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domingo, 7 de agosto de 2022

El recordman mundial de lanzamiento de jabalina

 
Todo el mundo sabe que el auténtico recordman mundial de lanzamiento de jabalina es el español Miguel de la Quadra-Salcedo, el de la foto de más arriba, pero vamos a resumir aquí algunos detalles de esa hazaña, porque no son muy conocidos, junto a otros aspectos de su biografía que vale la pena recordar.

Miguel de la Quadra-Salcedo (Madrid, 1932-2016) fue un aventurero de pies a cabeza. Aunque nacido en la capital, él siempre sostuvo que era vasco-navarro. Su familia se trasladó a Pamplona cuando tenía cinco años y estudió con los jesuitas en Tudela. Se hizo perito agrícola, pero muy pronto destacó como atleta. 
 
Era un hombretón que medía 1,80 m, pesaba 90 kilos y tenía aspecto de Hércules. Fué campeón de España de lanzamiento de peso, martillo y disco, y participó en 18 competiciones internacionales. También practicó los cien metros lisos, el waterpolo, la halterofilia, el bobsleigh, la lucha grecorromana, el ciclismo, el rugby y unos cuantos deportes más. Pero donde dio la campanada fue en el lanzamiento de jabalina. 

Investigó el método vasco de lanzamiento de barra (palanka en euskera) y lo probó con la jabalina olímpica: se moja la jabalina en agua jabonosa, el lanzador gira varias veces y la lanza aprovechando la fuerza centrífuga, como se hace con el disco y el peso, dejándola resbalar en el hueco de la mano. Aquí puede verse un vídeo demostrativo.
 

En 1956, De la Quadra lanzaba ya más de 80 m y en poco tiempo vió que superaba los 100 m con facilidad, cuando el récord mundial lo había dejado el polaco Janusz Sidlo en 83,66 m. La noticia corrió como la pólvora y la prensa internacional difundió la noticia de la mejor marca conseguida por el español lanzando a la vasca, unos siderales 112,30 m que pulverizaban todos los registros. La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) modificó el reglamento ad hoc, argumentando que tanto giro hacía que el lanzamiento fuera peligroso. El lanzador no podía dar la espalda a la dirección de lanzamiento. Los lanzadores vascos modificaron entonces la técnica y sortearon el problema. Con esa modificación, Miguel alcanzó en un encuentro en Puerto Rico un nuevo récord absoluto: 91,80 m. Pero la IAAF modificó de nuevo el reglamento a posteriori: la punta de la jabalina tampoco podía mirar hacia atrás. Lo aplicó por segunda vez con efectos retroactivos y anuló la marca.

Por dos veces, la federación hizo algo inaudito y claramente injusto. A Dick Fosbury no le quitaron su medalla ni su récord por emplear una técnica nueva de salto de altura. Y los dos argumentos con que trataron de justificar el atropello eran bastante débiles: si la nueva técnica era peligrosa, podría utilizarse una jaula, como en disco, peso o martillo, con una abertura que controlase la dirección de lanzamiento. Y si el problema eran las distancias que se alcanzaban, ya se había aplicado una solución en 1984 en un caso similar, cuando el noruego Uwe Hohn lanzó 104,80 m. Los estadios se quedaron pequeños y se decidió adelantar el centro de gravedad de la jabalina hasta más cerca de la punta para que cayera al suelo antes. El récord se reinicializó y pasó a ser de 85,74 m.

A pesar de todo, Miguel viajó a la olimpiada de Roma 1960 hizo el viaje con su hermano en Vespa desde España, porque lo suyo era la aventura— y una vez allí realizó varias exhibiciones con otros lanzadores, trató de argumentar a favor de la nueva técnica y se dio el gustazo de participar en la competición oficial y dejar en ridídiculo al resto de participantes con sus marcas, aunque ni siquiera las midieron y le dieron los tres lanzamientos nulos.

Después de su aventura olímpica, nuestro intrépido protagonista se hizo reportero de Televisión Española y cubrió la Crisis del Congo (1964) donde estuvo condenado a muerte por filmar el fusilamiento de 300 prisioneros—, la muerte del Che Guevara (1967), la guerra de Nigeria (1970), el golpe de Estado de Pinochet (1973), la Guerra de Vietnam (1974) y muchos otros sucesos históricos. Entrevistó a personalidades como el Dalai Lama, con quien se hizo una foto que le sirvió como salvoconducto por media Asia durante mucho tiempo, o el al dictador etíope Haile Selassie, a quien al colocarle el micro, tocó sin querer, un acto penado con la muerte, pero él se libró.

En un viaje a la Isla de Pascua se dedicó a divulgar alí  la práctica de deporte y consiguió un contrato del Gobierno de Chile como promotor del atletismo en la isla durante un año. Fue después contratado como etnobotánico por el Gobierno de Colombia y estuvo tres años de misión en la selva amazónica, un entorno que le fascinó. Allí es donde fue atacado por una anaconda gigante, a la que tuvo que estrangular, momento ue quedó inmortalizado por el fotógrafo de la expedición.

