miércoles, 25 de abril de 2018

Crimen y castigo - Fiódor Dostoievski


Título: Crimen y castigo
Autor: Fiódor Dostoievski

Páginas: 706

Editorial: Cátedra

Precio: 12,90 euros

Año de edición: 2009


En el colegio, siendo un niño, tuve que leer un fragmento y me fascinó. En cuanto pude hincarle el diente en la adolescencia, lo devoré con devoción y ahora, lo he abierto para recordar las sensaciones que me produjo, he empezado a leerlo:

«Una tarde extremadamente calurosa de principios de julio, un joven salió de la reducida habitación que tenía alquilada...»

y me ha enganchado de tal manera que me lo he vuelto a leer casi entero. Es una novela maravillosa, profunda y embargante, escrita con un talento enorme, que explota un tema muy poco tratado, qué pasa cuando el protagonista (nosotros en cierto modo por mor de la identificación) está en la miseria, se cree por encima del bien y del mal, comete un doble asesinato, mata a una vieja prestamista, odiosa y explotadora, y a su hemana que le soprende y luego tiene que convivir con el remordimiento del crimen que ha cometido. Al final pasa por todo el proceso de arrepentimiento, confesión, expiación y renacimiento, lo que hace que el lector pase por todo un abanico de emociones y sensaciones.

Una novela tremenda, un descenso a los infiernos interiores que anuncia el título, un texto que conecta con una de las raíces más profundas de nuestra cultura judeo-cristiana: el pecado, la culpa y el remordimiento. Sospecho que esta novela tiene mucho de autobiográfica, es decir no creo que Dostoievski matara a nadie, pero creo que conoció ese tormento de saberse culpable y hay varias circunstancias de su vida que coinciden con la de Raskólnikov, la pobreza desesperada como estudiante, la condena a varios años en Siberia...

Escrita en San Petersburgo a los 45 años, en plena madurez creativa del autor, fué publicada por primera vez por entregas en la revista El mensajero ruso, en 1866, en doce partes, y publicada después como novela completa. Desde el primer momento tuvo un gran éxito, pero no sacó a nuestro atribulado escritor de la ruina económica en la que se encontraba. Su hermano había muerto dejándole una familia que mantener y una deuda de 25 000 rublos y para colmo, la depresión y la ludopatía de nuestro amigo le habían hecho perder grandes cantidades de dinero.

Hay varias versiones cinematográficas, entre las que os recomiendo la dirigida por Josef von Sternberg y protagonizada por el siempre inquietante Peter Lorre en 1935.

Una novela enorme que demuestra que Dostoievski es uno de los grandes, uno de los pocos a los que no resulta excesivo llamar genio, y que hace que la literatura rusa sea todo un mundo en el que se puede estar años buceando. No sé si la habéis leido, supongo que sí, pero si por casualidad no lo habéis hecho os recomiendo que os hagáis un Dostoievski como Dios manda con este libro. Sus más de 600 páginas os sabrán a poco.

Fdor Dostoievski (Moscú, 1821-1881) tuvo un padre autoritario, médico de profesión, y una madre dulce y cariñosa. Cuando tenía 16 años murió su madre de tuberculosis y dos años después, falleció su padre, alcoholizado. Durante muchos años tuvo remordimientos por haber deseado la muerte de su progenitor.

Fué un lector precoz y compulsivo, epiléptico, depresivo, con tendencias obsesivas, ludópata y un caracter apasionado, reunió dos carateristicas que suelen darse en los grandes escritores: un alma atormentada y un talento extraordinario para escribir.

Aunque era un gran escritor, las malas críticas le afectaban demasiado y cayó en la depresión, el juego, el alcohol y la epilepsia. Fué condenado por pertenecer a un grupo subversivo a cinco años de trabajos forzados en Siberia y a servir después en el ejército ruso. Tras seis años de penalidades fué liberado gracias a una amistía general. Siguió llevando una vida bohemia y desordenada, jugando, bebiendo y escribiendo. Se arruinó varias veces, se convirtió al cristianismo, y murió famoso y reconocido como el gran escritor que era.
       
