jueves, 25 de abril de 2019

El vaso de alabastro y otros cuentos - Leopoldo Lugones


Título: El vaso de alabastro 
Autor: Leopoldo Lugones

Páginas: 62

Editorial: Alianza

Precio: 1 euros

Año de edición: 1995


Pues para variar un poco, vamos a recomendar un libro Leopoldo Lugones, un autor por el que siento cierta debilidad. Es un clásico argentino, que escribió los primeros relatos fantásticos de la literatura de ese país, una veta narrativa que luego crecería, evolucionaría y acabaría desembocando en escritores como Cortázar y Borges, que por cierto admiraba sin reservas a Lugones.

Además, como buen modernista, escribía una prosa elegante y rica, brillante y elevada, engarzada en una estructura de frases equilibrada y regular, que recuerda a los mejores escritores en inglés del XIX. Un estilo que da gusto leer.

Este librito contine cuatro relatos, escogidos de dos volúmenes, dos relatos de «Las fuerzas extrañas» (1906) y otros dos de «Cuentos fatales» (1924), dos volúmenes de ciencia ficción y fantasía pioneros en Argentina.

El primer relato, «El vaso de alabastro», es mi favorito: una fantasía egipcia, con tintes románticos, misteriosa y seductora que acaba con un desenlace genial. Los otros tres cuentos tiene elementos de literatura de terror y resultan algo inquietantes. Pero el conunto es muy bueno y probablemente esta obra sirva como introducción a este argentino tan singular.

Tenéis los cinco cuento que forman «Cuentos fatales», incluyendo «El vaso de alabastro» aquí, en este enlace de Wikisource.

Un libro de cuentos estupendo y un autor que vale la pena frecuentar, culto, elegante y con mucho oficio.

Leopoldo Lugones (Villa de María del Río Seco, Argentina, 1874-1938), poeta, periodista, ensayista y político, hijo de un hacendado, nació en el pueblecito en el que su padre se detuvo a descansar yendo de viaje y conoció a su madre. Recibió una educación católica muy estricta. A los diez años era ya un lector compulsivo y voraz, llamaba la atención por su prodigiosa memoria y amenizaba las reuniones sociales con sus demostraciones.

Su padre le envió a Buenos Aires con su abuela materna para que completase su educación, pero su familia se arruinó y tuvo que empezar a trabajar como periodista. Siendo muy joven publicó poesía, fundó un periódico revolucionario, promovió varias huelgas y se alistó para frenar el levantamiento del ejército en Rosario. Tuvo una trayectoria política curiosa, que pasó por el anarquismo, el socialismo, la masonería, el conservadurismo, el liberalismo y acabó en el fascismo.

Fué amigo de Rubén Dario y una de las figuras claves del modernismo, rescató el Martín Fierro y lo defendió como símbolo y retrato de la identidad argentina. Le gustaba vestir bien y era un maniático del orden.

Se suicidó a los 64 años bebiendo una mezcla de whisky y cianuro. Según parece tenía desde hacía doce años una amante, que había conocido cuando era una adolescente. Su único hijo, todo un personaje, condenado por violar a un menor, luego policía y responsable de la introducción de la picana en los interrogatorios, se opuso a esa relación y amenazó a la familia de la chica. Según Borges, se suicidó por amor.
             
Leopoldo Lugones

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 24 de abril de 2019

El último barco - Domingo Villar


Título: El último barco
Autor: Domingo Villar

Páginas: 712

Editorial: Siruela

Precio: 10,90 euros

Año de edición: 2019

Los seguidores de los casos del inspector Leo Caldas, creado por Domingo Villar, estamos de enhorabuena. Después de diez años preparando su última novela, llega por fin a nuestras manos «El último barco» y la verdad, se coge con muchas ganas.

