martes, 17 de septiembre de 2019

En la cripta - H. P. Lovecraft


Título: En la cripta
Autor: H. P. Lovecraft

Páginas: 232 

Editorial: Alianza

Precio: 9 euros

Año de edición: 2007


Este volumen reúne nueve cuentos, de longitud muy variable,  escritos por el genio de Providence entre 1920 y 1933. La selección forma una pequeña antología de su producción, muy representativa y con un nivel medio muy, muy alto. Hay varios cuentos memorables por su belleza y porque resultan realmente inquietantes. No es un libro muy recomendable para leer solo y de noche, sobre todo si uno es un poco impresionable. 

Los cuentos escogidos muestran la evolución del autor, desde los primeros relatos escritos entre 1920 y 1926, con excelentes variaciones con matices muy originales de los clásicos cuentos de terror, como por ejemplo «En la cripta», «El grabado en la casa» y «Aire frío», hasta los tres relatos que datan del periodo 1926-1933, tres textos muy bien construidos («La llamada de Cthulhu», «El color surgido del espacio» y «El ser en el umbral»), excelentes ejemplos de cuentos de horror cósmico basado en antiguos panteones de dioses del terror, tan espantosos como olvidados.

Incluso hay cuento de 1923, «Las ratas de las paredes», que me gusta mucho, porque simboliza la evlución del autor. El relato empieza como un cuento clásico de terror, sobre una idea tan original como efectiva, y acaba como los relatos más típicos del ciclo de Cthulhu.

En estas piezas aparece varias veces el símbolo de la puerta, clave en el imaginario de este genial autor. Una puerta antigua y olvidada, que si se abre da acceso a las más ominosas criaturas y hace que el mundo cotidiano que conocemos empiece a disolverse y desaparecer en el vaho maligno de sus arcanos.

Una seleción de relatos extraordinarios de uno de los grandes maestros del género de terror, en la que se hacen evidentes su creatividad y su maestría. Como autor de cuentos de miedo al estilo clásico, Lovecraft es muy bueno, pero cuando ideó su propia mitología, de dioses abominables y  horrorosos, es algo muy especial. 

Siempre es buena idea volver a releer a Lovecraft.

Howard Philips Lovecraft (Providence, 1890-1937) fué un escritor estadounidense, especializado en historias de terror. Nació en una familia acomodada y elitista venida a menos. Su padre murió cuando él era muy pequeño y su madre le sobreprotegió, impidiendo además que se mezclase con los que no eran de su clase.

Creció así como un niño enfermizo, aislado, solitario e inteligente. Fué niño prodigio; a los dos años recitaba poesías, a los tres aprendió a leer, a los seis años comenzó a escribir cuentos y a los dieciséis ya escribía una columna sobre Astronomía en el Providence Tribune. Devoró la inmensa biblioteca de su abuelo y no fué al colegio debido a que siempre estaba enfermo. Le  educaron en casa su madre y sus dos tías.

Escribió más de 70 historias de longitud muy variada, desde el relato corto a la novela, y una veintena larga de relatos en colaboración con otros escritores. Racista, clasista y xenófobo, volcó sus fobias en su literatura y creó un nuevo tipo de relatos de terror, basados en dioses antiguos y temibles, horrorosos, que duermen en el olvido hasta que algún humano despistado los despierta sin querer. 

Creó todo un ciclo mítico imaginario de dioses terroríficos y lideró un movimiento literario a su alrededor, en el que colaboró un buen grupo de escritores, los llamados Mitos de Cthulhu

Murió a los 47 años, victima de un cáncer intestinal y de la enfermedad de Bright.

Howard Philips Lovecraft

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

lunes, 16 de septiembre de 2019

El orden equivocado y otros cuentos - Elizabeth Taylor


Título: El orden equivocado y otros cuentos
Autora: Elizabeth Taylor

Páginas: 365 

Editorial: Alba

Precio: 23 euros

Año de edición: 2019

Este volumen se compone de 20 cuentos espléndidos de la extraordinaria y clásicamente olvidada escritora británica Elizabeth Taylor, una narradora excepcional en lengua inglesa.