Fiódor Dostoievski

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

martes, 24 de abril de 2018

Historia del pueblo gitano en España - David Martín Sánchez

              
Título: Historia del pueblo gitano en España
Autor: David Martín Sánchez

Páginas: 125

Editorial: Libros de la catarata

Precio: 14,90 euros

Año de edición: 2018
              
Este interesantísimo libro viene a cubrir una laguna de conocimiento que llama la atención, porque se sabe muy poco de la historia de los gitanos, y resulta enormemente atractivo. El tema parece ser un filón inagotable para cualquier historiador que se precie, son tantas las lagunas que hay y tantos los tópicos aceptados que se revelan falsos en cuanto se profundiza un poco. Empezando por la imagen que se tiene de los gitanos, calificados en varias encuestas como el grupo inmigrante que causa más rechazo, cuando en realidad no son inmigrantes desde hace siglos.

No estamos ante una historia al uso que describa los hechos históricos más importantes relacionados con esta etnia a través de los años de manera continua, sino que más bien se trata de diez flashes que describen otros tantos momentos o periodos clave que resultan suficientes para tener una primera aproximación panorámica muy completa.

Se abordan: el origen de los gitanos, un pueblo conformado culturalmente en Europa, europeo; la legislación antigitana a partir de los Reyes Católicos; cómo perdieron su lengua original y sus trajes; las transformaciones de su modo de vida; la marginalidad en la que han vivido históricamente; la gran redada que sufrieron en 1749, cuando se encarceló a cerca de 10 000 gitanos en una noche; cómo vivieron la Guerra Civil; el genocidio que padecieron metidos en el mismo saco que judíos y comunistas rusos durante el nazismo, y su evolución desde el franquismo a la democracia, pasando por el oscuro mundo de la droga.

Tres grandes ideas son las constantes alrededor de las que se ha desarrollado su historia: el olvido de su cultura original, su flexibilidad y capacidad de adaptación a las circunstancias y su marginalidad, derivada de la persecución sufrida durante siglos y de su falta de integración.

Muchos son los tópicos falsos desenmascarados en este libro. El primero, el mito de su paso por Egipto, de donde ha derivado su nombre, leyenda que circuló durante el siglo XV y que es completamente falsa. Los gitanos provienen de una migración masiva procedente del noroeste da la India que partió de ese país hacia el año 1000, recorrió todo Asia y Europa y entro en España por los Pirineos en 1425. 

A partir de ahí, sufrieron 250 medidas legales discriminatorias y desde muy antiguo hay constancia de pleitos por injurias por llamar a alguien gitano. Han sido perseguidos por sus vestimentas tradicionales su lengua y sus ocupaciones, con lo que perdieron sus trajes y los sustituyeron por otros (la bata de cola flamenca (s. XVIII) y el traje de chulapa madrileña son demasiado parecidos), su lengua original, el romaní, sustituida por el caló, que a su vez ha sido trocada por una especie de gitañol.

Otro gran mito es el de que son vagos y poco trabajadores. Han tenido mil oficios artesanos, carpinteros, albañiles, caldereros, cuchareros, canasteros... y se han dedicado recientemente al chalaneo (trata de ganado), esquileo y chatarrería. Históricamente no se les dejaba más que cultivar la tierra, pero sin poseerla, lo que unido a su carácter nómada no les dejaba muchas opciones.

Y otro gran cliché es el del genocidio exclusivamente judío perpetrado por los nazis. En la mayoría de las leyes que lo pusieron en práctica se hablaba de judíos, gitanos y comunistas soviéticos por igual y por igual se les aplicaron las mismas medidas.

Para concluir, un libro revelador de la historia y la intrahistoria de un pueblo que ha pagado durante siglos un alto precio por ser nómada, de lo que derivan gran parte de sus males, y de otra etnia, por su orgullo e independencia, por no integrarse a través de la educación, su gran asignatura pendiente y por tener costumbres diferentes, aunque que las han modificado y se han adaptado a la situación constantemente. Han cambiado su religión, su lengua y sus trajes, pero siempre desde la marginalidad.

