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domingo, 2 de abril de 2017

La última entrevista de Roberto Bolaño


Por casualidad he encontrado en la red la última entrevista de Roberto Bolaño, que le hizo la periodista argentina Mónica Maristáin en el 2003 para la revista Playboy de México. Por aquel entonces Bolaño tenía 50 años y sabía que un cáncer de hígado incurable le estaba dejando muy pocas opciones.

Independientemente de esa circunstancia, o precisamente debido a ella, a que el escritor sabía que le quedaba poco tiempo y trataba de explimir cada minuto al máximo, es de verdad una entrevista formidable. El poeta chileno-mexicano está incisivo, irónico, inteligente, lleno de humor, provocador, tierno, apasionado hasta más alla de lo sensato y encantador. Bolaño en estado puro. ¡Queremos tanto a Bolaño!


Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 24 de octubre de 2015

Zen en el arte de escribir - Ray Bradbury


Título: Zen en el arte de escribir
Autor: Ray Bradbury
 
Páginas: 152
 
Editorial: Minotauro
 
Precio: 12,90 euros 
 

Año de edición: 2005

Este estupendo librito, que recomiendo ya a todo escritor aficionado, recopila once ensayos escritos entre 1973 y 1986 sobre el oficio, la pasión y el placer de escribir de uno de los mayores genios que ha dado el género de la ciencia ficción y, desde luego, uno de sus autores de mayor calidad literaria.

Aquí nos cuenta que disfruta de lo que hace y explica porqué y cómo, lo que convierte a este puñado de textos en una especie de biografía profesional del escritor. Aborda además temas tan interesantes como el problema de engatusar a las musas y darles algo cada día para que vuelvan a menudo, lo que encontró en México y en Irlanda, lo interesante que es dejar que el subconsciente escriba, cómo contar una historia sin herirla ni matarla, porqué hay que tratar a las ideas como a los gatos, el amor al trabajo o cómo parecerse a un monje budista cuando se escribe.

Como ya habréis adivinado, trata todas esas cosas y muchas más con ligereza, espíritu burlón, mucho sentido del humor y dando un auténtico recital de la más fina ironía. Porque esta obra es, entre otras cosas, una demostración de que Bradbury es un gran escritor porque tiene multitud de ideas interesantes y recursos de sobra para explotarlas al máximo. Parte de su encanto radica probablemente en que ha sabido conservar lo mejor del niño que fué.

Mi conclusión personal despues de leer este texto es que si quieres ser un buen escritor y triunfar, olvídate del triunfo y de tu ego, dedícate a escribir todos los días y trata de pasártelo bien, de descubrir el placer de la escritura. Si finalmente no te conviertes en una celebridad da igual, por lo menos serás feliz siendo escritor las veinticuatro horas del día, que parece algo mucho más importante.

El libro se cierra con un puñado de poesías sobre la creatividad que giran alrededor de las ideas expuestas a lo largo de los capítulos anteriores. En fin, una obra muy amena, llena de sabiduría y conocimiento sobre el noble arte de dedicar la vida y entregarla a escribir. Está agotada y solo se encuentra en bibliotecas, pero al menos de momento está disponible aquí.

Ray Bradbury

Ray Douglas Bradbury (Waukegan, 1920-2012), guionista, poeta y novelista estadounidense, está considerado uno de los maestros de la ciencia ficción. Creció y vivió toda su vida en California y desde muy pequeño fué un lector ávido y desaforado, que pasaba horas en las bibliotecas, y a la vez un escritor aficionado. No pudo ir a la universidad por falta de recursos económicos y se convirtió en un gran autodidacta. Su primer trabajo fué el de repartidor de periódicos y a los 20 años publicó sus primeros relatos en revistas del género.

Hay un asteroide, el número 9766, que se llama «Bradbury» en su honor. Como curiosidad, nunca se llegó a sacar el carnet de conducir.

Sus historias, a menudo más poéticas que científicas, suelen incluir una crítica de la sociedad y cultura actuales, siempre amenazados por un futuro tecnócrata que ahoga nuestros aspectos más humanos. Con un punto de provocación, Bradbury aborda en sus obras temas tan candentes y polémicos como el racismo, la censura o hacia dónde nos lleva la evolución tecnológica. Es uno de los escritores que ha sabido moverse en el terreno de la anticipación con más sentido e inteligencia, uno de los grandes.

Es ese hombre joven que se asoma al borde de un cuadro casi abstracto con una mirada soñadora y tierna, parapetada detrás de unas gruesas gafas de lector empedernido.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

jueves, 6 de junio de 2013

Antonio Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013



Antonio Muñoz Molina

Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) es el escritor que mejor ha expresado la voz de su generación, que es la mía. Él publica, negro sobre blanco, lo que me gustaría decir a mí, eso me convierte en receptor del premio por afiliación.

Como soy un ferviente lector suyo, es uno de mis compañeros de viaje en la vida. Con él he compartido muchos anhelos y obligaciones: como joven demócrata, empujar para que los españoles acabáramos con la dictadura, permanecer muy alerta ante los pronunciamientos salvapatrias y juzgarlos severamente para dejar patente su insensatez; como europeísta vocacional, colaborar en la modernización del país empapándonos del espíritu continental para que África no empezara en los Pirineos; como académico de la lengua, contribuir a su brillo limpiando desde el interior de la cocina; o como director del Instituto Cervantes, afanarse en la difusión del español, nada menos que en Nueva York, paradigma del cosmopolitismo y cuna de la modernidad, dejándose seducir por la ciudad igual que Lorca y disfrutando como un poeta de sus calles y sus gentes.

Ahí están sus artículos y colaboraciones en prensa, donde tanto da si escribe de un cuadro o de su pintor o de un museo entero si se tercia, de un compositor o de su música, de un escritor o de su obra, e incluso de un pensador, apenas conocido, pero con las ideas bien ensambladas. Siempre buscando argumentos que ayuden a cultivarse.

Se moja con ensayos tan comprometidos como «Todo lo que era sólido» donde expone, sin compadecerse ni de sí mismo, su testimonial visión de las iniquidades que se cometían delante de nuestras narices, pero que no supimos apreciar porque estábamos en éxtasis, subidos a la ola de un crecimiento desorbitado.

Guardo como oro en paño los podcasts de un curso suyo de cuatro lecciones, donde reflexiona sobre su oficio, hablando de los cuatro puntos cardinales de la ficción narrativa (la historia, el personaje, el estilo y el lector). Las dictó en la Fundación Juan March en enero de 1991, siguen conservando frescura y emanando saber. Tan accesibles que se pueden bajar de la página web de esa institución.

Su principal bagaje literario son esas extraordinarias novelas que justifican de sobra la obtención del premio que ayer le han concedido y que han sido y serán glosadas por reconocidas plumas y concienzudos analistas de su obra.

Por si le faltara algo, el tío va y se une a Elvira Lindo, quién seguramente constituye un esencial e imprescindible suplemento de su ser. Juntos conforman una sensibilidad hacia el mundo que les rodea, mediante la que despliegan un abanico de focos ante los acontecimientos que se cruzan en su camino. Y los demás tenemos la suerte de que su profesión sea contarnos lo que han visto, y hacerlo sin darse importancia.

Junto a Antonio y Elvira, toda su generación está de enhorabuena.

¡Y en el horizonte, inexorablemente, cada día más cerca, el Nobel! 

Publicado por Adolfo Pérez.