Son relatos escritos con un estilo aparentemente sencillo, pero que delata una sensibilidad y una capacidad de observación poco usuales. Los temas que tratan son todos del mismo estilo: una historia cotidiana de personajes de su época y ambiente, contada de manera muy correcta y formal, con contención y cierta distancia, pero por debajo de ese envoltorio superficialmente gris y anodino, late una habilidad muy especial para describir la psicología de sus personajes y las relaciones entre ellos con profundidad y sabiduría.

Eso hace que sus relatos parezcan ligeros cuando uno los empieza y densos, llenos de significados y sugerencias al acabarlos.

La relación entre una anciana y el hijo que a saca a pasear, la visa socia lde un viejo, ciego y cascarrabias, en un lugar de acogida, la radiografía de un matrimonio que lucha contra el tedio después de haber superado la guerra, la sensación del paso del tiempo a través de la edad, el relato de un día memorable, la relación entre dos hermanas... esos temas y otros del mismo jaez se tratan aquí con la sensibilidad y perspicacia de una psicóloga.

Especialmente relevante es el relato que da título al libro, «El orden equivocado», un cuento magistral, basado en la historia de una mujer desahuciada que vive esperando la muerte con su marido y un amigo, cuando la vida les demuestra que siempre está llena de sorpresas.

Esta mujer es una maestra de la elipsis y la sugerencia, deja siempre un rastro de cosas sin mencionar que el lector va recorriendo lentamente a través de sus textos mientras su imaginación llena los huecos de lo no dicho obedientemente.

Este libro de cuentos constituye una excelente oportunidad para adentrarse en el mundo de esta autora, lleno de cualidades literarias y con una visión de la vida ciertamente compleja: teñida de un cierto desencanto y melancolía y a la vez, prodigiosamente lúcida por la enorme cantidad de matices que revela sobre las relaciones humanas. Una escritora extraordinaria, digna sucesora de Edith Warton y Katherine Mansfield, cada vez más valorada por los críticos y todos sus lectores.

Elizabeth Taylor (Reading,1912-1975) fué una mujer con un gran sentido de la narración que escribió doce novelas y cuatro libros de cuentos. Una gran novelista olvidada durante mucho tiempo, en esta ocasión, inglesa.

  
Trabajó como institutriz y bibliotecaria, antes de casarse a los 24 años con el industrial Kendall Taylor. Tomó el apellido de su marido y sufrió durante toda su vida los inconvenientes de ser confundida con la diva de Hollywood, como por ejemplo, sufrir bromas continuas. «Recibo cartas -escribió en una ocasión- de hombres que me piden una fotografía en bikini. Mi marido cree que debería mandársela y dejarlos anonadados, sólo que no tengo bikini».
   
Tuvo dos hijos, vivió en un apacible pueblo y llevó una vida tranquila mientras dedicaba sus ratos libres a escribir novelas estupendas. Escribió la primera durante la guerra, mientras su marido estaba en el frente. Era una mujer discreta y modesta, que no ganó ningún premio literario en vida, el único galardón que obtuvo, el Whitbread Price, fué póstumo y lo recogió su marido en su nombre. 
 
Aunque sus novelas se han vendido muy bien, se siguen reeditando y se leen mucho, hasta después de su muerte no ha sido reconocida como la gran novelista que era. 

Elizabeth Taylor

Pubicado por Antonio F. Rodríguez.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Estuviste perfectamente bien - Dorothy Parker

Dorothy Parker

Estuviste perfectamente bien

El joven pálido se acomodó cuidadosamente en la silla y movió la cabeza a un lado para que el tapiz fresco le aliviara la sien y la mejilla.

-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, mi amor. Ay.

La muchacha de ojos claros, sentada en el sofá erguida y tranquila, le sonrió vivamente.

-¿Ya no te sientes tan bien como ayer? -dijo ella.

