miércoles, 23 de abril de 2014

Beso canela - Walter Mosley


Título: Beso canela 
Autor: Walter Mosley 

Páginas: 316 

Editorial: Roca Editorial

Precio: 8,50 euros 

Año de edición: 2007

Acabo de leer las últimas páginas de esta novela, una novela negra canónica, y me ha hecho disfrutar un montón. Escrita hace poco, en el año 2007, recrea las aventuras y peripecias de un detective negro, el inimitable Easy Rawlins, en la ciudad de Los Ángeles en 1966, cuando el racismo todavía marcaba el comportamiento de muchos estadounidenses.

Easy conoce los barrios negros de la ciudad, sabe moverse por ellos como pez en el agua y eso le da muchas ventajas frente a los detectives blancos. Sin embargo, en esta entrega de la serie tendrá que salir de su medio natural y adentrarse en las calles de San Francisco, conocer la cultura hippie, a los activistas que se oponen a la Guerra del Vietnam y a los jóvenes que practican el amor libre, para resolver un caso endiabladamente enrevesado, en el que nada es lo que parece.

Diálogos rápidos y punzantes, mucha acción, la mente del detective protagonista siempre lúcida y leyendo entre líneas...eso y muchas otras cosas pueden encontrarse en este libro estupendo que tiene además la rara virtud de incluir sueños del protagonista, hacer que sean interesantes y conseguir que contribuyan a que avance la trama, cosa realmente rara y que tiene mucho mérito, porque los sueños suelen ser aburrdios y pesados. Yo siempre me los salto.

Una joya para los amantes de la más pura y clásica novela negra, ideal para amantes de los libros de Raymond Chandler y Dashiell Hammet. Muy recomendable.

Easy Rawlins (Denzel Wahington) y su inseparable amigo «El ratón» (Don Cheadle)

Walter Mosley (Los Ángeles, 1952) es escritor y profesor universitario en la Universidad de Nueva York, uno de los autores de novela negra más valorados y respetados. 

Hijo de un afroamericano y de una ruso-judía. Se hizo famoso con la primera novela de la serie de Easy Rawlins, «El demonio vestido de azul», elogiada públicamente por Bill Clinton y adaptada al cine en 1995 por Carl Franklin. Ha escrito ya once novelas sobre las perpecias de su detective negro, de las que inexplicablemente no se han publicado todas en castellano.

Tambien es el autor de otros títulos, como otra serie policiaca protagonizada por Socrates Fortlow, un expresidiario metido a detective filosófico después de pasar casi 30 años en prisión cumpliendo condena por un doble homicidio, y algunas obras de ciencia-ficción y ensayo.

http://www.theguardian.com/world/2002/aug/18/usa.terrorism1
Walter Mosley (Foto David Sillitoe)

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

martes, 22 de abril de 2014

La rana viajera - Julio Camba

 
Título: La rana viajera
Autor: Julio Camba

Páginas: 168

Editorial: Alhena media
 
Precio: 15,50 euros 
 
Año de edición: 2008

La rana viajera es un libro curioso y muy interesante, que todo buen lector debiera leer. El autor, el genial periodista Julio Camba, vuelve a España tras siete años de dar vueltas por el mundo como corresponsal y escribe una serie de ochenta y tres artículos sobre sus impresiones sobre nuestro país visto con los ojos del que ha estado una buena temporada fuera y puede comparar lo que ve con lo que hay por otros lares.

Corren los años 20 y el retrato que hace de la sociedad española no tiene desperdicio. Demasiadas cosas coinciden con el momento actual y hacen que los cien años transcurridos apenas si se noten en algunas cosas: el éxito de los políticos gallegos, que ocupan ministerios con una facilidad asombrosa y rellenan un montón de cargos con familiares tambien gallegos; las suculentas cesantías que cobran los políticos cesados; las dificultades de los españoles con el inglés; los nacionalismos, la falta de cultura...

Por otro lado, no faltan los detalles asombrosos, que parece mentira que se dieran en esos años: las casas de Madrid no tenían calefacción, ni ascensor (entonces se empezaban a instalar en las casas más modernas; todavía se daban los duelos por cuestiones de honor; en Galicia había carros con ejes de madera chirriandopor los caminos (yo los he conocido en los años 60), y los médicos no tenían muy buena fama que digamos.

Otras crónicas tienen un colorido y un sabor que las hacen muy atractivas, como las dedicadas al casino de San Sebastián, la receta para fabricar una nación, el origen del botafumeiro, la teoría de los bolsillos o las consideraciones sobre la ternura de los alemanes.

