domingo, 25 de septiembre de 2016

El carro de heno - Gustavo Martín Garzo


Ayer se publicó, en un diario madrileño, un curioso artículo de Gustavo Martín Garzo sobre la pintura de  «el Bosco». En él, aprovechando el cierre de la magnífica exposición que le ha dedicado el Museo del Prado en el 500 aniversario de su muerte, el escritor vallisoletano se pone en el lugar del pintor holandés y comienza a hablar. Un curioso ejemplo de posesión literaria, que vale la pena leer:


Jheronimus van Aken (1450-1516), conocido como «el Bosco» por haber nacido en 's-Hertogenbosch (bosque del duque), fué un pintor holandés, «lejano e inaccesible» según Erwin Panofsky, misterioso y hermético, que fascinó al puritano Felipe II, quien ordenó a sus capitanes requisar todas la obras suyas que encontrasen.

Nació en una familia de pintores, se sabe poco sobre su vida. Fué un pintor de éxito, que recibía encargos de los poderosos, no firmaba ni fechaba sus cuadros por lo que al tener muchos imitadores no tenemos la seguridad completa de la autoría de sus cuadros. Sus pinturas, bellas y surrealistas, enigmáticas y creativas, oníricas y febriles, todavía nos desconciertan.


Aquí podéis ver el grabado de Cornelius Cort que le retrata. Lleva siguiente pie: «¿Qué ven, Jerhonimus Bosch, tus ojos atónitos? ¿Por qué esa palidez en el rostro? ¿Acaso has visto aparecer ante ti los fantasmas de Lemuria o los espectros voladores de Érebo? Se diría que para ti se han abierto las puertas del avaro Plutón y las moradas del Tártaro, viendo como tu diestra mano ha podido pintar tan bien todos los secretos del Averno»
 
Gustavo Martín Garzo

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 24 de septiembre de 2016

La famosa lengua de señas otomana

La famosa escuela de sordomudos en Estambul

El ser humano ha empleado los más variados métodos para comunicarse con sus semejantes, lo que ha dado lugar a las más variadas y sofisticadas creaciones culturales, desde la ópera al alfabeto morse, pasando por el lenguaje del abanico y los libros, naturalmente. Pero una de las historias más raras y curiosas sobre sistemas de comunicación es la lengua de señas otomana, o lengua del serrallo, hoy completamente perdida. Vamos a tratar de resumirla.

En la corte de los sultanes otomanos las conspiraciones eran el pan de cada día y no eran raros los fratricidios y parricidios para conquistar el sultanato. Las pequeñas intrigas para hacerse con algún puesto interesante también eran frecuentes, así que en el siglo XVI, se hizo habitual que el sultán se rodease de una corte de sordomudos protegidos y leales, que no pudiesen transmitir información, ser sobornados, entender las negociaciones secretas y bastante impermeables al mundo exterior.

El siguiente paso es que se hizo de mal gusto que el sultán hablase en público y el protocolo exigía que lo hiciese en contadas ocasiones. Para su vida cotidiana los monarcas aprendieron el lenguaje de señas que usaban sus criados, cocineros, eunucos, personal de servicio y funcionarios de palacio. El primer sultán que aprendió el lenguaje de señas fué Osman II (1604-1622),que llegó al poder a los 14 años mediante un golpe de estado contra su tío el sultán, invadió Polonia y murió asesinado a los 18 años por su visir. Osmán II llegó a estar rodeado de 100 sordomudos a su servicio.

Retrato de Osman II

Se comunicaba con ellos y con el resto de la corte mediante el lenguaje de signos y se hizo costumbre desde entonces que el sultán guardase silencio en público, lo que causó trastornos psicológicos a más de un monarca. Vivir en silencio y rodeado de personas que le observan a uno continuamente, incluso en los momentos de mayor intimidad, puede desquiciar a cualquiera. Ahmed III se quejaba de que al entrar en una habitación había 40 personas observándole y que no podía estar solo ni cuando se desvestía.

Volviendo al lenguaje de signos, al principio los sirvientes jóvenes lo aprendían mediante fábulas y cuentos, se transmitía por tradición «manual» hasta que se fundó una escuela oficial para mudos. Según los expertos y los testimonios hallados parece que era sofisticada y permitía comunicar ideas complejas como cualquier otro idioma.