-Qué va, estoy muy bien -dijo él-. Estoy flotando. ¿Sabes a qué hora me levanté? A las cuatro de la tarde en punto. Traté de levantarme, pero cada vez que quitaba la cabeza de la almohada se me iba rodando abajo de la cama. La cabeza que traigo puesta no es la mía. Creo que esta era de Walt Whitman. Ay, mi amor. Ay, ay, mi amor.

-¿Tú crees que con un trago te sentirías mejor? -dijo ella.

-¿Un poco de lo que me noqueó anoche? -dijo él-. No, gracias. Por favor ya nunca vuelvas a mencionarme eso. Estoy muerto. Estoy muerto, completamente muerto. Mira mi mano: tan quieta como un colibrí. ¿Y me vi muy mal anoche? 

-Ay, no inventes -dijo ella-, todos estaban iguales. Estuviste muy bien.

-Claro -dijo él-. Estuve de maravillas. Todos deben estar enojados conmigo. 

-Por favor, claro que no -dijo ella-. Todos se divirtieron con lo que hacías. Claro que Jim Pierson se enojó un poco a la hora de la cena. Pero la gente lo regresó a su silla y lo calmaron. En las otras mesas ni se dieron cuenta. Nadie se dio cuenta. 

-¿Me iba a pegar? -dijo él-. Ay, Dios mío. ¿Qué hice?

-Nada, no hiciste nada -dijo ella-. Estuviste perfectamente bien. Pero ya sabes cómo se pone Jim a veces, cuando se le ocurre que alguien se está metiendo con Elinor.

-¿Coqueteé con Elinor? -dijo él-. ¿Eso hice?

-Claro que no -dijo ella-. Solo estuviste haciéndole chistes, eso fue todo. Le pareciste simpatiquísimo. Ella estaba muy divertida. Solo una vez se desconcertó un poco: cuando le echaste por la espalda el caldo de almejas.

-No, no me digas -dijo él-. Caldo de almejas por la espalda. Cada vértebra como concha. Ay, Dios mío. ¿Qué voy a hacer? 

-No te preocupes, ella no te va a decir nada -dijo ella-. Solo mándale unas flores, o algo así. Por eso no te preocupes. No es nada.

-No, si no me preocupo -dijo él-, ni tengo nada de qué apurarme. Estoy muy bien. Ay, mi amor, ay. ¿Y qué otro numerito hice en la cena?

-Ninguno. Estuviste muy bien -dijo ella-. No te pongas así por eso. Todo el mundo estaba fascinado contigo. El maître d’hôtel se apuró un poco porque no parabas de cantar, pero en realidad no le importó. Solo dijo que tenía miedo de que con tanto ruido le volvieran a cerrar el lugar. Pero ni a él le importó. Bueno, estuviste cantando como una hora. Pero después de todo, no fue tanto ruido. 

-Entonces me puse a cantar -dijo él-. Un éxito sin dudas. Me puse a cantar.

-¿Ya no te acuerdas? -dijo ella-. Estuviste cantando una tras otra. Todo el mundo te estaba oyendo. Les encantó. Lo único fue que insistías en cantar una canción sobre no sé qué fusileros o qué cosa, y todo el mundo empezó a callarte, pero tú empezabas de nuevo. Estuviste maravilloso. Hubo un rato en que todos tratamos que dejaras de cantar, y que comieras algo, pero no querías saber nada de eso. En serio que estuviste divertido.

-¿Qué, no probé la cena? -dijo él.

-No, nada -dijo ella-. Cada vez que venía el mesero a ofrecerte algo se lo devolvías porque decías que él era tu hermano perdido, que una gitana lo había cambiado por otro en la cuna, y que todo lo tuyo era de él. El mesero estaba doblado de la  risa.

-Seguro -dijo él-. Seguro que estuve cómico. Seguro que fui el Payasito de la Sociedad. ¿Y luego qué pasó, después de mi éxito arrollador con el mesero? 

-Pues nada, no mucho -dijo ella-. Te entró una especie de tirria contra un viejo canoso que estaba sentado al otro lado del salón, porque no te gustó su corbata de moño y querías decírselo. Pero te sacamos antes de que el otro se enojara.