Un libro fresco, divertido, con un peculiar sentido del humor, escrito con una ligereza envidiable por un periodista que, con la escusa de escribir textos humorísticos, se permitía criticar a todo bicho viviente y a sostener las ideas aparentemente más peregrinas. Sin embargo, si se piensa un poco, debajo de esa superficie de espíritu jugetón y chistosillo, latía un intelectual de mucho cuidado, que rebosaba lucidez, sentido del humor y espíritu crítico.

Una obra apasionante, divertida, fácil de leer y que obliga a pararse para pensar de vez en cuando. Muy recomendable para todos. Genial.

Portada de la edición original de 1920

Julio Camba (Villanueva de Arosa, 1882-1962) nació en una familia humilde, su padre era practicante y maestro de escuela. A los quince años se escapó de casa y viajó como polizón hasta Buenos Aires. Dos años más tarde fué deportado a España por anarquista.
 
Después escribió algunos versos y colaboró en varios periódicos. Como corresponsal de «El Mundo» viajó a Estambul, París, Londres y Munich. Luego se estableció como corresponsal del «ABC» en Berlín y allí estuvo hasta que se inició la Primera Guerra Mundial. De allí paso a Nueva York, cambió varias veces de destino y de vuelta ala gran manzana vivió y escribió sobre el crack de 1929. Después se dedicó a viajar por toda Europa y a publicar «La casa de Lúculo», una genial tratado sobre la gastronomía española.
     
Su talento como periodista ha sido reconocido por todos, llegó a publicar más de 4 000 artículos. En 1949 fijó su residencia en la habitación 383 del Hotel Palace de Madrid y allí vivió hasta que sufrió una embolia en 1962. En este enlace podéis encontrar una web muy completa sobre su vida y su obra.

Julio Camba

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

lunes, 21 de abril de 2014

Juego de espejos - Andrea Camilleri


Título: Juego de espejos 
Autor: Andrea Camilleri 

Páginas: 219 

Editorial: Salamandra 

Precio: 15 euros 

Año de edición: 2014

¡Acaba de salir otra novela en español de Camilleri! El pasado 10 de abril ha salido a la luz la traducción española de «Il gioco degli specchi», otra entrega de los casos del comisario Montalbano escrita en el 2011. El título es un homenaje a la famosa escena de los espejos de «La dama de Shangai » (1947), la genial película de Orson Welles, que en momento de la trama se utiliza como metáfora..

Es una novela estupenda, una excelente novela, como todas las de la serie. Tiene las cualidades de siempre: socarronería, sentido del humor, descripción de la atmósfera social siciliana, un crímen, una intriga bien construida y personajes inolvidables. Una maravilla de libro que me ha durado cuatro horas, pero cuatro horas de intenso placer.

Como curiosidad, se puede encontrar en este libro una enigmática nota final en la que el autor declara no haberse inspirado en ninguna noticia ni suceso, por lo que más que nunca esta historia no guarda ningún parecido con la realidad. Al menos cuando fué escrita, porque tres años después de su publicación, en el 2010, sucedieron algunas cosas que parecían sacadas de esta novela. Parece que a veces la vida imita al arte.

En cualquier caso, menos mal que, de momento, quedan cinco títulos publicados en italiano y sin traducir al español, y que el maestro sigue escribiendo a muy buen ritmo..

Andrea Camilleri (Porto Empedocle, 1925) es un escritor siciliano de novela negra que me vuelve loco. Es el autor de la serie de libros sobre el comisario Montalbano, cuyo nombre es un homenaje al gran Manuel Vázquez Montalbán, de la que se han publicado ya 31 títulos. 

Soy un seguirdor suyo incondicional, en este blog hay dieciséis reseñas de sus libros. Cada vez que se publica una nueva traducción al español de una nueva novela suya, corro a la librería de guardía a comprarla y me la devoro en unas horas.

Actualmente tiene 88 años, en septiembre cumple los 89, pero a pesar de estar a punto de convetirse en un nonagenario, sigue escribiendo todos los días. Que Dios le conserve la vida muchos años.

Andrea Camilleri

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

domingo, 20 de abril de 2014

Tramontana mortal - Gabriel García Márquez


El pasado jueves 17 de abril ha muerto, en la Ciudad de México, Gabriel García Márquez, a los 87 años de edad y a causa de una neumonía. Era uno de los escritores en español más importantes de todos los tiempos, un monstruo. Un autor que escribió artículos, reportajes y novelas de alto nivel, todos ellos muy buenos, pero que de pronto, no se sabe qué genio le visitó, que fué capaz de escribir «Cien años de soledad», una novela única y genial, una verdadera cumbre de la literatura.