Una obra muy interesante, imprescindible para conocer un poco mejor a estos compañeros de viaje que están aquí desde hace siglos con nosotros.
        
David Martín Sánchez, Doctor en Historia, título que consiguió tras defender su tesis doctoral: «El pueblo gitano en el País Vasco y Navarra (1435-1802)». Actualmente trabaja en la Asociación Gitana por el Futuro de Gipuzkoa (AGIFUGI), para la Diputación Foral de Gipuzkoa
               
Además de escribir artículos sobre el pueblo gitano en la Guerra Civil Española, las disposiciones antigitanas de la Época Moderna, o los kaskarotak o gitanos marineros, también ha trabajado en el guión y documentación para el cómic sobre la historia del pueblo gitano «Miguel y Nekane» y el cortometraje «Memoria gitana», sobre las vivencias de los gitanos vasco-navarros durante la Guerra Civil.

David Martín Sánchez

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

lunes, 23 de abril de 2018

En el remoto Cipango - Luis de Oteyza

 
Título: En el remoto Cipango
Autor: Luis de Oteyza

Páginas: 276

Editorial: Ediciones del viento

Precio: 19,50 euros

Año de edición: 2013

Pues aquí tenemos un libro que cuenta con mucho humor el viaje de un periodista español de primera línea a Japón, nada menos que en el año 1925, cuando casi no había información del país de sol naciente y aquellas tierras no estaban tan occidentalizadas como ahora.

El autor y viajero es Luis de Oteyza, poeta, periodista consumado y defensor de la república, que se exilió durante la dictadura de Primo de Rivera buscando climas más benignos. Viajó en barco a Filipinas, luego a China y finalmente al archipiélago nipón, el remoto Cipango, según dice él mismo, allí de donde Marco Polo solo pudo conseguir referencias y a donde Colón no pudo llegar.

El recorrido es muy seductor: Kobe, Osaka, Nara, Kyoto, Tokyo, Kamakura y Yokohma, acompañado casi siempre de un amable japonés, servicial y hospitalario y sorteando las dificultades idiomáticas con ingenio y creatividad.

El relato es muy ameno y tan jovial y alegre, que al principio el lector se asusta un poco, porque parece superficial; pero pronto se da cuenta el lector que el narrador es un testigo atento e inteligente, observador y curioso, siempre de buen humor, ingenioso, culto y original.

El autor construye un delicioso reportaje, ameno y delicioso, sobre ese lejano país. Profundiza en varias de sus tradiciones más emblemáticas: se interesa por el harakiri, la costumbre de bañarse en grupo desnudos, sobre las geishas, el teatro japonés clásico y todo detalle curioso o significativo que ve por allí.

En este libro se aprende que los japoneses son siempre muy amables y educados, que las estaciones se adelantan en Japón respecto a Europa, se resuelve el misterio de qué ropa interior llevan las geishas debajo del kimono, se comprueba que las casas son muy pequeñas, que casi todo el mundo fuma allí, que las mujeres aceptan y agradecen el piropo (que ya en España empezaba a ser mal visto) y mil cosas más. Por ejemplo, se cuenta que los nipones son muy aficionados a los dulces, que tienen un nombre de origen español confite porque llegaron allí de la mano del jesuita San Francisco Javier.

Oteyza dedica  especial atención a las geishas, que no hay que confundir con chicas de compañía (oirán) a conocer cómo trabajan, se forman y en qué consiste su arte. Las chicas especialmente bellas y graciosas que aspiran a ejercer ese noble oficio empiezan a los 13 o 14 años, son durante dos años bailarinas de grupo (oskaku), mientras aprenden modales, a bailar, a tocar instrumentos y cantar, cultura general y la esencia de su arte: ser siempre elegantes y encantadoras. Acaban por ser auténticas artistas, exquisitas y deliciosas, capaces de convertir un rato de compañía en algo muy refinado.

Nuestro viajero visita templos, casas de té, monumentos, parques, tumbas, santuarios y siempre tiene algo interesante acerca de ellos.