-Ah, conque salimos -dijo él-. ¿Pude caminar?

-¡Caminar! Claro que caminaste -dijo ella-. Estabas absolutamente bien. Bueno, la acera tenía una capa de hielo y resbalaste. Caíste sentado con un fuerte golpe. Pero por favor, eso puede pasarle a cualquiera.

-Sí, claro -dijo él-. A la señora Hoover o cualquiera. Así que me caí en la acera. Por eso me duele el… Sí. Ya entendí. ¿Y luego qué? Digo, si te importa.

-¡Vamos, Peter! -dijo ella-. No puedes quedarte sentado ahí y decir que no te acuerdas de lo que pasó después de eso. Creo que solo te viste un poco mal en la mesa; pero en todo lo demás estuviste perfectamente bien, yo sabía que te estabas sintiendo muy bien. Pero desde que te caíste te pusiste muy serio, yo no sabía que tú fueras así, ¿No te acuerdas de cuando me dijiste que yo nunca antes había visto tu verdadero yo? No puedo permitirte, no podría soportar que hayas olvidado ese hermoso paseo en taxi. De eso sí te acuerdas, ¿verdad? Por favor, me muero si no te acuerdas.

-Ah, sí -dijo él-. El paseo en taxi. Ah, sí, de eso sí. Fue un paseo muy largo, ¿no?

-Vueltas y vueltas y vueltas por el parque -dijo ella-. Los árboles se veían tan hermosos a la luz de la luna. Y dijiste que nunca antes te habías dado cuenta de que de veras tenías alma. 

-Sí -dijo él-. Yo dije eso. Yo fui.

-Dijiste cosas tan pero tan bonitas -dijo ella-. Nunca me había dado cuenta de todo lo que sientes por mí y no me había atrevido a mostrarte lo que yo siento por ti. Pero lo de anoche, Peter; creo que la vuelta en taxi es lo más importante que nos ha pasado en nuestras vidas.

-Sí -dijo él-. Creo que sí.

-Y vamos a ser tan felices -dijo ella-. Quisiera contárselo a todo el mundo. Pero no sé. Creo que sería más dulce si lo guardamos como un secreto entre nosotros. 

-Yo creo que sí -dijo él.

-¿No es muy hermoso? -dijo ella.

-Sí -dijo él-. Fabuloso.

-¡Encantador! -dijo ella.

-Oye -dijo él-, ¿no te importaría que me tomara un trago? O sea, médicamente, ya sabes. Estoy muerto; ayúdame, por favor. Creo que me va a dar un colapso. 

-Sí, un trago te va a caer bien -dijo ella-. Pobrecito, qué pena que te sientas tan mal. Voy a prepararte un trago.

-Yo, la verdad -dijo él-, todavía no me explico cómo me sigues dirigiendo la palabra después del ridículo que hice anoche. Yo creo que mi única salida es meterme a un monasterio en el Tíbet.

-¡Estás loco! -dijo ella-. No te voy a dejar ir ahora. Ya deja de pensar en eso. Estuviste perfectamente bien.

De un salto ella se paró del sofá, lo besó con rapidez en la frente y salió corriendo de la  habitación.

El joven pálido la vio alejarse, movió la cabeza lentamente y luego la dejó caer sobre sus manos húmedas y temblorosas.

-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, Dios mío.

Dorothy Parker (1929)

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Vínculo entre hermanos - Diego Salazar

https://www.zonadeobras.com/apuestas/2019/07/18/diego-salazar-no-hemos-entendido-nada/

Hace unos me topé con este interesante artículo sobre la relación entre hermanos, ese vínculo tan curioso e íntimo que se tiene con otro personajillo con el que creces, juegas, compartes tu infancia, haces un montón de cosas y también te peleas como loco durante años. 