Aparte de que probablemente supo aprovechar su momento más creativo, se dice que Álvaro Mutis y otros escritores amigos iban leyendo cada capítulo que redactaba y le proponían cambios y mejoras. En cualquir caso, la firma que lleva la versión definiva es la suya y suyo es el mérito si supo escuchar ideas, seleccionarlas y engarzarlas en la historia.

Aquí hemos reseñado dos novelas suyas, la ya citada «Cien años de soledad» y «El amor en los tiempos del cólera», pero como un pequeño homenaje queremos recordar un artículo que publicó en El País, hace ya unos cuantos años, y que leímos con placer en su momento:


Hasta siempre, Gabo.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 19 de abril de 2014

Los lipogramas de Enrique Jardiel Poncela


Enrique Jardiel Poncela, el genial dramaturgo y humorista español, escribió a lo largo de 1926 y 1927 cinco liprogramas, que fueron publicados en el periódico La voz. Un lipograma es un texto en el que se omite intencionadamente una letra del alfabeto. Jardiel Poncela evitó usar cada una de la vocales en sus cinco relatos y para que disfrutéis con el resultado, aquí tenéis el más difícil, el que está redactado sin usar la letra «a», la más frecuente en español:


El chofer nuevo 

Me lo cedió mi tío Hermenegildo, y me lo recomendó de un modo muy expresivo, diciéndome:

-¡Es un chofer único en el globo, créeme! Si dispone de un buen coche, este hombre consigue prodigios enormes, que en un circo le hubiesen hecho rico. Obedéceme y sírvete de él; tú tienes un coche estupendo y te mueres de tedio ¿no es cierto? Pues te juro, querido sobrino, que cediéndote un chofer como Melecio te pongo en condiciones de ser testigo, e incluso intérprete, de emociones inconcebibles, sin precedentes en el mundo de lo locomotivo. Porque como este chofer no existen dos.

Melecio Volodio, el chofer propuesto, que presenció el momento descrito, sonrió entonces con gesto misterioso. Y no bien concluyó mi tío su elogio, el chofer rozó levemente el borde izquierdo de su sombrero frégoli, color crepúsculo griego, se inclinó con un gentil movimiento y murmuró:

-Tómeme el señor, que conozco mi oficio… 

Y sin otros incidentes que mereciesen ser escritos, Melecio Volodio quedó elegido chofer de mi «dieciséis cilindros», con cien duros de sueldo. 

Doce excursiones, que tuvieron un epílogo tristemente quirúrgico, me convencieron en un solo mes de que como Melecio no existió en el Universo chofer ninguno.

Prescindo, diciendo esto, de su dominio peregrino del motor: Volodio no sólo conservó de continuo en los extremos de sus dedos los secretos de mi «Mercedes», sino que en el tiempo que vivió conmigo domesticó el motor de un modo mirífico, y el coche corrió, frenó y retrocedió obedeciendo como un perrito lulú los gestos de su chofer.

Pero éste mérito resultó pequeño y ridículo enfrente de otros méritos inconcebibles de Melecio Volodio. Uno, sobre todo, me preocupó en extremo, y se convirtió de súbito en obsesión terrible de mis nervios. El mérito en cuestión estribó, señores, en el frío desdén con que Melecio Volodio miró siempre el peligro. ¿Fue el desprecio de los bienes terrenos? ¿Fue un deseo de morir, fruto de desilusiones y de dolores ocultos? ¿Fue, simplemente, heroísmo? ¿O fue el gusto de servirme y el prúrito de divertir, con emociones fuertes, mi vivir tedioso? Lo ignoro; no lo sé… Pero es lo cierto que siempre que el chofer nuevo puso en movimiento el motor de mi coche; ejecutó sorprendentes ejercicios llenos de riesgos y sembró el terror en los sitios por donde metió el coche; destrozó los vidrios de infinitos comercios, derribó postes telefónicos y luminosos, hizo cisco trescientos coches del servicio público, pulverizó los esqueletos de miles de individuos, suprimiéndoles del mundo de los vivos, en oposición con sus evidentes deseos de seguir existiendo; quitó de en medio todo lo que se le puso enfrente; hendió, rompió, deshizo, destruyó; encogió mi espíritu, superexcitó mis nervios; pero me divirtió de un modo indecible, porque Melecio Volodio no fue un chofer, no; fue un «simún» rugiente. ¿Por qué este furor, este estropicio continuo? ¿Por qué, si Volodio dominó el coche como no lo dominó ningún chofer de los que tuve después?