Con esa forma peculiar de narrar una historia policíaca y en este caso de desapariciones, en la que es más importante la evolución de los personajes que la peripecia en sí misma. Además en este caso, al tener un papel muy importante la artesanía y lo elaborado con las manos y sin prisas, la novela tiene un escenario privilegiado, real, en el que se desarrolla la historia, la Escuela de Artes y Oficios de Vigo

Curiosamente, aparecen personajes que existen en la realidad (profesores en este caso), algo por otro lado habitual en las novelas de Villar. Los lugares de Vigo y alrededores que aparecen en sus novelas son perfectamente reconocibles, por ejemplo el Eligio y el Bar Puerto que frecuenta el inspector en sus ratos libres. Según comenta el autor en una entrevista: 

«Cito en los agradecimientos a los que enseñan, a los que hacen las cosas despacio, y a los que aman el mar. La Escuela de Artes y Oficios es un lugar en el que se aprenden oficios tranquilos. Aún queda un espacio para la artesanía. La EMAO es como una burbuja en este Vigo tan hirviente. Muchas veces pasamos por delante sin percibir la sutileza y la paz que hay dentro. Es un homenaje a los artesanos, pero también a todos los que hacen las cosas despacio, con calma». 

Sin entrar demasiado en detalles en el argumento para no descubrir nada al posible lector, en este caso el inspector Caldas debe resolver la desaparición de Mónica, la hija de un afamado cirujano de Vigo; lo que parece en principio una huida voluntaria se va transformando poco a poco en una historia completamente diferente. Me ha parecido una novela estupenda y creo que el autor poco a poco va profundizando en los aspectos psicológicos del protagonista que en este caso se implica muy personalmente en el caso. Una historia policíaca galaica muy recomendable.

Esquema de los personajes de la novela dibujado por el autor

Domingo Villar (Vigo, 6 de marzo de 1971), es un escritor español de novela negra. Reside en Madrid. Sus libros han sido traducidos a nueve idiomas.

Con «Ojos de agua», su primera novela publicada en 2006, Villar presenta al inspector Leo Caldas. Caldas es un personaje solitario, tímido, que goza paseando de noche por las calles de Vigo. Fumador y amante del vino blanco, le gusta contemplar el mar y escuchar música en algún club de jazz. Colabora, con no mucho entusiasmo, en un programa de radio. Su ayudante es Rafael Estévez, un zaragozano que tiene dificultades para relacionarse con los gallegos y su ironía. Esta extraña y singular pareja se encarga de investigar el crimen de un joven saxofonista que los condujera a las noches de las tabernas y los clubes de jazz.

«La playa de los ahogados», publicada en 2009, es su segunda novela y también la segunda aparición de Leo Caldas y su ayudante Rafael Estévez. La trama comienza con la aparición en la playa de Panxón de un marinero muerto con las manos atadas. El día a día de un pueblo marinero y turístico, los miedos escondidas y las mentiras del pasado son el escenario por donde pasea un Leo Caldas que no sabe hacia dónde dirigir su vida personal.

En mayo de 2014 empieza el rodaje de «La playa de los ahogados», filmándose en diferentes localizaciones de las Rías Gallegas (Panxón, Vigo, A Guarda). El reparto se compone de Carmelo Gómez, Antonio Garrido, Carlos Blanco y Marta Larralde, entre otros. La película fue dirigida por Gerardo Herrero.

Ha sido:
  • Premio Sintagma (2007) 
  • Premio Antón Losada Diéguez (2010) 
  • Libro del año por la Federación de Libreros de Galicia (2010) 
  • Premio Brigada 21 
  • XXV Premio Nacional «Cultura viva» Narrativa (2016)

 
Domingo Villar

Publicado por Ana Domingo.

martes, 23 de abril de 2019

Nada que ocultar - Anna Boluda


Título: Nada que esconder
Autora: Anna Boluda Gisbert

Páginas: 215

Editorial: Tabarca

Precio: 10,90 euros

Año de edición: 2019


Gina es una chica de catorce años, que estudia 3º de BUP y tiene dos madres. Eso a ella no le causa ningún problema, pero ¡ay! a veces a los demás sí y eso en un instituto puede llegar a ser un problema. 

Una novela realista y penetrante sobre la libertad, el respeto, el monstruo del acoso escolar, la comunicación, la amistad y la fortaleza interior. Un libro necesario, que alguien tenía que escribir, para que los jóvenes tengan referentes claros que les sirvan de guía en una sociedad que vive todavía demasiado despistada frente a los problemas que tiene delante u que a veces no quiere ver. Que dos mujeres o dos hombres se quieran y vivan juntos no debería causar dificultades a nadie; las cosas son muy sencillas, pero a veces parece que hay quien las complica sin necesidad.

