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sábado, 4 de enero de 2025

La invencible María Teresa Mora

María Teresa Mora Iturralde

María Teresa Mora Iturralde (La Habana, 1902-1980) fue una mujer con un talento descomunal, un verdadero prodigio del ajedrez, ninguneada en su época y hoy en día, bastante olvidada.

Fue niña prodigio en varios campos, como literatura, música y ajedrez. Fue una violinista destacada, que brilló como concertista. Su padre le enseñó a jugar al ajedrez y muy pronto vio que jugaba de maravilla. Con once años ganó su primer campeonato de ajedrez en el Club de Ajedrez de la Habana, a los 13 obtuvo el primer premio en el Campeonato Intercolegial de La Habana y a los 20 años arrasó a todos sus oponentes masculinos en el Campeonato Nacional de Cuba, entonces llamado Copa Dewar y se coronó como campeona nacional. 

Poco después se enfrentó al campeón de Washington, Edward Everett, al que derrotó con tres victorias, una derrota y tres tablas. También salió victoriosa de sus partidas contra el gran Capablanca, de la que había sido discípula de hecho, fue la única persona a la que enseñó el gran genio cubano con dos victorias y unas tablas, las tres en partidas simultáneas. Se recuerda que exclamó «¡Ay, qué pena! Le he ganado». Obtuvo el título de Maestra Internacional, pero no le permitieron participar en campeonatos masculinos internacionales. Se mantuvo como campeona femenina de Cuba desde 1938 hasta que se retiró en 1960. Se licenció en Filosofía y Letras y se dedicó toda su vida a la enseñanza.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

domingo, 28 de agosto de 2022

El ajedrecista que se jugó la vida en una partida

Ossip Bernstein en 1946

El ajedrez simula la guerra y también la lucha del ser humano con la muerte. Una partida es una metáfora de una batalla. Dos ejércitos se enfrentan con sus armas en el tablero y el objetivo es matar al rey enemigo y que no le maten a uno. Curiosamente, un gran ajedrecista se jugó en una ocasión su vida en una partida y este es su historia.
 
Se llamaba Ossip Samoilovitch Bernstein y nació en 1882 en Zhitómir, una ciudad ucraniana que entonces pertenecía a la Rusia imperial, en el seno de una familia de comerciantes judíos adinerados. Como tenían possibles, enviaron al joven Ossip a estudiar Derecho a Alemania, donde pudo graduarse y hacer el doctorado entre las Universidades de Berlín y Leipzig. Para entonces era ya un jugador temible, que había ganado a los 20 años el torneo de Berlín, había quedado segundo en el de Hannover, solo por detrás del gran maestro Walter John, y se codeaba con los mejores ajedrecistas del mundo.
 
Acabada la carrera, volvió a su patria, ejerció la profesión de abogado, no sabemos si ganaba más partidas que pleitos y en 1911 ganó el campeonato Ciudad de Moscú. Estaba en su mejor momento. Viajó a San Sebastián para participar en el torneo de esa ciudad, uno de los más prestigiosos, y allí encontró la horma de su zapato: un joven jugador cubano desconocido, de 23 años, le eliminó en la primera ronda. Era Raúl Capablanca, que luego ganaría el campeonato. Bernstein se enfrentó a él otras cuatro veces a lo largo de su vida, con tres derrotas y unas tablas. No llegó a ser una primera figura mundial, pero estuvo mucho tiempo entre los diez mejores jugadores del mundo, desde 1903 hasta 1914 y probablemente se hubiera mantenido a ese nivel más tiempo si no hubiese sido por la Primera Guerra Mundial y por la Revolución rusa.
 
Los judíos habían sufrido un ambiente claramente antisemita durante el zarismo y, después de un breve paréntesis de igualitarismo comunista, el nuevo régimen, laico y antirreligioso, volvió a perseguirles y a hacerles la vida imposible. A partir de 1918, las confiscaciones de bienes, los traslados obligatorios y los pogromos se hicieron cada vez más frecuentes. Además, Bernstein había perdido su fortuna en la Revolución bolchevique
 
En ese contexto, nuestro ajedrecista salió de viaje de Kiev a Odessa y en el camino le detuvo la Comisión Extraordinaria para toda Rusia, conocida como la Cheka, policía secreta encargada de eliminar elementos antirrevolucionarios. Le identificaron y en cuanto vieron que era un abogado financiero de grandes empresas, decidieron fusilarle. Pero, casualidades de la vida, había por allí un oficial aficionado al ajedrez que reconoció su nombre en la lista de condenados. Le preguntó si era el famoso campeón y Bernstein contestó que sí, por supuesto. Pero el oficial temía equivocarse y decidió retarle a una partida a vida o muerte. Si era el gran maestro, le ganaría con facilidad y salvaría su vida. El pobre Ossip, a pesar de los nervios, le ganó en pocos movimientos, obtuvo la libertad y aprovechó para huir a París.
 