Hice lo posible por conocer el fondo del misterio, y lo logré por fin.

-¡Melecio!- le dije, volviendo de un terrible circuito que produjo horrendos efectos destructores-. Es preciso que expliques lo que ocurre. Muchos infelices, muertos por nuestro coche, piden un desquite… ¡Que yo mire en lo profundo de tus ojos, Melecio Volodio!… Di… ¿Por qué persistes en ese feroz proceder, en ese cruel ejercicio? 

Melecio inspeccionó el horizonte, medio sumido en el crepúsculo, y moderó el correr del coche. Luego hizo un gesto triste. 

-No soy cruel ni feroz, señor -susurró dulcemente-. Destrozo, destruyo, y rompo, y siembro el terror… de un modo instintivo.

-¡De un modo instintivo! ¡Eres entonces un enfermo, Melecio!  

-No, pero me ocurre, señor, que he sido muchísimo tiempo chofer de bomberos. Un chofer de bomberos es siempre el dueño del sitio por donde se mete. Todo el mundo le permite correr, no se le detiene; el sonido estridente e inconfundible del coche de los bomberos, de esos héroes con cinturón, es suficiente, y el chofer de bomberos corre, corre… ¡Qué vértigo divino! 

Concluyó diciendo:

-Y mi defecto es que me creo que siempre voy conduciendo el coche de bomberos. Y como esto no es cierto como hoy no soy, señor, el dueño del sitio por donde me meto pues ¡pulverizo todo lo que pesco!

Y Melecio prorrumpió en sollozos.


Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952) fué un escritor y drmaturgo español, dotado de un gran sentido del humor. Su obra está relacionada con el teatro del absurdo.

Era hijo de un matemático y periodista, y de una pintora notable. Fué educado por su madre, rodeado de libros, pinturas y esculturas. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza. No era un alumno modelo, fué siempre un poco calavera y trasnochador, pero eso no impidió que a los diez años escribiese sus primero versos y a los once, su primera novela. Su vecino, Manuel Machado, le animó a seguir escribiendo. 

Enrique sigió el consejo al pié de la letra y comenzó a trabajar como periodista, mientras seguía escribiendo novela y teatro. Se hizo habitual en la tertulia de Ramón Gómez de la Serna y comenzó a publicar en varios semanarios de humor. En 1927 estrenó con gran éxito su primera obra de teatro, con su humor rompedor, «Una noche de primavera sin sueño», escrita en las mesas del Café Gijón. Siguió escribiendo teatro en los cafés y encadenando éxitos. 

Viajó a Hollywood, contratado por la Fox como guionista y al estallar la Guerra Civil, se exilió en Argentina, donde también trabajó escribiendo teatro y guiones para el cine. En 1938 regresó a Madrid y durante los años 40 atravesó una época de una creatividad desbordante. Escribió más de 50 obras de teatro, 38 novelas cortas, relatos y poesía. En los años 50 le abandonó el éxito, muchos de sus amigos y murió arruinado cuando no había cumplido aún los ciencuanta y un años. Su epitafio dice:  

«Si queréis los mayores elogios, moríos». 

 
Enrique Jardiel Poncela

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 18 de abril de 2014

Cuentos de los mares del sur - R. L. Stevenson


Título: Cuentos de los mares del sur
Autor: R. L. Stevenson

Páginas: 180

Editorial: Espasa-Calpe

Precio: 5,50 euros 
 
Año de edición: 1999

Pues ahora que estamos todos, o al menos la mayoría, de vacaciones de Semana Santa,  me viene a la memoria el recuerdo de las tardes que pasé en el pueblo leyendo. Cuando los mayores dormían la siesta y no se podía salir a jugar so pena de coger una insolación, yo me encerraba en la biblioteca de mi abuelo y devoraba libros de aventuras. Y mi autor favorito era Stevenson, el inefable autor de «La isla del tesoro». Leerlo era una auténtica fiesta.

Entre los libros de este famoso autor, hoy quiero hablar de uno que no es de los más conocidos, pero para mí tiene un encanto especial. Lo leí por primera vez un verano de hace ya unos cuantos años. Se titula «Cuentos de los mares del sur» (ése era el antiguo nombre del Océano Pacífico, en uso hasta el siglo XIX) y se compone de tres estupendas historias escritas por este escocés durante sus últimos años de vida, cuando ya vivía permanente en Samoa

Son tres textos magníficos, con todos los ingredientes «estevensonianos»: un punto de misterio, unas gotas de terror, peripecias sin fin, una manera de narrar bastante escueta, sin demasiados adornos y mágica, que nos transmite la sensaciòn de que lo que nos está contando ha ocurrido realmente... pero no en este mundo, sino en otro ligeramente alterado, inquietante, un poco más maligno y peligroso que el que conocemos. 

