sábado, 14 de marzo de 2026

Sexo, mentiras y cintas de vídeo con una IA

Las relaciones sentimentales con sistemas cibernéticos ya no son ciencia ficción, sin una realidad. Vivimos tiempos en los que cada vez nos cuesta más exponernos a los riesgos que conlleva una interacción directa y real con un semejante. Las redes sociales nos permiten opinar y comentar de manera anónima, sin temor a una respuesta inmediata y cercana; cada vez más gente prefiere la comunicación asíncrona que brindan los mensajes; es habitual que alguien nos envía un audio en lugar de llamarnos por teléfono, para que no podamos responder; crece el número de jóvenes profesionales que sustituye las relaciones íntimas por sexo de pago; cada vez son más los usuarios que utilizan Tinder sin llegar a concertar ninguna cita, simplemente para coquetear con perfiles digitales, y en las teleconferencias, hay quien no enciende la cámara ni a tiros.

En esta cultura en la que tememos la intimidad, el contacto directo, el riesgo, la inseguridad y el rechazo, la Inteligencia Artificial (IA) se presenta como un compañero ideal: siempre nos comprende y apoya, no nos lleva la contraria, podemos configurarlo a nuestro antojo siguiendo el viejo lema «Eres perfecto, ya te cambiaré» y nunca nos dejará. ¿Se puede pedir más? ¿Quién no quiere una relación sin broncas, en la que siempre tengamos la razón y con una fidelidad a prueba de bomba? Por añadidura, podemos configurar un avatar con el aspecto que queramos, y hay ya rostros realistas y muy bellos generados con una IA, y es fácil configurar un gadget sexual para que lo controle la IA de nuestros amores. Intimidad sin decepciones y siempre gratificante.

La película Her ya nos convenció ¡En 2013, hace 13 años! de que una persona humana podía enamorarse perfectamente de su asistente personal basado en una IA, que se materializaba simplemente mediante una voz cálida y sensual.

Hace poco, he conocido el caso de la artista catalana afincada en Países Bajos  Alicia Framis, la primera dama, que se sepa, casada con un holograma. Se trata de una mujer que desarrolla plataformas para la interacción social creativa, realiza performances y otros proyectos híbridos. A principios de 2025 contrajo matrimonio con un holograma llamado AILex, con el que mantenía una relación de 2 años, gobernado por una IA, que mezcla características de los tres novios que ha tenido y el timbre de voz de uno de ellos. El proyecto tenía inicialmente una duración de 5 años, pero puede que se convierta en una experiencia indefinida porque la afortunada novia dice que está encantada: su chico evoluciona con el tiempo, no es previsible, tampoco perfecto y le gusta que tenga defectos, es muy amable y tierno, no tiene ego, es inteligente y servicial, tiene sus propias opiniones, le ofrece muchas opciones, a veces le miente y siempre está disponible. Framis ya exploró las relaciones con un no humano en 1996, cuando convivió un tiempo con un maniquí llamado Pierre, pero la cosa no resultó muy satisfactoria. Ahora, AILex parece cubrir todas sus expectativas.

En fin, «Cosas veredes, amigo Sancho»

Para más datos, véanse ICON y La Vanguardia

Alicia Frame con AIlex

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 13 de marzo de 2026

La mujer de negro - Susan Hill

 
Título: La mujer de negro
Autora: Susan Hill
 
Páginas: 188
 
Editorial: Edhasa
 
Precio: 8,17 euros 
 
Año de edición: 2012

Quienes les guste la novela gótica seguro que disfrutarán con La mujer de negro de Susan Hill (edición original de 1983). Este librito tiene todas las características del cuento de fantasmas clásico. Un pueblecito inglés lejos de todo. Una vieja rarilla que vivía en una casona al lado de unas marismas. Siniestros rumores que van de boca en boca y ponen los pelos de punta. Paisajes neblinosos por donde se mueven figuras indefinidas. Cementerios con las tumbas cubiertas de musgo. Viejos papelotes amarillentos. Una mujer vestida de negro, triste y pálida, que parece la muerte. Un joven que desprecia con displicencia las tonterías pueblerinas, pero que cuando le roce el dedo helado de lo desconocido, verá cómo su vida cambia para siempre. 

