Cuando uno comienza a leer una novela de
Stephen King siente la tentación inevitable de acomodar la mente a sufrir
sobresaltos y terrores inoportunos, arte este de provocar sustos en el que el
autor norteamericano es un maestro reconocido. Sin embargo, King siempre ha
demostrado dominar registros más amplios, con una altura literaria que a
ciertos críticos miopes les cuesta reconocer, y con una calidad sobresaliente
para entretener creando tramas y caracteres reconocibles. Es el caso de Billy Summers, un thriller protagonizado por el homónimo asesino a sueldo del
título, que acepta un último trabajo. Ya sabemos cómo suele terminar el último
trabajo de ladrones y asesinos en el cine y la literatura. Billy Summers,
consumado lector, también lo sabe, pero el salario a percibir es notoriamente
más alto que en ocasiones anteriores y decide que va a aceptarlo.
Alguien está muy interesado en que un
homicida y maltratador, que va a comparecer en el plazo de unos meses en el
juzgado de una gris localidad del medio oeste, reciba un disparo en la cabeza mientras
sube las escaleras del tribunal. Nada digno de reseñar ha sucedido ni sucede en
esa pequeña ciudad. Un vecino nuevo, un escritor con un compromiso editorial
que satisfacer, se traslada allí para
trabajar en su próxima novela sin las distracciones del alcohol y las drogas
que le confunden habitualmente. La tapadera es perfecta. El contratista de
Billy Summers ha preparado la huida. Un magnate local con problemas de deudas
facilita el arma de precisión. Un equipo creará distracciones pirotécnicas para
desorientar la atención de los testigos, medios de comunicación y fuerzas del
orden que presenciarán el trabajo de Billy Summers. Nada parece que pueda
fallar y todo resulta casi perfecto en el planteamiento.
Pero Billy Summers, antiguo fusilero de
élite en la guerra de Irak, desconfía desde el principio. En primer lugar, es un experto en realizar el trabajo y desaparecer. No necesita que lo
ayuden. ¿Por qué quieren hacerlo esta vez? En segundo lugar, la víctima parece
un don nadie. Cumple el principal requisito de Summers, ser alguien malo, pero
pagan demasiado dinero por un tipo prescindible y sin aparente relevancia.
¿Quién financia realmente la operación? ¿Qué sabe o qué guarda la víctima para
precisar una limpieza de Billy Summers, profesional de alto nivel en su
trabajo? Todo huele mal en este trabajo y el protagonista trata de concentrarse en el premio, quiere engañarse a sí mismo. Aunque
solo hasta cierto punto. Porque, en paralelo, lleva a cabo una serie de
movimientos, a espaldas del contratista, que indican que nuestro protagonista
no se fía.
A mitad de novela se produce un giro
argumental (mejor no desvelar nada) que convierte a Billy
Summers en una novela nueva, quizás más interesante incluso. Una road
movie de venganza, amistad y búsqueda de redención. Stephen King consigue
llevarte en volandas hasta el final del libro. Consciente de los fallos de la
historia, pero indiferente a ello de todas formas, suspendiendo la incredulidad
para dejar que la narración te devore y te ofrezca ese oasis de distraída
amenidad que King consigue en sus obras.
Y es que la novela flojea en algunos
puntos. El bueno de Summers finge ser un poco lento (el «lado tonto») lo llama
él, que no acaba de convencer del todo. Los demás piensan que es un buen
ejecutor, pero limitado de inteligencia, lo que le hace ser un candidato
perfecto para prescindir de él después del trabajo. Resulta complicado, como
lector o lectora, transigir con ello. Si Billy Summers es notoriamente
habilidoso para escapar y borrar sus huellas tras un trabajo, como reconoce el
contratista en repetidas ocasiones, ¿cómo casa esto con su imagen de tonto? No
se esfuercen: mal. No me creo el lado tonto de alguien que ejecuta un asesinato
y planea con exactitud su huida. Tan tonto no es. Jugársela no debería ser tan
fácil como los villanos suponen. Por otro lado, nuestro hombre asume cierta
ingenuidad, poco creíble, a la hora de seleccionar sus trabajos. Sólo mata a
hombres malos, pero esta afirmación es, en sí misma, un oxímoron tan atronador
como un silencio. ¿Mata sólo hombres malos? ¿Y él es bueno por ello? King no
rehúye esta reflexión sobre la cualidad moral de Billy Summers, pero tengo la
sensación de que no acaba de resolverla. Quizás, bastaría con no ahondar en
ello ni querer convencernos de la bondad de Billy.
Dicho lo anterior, no debe quedar en la
retina cerebral que Billy Summers es una mala novela. Todo lo contrario. Cumple
con su cometido de hacer pasar un rato agradable con su certero retrato de la
clase media americana, emocionante en sus escenas de acción, desasosegante por
momentos, antibelicista en muchas de sus crudas descripciones... Billy Summers es una de las grandes novelas de Stephen King, una obra con la que
confirmamos que el maestro, pese a su edad, sigue manteniendo el pulso firme y todo su
talento.
Stephen King
Stephen Edwin King nació el 21 de septiembre de 1947 en Portland, Maine. De ascendencia
irlandesa-escocesa, su infancia fue difícil; su padre abandonó a la familia
cuando él tenía dos años, y su madre lo crio a él y a su hermano en condiciones
económicas precarias. Desde muy joven mostró interés por la
escritura, y tras graduarse en 1970 con una licenciatura en inglés por la
Universidad de Maine, trabajó como profesor y en una lavandería industrial para
mantenerse.
Su gran oportunidad llegó cuando su
esposa, Tabitha Spruce (con quien se casó en 1971), rescató los primeros
borradores de su novela Carrie de la papelera y lo
animó a terminarla. Publicada en 1974, fue todo un
éxito y le permitió dedicarse a la escritura a tiempo completo. Conocido como
el «Rey del Terror», ha publicado más de sesenta libros, que han vendido
más de 400 millones de copias en todo el mundo, explorando no sólo el terror,
sino también el suspense, la ciencia ficción y la fantasía.
Algunas de sus obras más emblemáticas
son El resplandor, It, La larga marcha, la saga de libros de La torre oscura y La milla verde.
Muchas de sus novelas y relatos han sido llevados al cine y la
televisión.