Algunas lecturas te reconcilian con el mundo. Mis tardes en el pequeño café de Tokio de Michiko Aoyama pertenece a esa clase de libros. A través de lecturas entrelazadas que tienen como punto de partida un pequeño café de esa ciudad, enmarcado por un río y unos cerezales, el libro narra fragmentos de vidas, personajes relacionados mediante un hilo sutil de complicidad y humanismo. Que nadie espere grandes aspavientos en la trama, crímenes, piruetas de ficción grandilocuente o hechos épicos protagonizados por seres superlativos. Los personajes de este libro son seres vulnerables y comunes, nada más y nada menos que seres humanos enfrentados o en reconciliación con sus propias vidas.
El camarero se enamora de una clienta que escribe cartas en inglés, una maestra de infantil recibe una reprimenda de su directora, que también va al café a charlar con su amiga de toda la vida, alguien que pronto se va a casar y viajar a Sidney, donde se encuentra casualmente con un pareja de ancianos celebrando sus bodas de oro… En fin, cada capítulo compone parte de un mosaico de emociones, recuerdos y sentimientos a pequeña escala. El personaje secundario de un capítulo es el protagonista del siguiente y la figura de alguien que se hace llamar «Maestro», atraviesa la narración como una sombra bienhechora.
Michiko Aoyama practica una suerte de antropología sentimental. Relata las dudas que nos atenazan al tomar decisiones, los sentimientos que reprimimos por no hacer daño a quienes amamos, los recuerdos que nos remuerden la conciencia, o quizás la incapacidad de ser felices. Mis tardes en el pequeño café de Tokio es una novela o un libro de relatos, y da lo mismo: su objetivo es reconfortar con el lado amable de la realidad. La autora procura convencernos, con cierta ingenuidad (todo hay que decirlo), de que las casualidades y la bondad acaban confluyendo para hacer una sociedad más acogedora. Podemos tejer relaciones con desconocidos y enriquecernos con sus experiencias y pensamientos. Y siguiendo la tradición propia de las filosofías orientales, el karma devuelve los gestos y los auxilios.
Conviene enmarcar su obra en lo que se ha llamado healing fiction japonés (ficción terapéutica o iyashikei en su sentido literario), un subgénero narrativo nacido en Japón que prioriza la calma, la introspección y el consuelo emocional frente al conflicto o la acción trepidante. Sus historias, de ritmo pausado y tono amable, suelen girar en torno a personajes cotidianos que lidian con pequeñas crisis vitales (soledad, desempleo, duelo) y hallan respuestas en actividades sencillas como leer, cocinar, regentar una pequeña tienda o recomendar libros. La trama no busca un gran clímax dramático, sino crear una atmósfera envolvente y reconfortante que invite a la reflexión y ofrezca al lector una sensación de paz y esperanza. Suelen incluir elementos como gatos, cafés, bibliotecas de barrio o diarios de gratitud, y autores representativos son Michiko Aoyama, Toshikazu Kawaguchi o Satoshi Yagisawa. Es una literatura que actúa como bálsamo para el estrés moderno, en la que el verdadero viaje es el autodescubrimiento y la conexión humana en lo pequeño.
¿Libros de autoayuda? No diría tanto. Sería denigrar el género, puesto que de género en el sentido literario se trata. Son obras con vocación estilística, que emplean las herramientas narrativas para construir una trama. Que esa historia se vista de cotidianiedad no le resta mérito en absoluto. Así, en el caso de esta obra, la autora japonesa firma un texto sincero y emotivo, con una prosa límpida y sencilla, de oraciones encadenadas que, con sosiego, pintan bosquejos acertados de vidas normales. Hay una voluntad de lograr calidad literaria al tiempo que transmitir cierto mensaje de sosiego e introspección. Por eso es conveniente acudir a esta obra sin prejuicios. Mis tardes en el pequeño café de Tokio es un libro que se lee como un chocolate caliente para el espíritu y se bebe a sorbos medidos, como cualquier buena historia.
Michiko Aoyama nació en 1970 en la prefectura de Aichi, Japón. Estudió Periodismo y, tras graduarse, trabajó durante dos años como reportera para un periódico japonés en Sidney, Australia. A su regreso a su país, ejerció como editora de revistas en una editorial antes de decidirse por completo a escribir. Su primera novela, Mis tardes en el pequeño caféde Tokio (publicada en 2017), ganó el Premio Miyazakimoto.
Su gran éxito internacional, sin embargo, llegaría con La biblioteca de los nuevos comienzos (Planeta, 2023), que fue finalista del Premio de los Libreros de Japón en 2021. Sus libros, que transmiten una profunda calidez y reflexión sobre las pequeñas cosas de la vida, han vendido millones de ejemplares en todo el mundo y se han traducido a más de treinta y cinco idiomas. Actualmente, reside en Yokohama, Japón.