En fin, un libro de viajes delicioso y muy interesante, en el que llama la atención que no parece haber cambiado Japón tanto en los casi cien años transcurridos desde que se escribió. Una obra estupenda para visitar ese país tan exótico, porque para dar una vuelta por Japón, no hay que complicarse mucho la vida, basta con leer tranquilamente este libro.

Luis de Oteyza 

Luis de Oteyza (Zafra, 1883-1961) fué en juventud poeta modernista. Luego se reconvirtió en periodista atrevido y satírico;llegó a dirigir Madrid Cómico, El Liberal y el madrileño Libertad, del que fué el primer director.
  
Enviado por su periódico a Marruecos en plena Guerra del Rif, entrevistó al famoso caudillo marroquí Abd-El-Krim, y pubicó un conjunto de artículos muy interesantes bajo el titulo de En campo enemigo (1922).
  
Fué pionero de la radio y fundó una de las primeras emisoras que hubo en España. Hizo propaganda a favor de la Segunda República y en 1933 fué nombrado embajador en Caracas. Al estallar la Guerra Civil Española tuvo que exiliarse, primero a Cuba y luego a Venezuela.
  
Fué un viajero incansble, recorrió medio mundo y escribió numerosas novelas de aventuras y libros de viajes sobre los países que visitó, muy populares en los años 20 y 30.

Luis de Oteyza entrevistando a Abd-el-Krim

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

domingo, 22 de abril de 2018

La fábula de Higinio



Cayo Julio Higinio (Valencia, 64 a.C. - 17) fué un famoso escritor hispano-latino. Nació esclavo, fué liberado por Augusto debido a su inteligencia y llegó a estar a cargo de la Biblioteca Palatina, en cuyas aulas enseñó Filosofía

Es conocido por dos obras, una «Astronomía poética», en la que describe la mayoría de las grandes constelaciones, vistas como los animales y seres mitológicos que les dan los nombres con los que las conocemos aún hoy en día, tal y como se ve en la ilustración medieval de más arriba, y una colección de «Fábulas mitológicas». Una de esas fábulas, que impresionó especialmente a Heidegger, versa sobre el origen del ser humano. Vale la pena reproducirla aquí:

Estaba un día Cura (el cuidado) atravesando un río y al ver gran cantidad de arcilla, cogió una buena porción y distraídamente, comenzó a modelar una figura. Mientras pensaba para sí qué había hecho, se acercó Júpiter. Cura le pidió que infundiese espíritu al trozo de arcilla modelado y Júpiter le concedió ese deseo. 

Pero al querer Cura ponerle nombre a su obra, Júpiter se lo prohibió, diciendo que debía ponerle nombre él que le había infundido vida. Mientras Cura y Júpiter discutían sobre quién debía ponerle nombre, se levantó la Tierra (Tellus) y dijo que solo a ella le correspondía darle nombre al nuevo ser, puesto que ella le había dado el cuerpo. La discusión se prolongó largo tiempo, hasta que los litigantes escogieron por juez a Saturno, el dios del tiempo, que dictó la siguiente sentencia: 

Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu, lo recibirás a su muerte; tú, Tierra, por haber ofrecido el cuerpo, recibirás el cuerpo. Pero por haber sido Cura quien primero dio forma a este ser, será quien lo posea mientras viva. Y en cuanto al litigio sobre el nombre, que se llame homo, puesto que está hecho de humus (tierra).

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 21 de abril de 2018

En el bosque - Guy de Maupassant


Guy de Maupassant (Dieppe,1850-1893) es uno de los grandes escritores de relatos. Escribió unos 300 cuentos en sus 43 años de vida que son una verdadera maravilla. Se dice que era capaz de dictar hasta tres cuentos simultáneamente a otras tantas secretarias. 

Encuadrado en la escuela naturalista, es a la vez un narrador preciso, casi fotográfico, escueto y de una profundidad psicológica asombrosa. He encontrado este curioso cuento y no he podido resistir la tentación de publicarlo aquí.


