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lunes, 22 de junio de 2026

El ejército ciego - David Toscana

Título: El ejército ciego
Autor: David Toscana
 
Páginas: 229
 
Editorial: Alfaguara
  
Precio: 19,90 euros 
 
Año de edición: 2026

¿Cuál es la magia que supone la pulsión creativa? ¿Quiénes los señalados para lograrla? ¿Cuántas vivencias escuchadas, historias leídas, museos visitados, conversaciones compartidas? Y, sin embargo, allí están los relatos esperando ser contados, anhelando ser conocidos en toda su crueldad, su furia, su ignominia.

En el peregrinar de nuestro gran escritor mexicano David Toscana, descubre un hecho histórico; la batalla de Klyuch en el año 1014, en plena Edad Media, entre Basilio, emperador de Constantinopla, y el zar Samuel, señor del pueblo búlgaro. Ellos se habían enfrentado en varias ocasiones y habían generado una repulsa personal, indigna de sus cargos. Después de la batalla, perdida por los búlgaros, Basilio concibe la mayor afrenta para su rival: decide que los quince mil soldados tomados presos deben ser cegados y, para que puedan retornar a casa, por cada cien ciegos, dejará a un hombre tuerto para orientar la marcha.

Simplemente de escuchar el castigo, nos horrorizamos; sin embargo, nos llenamos de vergüenza al reconocer que hoy, diez siglos después, los seres humanos somos capaces de atroces fechorías tan indignas como aquéllas.

Toscana es un escritor meticuloso, cuyo proceso de escritura está sustentado siempre en investigaciones cuidadosas, en reflexiones profundamente humanas y en una disciplina creativa encomiable. Es así que al conocer el hecho se preguntó quién o quiénes habían reseñado tan terrible suceso; su sorpresa fue mayor al descubrir que, si bien el hecho histórico está constatado en los documentos de la época, ningún historiador o novelista lo ha tomado como punto de partida para escribir alguna obra.

Es allí precisamente donde la genialidad del artista ve una posibilidad única: dar voz a esos hombres mutilados y por la gracia de un discurso benevolente, permitirles recuperar la honra y su linaje. La novela, bien sustentada, nos permite conocer y comprender los campos de batalla de la época, las formaciones de los soldados, las prácticas militares y la vida sencilla de los hombres y sus villas. 

Como una forma de acercarnos más al relato original, decide numerar los 62 capítulos de la novela con los caracteres del alfabeto glagolítico búlgaro, que consta de 40 caracteres, cuyas letras también representan valores. Es un gesto más de su dedicada manera de construir una historia.

Lo más importante, lo que hace de esta una obra de arte merecedora de reconocimientos, sobre todo lo que invita su lectura, es el profundo sentido de humanidad, su convicción de que la vida de esos hombres merece ser contada.

El autor convierte una historia de horror en una narración alegre, esperanzadora y entrañable donde los ciegos son sujetos concretos con sueños e ilusiones, capacidades y lo más significativo, redención y dignidad. En lugar de solazarse con el relato terrible y necesario de la práctica de maese Zósimo, maestro sacaojos, de quien dice pertenece a «una casta distinta de los torturadores o verdugos, pues su propósito no es matar ni hacer sufrir, aunque siempre hagan sufrir y a veces terminen matando»; decide nombrarlos y con ello les regala un destino.

La novela entonces se convierte en el relato que recupera el sentido de la vida para esos hombres, al darles voz los construye, al nombrarlos los invita a ser eternos. No hay aquí preeminencia ni rango, son seres humanos concretos generosos o malvados; dedicados a sus oficios, soñadores o simples mortales en el día a día de sus pequeñas vidas que de pronto se llenan de sentido y trascendencia.

Desde Prémeld que fabricaba muñecas: Kozaro, el escriba; Timotéi, un titiritero improvisado; el Numerista, que se dedicaba a contar y precisar números y eventos; Aleksi, el que no supo volver a casa; Igorón, el gigante valiente y ligero que se convirtió en el estandarte de ese ejército; Apóstol, el espantapájaros ciego de varias plantaciones; Milko, uno de los que recibieron sus ojos y los cuidaron hasta su regreso a casa; el panadero Nikifot, hermano de la mujer de  Misho, «el de los rojos cabellos, que fue a la guerra, huyó del campo de batalla y volvió vivo y con ambos ojos a terminar lo que no había comenzado»; Radislov, el aprendiz de herrero, que soñaba con hacer la espada más imponente de su tiempo, y de cuya fragua saldría, decía él la espada del arcángel Miguel; Súndok, el lector; Yanko, el  arquero; Bromo, el criador de puercos; Todor y Seráfim, los hermanos que volvieron a su casa como ciego y tuerto; el judío Moskono, artesano de la cerámica, y muchos más.

Uno de los relatos más bellos del libro es el del capítulo 19, en el que se narra la marcha de ese extraño grupo de valientes: «No hace falta tener ojos para relatar que andábamos, extendíamos y pisábamos. De haberlos tenido, me pondría a describir los palacios de aquella ciudad, la muralla, los rostros de la gente; hablaría del color de sus vestidos, de una mujer adornada […] Por eso, en vez de entretenerlos con un largo discurso sobre esa primera vez que marchamos sin ojos, apenas les diré que andábamos con pasos cortos, extendíamos los brazos y nos pisábamos los talones».