Miguel de la Quadra-Salcedo luchando con la anaconda

La Amazonía le enganchó y estuvo por allí varios años trabajando como guía de expediciones de todo tipo. En cierta ocasión entró en contacto con una tribu que no se mostró muy amistosa, hasta que les pidió una lanza y la lanzó hasta el otro lado del río, algo que ellos nunca habían conseguido. Quedaron entusiasmados y todos querían un pelo de su bigote como amuleto. En otra ocasión se quedó sin dinero para el billete de avión de regreso y tuvo que convertirse en guía para turistas anglosajones deseosos de conocer tribus amazónicas poco contactadas. En esas lides, ocurrió que algún turista de pantalón corto floreado se comportó con cierta grosería con una etnia bastante belicosa y los secuestraron a todos. Miguel exigió que les dejasen marchar y el jefe de la tribu le puso dos pruebas: luchar contra el guerrero más fornido de la tribu eso fue fácil para un campeón de lucha grecorromana y sumergirse en una poza infestada de pirañas. Según cuenta él mismo, esto último fue lo más peliagudo. Tuvo que revisarse todo el cuerpo para comprobar que no tenía ninguna herida, porque la sangre del más mínimo rasguño atraería a las pirañas y le devorarían completamente en pocos minutos. Tuvo suerte y, una vez más, pasó la prueba.

Después de mil aventuras y cuando la edad ya no le permitía tantas alegrías físicas, se dedicó a organizar y facilitar aventuras para los demás. Fundó y coordinó el programa Aventura 92, luego llamado Ruta Quetzal y Ruta BBVA, declarado de Interés Universal por la Unesco y consistente en intercambios entre jóvenes de 58 países para poder realizar viajes de estudios geográficos, históricos y medioambientales por América Latina. En sus 37 años de existencia ha becado a más de 7000 jóvenes y ha sido un modelo de formación interdisciplinar e intercambio cultural.

En fin, un personaje inolvidable y encantador, probablemente el último gran aventurero y un hombre de talento, porque además de todas las actividades que realizó, tuvo tiempo de casarse y tener tres hijos. Un tipo estupendo.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 22 de enero de 2022

La vida de Lilí Álvarez, The Señorita

Lilí Álvarez

Cuando se habla de pioneros del tenis español, todos nos acordamos del genial Manolo Santana, el chico de la muñeca prodigiosa, que lamentablemente ha fallecido el 11 de diciembre a los 83 años. Pero pocos recuerdan a Lilí Álvarez (Roma, 1905-1998), cuya vida da para una buena novela. Periodista, escritora, polideportista practicaba navegación, billar, automovilismo, alpinismo, equitación, ciclismo, patinaje sobre hielo y esgrima, y todo lo hacía bien— y tenista de élite, que ganó 16 torneos, fue número dos mundial, finalista en Wimbledon tres veces y campeona dos veces en Roland Garros en la modalidad de dobles.
 
Conocida como The Señorita, fue además, la primera española en participar en unas olimpiadas, introdujo el uso de la falda-pantalón en el tenis, publicó varios libros y mantuvo una estrecha amistad con Carmen Laforet.
 
He encontrado este vídeo, en el que su familiar Jaime López-Chicheri nos cuenta su vida de manera muy amena y elegante. Vale la pena escuchar su voz.
 

Una mujer de carácter, muy independiente y polifacética, que tuvo en nuestro país, un reconocimiento escaso y tardío.

Lilí Álvarez
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 14 de abril de 2018

De la Vuelta a la Luna


A menudo parece que la vida supera a la ficción, como ocurre en el caso de la vida de Gustaaf Deloor (De Klinge, 1920-2002), ese mocetón que nos sonríe desde la vitalidad de su juventud.

Corrían los años 30, era un ciclista belga profesional que ganó primera edición de la Vuelta Ciclista a España en 1935, cuando el líder vestía de color naranja y los corredores llevaban tubulares en bandolera por si pinchaban. Ganó la Vuelta también al año siguiente, en 1936, manteniendo el liderato durante todas las etapas. Luego vino un parón en esa competición de cuatro años debido a la Guerra Civil Española, durante los cuales Deloor ganó otras pruebas y una etapa del Tour de Francia

La Segunda Guerra Mundial interrumpió su carrera y fué hecho prisionero por los alemanes. Cuando acabó la contienda, emigró a Estados Unidos y empezó a trabajar como mecánico. Pronto destacó por la finura y la calidad de sus trabajos, hasta el punto de que consiguió un puesto de trabajo en una empresa que trabajaba para la NASA.

Ahora viene lo curioso y es que él fué el mecánico principal que produjo y ajustó artesanalmente los 16 motores de propulsión R-4D del módulo auxiliar y el módulo lunar de la misión Apolo XI, la que llevó por primera vez el hombre a la luna.

https://en.wikipedia.org/wiki/R-4D
El motor de propulsión R-4D

Según se decía en su trabajo, no es que Gustaaf fuera un buen mecánico, es que era el mejor. Finalmente vio la llegada de Neil Armstrong a nuestro satélite en su Bélgica natal, durante unas vacaciones en las que fué a ver su hermano, también ciclista.

Un vida curiosísima que relata JuanFran de la Cruz en un libro que acaba de publicarse, titulado «Gustaaf Deloor. De la Tierra a la Luna», que entre otras cosas nos recuerda que en cada gran hazaña suele haber un gran número de personas extraordinarias detrás que la hacen posible haciendo bien su trabajo de manera callada y anónima.

 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.