Tan extendido y enraizado estaba esa lengua de signos que se dice que el sultán Mustafá I (1592-1639) se negó a aprenderlo y fué practicamente obligado por la corte a abdicar a los tres meses de estar en el trono.

El escritor español Otavo Sapiencia dejó escrito en 1622: «Toda la conversación del Gran Turco es con mudos, enanos y truhanes, y en Palacio todos hablan a lo mudo, haziendo dello particular profesión, y no quiere otra conversación, sino del dicho género de gente».

La lengua de signos otomana sesiguió utilizando en la corte turca hasta los años 20 del siglo pasado, pero no se ha conservado ningún manual ni tratado y es una incógnita saber si la actual lengua de signos turca procede o no de aquel antecedente otomano. 

Una historia rara y curiosa ¿verdad? Siempre he pensado que no andaba muy descaminado el lema de una editorial esotérica de hace algunos años: hay otros mundos, pero están en este.

Para más información, véase este artículo sobre los sordos en la corte otomana y esta recopilación de fuentes en inglés. He descubierto esta historia en la Brújula verde.

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Puente levadizo- Varios autores


Título: Puente levadizo
Autores: Varios autores

Páginas: 184

Editorial: Foro/taller Sagitario

Precio: 15 euros 

Año de edición: 2015

Veinticuatro cuentos, doce de autores panameños y los otros doce de autores españoles, se reunén en este libro, editado el pasado año 2015 gracias a la financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) , en un sugerente juego de contrastes y comparaciones que da lugar a efectos curiosos y conclusiones inesperadas. 

¿Lo que más llama la atención? La continuidad cultural. Es imposible identificar qué testos son panameños y cuáles son españoles si no se mira el índice. Podrían pasar unos por otros sin ningún problema, tal es el parecido de temas, tonos y estilos.

¿Qué cual sería la segunda sorpresa? Pues que a pesar de que están ordenados en primer lugar los doce cuentos centroamericanos y luego a continuación, los doce europeos, ordenados aproximadamente por edad de los autores, de mayores a más jovenes, primero los nacidos en los años 40, luego los de las décadas 50 y 60 y finalmente los de los 70, que son mayoría, si se emparejan los cuentos por ese orden los temas siempre tienen un punto de conexión.

La docena de temas tratados son: historia de un loco cotidiano, la miel y el fuego interior de las mujeres, horror doméstico, sobre la rutina y el trabajo, conflictos personales, laberintos imaginarios, un viejo en el mar es un náufrago, peripecia de un hombre a la deriva, amores extraños, mujeres en busca de su equilibrio, supermán revisitado, y amor y muerte.

Creo que más que casualidad, ha sido la intención de quienes han seleccionado los relatos, Enrique Jaramillo Levi (Colón, 1944), veterano cuentista panameño y Pedro Crenes Castro (Ciudad de Panamá, 1972), escritor panameño-español que vive en Madrid desde 1991. Ambos figuran también como autores en la primera parte y me parece que se han conjurado para que los asuntos de las dos series de historias tengan conexiones. 

Sorprende tambien la riqueza y calidad de los relatos panameños; vienen un país con una larga y potente tradición de contadores de historias. Se me ha ocurrido jugar a los desafíos y he leído el libro como creo que debe leerse, primero la pareja de cuentos, uno panameño, otro español, seleccionados en primer lugar y así sucesivamente, por parejas. He intentado decidir qué cuento era mejor de cada pareja, aceptando empates y el resultado de este macth  Panamá-España ha sido de 8-4. Los relatos panameños me han parecido mejores, en general y en conjunto.

Por otro lado, todos los cuentos tienen buen nivel, pero he encontrado algunos que me han parecido extraordinarios: «El ángulo del horror» de Cristina Fernández-Cubas (Arenys de Mar, 1945), «El viejo y la esperanza» de Dimitrios Gianareas (Ciudad de Panamá, 1967) y «La intrusa» de Roberto Pérez-Franco (Chitré, 1976).

Esta edición ha sido financiadaa por la AECID, viene arropada por una introducción del Embajador de España en Panamá y sendos prólogos de los dos antólogos, y cada relato está precedido por una breve nota biográfica sobre su autor.