Dice un estudio que los hermanos se pelean cada 17 minutos. Y seguramente es normal y hasta sano psicológicamente aprender así a convivir con alguien y defenderse de quien está permanantemente y a la fuerza dentro de tu círculo de intimidad sin saber todavía respetar las leyes de la diplomacia.

El caso es que el artículo es formidable, aquí está:


Diego Salazar (Lima, 1981) es un periodista peruano, conocido por haber escrito hace poco «No hemos entendido nada», un estudio sobre los bulos, porqué la gente los cree y a veces hasta los periódicos más serios los publican, y cómo nos está cambiando el modo en que circula la información en la red. En este blog, titulado igual que el libro, podéis encontrar información sobre el tema y aquí, una entrevista realizada hace poco.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Las Siete Cucas - Eugenio Noel


Título: Las Siete Cucas
Autor: Eugenio Noel

Páginas: 365 

Editorial: Cátedra

Precio: 9,40 euros

Año de edición: 1992


Esta novela, publicada en 1927, está basada en una historia real, ocurrida en un pueblo de Castilla, Peñaranda de Bracamonte, en la provincia de Salamanca. Un hombre, apodado el Cuco, tenía seis hijas solteras y jóvenes, de muy buen ver, que trabajaban como asistentas en las casas más adineradas del pueblo, soportando el acoso de los señoritos. El padre intentó cometer un robo importante, para salir de pobre y evitar que sus hijas tuviesen que trabajar en casa ajena, con tan poca fortuna que mató a un hombre y murió ahorcado por ello. A partir de entonces, las hijas del ahorcado fueron despedidas y repudiadas por todo el vecindario, así que a la madre y a las seis chicas, conocidas como las Siete Cucas, no se les ocurrió otra cosa que abrir una mancebía para vengarse de todos.

El argumento sirvió para que Noel escribiese una novela densa y alambicada, de lenguaje barroco y erudito hasta conseguir un neoculteranismo muy curioso, lleno de facundia, con abundancia de arcaísmos y neologismos, lleno de citas en latín, referencias católicas, alusiones literarias, erudición y retórica.

El texto está plagado de párrafos-frase, con cierta tendencia a las enumeraciones inacabables; sin embargo resulta de lo más curioso ver cómo el autor es capaz de mantener un estilo tan rico y repujado durante toda la novela, deteniéndose en detalles de lo más curioso. El libro adolece de un cierto machismo, propio de la época, y aunque trata de reivindicar la figura de la mujer, en ocasiones se ve que el autor no deja de verla como diferente del hombre, demasiado diferente.

Me ha  llamado .la atención la discusión que aparece a medio libro entre el cura y el sacristán sobre el número de mujeres con nombre que aparecen en el Quijote, si son 36 o 37. Valga como muestra una frase tomada al azar: «El chicoleo y los requiebros de los galancetes de villorrio, carcundias y gerifaltes de dominguillo, eran hoy cacareo de bellacos».

El texto está además amenizado con profusión de notas explicativas y comentarios al margen sobre la acción del capítulo, que comentan el texto y sirven de contrapunto. Una novela muy curiosa, sobre una historía increíble, que parece inventada pero sucedió realmente allá por los inicios del siglo XX.

Tan llamativo argumento ha dado lugar a una película mexicana con el mismo título, dirigida por Felipe Cazals en 1921, en la que parece que la descripción del atraso y los prejuicios castellanos se deja transplantar sin chirriar a la realizad del México rural y profundo.

Un libro muy curioso y peculiar, sobre una historia real que parece inventada, que retrata con acierto la vida provinciana de la época y el poder que podían llegar a tener las fuerzas vivas de un pueblo: el alcalde, el cura, el boticario, el médico y el maestro. Muy interesante.

Eugenio Noel, seudónimo de Eugenio Muñoz Díaz (Madrid, 1885-1936) fué un escritor y publicista español. Nació en una familia humilde, estudio en los Escolapios y desde niño fué un lector precoz y voraz. Probó el seminario, pero no tenía vocación. Empezó Derecho, pero no lo acabó y se dedicó al periodismo.