En el bosque 

El alcalde iba a sentarse a la mesa para almorzar cuando le avisaron que el guarda rural lo esperaba en el Ayuntamiento con dos presos.

Se dirigió allá de inmediato, y divisó en efecto a su guarda rural, el tío Hochedur, de pie y vigilando con aire severo a una pareja de maduros burgueses.

El hombre, un tipo gordo, de nariz roja y pelo blanco, parecía abrumado; mientras que la mujer, una abuelita endomingada, muy rechoncha, muy gorda, de mejillas brillantes, miraba con ojos de desafío al agente de la autoridad que los había cautivado.

El alcalde preguntó:

-Qué pasa, tío Hochedur?

El guarda rural hizo su declaración.

Había salido por la mañana, a la hora de costumbre, para realizar su ronda por los bosques de Champioux hasta el límite de Argenteuil. No había observado nada insólito en la campiña, salvo que hacía buen tiempo y que los trigos iban bien, cuando el hijo de los Bredel, que binaba su viña, le había gritado:

-¡Eh, tío Hochedur!, vaya a ver en la linde del bosque, en el primer bosquecillo, encontrará un par de pichones que muy bien pueden tener ciento treinta años entre los dos.

Había salido en la dirección indicada; había entrado en la espesura y había oído palabras y suspiros que le hicieron suponer un flagrante delito de malas costumbres. Así, pues, avanzando a gatas como para sorprender a un furtivo, había apresado a la presente pareja en el momento en que se abandonaba a sus instintos.

El alcalde examinó estupefacto a los culpables. El hombre contaba unos sesenta años y la mujer por lo menos cincuenta y cinco. Se puso a interrogarlos, empezando por el varón, que respondía con una voz tan débil que apenas se le oía.

-¿Su nombre?

-Nicolás Beaurain.

-¿Profesión?

-Mercero, calle de los Mártires, en París.

-¿Qué hacía usted en ese bosque?

El mercero permaneció mudo, los ojos bajos sobre su grueso vientre, las manos pegadas a los muslos. El alcalde prosiguió:

-¿Niega usted lo que afirma el agente de la autoridad municipal?

-No, señor.

-Entonces, ¿confiesa?

-Sí, señor.

-¿Qué tiene que alegar en su defensa?

-Nada, señor.

-¿Dónde encontró usted a su cómplice?

-Es mi mujer, señor.

-¿Su mujer?

-Sí, señor.

-Entonces…, entonces…, ¿no viven ustedes juntos… en París?

-Perdón, señor, ¡vivimos juntos!

-Pero… entonces… está usted loco, loco de remate, mi querido señor, al venir a que lo pesquen así, en pleno campo, a las diez de la mañana.

El mercero parecía a punto de llorar de vergüenza.

Murmuró:

-¡Es ella la que quiso! Yo le decía que era una estupidez. Pero cuando a una mujer se le mete algo en la cabeza…, ya sabe usted…, no hay manera…

El alcalde, a quien le gustaban las bromas picantes, sonrió y replicó:

-En su caso, parece que ocurrió lo contrario. No estarían ustedes aquí si solo se le hubiera metido algo en la cabeza.

Entonces el señor Beaurain, encolerizado, se volvió hacia su mujer:

-¿Ves adónde hemos llegado con tu poesía? ¿Eh? ¡Estamos frescos! Nos llevarán a los tribunales, ahora, a nuestra edad, ¡por atentado contra las buenas costumbres! ¡Y tendremos que cerrar la tienda, perder la clientela y cambiar de barrio! ¡Estamos frescos!
La señora Beaurain se levantó y, sin mirar a su marido, se explicó sin cortedad, sin vanos pudores, casi sin vacilar.