Una antología compilada con mucho criterio e inteligencia, muy buena, que se presta a ensayar juegos de comparación y contraste, que muestra que algo se está moviendo en el cuento panameño, algo que vale la pena conocer.

Publicado por antonio F. Rodríguez.

jueves, 22 de septiembre de 2016

El escándalo Modigliani - Ken Follet


Título: El escándalo Modigliani
Autor: Ken Follet 

Páginas: 272
 
Editorial: Debolsillo
 

Precio: 8,95 euros 
 

Año de edición:1975 

Esta novela es de las primeras de Ken Follett, es casi una obra de juventud, más corta, menos trabajada que otras, pero también es alegre, divertida, dinámica y agradable de leer. Trata, en  forma de crítica mordaz, del mundo del arte, del mercado que alrededor de los cuadros se origina cuando los teóricamente expertos en la materia ponen mas atención en la firma que en la calidad de una obra.

En la novela hay dos personajes fundamentales, independientes en el desarrollo de la acción. Uno es una joven recién licenciada en Historia del Arte que, a partir de una información privilegiada, se dedica con toda la ilusión del mundo a buscar un cuadro de Modigliani que no está catalogado. El otro personaje es un pintor joven, bohemio y con talento, que ve cómo su carrera no termina de despegar por no ser lo bastante comercial. Entonces decide hacer algo de impacto, provocador, para llamar la atención sobre el mundillo de especuladores del arte que conforman galeristas, marchantes, críticos y escritores de arte, un grupo cerrado y corporativo que se mueve por el interés comercial y el mercantilismo. Como se puede uno imaginar, ninguno de los dos sale muy bien parado. 

Ken Follett (Cardiff, Gales, 1949) procede de una familia cristiana profundamente religiosa en la que no le permitían entretenimientos como el cine o la televisión; eso hizo que se aficionara a la lectura de forma muy temprana y muy intensa. Siempre ha  mostrado su agradecimiento a la biblioteca pública de su ciudad.   

Estudió Filosofía en la Universidad College of London y empezó a trabajar como periodista. Comenzó a escribir por afición y alcanzó el éxito con «La isla de las tormentas». A partir de ahí ha ido encadenando éxitos sucesivos hasta ser reconocido mundialmente por su obra  «Los pilares de la Tierra». Ha escrito más de 30 novelas que se han traducido a varios idiomas y se han convertido en auténticos best-sellers. Varias de sus novelas se han adaptado al cine o a la televisión. Ha sido nombrado doctor honoris causa por las universidades de Glamorgan, Michigan y Exeter.

Desde joven ha sido simpatizante y colaborador del partido laborista, está casado con Bárbara Follett, miembro del parlamento británico. Sus aficiones son la buena mesa, la obra de Shakespeare y la música: toca el bajo en un grupo de blues; él lo define como una actividad sensorial frente a la actividad cerebral que es la escritura. También es colaborador activo de varias organizaciones caritativas y solidarias.

Ken Follet

Publicado por Cris de la Fuente.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El ansia de vagar - Luis y Alexis Racionero


Título: El ansia de vagar 
Autores: Luis y Alexis Racionero
 
Páginas: 175
 

Editorial: RBA
 

Precio: 5,95 euros 
 

Año de edición: 2013

Este libro, ganador del Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes 2013, es un estupendo recorrido por las andanzas y aventuras de dos viajeros consumados, padre e hijo, que han basado buena parte de su relación en viajar juntos (¡quién tuviera suficiente dinero!). El resultado es este volumen escrito a dos manos y con la mirada perdida en el horizonte, recordando sus vicisitudes viajeras.

Ambos son hijos de la cultura de «On The Road» y conciben el viaje no como una mera actividad turística, sino como un medio de crecimiento espiritual y una manera de ensanchar la mente. Un método eficaz de ampliar la visión del ser humano sobre el mundo que le rodea y de profundizar en el conocimiento propio.

Reconocen que el ser humano guarda todavía en su interior vestigios de su carácter nómada, que somos Rolling Stones, cantos rodantes, que se pulen y perfeccionan rodando por los caminos. Coinciden en muchas cosas, aunque mantienen ciertas diferencias, el medio de locomoción favorito del padre es el barco, que es como viajar con casa, y el del hijo es el tren, que es viajar empapándose del paisaje.