Este libro, aparte de tener las ideas muy claras, está fenomenalmente escrito, se lee con la facilidad de un superventas, tiene buenos diálogos, situaciones naturales y creíbles, y la riqueza de matices suficiente para que parezca que nos estamos asomando por una ventana a la vida de un puñado de personajes reales.

Gina comienza a ir al mismo instituto al que fué su madre, y los recuerdos de las dos se van entremezclando en la narración. Ambas se enfrentan a problemas parecidos, las dos comienzan por callar algunas cosas y finalmente tiene que plantarle cara a la realidad. Una obra sabia sobre dos historias en paralelo, muy bien llevadas y con sorpresa final. Un libro redondo y muy educativo, os lo recomiendo a todos. 

Se puede comprar por internet en este enlace y la editorial lo envía a casa por mensajería en un par de días, muy cómodo.

Muy interesante y educativo para adolescentes, y recomendable igualmente para lectores adultos, que se encontrarán con la agradable sorpresa de una novela bien escrita, con sensibilidad e inteligencia, muy amena y sobre un tema en el que vale la pena que todos aprendamos.

Anna Boluda (Alcoi, 1976) es una periodista y realizadora de vídeo independiente valenciana, que vive a caballo entre Valencia y Jávea, después de haber pasado más de 15 años viviendo en Barcelona.

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Valencia y Premio Nacional Fin de Carrera, hizo un máster de periodismo audiovisual en la Universidad de Nueva York gracias a una beca Fullbright. Ha obtenido varios galardones, entre los que destaca el Premio Ciencia en Acción del CSIC 2013 al mejor corto científico. Ha trabajado en la Radiotelevisión Valenciana, en varias agencias de comunicación y en el equipo que creó Vilaweb TV. 

También ha ganado varios premios de narración y ha sido finalista de los Premios Literarios Ciudad de Torrent (2017) con esta novela juvenil, «Nada que esconder», y del IX Premio Delta de Narrativa de mujeres (2017) con la obra de no ficción «Las hijas del anarquista».

Anna Boluda

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

lunes, 22 de abril de 2019

Stoner - John Williams


Título: Stoner
Autor: John Williams

Páginas: 240

Editorial: Baile del sol

Precio: 14,82 euros

Año de edición: 2015 (5ª edicion)
 

El título de la novela que os propongo hoy alude al nombre de su protagonista, William Stoner, un joven hijo de campesinos del Missouri de finales del siglo XIX, tímido y retraído, trabajador en la granja familiar, que es enviado a la universidad con gran esfuerzo de sus padres para estudiar Agricultura y mejorar el rendimiento de la granja. Pero allí cambia sus estudios por los de Literatura debido al impacto que le produce un profesor de lengua bastante particular.

Renuncia al camino marcado y esperado de trabajar en la granja familiar y permanece en la universidad hasta licenciarse y luego prosigue como profesor. Lleva una vida laboriosa y tranquila, de entrega al trabajo y dedicación a la literatura, su vida es gris, demasiado lisa, con una carrera mediocre dentro del competitivo mundo universitario, alguien carente de grandes ambiciones con pocas habilidades sociales y falta de proyección fuera del trabajo: un matrimonio fallido, hija distante, reducido circulo de amigos y amante equivocada dentro de la universidad.

Pero Stoner es un personaje muy humano, muy cercano, con sus flaquezas pero con rasgos muy marcados, como la integridad y la constancia, acostumbrado al esfuerzo, un hombre estoico que acepta resignado los vaivenes de la vida, con un carácter adaptable sin llegar a ser dócil. Según Williams, su personaje Stoner aparenta que tuvo una vida triste, que no consigue triunfar en el amor ni en el trabajo: su matrimonio naufraga y no triunfa en su carrera universitaria. Pero no es así, hizo lo que quería al dedicarse a la literatura, le dio importancia al trabajo y el trabajo le dio identidad a él.

La vida de Stoner fluye como un río pausado, los capítulos discurren contando su vida sin sobresaltos de forma tranquila pero imponente, un relato sobrio como quien no quiere la cosa… Quizás por ello estuvo olvidada durante años.