-¡Dios mío!, señor alcalde, ya sé que somos ridículos. ¿Me permite usted defender mi causa como un abogado o, mejor dicho, como una pobre mujer? Espero que accederá a dejarnos volver a casa, y a evitarnos la vergüenza de un proceso. En tiempos, cuando yo era joven, conocí al señor Beaurain en este pueblo, un domingo. Él estaba empleado en una mercería; yo era dependienta de un almacén de confección. Lo recuerdo como si fuera ayer. Yo venía a pasar aquí los domingos, de vez en cuando, con una amiga, Rose Levéque, con quien vivía en la calle Pigalle. Rose tenía un amiguito, yo no. Eso era lo que nos traía por aquí. Un sábado, él me anunció, riendo, que vendría con un camarada al día siguiente. Comprendí perfectamente lo que quería; pero respondí que era inútil. Yo era muy formal, caballero. Conque al día siguiente nos encontramos con el señor Beaurain en el ferrocarril. Tenía buen tipo en aquella época. Pero yo estaba decidida a no ceder, y no cedí.

Llegamos a Bezons. Hacía un tiempo magnífico, de esos días que hacen cosquillas en el corazón. Yo, cuando hace bueno, lo mismo ahora que entonces, entontezco, y cuando estoy en el campo pierdo la cabeza. El verdor, los pájaros que cantan, los trigos que se agitan con el viento, las golondrinas que vuelan tan rápido, el olor de la hierba, las amapolas, las margaritas, ¡todo eso me vuelve loca! ¡Es como el champán cuando una no está acostumbrada!

Así, pues, hacía un tiempo magnífico, y suave, y claro, que se metía en el cuerpo por los ojos al mirar y por la boca al respirar. ¡Rose y Simon se besaban a cada momento! Me daba no sé qué verlos. El señor Beaurain y yo caminábamos tras ellos, sin hablar. Cuando uno no se conoce, no se le ocurre nada que decir. Tenía una pinta tímida, el chico, y me gustaba verlo cohibido. Llegamos al bosquecillo. Estaba fresco como un baño, y todo el mundo se sentó en la hierba. Rose y su amigo me gastaban bromas sobre mi aspecto serio; ya comprenderá usted que yo no podía ser de otra manera. Y después volvieron a besarse sin importarles que estuviéramos allí; y después se hablaron en voz baja; y después se levantaron y se metieron entre el follaje sin decir nada. Imagínese el papel tan bobo que yo hacía, frente a aquel mozo a quien veía por primera vez. Me sentí tan confusa al verlos marcharse así que me infundieron valor; y me puse a hablar. Le pregunté qué hacía; era dependiente de una mercería, como le he dicho hace un rato. Charlamos, pues, unos instantes; eso lo envalentonó, y quiso tomarse unas libertades, pero lo puse en su lugar, estuve inflexible. ¿No es cierto, señor Beaurain?

El señor Beaurain, que se miraba los pies confuso, no respondió. Ella prosiguió:

-Entonces el chico comprendió que yo era formal, y empezó a cortejarme amablemente, como un hombre de bien. A partir de ese día regresó todos los domingos. ¡Estaba muy enamorado de mí, caballero! ¡Y yo también lo quería mucho, pero mucho! Era un guapo mozo, en tiempos.

En resumen, se casó conmigo en septiembre y pusimos un comercio en la calle de los Mártires… Fue muy duro durante años, caballero. Los negocios no marchaban; y no podíamos permitirnos partidas de campo. Y, además, habíamos perdido la costumbre. Uno tiene otras cosas en la cabeza; en el comercio, uno piensa más en la caja que en los requiebros. Envejecíamos, poco a poco, sin darnos cuenta, como gente tranquila que no piensa ya en el amor. No se añora nada mientras uno no percibe que eso le falta.