El texto está organizado en dos partes. la primera se organiza por medios de transporte y dedica sendos capítulos a: los viajes por mar, incluyendo recorridos por el Mediterráneo y otras costas; los viajes en tren, con aventuras con un Interraíl, viajes de México a California, por Holanda, Londres y Edimburgo y visitas a Suiza, China y Tíbet, el país con los cielos más bellos; trayectos en coche, con atracones Madrid-Barcelona y largas travesías por la Borgoña francesa, y por último, excursiones y caminatas por los Pirineos.

La segunda parte aborda distintos tipos de viajes, en una taxonomía tan acertada como escueta: el clásico viaje del héroe que parte para conseguir algo valioso y consigue transformarse y renacer; la búsqueda espiritual de los hippies, con un curioso peregrinaje del hijo siguiendo las huellas de su padre; el viaje espiritual a los Himalaya, que contienen varios mundos en una sola cordillera, y el viaje cultural e histórico, con tres etapas fundamentales e ineludibles, Egipto, Atenas y Florencia.

El libro se cierra con un epílogo que toca dos temas, el fenómeno del viaje, en el que buscamos algo exterior y acabamos conociéndonos un poco mejor a nosotros mismos, y la dura vuelta a la realidad cotidiana.

Resulta un ejercicio curioso tratar de identificar qué autor ha escrito cada párrafo. Luis es ligero, ameno y muy erudito. Alexis está lleno de pasión y cultura enciclopédica, y a veces resulta algo prolijo. Pero el cóctel tiene muy buen sabor y hay fragmentos en los que resulta imposible saber de qué mano han salido.

Una obra que se deja leer muy a gusto, deliciosa para amanrtes de los libros de viajes, que sirve para prolongar mentalmente las vacaciones veraniegas y dejar que la mente se relaje dandose un buen periplo por el mundo. Muy agradable e instructiva

Luis Racionero (La Seu d'Urgel, 1940), escritor e intelectual, estudió Ingeniería Industrial y Ciencias Económicas en la Universidad de Barcelona, y se doctoró en  Berkeley. Ha escrito ensayo y ficción, hasta un total de 38 títulos, ha obtenido un gran número de premios, y ha sido Director de la Biblioteca Nacional de España (BNE) y del Colegio de España en París.

Alexis Racionero (Barcelona, 1971) es licenciado en Geografía e Historia, y doctor en Historia del Cine por la Universidad de Barcelona. Se ha seguido formando en cine y ciencias audiovisuales en la USC de Los Ángeles y es profesor en la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audioviduales de Cataluña). Viajero empedernido, como su padre, ha colaborado en la revista «Altair», en programas de radio y es el responsable del blog www.alexisracionero.com.

Luis y Alexis Racionero

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

martes, 20 de septiembre de 2016

El tango - Jorge Luis Borges

 

Título: El tango
Autor: Jorge Luis Borges

Páginas: 144
 

Editorial: Lumen
 

Precio: 16,90 euros 
 

Año de edición: 2016

El domingo hablábamos de Borges y hoy vamos que tener que volver a hacerlo, porque cuando ya hacía tiempo que parecía imposible que se pudiera publicar un libro inédito suyo, de pronto ha aparecido este título de la manera más sorprenente, nada menos que sobre el tango, una de las señas de identidad argentinas. Se trata de cuatro conferencias sobre la historia y esencia de ese género musical que el genial bonaerense dió en la capital argentina allá por 1965. 

Su contenido se creía perdido, pero dió la casualidad de que alguien las grabó y, después de pasar por varias manos, llegaron hasta el escritor vasco Bernardo Atxaga en forma de una copia en unos casetes casi inaudibles, en los que destacaba un adjetivo lunfardo (caracanfunca, con ganas de armar barullo y romper cosas) demasiado antiguo y desconocido como para ser un fraude. La grabación era auténtica y después de catorce años de vicisitudes editoriales, tenemos ya publicada esta joya.  

Son cuatro charlas espléndidas, sobre los orígenes del tango, los compadritos y los guapos, la evolución y expansión de ese género y, por último, sobre el alma argentina. Discursos interesantísimos sobre aspectos profundos de la cultura de ese país a cargo de un erudito enciclopédico, sensible y atento, que la conoció de primera mano.