Un libro sobre la vida discreta de un profesor a la que el autor nos invita a entrar. Es probable que haya coincidencias entre la novela y la vida del autor. Un ejemplo de literatura estadounidense que ensalza la cultura del esfuerzo con un componente de melancolía. Una novela aparentemente sencilla pero de narrativa potente, intensa y fascinante. 

John Williams nació en Texas en 1922, trabajó en periódicos y en diversas radios. Fue militar durante la IIGuerra Mundial  Posteriormente estudió literatura en la Universidad de Denver y se dedicó a la enseñanza universitaria y a escribir. Escribió poesía y una producción breve de novelas, solo cuatro. Falleció en Arkansas en 1994 y dejó una quinta novela sin acabar.

Fue un autor conocido en su tiempo, pero después cayó en un cierto olvido y solo en los últimos años ha vuelto a despertar el interés de los lectores. De sus cuatro novelas, despreció la primera, «Nothing but the Night», y tan solo tenemos a nuestro alcance tres: «Butcher’s Crossing», «Stoner» y «El hijo del Cesar», la más famosa y por la que recibió el premio National Book Award en 1973.

John William

Publicado por Cris de la Fuente.

domingo, 21 de abril de 2019

Nasca. Buscando huellas en el desierto


Título: Nasca. Buscando huellas en el desierto
Autor: Fundación Telefónica y Museo Rietberg

Páginas: 40

Editorial: Fundación Telefónica y Museo Rietberg

Precio: 25 euros

Año de edición: 2019


¿Quién no se ha sentido fascinado por los dibujos hechos en el suelo de las llanuras de Nazca (Nasca en inglés)? ¿qué misteriosa civilización hizo esas figuras tan grandes que parecen hechas para ser vistas en pleno vuelo? ¿para qué las hicieron? ¿cómo es que se han conservado tan bien hasta nuestros días?

La respuesta a esas preguntas y un ameno recorrido por una de las culturas más misteriosas que se conocen se encuentran en la exposición titulada Nasca. Buscando huellas en el desierto que está abierta en el Espacio Telefónica de Madrid, en la calle Fuencarral,3, desde el 22 de febrero hasta el 9 de mayo, organizada por la Fundación Telefónica, el Museo de Arte de Lima y el Museo Rietberg de Zúrich.

Una muestra impresionante, formada por unas 300 piezas, que incluye vídeos y fotos de los famosos geoglifos, un modelo digital del terreno de la zona, piezas de cerámica, textiles, joyas, utensilios y paneles explicativos que permiten conocer casi todo lo que se sabe sobre esa civilización que se asentó en los ríos Nazca y Palpa, al sur de Perú, entre el 200 a. C. y el 600 d. C. Nada menos que durante 800 años.

Tazas en forma de cabeza
    
Adorno que representa una serpiente con dos cabezas

Varias de las ideas generalmente asumidas sobre esa civilización y sobre los geoglifos se ven desmentidas en esta exposición:

- Los geoglifos no son unas cuantas representaciones de animales, sino nada menos que unas 650 figuras, el 95 % geométricas (largas líneas, trapecios y espirales) y sólo una treintena de dibujos de animales, seres fantásticos y personas.

- Hay representados animales tan curiosos como el pelícano, la orca, la ballena, el cormorán y el colibrí.

La ballena, el mono, el colibrí y la araña (fotos CC BY-SA 4.0  Diego Delso)

- Las figuras no están hechas para ser vistas desde el aire. La zona está rodeada de colinas desde las que se ven bastante bien.

- La fnalidad parece que era religiosa. Se han encontrado pruebas que demuestran que se hicieron más figuras en épocas de sequía, probablemente para pedir precipitaciones a los dioses.

- En el desierto, una zona muy fértil antes rica en agua, hay una capa de arena muy blanca cubierta por otra superficial de piedras negras. Es fácil retirar las piedras negras y hacer dibujos que permanezcan durante miles de años.

Botella en forma de dos peces

Una exposición interesantísima, sobre una civilización antigua y misteriosa, con piezas extraordinarias de cerámica, orfebrería, textiles, fardos funerarios y un material audiovisual sobre los geoglifos de la más alta calidad. Muy recomendable, no os la perdáis.

