famosos perros de la reina Isabel II de Inglaterra no se hubieran entretenido un día ladrando a la biblioteca móvil que estaba aparcada al lado de las cocinas de palacio, en un patio interior al que la monarca nunca iba, su majestad nunca hubiese conocido a Norman, un pinche de cocina con el vicio de leer compulsivamente, ni hubiese tomado en préstamo una novela por compromiso. Esa casualidad hace que se aficione a la lectura hasta las trancas y dispara una cascada de perturbaciones en la vida cotidiana de Buckingham inesperadas y divertidas.
Ese es el planteamiento de esta novelita, sencilla, fácil de leer, llena de ironía y con un sorprendente desenlace, resuelto en la última frase con una insinuación, que deja un excelente sabor de boca. A veces viene muy bien descansar un poco leyendo algún libro como éste, aparentemente simple, casi trivial, pero con más trasfondo de lo que parece y una buena dosis de ironía. Tiene además la virtud de criticar a la corona británica y todo lo que se mueve a su alrededor con elegancia y de manera indirecta,
Un libro estupendo, recomendable para todos los públicos, con diálogos jugosos y situaciones más que peculiares. Ofrece un buen catálogo de frases para enmarcar, por ejemplo: «Su trabajo consistía en mostrar interés, pero no interesarse», «En los círculos reales, la lectura no estaba bien vista», «Había adquirido la habilidad de leer y saludar al mismo tiempo», «¿Soy la única que querría echar un rapapolvo a Henry James?», «Creo que me estoy convirtiendo en un ser humano», «A los ochenta años, las cosas no suceden, se repiten».
Por otro lado, es curiosa la lista de grandes autores, la mayoría anglosajones, que desgrana el autor, una buena selección que puede servir para repasar hasta qué punto conocemos a fondo la literatura británica. También hay que resaltar el retrato de la vida cotidiana y funcionamiento interno de la monarquía inglesa que realiza el autor. Una descripción ajustada, irónica y muy creíble, que me ha recordado inevitablemente a algunos detalles de The Crown, una de las mejores series televisivas que he visto.
En fin, una obra que puede parecer modesta, pero que está basada en una idea feliz y ejecutada con habilidad y mucho oficio. Un texto muy british en el tema, el fondo y la forma. Una novela ligera que gustará a todo el mundo y os arrancará más de una sonrisa.
La excelente traducción del inglés es obra del bilbaino Jaime Zulaika, traductor de inglés y francés, que se atrevería también con el griego y el italiano si le dan una oportunidad.
Alan Bennett (Leeds, 1934) es un actor, dramaturgo y novelista británico. Hijo de un carnicero, consiguió una beca para estudiar en la Universidad de Oxford y se licenció en Historia con notas excelentes. Fue profesor de Historia Medieval durante unos años, hasta que decidió que lo suyo era el teatro.
Mientras estudiaba, actuó en varias obras y a los 26 años tuvo una actuación muy exitosa, junto a Dudley Moore, en el Festival de Edimburgo. A los 34 años estrenó su primera obra, a la que siguieron muchas otras obras de televisión, teatro y radio, con guiones, cuentos,
novelas y muchas
apariciones como actor. Empezó a escribir prosa. Ha ganado seis Premio Tony y tres Premios Laurence Olivier con la obra The History Boys, además de una larga lista de premios de narrativa, teatro y televisión.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.