Fué republicano, socialista, bohemio y polémico. Un regeneracionista tardío próximo a la generación del 98. Se alistó en la Guerra de Marruecos, escribió artículos que describían el infierno de la guerra, fué antitaurino y antiflamenco. Murió en la miseria y está enterrado en el cementerio civil de Madrid.
                    
Eugenio Noel

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Panorama del hampa - Blaise Cendrars


Título: Panorama del hampa
Autor: Blaise Cendrars

Páginas: 157 

Editorial: Trapisonda

Precio: 19,60 euros

Año de edición: 2019


Este libro, escrito en 1935, es en realidad un reportaje de los bajos fondos en la Francia de los años 30, cuando el romanticismo de los delincuentes chulos fanfarrones que tiraban de navaja con facilidad, fué sustituido por las organizaciones criminales, más acostubradas al cloroformo y la porra de goma.

El autor describe el crimen organizado, sus costumbres y sus tics, su comportamiento en algunos bares que sirven de tapadera y punto de encuentro. Y lo hace con un estilo muy eficaz, escueto y directo, casi sincopado, salpicado de descripciones literarias trabajadas y sugerentes. Una mezcla curiosa.

Los negocios más lucrativos eran por entonces el tráfico de opio y la trata de blancas. La droga se concentraba en Marsella, el primer mercado mundial de opio, y desde el principio, las corrientes de dinero rápido y fácil salpicaron a la política, la pervirtieron e hicieron miuho más difícil la persecución policial.

Todos ese ambiente nos describe este manco genial, con sus métodos para rebajar la cocaína con bórax, el inocente contrabando de sacarina en le norte, en la frontera con Bélgica, el tráfico de portugueses, cómo funcionaban los casinos, verdaderas fábricas de hacer dinero, los sicarios, los que compran joyas robadas y cómo operan para quedar siempre a salvo... todo un mundo fascinante, que ayuda a conocer el periodo de entreguerras en Europa y que puede verse como un ejercicio de nuevo periodismo avant la lèttre, o como un libro de historia cotidiana.

El texto se divide en 16 capítulos, a cual más sorprendente y sabroso, y uno se encuentra con pasajes tan divertidos como inesperados, como la relación de anécdotas de contrabandistas vascos. 

Un libro extraño, tremendamente original, que parece describir con mucha fuerza y fidelidad la clase social formada por los delincuentes organizados en Francia durante los años 30. Muy, pero que muy interesante.

Blaise Cendrars (La Chaux-de-Fonds, 1887-1961) fué un escritor suizo en francés, que acabó por conseguir la nacionalidad francesa. Hijo del inventor de un telar y de la hija de un hotelero, viajó siendo niño con sus padres a Nápoles, Egipto y Basilea. Con 16 años se fugó a Rusia y se encontró con la Revolución bolchevique. 

Viajó en el transiberiano como representante de comercio, trabajó en San Petersburgo como aprendiz de relojero, y en la biblioteca imperial conoció a un personaje clave en su vida: el bibliotecario Sozonov, que le convenció de que se dedicase a la escritura. A partir de entonces escribió sobre todo lo que le pasaba y comenzó a publicar libros.

Se alistó en la Legión Extranjera y participó en la Primera Guerra Mundial, donde perdió el brazo derecho. Inició la carrera de Medicina, pero no la acabó. Estuvo en Estados Unidos y viajó durante toda su vida, desempeñando los oficios más variados y a veces, se dice que pasándose al otro lado de la ley. 

Un año antes de su muerte recibió el único premio literario de su vida, el Gran Premio Literario de la Ciudad de París. Cuando falleció, dejo más de 30 novelas a medias. Es un escritor diferente, inclasificable, excéntrico y singular. Un autor de culto que vale la pena conocer, aunque sus libros no son nada fáciles de encontrar.