Y después, caballero, los negocios fueron mejorando, ¡y ya no tuvimos que preocuparnos por el futuro! Entonces, fíjese, no sé muy bien lo que ocurrió en mí interior, no, de veras, ¡no lo sé! El caso es que volví a soñar como una colegiala. La visión de los carritos de flores que pasan por la calle me daba ganas de llorar. El olor de las violetas venía a mi encuentro en mi sillón, detrás de la caja, ¡y hacía latir mi corazón! Entonces me levantaba y me acercaba al umbral de la puerta para mirar el azul del cielo entre los tejados. Cuando se mira el cielo en una calle, parece un río, un largo río que desciende sobre París retorciéndose; y las golondrinas pasan por él como peces. ¡Son de lo más idiotas, esas cosas, a mi edad! ¿Qué quiere usted, señor? Cuando una ha trabajado toda su vida, y llega un momento en que se da cuenta de que habría podido hacer otra cosa, entonces la echa de menos, ¡oh, sí! , la echa de menos. Imagínese que, durante veinte años, yo habría podido ir a coger besos en los bosques, como las otras, como las otras mujeres. ¡Pensaba en lo hermoso que es estar acostada bajo el follaje amando a alguien! ¡Y soñaba con eso todos los días, todas las noches! Soñaba con claros de luna sobre el agua hasta que me entraban ganas de ahogarme.

No me atrevía a hablarle de eso al señor Beaurain al principio. Sabía perfectamente que se burlaría de mí y me mandaría a vender mis hilos y mis agujas. Y además, a decir verdad, el señor Beaurain ya no me decía gran cosa; pero al mirarme al espejo comprendía también que tampoco yo decía nada a nadie. Conque me decidí, y le propuse una partida de campo en el pueblo donde nos habíamos conocido. Aceptó sin desconfianza, y llegamos aquí, esta mañana, a las nueve. Me sentí muy trastornada cuando entré en los trigales. ¡El corazón de las mujeres no envejece! Y, de veras, ya no veía a mi marido como es, ¡sino como era entonces! Se lo juro, caballero. De verdad de las buenas, estaba embriagada. Empecé a besarlo; él se quedó más extrañado que si lo hubiera querido asesinar. Me repetía: ‘Pero estás loca. Pero estás loca esta mañana. ¿Qué es lo que te ha dado?…’ Yo no lo escuchaba, sólo escuchaba a mi corazón. Y le hice entrar en el bosque… ¡Y ahí tiene!…, he dicho la verdad, señor alcalde, toda la verdad.

El alcalde era un hombre de ingenio. Se levantó, sonrió y dijo: 

-Váyase en paz, señora, y no peque más… bajo el follaje. 

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 20 de abril de 2018

Hacia rutas salvajes - Jon Krakauer


Título: Hacia rutas salvajes
Autor: Jon Krakauer

Páginas: 288

Editorial: Zeta Bolsillo

Precio: 8 euros

Año de edición: 2008


Este libro, aparecido en inglés en 1996, cuenta la historia real de ChrisMcCandless, un estadounidense de 24 años, que se internó solo, con muy poco equipo y cinco kilos de arroz en Alaska, una tierra helada e inhóspita del tamaño de cuatro Españas, buscando una vida auténtica y autosuficiente en contacto con la naturaleza.

Había regalado todo sus ahorros, había quemado el dinero que le quedaba en los bolsillos y había abandonado su coche. Estuvo comiendo de lo que cazaba y de las bayas silvestres que comía. Se instaló en un autobús abandonado que encontró, provisto de una chimenea de leña. Cuatro meses más tarde, unos cazadores encontraron su cuerpo sin vida. 

Su historia suscitó una ruidosa polémica. Para unos, era un aventurero y un idealista; para otros, un loco y un bobo sin preparación que había fallecido de la manera más tonta. Probablemente tenía algo de ambas cosas, pero vale la pena rescatar su manera de pensar y su filosofía, y por supuesto ir bien reparado si se inicia una aventura parecida.

 
Chris McCandless con su autobus

Antes de partir, Chris McCandless escribió a un amigo: «No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada… No necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente».

Sus modelos eran Jack London y David Thoreau, al comienzo de su aventura adoptó el nombre de Alex Supertramp (supervagabundo) y mal que bien fué superando todos los obstáculos que se interpusieron en su camino. Pero parece que no consiguió cazar lo suficiente o a un ritmo constante, porque abatió un alce, pero se le pudrió casi toda la carne antes de que pudiese aprovecharla. El caso es que cayó enfermo y cuando lo encontraron, llevaba dos semanas y media muerto.