En mi opinión, varias cosas convierten a esta obra en una verdadera maravilla. Permítidme mencionar tres o cuatro. En primer lugar, el orador, Borges, más que nunca en su papel de Borges, inteligente y poético, espectacularmente erudito, charlando relajadamente, con tino y sentido del humor sobre lo que le gusta, cayendo a menudo en deliciosas digresiones. Borges sin guión es mucho Borges.

En segundo lugar, la gran cantidad de claves que proporciona sobre la Historia de Argentina y esa maravilla de resumen de la historia de su país que ejecuta en tan solo dos páginas. Con unos cuantos trazos rápidos y decididos dibuja, como en una acuarela, los grandes rasgos del devenir histórico de esa nación, en un alarde de síntesis sin igual.

Por otro lado, ese fenómeno que a menudo sucede cuando se escarba en la esencia de los tópicos y uno se topa con que, en realidad, no son lo que parecen. El tango no es arrabalero, en realidad no nació en los barrios bajos, sino en los patios y salas de espera de las casas de citas, convertidas en puntos de encuentro y centros sociales de la gente bien. Nació sin bandoneón (que se añadió despues), con la música del violín, el piano y la flauta, instrumentos de señorito. De ahí viajó a París, allí triunfó en la calle y de vuelta a Buenos Aires, convertido en género de ida y vuelta, se hizo realmente popular.
 
Buenos Aires, hacia 1900 (Colección Witcomb)

También parece que no fué tristón y meláncolico al principio, sino festivo y alegre; más tarde se convertiría en desgraciado y lánguido, llorón como el blues y llegaría Carlos Gardel para dramatizarlo y cambiarlo para siempre. Al principio lo bailaban los hombres en pareja y tardó mucho la mujer en atreverse a bailar una danza que venía de los lupanares.
  
Y por último, resulta impagable el recorrido por el lenguaje argentino, el lunfardo, con una riqueza expresiva y un abanico de términos fascinante: patotero (niño bien), changango (guitarra vieja), pango (confuso), vaivén (cuchillo), biaba con caldo (pelea con sangre)... una maravilla.

Paisano a caballo (Colección Witcomb)

Un libro que es una obra de arte, una delicatessen cultural y literaria para paladares exquisitos, una obra genial que resulta a la vez amena, entretenida y muy instructiva. No hay más remedio que correr a comprarla y devorarla inmediatamente.
 
Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-1986 ) es uno de mis escritores favoritos. Nació en una familia acomodada, era hijo de un abogado muy aficionado a la literatura, lector compulsivo, que escribió una novela y algunos poemas y le enseñó la magia de la poesía. Su madre, uruguaya, aprendió inglés con su marido y realizó algunas traducciones notables. Con esos padres, el pequeño Jorge Luis creció en un ambiente culto y literario y fué bilingüe desde que aprendió a hablar.
 
Publicó su primer texto a los once años en un diario, una traducción de «El príncipe feliz» de Oscar Wilde. Curiosamente, años más tarde declararía haber cometido en su vida el pecado más grave: no ser feliz. Con 24 años publicó su primer libro de poemas. No escribió ninguna novela y es conocido, sobre todo, por sus relatos. Su cuento más famoso, «El sur», está inspirado en un accidente que tuvo en la Navidad de 1938, un golpe en la cabeza que casi le cuesta la vida.

Recibió multitud de premios, como el Premio Cervantes de Literatura y muchos otros, fué doctor honoris causa por varias universidades, pero nunca le otorgaron el Premio Nobel. Su caso se utiliza como el ejemplo más claro de que entre los nobel no están todos los que lo merecen.

Perdió la vista debido a una enfermedad congénita, de forma paulatina, lo que no le impidió seguir escribiendo libros, dando conferencias y continuar con sus actividades habituales. En 1977 dió una interesante charla sobre la ceguera, cuando todavía podía ditinguir algunos colores, especialmente el amarillo, del que dijo: «Me ha sido leal, me ha acompañado siempre».

Cuando un periodista le dijo durante una entrevista «Es usted un genio, Borges», le respondó «No crea, son calumnias».

Jorge Luis Borges en 1951, retrato de Grete Stern

Publicado por Antonio F. Rodríguez.