Tres relatos de aventuras sin par, ambientados en parajes isleños y repletos de rasgos exóticos, con el genio y la voz peculiar del genial, del inimitable Robert Louis. Un buen libro para vacaciones.
       
Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850-1894) novelista, poeta y ensayista escocés, es uno de los mejores autores de aventuras que se conocen. Nació en una familia en la que había siete ingenieros constructores de faros. Poseía una constitución enfermiza y proclive a enfermar de los pulmones, lo que le llevó a recorrer las islas del Pacífico.

Su frágil salud no le dejó estudiar de manera continuada; tuvo bronquitis, catarros y finalmente una tuberculosis que le acompañaría toda la vida y que le mataría. Consiguió acabar Derecho, empezó a escribir y se casó con una americana muy bien situada. Viajó al lejano Oeste y conoció a Mark Twain, pero la tuberculosis le obligó a viajar por varios archipiélagos de la Polinesia, hasta que se instaló en Samoa

Los aborígenes le llamaban Tusitala, «el que cuenta historias». Era aficionado al alcohol, lo que mermaba más su delicada salud. Un año antes de morir llegó a escribir: «Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos». Está enterrado en el monte Vaea, en su querida Samoa, en una sencilla tumba donde se puede leer el epitafio que él mismo escribió:

Bajo el inmenso y estrellado cielo,
caven mi fosa y déjenme yacer.
Alegre he vivido y alegre muero,
pero al caer quiero hacerles un ruego.
Que pongan sobre mi tumba este verso:
Aquí yace donde quiso yacer;
de vuelta del mar está el marinero,
de vuelta del monte está el cazador.

        
Vivió sólo 44 años, pero nos dejó una maravillosa colección de novelas y relatos de aventuras y de terror. No conozco a otro autor que dominase con tanta maestría dos géneros que parecen opuestos: los relatos de aventuras y de terror. Curiosamente, era tío abuelo de Graham Greene.

 
Robert Louis Stevenson

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

jueves, 17 de abril de 2014

Everlost - Neal Shusterman


Título: Everlost
Autor: Neal Shusterman

Páginas: 360

Editorial: Anaya

Precio: 14,50 euros 
 
Año de edición: 2011
       
Si hay un autor de literatura juvenil que me encanta, ése es Neal Shusterman. No tenemos mucho de él publicado en España, pero las dos primeras novelas de su saga «Desconexión», especialmente el primer libro, son sin duda de lo mejor que he leído publicado en lo que va de década.

En nuestro país, además de estos libros que tantísima aceptación están teniendo en EE. UU., tenemos publicada al completo su trilogía «Skinjacker». Es por ello que me he decidido por su lectura en cuanto he tenido ocasión y tras haber leído este primer volumen, «Everlost», estoy deseando hacerme con los dos siguientes. Aunque es un libro que, como las primeras entregas de las grandes sagas, tiene un final cerrado, ha levantado en mí una expectación inusitada que llevaba mucho tiempo sin despertar una colección literaria.

De nuevo, Shusterman se adentra en la ciencia-ficción literaria. Nos lleva al mundo ininteligible del más allá. Allí ya no hay que atender a ninguna lógica, a ninguna ley física y a ningún otro principio. Ese lugar, donde todo es perpetuo y el retorno es imposible, se conoce con el nombre de Everlost.

Un escenario como el del inframundo, donde las ataduras de la realidad ya no existen, permite a Neal Shusterman, con la sobresaliente imaginación que siempre ha demostrado, desarrollar un excelente juego de ciencia-ficción con fantasía. No obstante, y en todas las novelas del género lo vemos, es imposible imaginar otra existencia sin fijarse en la nuestra, y de nuevo, Shusterman, como otros, toma algunas referencias de las creencias más consolidadas. Así, está presente el cristianismo, las mitologías egipcia y griega, e incluso guarda en pasajes muy concretos una gran fidelidad con las supuestas experiencias cercanas a la muerte (ECM). Todo ello pasado y transformado por la subjetividad de este magnífico escritor. 

Neal Shusterman con esta saga, al atenuar la ciencia-ficción con la fantasía, un género siempre infantil, ha querido dirigir sus libros a un público algo más joven que en la tetralogía de «Desconexión». Pero más allá de la temática tratada, su prosa sigue siendo exquisita y roza la excelencia. Muy recomendable para todas las edades.

Neal Shusterman

Publicado por Jesús Rojas.