Esta libro de Krakauer es un excelente reportaje de tan curiosa y triste historia. Está contada con buen pulso periodístico, aliñada con citas, con reflexiones atinadas sobre la vida en la naturaleza y permite que el lector se imagine muy bien lo que debió de ser exactamente aquella aventura.

En el 2007, el actor Sean Penn dirigió y produjo una película basada en este texto, titulada «Into The Wild» y rodada en los escenarios reales, que tuvo bastante éxito. 

Una obra excelente que hace reflexionar sobre lo artificial que es nuestra vida cotidiana, es decir en parte una versión muy modernizada del «Beatus Ille» de Fray Luis de León,  y también una advertencia sobre los riesgos que asumen, a menudo inconscientemente, muchos aventureros como Chris, o lo que es lo mismo, un «aviso de navegantes para aventureros». Un superventas de calidad, interesante, poético y delicado, que aborda temas que invitan a a reflexión. Un gran libro.

Chris McCandless, muy delgado, cerca del final
            
Jon Krakauer (Brookline, 1954) es un alpinista y escritor estadounidense, muy conocido por sus libros sobre montañismo. Hijo de un judío y de una mujer de ascendencia escandinava, su padre le introdujo en el montañismo a la tierna edad de ocho años. En la Universidad de Massachusetts compitió en tenis y se graduó en Ciencias Ambientales. Al acabar la carrera, se casó con otra gran escaladora, Linda Mariam Moore. 

Se ha pasado la vida subiendo montañas y escribiendo superventas de montañismo. En 1992 subió al Cerro Torre, en la Patagonia, por su cara occidental, una de las rutas de escalada más difíciles del mundo, y en 1996 subió el Everest para hacer un reportaje para la revista Outside, pero en el descenso murieron cuatro de sus compañeros.

Esa experiencia, junto con otros casos, le hicieron criticar en lo que se había convertido el alpinismo, un negocio lleno de gente sin escrúpulos, entusiastas ingenuos y mal preparados, millonarios caprichosos y muchas muertes producidas por imprudencia.

Como escritor, ha publicado varios libros sobre alpiismo y aventuras que se han convertido en superventas y le han hecho famoso.

Jon Krakauer

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

jueves, 19 de abril de 2018

La pirámide de fango - Andrea Camilleri


Título: La pirámide de fango
Autor: Andrea Camilleri

Páginas: 219

Editorial: Salamandra

Precio: 17 euros

Año de edición: 2018


Acaba de salir otra novela protagonizada por el inefable Comisario Montalbano, escrita por el gran Camilleri en el 2014, a los 89 años. Y tengo que decir que el viejo maestro sigue en plena forma porque esta historia tiene un excelente nivel y está en la media o por encima de la media del estándar de calidad a que nos tiene acostumbrado este hombre.

Es una estupenda novela negra, potente, divertida, sarcástica, mediterránea, lúcida, redonda, inteligente... otro producto de la factoría Camilleri con las buenas cualidades de siempre. 

En esta ocasión la mafia, la concesión de obra pública y la corrupción empapan toda la trama como un fango pegajoso que lo cubre todo. Aprendemos aquí que la cosa nostra suele hacer pasar sus crímenes por asuntos de cuernos, que un ciclista puede guiar al pelotón y también a nuestro comisario favorito, que la licitación colusoria no es una bebida y que a veces hay sueños misteriosos que parecen presagios.

El mejor Camilleri, siempre igual y siempre distinto.

Andrea Camilleri (Porto Empedocle, 1925) es un viejo conocido en este blog. Nos encanta y hemos hablado muchas veces de él y su literatura, que tiene mucha. Así que vamos a jugar a resumirla al máximo.

Es un escritor siciliano y comunista, que se dedicó toda su vida a ser guionista y director de teatro y televisión, hasta que a los 53 años debutó con «El curso de las cosas» y a los 69, después de desmontar la maquinaria de las novelas de Simenon, publicó la primera novela del comisario Montalbano. Se ha convertido en el autor más popular en Italia, ha publicado ya un centenar de títulos y sigue escribiendo. Es un maestro.

Andrea Camilleri

Publicado por Antonio F. Rodríguez.