Figurita de mujer desnuda

Para los que ni vivís en Madrid ni podéis acercaros fácilmente por aquí, os dejo un enlace en el que se puede descargar la guía de la exposición y un vídeo que está muy bien.


Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 20 de abril de 2019

Sabina y el sentido de las palabras


Comprenderán ustedes, que entre tanto poeta y erudito, me siento un poco impostor. Pero siempre me ha gustado sentirme impostor. Asistir a fiestas a las que se supone que no tendría que ser invitado.

No estoy en absoluto dotado para la teoría ni para la erudición, aunque con el auge de los pequeños nacionalismos que por desgracia estamos sufriendo en el mundo, yo me considero de una patria mucho más grande, que es mi lengua, la lengua española.

Creo que es un milagro que ustedes se hayan reunido hoy para oír poesías y oír palabras. Palabras que llenan de magia, porque la misma lengua que sirve para pelearse con alguien en algún bar o para cualquier cosa, sirve para darles una gotita de magia.

Así que como no teorizaré, leeré un trocito de prosa que explica un poco, y un par de poemas.

A los catorce, parece que fue ayer, el rey Melchor se lo hizo bien conmigo y me trajo, por fin, una guitarra. Aquel adolescente ensimismado que era yo, con granos y complejos, en lugar de empollar física y química, mataba las horas rimando, en un cuaderno a rayas, versos llenos de odio contra el mundo y los espejos.

El mundo, lejos de sentirse aludido, seguía girando, que es lo suyo, desdeñoso, sin importarle un carajo mi existencia. Y los espejos, cabrones, en vez de consolarme con mentiras más o menos piadosas, me sostenían cruelmente la mirada. Vivía en un sitio que se llamaba Úbeda.

Algunas noches, mientras mis padres dormían, me daban las diez y las once y las doce y la una practicando con sordina, en mi flamante guitarra, los acordes de Blanca y radiante va la novia, o iniciándome en el furtivo y noble arte de la masturbación.

O suspirando por mi vecina, una rubia de bote que suspiraba por un idiota moreno que tenía una bici de carreras y jugaba al baloncesto. Sólo se me ocurrían tres maneras de atraer su atención: triunfar en el toreo, atracar un banco o suicidarme. Lo malo es que las tres exigían una sobredosis de valor que yo -¡ay de mí!- no poseía.

Yo poseía mi cuaderno a rayas cada vez más lleno de ripios contra el mundo, mi guitarra, cada vez más desafinada… Y un plano del paraíso, que resultó ser falso. Y la vida, previsible y anodina, como una tarde de lluvia en blanco y negro.

Pero en la pantalla del Ideal Cinema, cuando no daban una de romanos, el viento golfo de Manhattan le subía la falda a Marilyn y era domingo, y no había clase, y los niños de provincias soñábamos despiertos y en technicolor con pájaros que volaban y se comían el mundo.

Y el mundo que quería comerse los pájaros que anidaban en mi cabeza, pongamos que se llamaba Madrid. Así que un día me subí, sin billete de vuelta, al vagón de tercera de uno de aquellos sucios trenes que iban hacia el Norte, me apeé en la estación de Atocha y aprendí que las malas compañías no son tan malas y que se puede crecer al revés de los adultos; y supe, al fin, a qué saben los aplausos y los besos y el alcohol y la resaca y el humo y la ceniza, y lo que queda después de los aplausos y los besos y el alcohol y la resaca y el humo y la ceniza.

Tal vez por eso mis canciones quieren ser un mapamundi del deseo, un inventario de la duda, siete crisantemos con espinas. Y cuando las cartas vienen malas y amenaza tormenta y los dioses se ponen intratables y los hoteles no son dulces y todas las calles se llaman Melancolía, todavía fantaseo con debutar sin picadores o con desvalijar sucursales de Banesto o con probar mi suerte a la ruleta rusa, pero ahora, en lugar de tirarme en Las Ventas de espontáneo, o de escribirle una carta póstuma a Garzón, o de ahorrar para una Smith & Wesson del Especial, escribo en technicolor la canción de las noches perdidas, para vengarme de tantas tardes de lluvia en blanco y negro, de tantos hombres de traje gris, de tantas rubias de bote que se van con idiotas morenos que juegan al baloncesto, de tantas bocas adorables que nunca fueron mías, que nunca serán mías.