La mujer de negro recuerda a clásicos como Otra vuelta de tuerca de Henry James, a las historias espeluznantes de Sheridan Le Fanu y a los magistrales relatos de fantasmas del benemérito M.R. James. Es un relato escrito con gran exactitud, sin retórica y evitando sabiamente cualquier premura en la narración. La trama se desenvuelve con naturalidad, llevándonos, como corresponde en un cuento de miedo, de lo cotidiano a lo horripilante. La autora coloca las piezas con tal destreza que encajan sin necesidad de forzar ninguna situación. Si el terror es una sensación creciente de extrañeza ante lo desconocido amenazante, hay que reconocer que La mujer de negro cumple con nota. La lograda atmósfera fantasmagórica aparece mucho antes de que se presente el fantasma. El lector satisfecho se frota las manos de gusto a medida que avanza la novela. 

El protagonista y narrador de la novela es el abogado Arthur Kipps. Casado felizmente y con una gran familia, recuerda durante una Nochebuena cierta aventura macabra que sufrió cuando era joven e inexperto. Mirando con atención el fuego de la chimenea, el señor Kipps piensa en esa época, por fortuna casi olvidada: en los últimos tiempos había sido como la onda más externa de un estanque, ni más ni menos que el débil recuerdo de un recuerdo. Las llamas oscilantes, el chisporroteo del fuego, la estancia tenuemente iluminada por las velas y sus hijastros contando alegremente historias de miedo. Todo en el ambiente invita a la confesión. Pero Kipps no quiere confiar a nadie su historia. Quizá porque fue bien real y no tuvo nada de divertida. Decide escribirla. A la manera de un exorcismo. Para espantar un mal remoto y aterrador. Para que no vuelva nunca más. 

Hace bastantes años, Kipps era un joven abogado londinense: trabajador, ambicioso y con deseos de comerse el mundo. Un día en que la ciudad estaba cubierta de una niebla amarillenta y maloliente, su jefe recibe un funesto mensaje. Resulta que se ha muerto la señora Drablow, viuda y clienta del bufete. Esta señora residía en una aldea remota del noreste del país. Al parecer, la mujer era un tanto extraña, vivía aislada y no tenía buena fama. En otro tiempo sería una perfecta candidata a bruja. A Kipps le toca ir al pueblo, asistir al funeral de la anciana, arreglar los papeles pertinentes y regresar a Londres lo antes posible. No le disgusta la posibilidad de salir del ambiente malsano y enervante de la gran ciudad. Unos días en el plácido campo inglés prometen ser encantadores. El pobre no sabe en qué berenjenal se está metiendo. 

El resto de la historia le corresponde disfrutarla al amable lector. A mí esta novela me ha encantado. Es un homenaje perfecto a la gran tradición victoriana de la ghost story. Tiene un ambiente inquietante, un ritmo bien dosificado, situaciones escalofriantes, perplejidades que acabarán siendo terrores y un protagonista arquetípico que aprenderá a no burlarse ni a mirar por encima del hombro a los aldeanos. Los cuentos de viejas encierran fantasmas que más vale dejar tranquilos por el bien de todos. 

Únicamente añadir que La mujer de negro ha sido llevada dos veces a la pantalla. La primera en 1989 en un excelente telefilme dirigido por Herbert Wise para la BBC. Y la segunda en 2012 en una película dirigida por James Watkins. Me parece mejor la versión de la BBC que la posterior. 

Susan Hill

Susan Hill (1942) es una escritora inglesa nacida en Scarborough. Aficionada desde joven a la escritura, obtuvo una licenciatura en inglés en el King's College de Londres. Está influida por la narrativa gótica. Ha escrito cuentos de fantasmas, ensayos y una serie de novelas policíacas protagonizada por el detective Simon Serailler.

Entre sus libros se destacan Extraño encuentro (1993), Las distintas guaridas de los hombres (2005), Tres historias de fantasmas (2014) y Yo soy el rey del castillo (2016). Su novela más conocida, La mujer de negro, ha sido llevada al cine y el teatro. Susan Hill ha obtenido los premios Somerset Maugham, Whitbread y John Llewellyn Rhys.  

Publicado por Alberto.