Bernstein tuvo ocasión de amasar dos fortunas y de perderlas arruinándose dos veces: una debido al crack de 1929 y otra en 1939, como consecuencia de la invasión nazi de Francia. Huyó a España en 1940, le detuvo la Guardia Civil, le dió una ataque al corazón... al pobre le pasaba de todo, pero consiguió que le dejasen tranquilo en Barcelona, donde vvió hasta que acabó la guerra. Entonces volvió a París, reflotó sus finanzas, retomó el ajedrez y participó en varios torneos de manera brillante. Por ejemplo, en 1954, con 72 años, participó en Montevideo en el Gran Torneo Internacional de la Unesco, quedó segundo, por delante del gran Miguel Najdorf y solo cedió ante el campeón, el chileno René Letelier.
 
Tuvo un segundo infarto y falleció poco después en  París, en 1962, mientras dormía. Tenía 80 años. Es la asombrosa historia de un jugador de ajedrez incombustible, que se enriqueció y se arruinó tres veces, y que se mantuvo en un nivel ajedrecístico estratosférico prácticamente toda su vida. Pero lo más curioso es que un día, tuvo que jugarse la vida en una partida.
 
Por último, una curiosidad. Su nombre, Bernstein, significa «ámbar» en alemán. La resistente resina fósil que conserva reliquias del pasado.
 
Ossip Bernstein jugan una partida simultánea contra 60 jugadores en 1927
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

martes, 5 de enero de 2021

Gambito de reina - Walter Tevis

  

Título: Gambito de reina                                                                                                    Autor: Walter Tevis

Páginas: 336
 
Editorial: Alamut
 
Precio: 25,95 euros  

Año de edición: 2018

Bueno, pues siguiendo con la costumbre de ver primero una película o una serie y después leer el libro en el que se basa (no recomiendo hacerlo al revés, el resultado suele ser peor), después de devorar a velocidad de récord la miniserie de Netflix titulada «Gambito de dama», de siete capítulos, he hecho lo mismo con la novela.

Se trata de la historia de una niña huérfana, que resulta ser un prodigio precoz del ajedrez y tiene que lidiar con algunos problemas de personalidad y su adicción al alcohol y las pastillas. El tema de las adicciones y cómo controlarlas y superarlas no es de los más tratados en literatura y ese es uno de los aspectos más interesantes del libro. El otro es, por supuesto, el ajedrez. La belleza de un juego tan profundo queda bien retratada de manera indirecta a lo largo de toda la narración.

Lo primero que me ha llamado la atención es que la serie de televisión sigue escrupulosamente todo lo narrado en el libro. La narración es muy cinematográfica y en la adaptación se ha aprovechado eso. Lo segundo, que el mundillo del ajedrez, el ambiente entre grandes maestros y todo lo que rodea el juego está tan bien reflejado como en la producción televisiva.

El libro se lee muy bien y parece que la narración sigue a grandes rasgos, por un lado, la biografía del autor, que aprendió a jugar al ajedrez siendo muy pequeño, y por otro, algunos detalles de la vida de Bobby Fischer, el único jugador que fué capaz de ganar a los grandes campeones rusos en la era moderna. 

Una novela muy amena, interesante y apropiada para despertar la afición por el deporte de las 64 casillas. La verdad es que todos deberían aprender a jugar y practicarlo poco a poco desde niños. Favorece el desarrollo de varias actividades mentales, especialmente la concentración, tan deteriorada últimamente por el uso de internet y los teléfonos inteligentes.

He leído la edición publicada hace dos años por Alamut Ediciones, pero Alfaguara va a publicar otra edición, que está previsto que esté en las librerías el próximo 21 de diciembre. En ambos casos, la traducción es de Rafael Marín Trechera (Cádiz, 1959), un profesor de inglés, escritor, traductor, crítico de ciencia ficción y guionista de cómics. La traducción de la edición de Alfaguara es claramente mejor que la de Alamut, así que, si os interesa el libro, os recomiendo que esperéis un par de semanas para poder comprarla. Es preferible. Aquí podéis leer las primeras páginas.

Portada de la edición de Alfaguara, prevista para el 21 de enero

Walter Tevis (San Francisco, 1928-1984) fué un escritor estadounidense, cuyas novelas han sido llevadas al cine varias veces, con éxito. Fué abandonado cuando tenía diez años por sus padres, una madre castradora y un padre alcohólico, que se fueron a Kentucky porque les habían otorgado unas tierras, mientras él se recuperaba en una clínica de una enfermedad reumática y del corazón durante un año.

Aprendió a jugar al ajedrez a los siete años y algunos años más tarde, al billar con su amigo Toby Kavanaugh, que llegaría a tener su propia sala de billar. Allí Tevis captó muchos detalles de los jugadores de billar que luego emplearía en sus novelas.

A los diecisiete años y al final de la Segunda Guerra Mundial, sirvió en la marina estadounidense. Estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Kentucky y dió clases, primero de Lengua, Ciencias y Gimnasia en escuelas de suburbios y, después, de Literatura Inglesa y Creatividad literaria en las universidades de Norte de Kentucky, Kentucky, Estatal Sur de Connecticut y Ohio.

Nos dejó más de veinte relatos y seis novelas, de las que «El buscavidas», «El color del dinero» y «Gambito de dama» han sido llevadas con éxito al cine. Era adicto al fenobarbital (que le comenzaros a administrar a los diez años), al alcohol, al ajedrez y al billar. Así que hay mucho de su biografía en esta novela.

Walter Tevis

Publicado por Antonio F. Rodríguez.