Aquellos granos trajeron estas cicatrices y aquellos Mihuras que nunca toreé me cosieron a cornadas el alma. Pero no me quejo; tengo amigos y memoria y risas y trenes y bares y una salud de hierro y un puñado de canciones recién salidas del horno que me tienen (dejadme que os lo cuente) orgulloso como un padre primerizo que babea.

Y, de cuando en cuando, una rubia de bote me tira un beso, desde el público, aprovechando un despiste de su novio; ese idiota moreno que juega al baloncesto. Lo peor del amor, cuando termina, son las habitaciones ventiladas, el puré de reproches con sardinas, las golondrinas muertas en la almohada.

Lo malo del después son los despojo que embalsaman el humo de los sueños. Los teléfonos que hablan con los ojos. El sístole sin diástole ni dueño. Lo más ingrato es encalar la casa, remendar las virtudes veneales, condenar a la hoguera los archivos. Lo atroz de la pasión es cuando pasa. Cuando al punto final de los finales, no les quedan dos puntos suspensivos.

Mi amigo Javier Krahe decía que la superioridad de la canción sobre el teatro era que en el teatro la gente aplaudía después de dos horas y en la canción cada tres minutos. El moño, las pestañas, las pupilas, el peroné, la tibia, las narices, la frente, los tobillos, las axilas, el menisco, la aorta, las varices.

La garganta, los párpados, las cejas, las plantas de los pies, la comisura, los cabellos, el coxis, las orejas, los nervios, la matriz, la dentadura. Las encías, las nalgas, los tendones, la rabadilla, el vientre, las costillas, los húmeros, el pubis, los talones. La clavícula, el cráneo, la papada, el clítoris, el alma, las cosquillas Esa es mi patria, alrededor no hay nada.

– –
Este ya no camufla un hasta luego, esta manga no esconde un quinto as.

Este precinto no juega con fuego, este ciego no mira para atrás.

Este notario avala lo que escribo, estas vísperas son del que se fue.

Ahórrate el acuse de recibo, esta letra no la protestaré.  
A este escándalo huérfano de padre, no voy a consentirle que taladre un corazón falto de ajonjolí.

Este pez ya no muere por tu boca, este loco se va con otra loca. Este masoca no llora más por tí.
– –
Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda, medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda.

Una hispano olivetti con caries, un tren con retraso, un carné del Atleti, una cara de culo de vaso.

Un colegio de pago, un compás, una mesa camilla, una nuez, o bocado de Adán, menos una costilla.

Una bici diabética, un cúmulo, un cirro, un strato, un camello del rey Baltasar, 
una gata sin gato.

Mi Annie Hall, mi Gioconda,
mi Wendy, las damas primero, mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros.

Mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas, el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa.
Mi escondite,
mi clave de sol, mi reloj de pulsera, una lampara de Alí Babá dentro de una chistera.

No sabía que la primavera duraba un segundo, yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó en la legión extranjera.

A mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante, a Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante.

Al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha, a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha.

Mariposas que cazan en sueños los niños con granos cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos.

Me libré de los tontos por ciento, del cuento del ‘bisnes’, dando clases en una academia de cantos de cisne.

Con Simón de Cirene  hice un tour por el monte Calvario, ¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?
Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera, si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera, heredé una botella de ron de un clochard moribundo, olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.

Nunca pude cantar de un tirón la canción de las babas del mar, del relámpago en vena, de las lágrimas para llorar cuando valga la pena.

De la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos, de la gota de tinta en el himno de los iracundos.

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.


Si queréis saber dónde, cuándo, cómo y por qué Joaquín Sabina (Úbeda, 1949) leyó ese trozo de prosa y esos versos, lo mejor es que leáis esta crónica de mi amigo José María Ciampagna, más conocido como El profe José. Él estuvo allí y lo cuenta mucho mejor que yo.


Publicado por Antonio F. Rodríguez.