Blaise Cendrars, un tipo duro

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

La hora violeta - Sergio del Molino


Título: La hora violeta
Autor: Sergio del Molino

Páginas: 208

Editorial: Random Hosuse

Precio: 16,05 euros

Año de edición: 2018


Publicado en el 2013 y presentado como una novela, este libro es más bien un dietario, un diario que cubre con algunos saltos el úlimo año de vida de Pablo, el Cuque, el hijo del autor, que fué víctima de una leucemia con tan solo dos años. El tema es terrible, sí, es tremendo, pero está tratado con la suficiente delicadeza y habilidad para evitar que sea demasiado lacrimógeno y truculento. 

Es un libro bello y triste, que vale la pena leer por el enorme tour de force, el gran desafío que supone para un autor relatar una historia así, tan cercana y dolorosa, y convertirla en literatura, que funcione, supere elrechazo inicial dllector y sea un buen libro. Un reto al que se le da aquí una respuesta brillante, porque es un libro excepcional, que trata con mucho acierto un tema doble o triplemente tabú, que incluye la enfermedad y la muerte, la muerte de un niño y por añadidura, la pérdida de un hijo.

A pesar de que era una tragedia relaticamente frecuente en el pasado, cuando la tasa de mortalidad infantil era más elevada, creo que hay que remontarse a los griegos para tener ejemplos ampliamente conocidos de ese argumento tratado en toda su extensión. Después de eso, salvo alguna excepción que se me escapa y el «Mortal y rosa» de Francisco Umbral, que se cita en esta obra, el fallecimiento de un hijo es algo que no aparece en la literatura. De hecho, como señala del Molino, en español no hay una palabra para designar al progenitor que se queda «huérfano» de un hijo. «Huérfilo» es la palabra que se ha propuesto ahora, algún tiempo después de que este libro ha tenido cierto éxito. 

El autor ha dicho que precisamente por eso quería romper el tabú, hablar de su hijo y de su historia de amor con él, para no condenarlo a una segunda muerte simbólica de silencio y olvido. Un libro muy oportuno porque siempre duele menos lo que se nombra. Por añadidura, el resultado es muy bello, como decíamos, está plagado de referencias literarias, musicales y culturales, aborda con serenidad todo el calvario que tuvieron que pasar los padres de Pablo y nos ahorra el dramatismo del final con una elegante elipsis.

El título está basado en un poema de T. S. Eliot, «En la hora violeta, cuando los ojos y las espaldas se levantan del escritorio, cuando el motor humano espera como un taxi parado en marcha», en la que se habla de ese momento de espera pura al final del trabajo, cuando ya se sabe que nada se va a hacer y solo se aguarda a la hora de salir para empezar a vivir de verdad. El autor se ha sentido atrapado en ese momento, viendo progresar la enfermedad y sin poder hacer nada.

Un libro extraordinario, escrito con honestidad y mucho oficio, que ayuda a mirar de frente a una de las caras más tristes de la vida, pero es que ya sabemos que esconder lo poco agradable debajo de la alfombra y no querer verlo lo único que consigue es prepararnos poco para la vida y convertirlo en un gran problema. Una obra intensa, llena de belleza, literatura y ternura, dirigido, como dice Sergio del Molino, «a cualquier persona que haya sentido amor por alguien».

Sergio del Molino (Madrid, 1979), periodista y escritor, se hizo famoso con esta novela «La hora violeta», con la que ganó varios premios, como el Premio Tigre Juan 2013. En el 2016 dió la campanada con un ensayo brillante sobre la despoblación de la España interior: «La España vacía» y en el 2018 ganó el Premio Espasa de Ensayo con «Lugares fuera de sitio».

Ha sido reportero en el «Heraldo de Aragón» y actualmente colabora en varios diarios y revistas. Tiene un blog muy interesante, tuitea muy bien (véase @sergiodelmolino) y en este enlace os dejo una jugosa entrevista que le hizo el «Huffington Post».
Es uno de los periodistas más interesantes en ejercicio. Siempre resulta poco previsible, agudo, inteligente, sensible y cercano. Tiene además una especial habilidad para sacar a la luz temas que todos teníamos ante los ojos, pero que no habíamos visto.

Sergio del Molino

Publicado por Antonio F. Rodríguez.