Solo queda disfrutar de la novela: «Voy a narrar lo que no vi para que lo vea quien me escuche».  Una fábula gozosa que nos descubre la creación literaria, nos invita a conocer la obra de un gran escritor y soñar, gozar, comprender que la literatura nos regala mundos, espacios, personas y la posibilidad de lo infinito.

David Toscana
 
Publicado por María Antonieta Canseco. 

lunes, 25 de mayo de 2026

Marco Aurelio y los límites del imperio - Pablo Montoya

Título: Marco Aurelio y los límites del imperio
Autor: Pablo Montoya
 
Páginas: 304
 
Editorial: Random House
  
Precio: 20,90 euros 
 
Año de edición: 2024

¿Por qué nos interesa comentar un libro que nos acerca a un personaje del siglo dos de nuestra era? ¿Qué puede ser tan importante que valga la pena ser reseñado en plena época del reinado de la tecnología, la inteligencia artificial, el populismo insano, las guerras recurrentes y la incapacidad del ser humano para labrarse un destino?

La excepcionalidad del sujeto, la enorme sensibilidad, la pasión con que acometía todos sus encargos, la capacidad de reflexión, su prudencia y discernimiento. Su infinita paciencia para comprender la volubilidad humana, su capacidad de observación, su sentido de responsabilidad y su comprensión de lo humano como responsabilidad comunitaria.

Un hombre educado desde el poder para acometer la tarea más importante en su momento, la supervivencia del gran imperio que fue considerado el paradigma de la sociedad civilizada. Consciente de su encargo, educado por un preceptor griego; inició desde joven la escritura de reflexiones y sentencias para orientar la acción. No simplemente un diario, sino un examen de conciencia destinado a sí mismo para asumirse como emperador y servidor; hombre justo y disciplinado, solidario, estudioso y analítico.

Un hombre distinto, que despreciaba el juego, las carreras de caballos y las peleas de gladiadores; que ignoraba los placeres de la mesa y de la carne; sin inclinación vana a los deleites elementales y un profundo admirador de la sabiduría, la mesura, la virtud y la guía de la razón.

Marco Aurelio gobernó durante casi veinte años y durante ese tiempo su mayor preocupación fue vigilar los límites del Imperio romano, cuidarse de las «invasiones bárbaras», en aquél tiempo las tribus germánicas que se encontraban al margen del Danubio. ¿Quiénes eran los bárbaros? Todos aquellos pueblos que no hablaban ni el griego ni el latín, y que atraídos por la grandeza del imperio invadían los territorios civilizados porque carecían de cultura y conocimientos sobre la agricultura, el uso del hierro y las letras.

El mayor logro del colombiano Pablo Montoya (Barrancabermeja, 1963)es haber realizado una investigación exhaustiva sobre ese periodo histórico, haber leído concienzudamente las Meditaciones de Marco Aurelio, libro que llegó en el siglo X de nuestra era a Aretas, arzobispo de Cesarea, en Capadocia, hoy Turquía, antiguo Imperio bizantino, que recibió un viejo libro muy deteriorado, del que en seguida, se sacó una copia. Los investigadores señalan que dicha copia se ha perdido, pero es muy probable que ése sea el origen de la traducción manuscrita de nuestras ediciones modernas. La primera edición impresa es la de Zúrich (1558-59) hecha por Andrea Gesner, el texto de esa edición se basa en un manuscrito palatino. El otro importante manuscrito del que se habla es el Codex Vaticanus Graecus (1950), que contiene las Meditaciones en una copia de finales del siglo XIV al XV. Cabe la pena señalar que en Cambridge apareció en 1652 la edición del texto griego con una nueva traducción latina y que, en el caso de nuestro idioma español, fue Fray Antonio de Guevara el responsable de darlo a conocer en el siglo XVI, a través de su Libro Áureo de Marco Aurelio, impreso por vez primera en Sevilla en 1528. Desde entonces, ha sido traducido a todos los idiomas europeos, doce libretas escritas en griego, redactadas en el día a día del emperador. Disculpen esta breve digresión, absolutamente necesaria para enfatizar el esfuerzo de Pablo Montoya por hacer accesible a los lectores del siglo XXI esta obra extraordinaria.

Cuatro años de dedicación al hombre y su época, al entorno histórico, las filosofías en boga, enfatizadas desde luego en la escuela de los Estoicos, permiten a Montoya escribir una novela coral, donde presenta un personaje polifacético con sus infinitas posibilidades: estadista, filósofo, militar, humanista y sobre todo un sensible poeta capaz de agradecer y disfrutar los sencillos regalos de la vida y la naturaleza.

Tiempos aciagos y de crisis: la peste, las invasiones bárbaras, las disputas locales, las conjuras de los cercanos, los riesgos del poder, las traiciones de los incondicionales y las ambiciones de los menos capacitados… no deja de ser significativo que un hombre especialmente dotado para la reflexión, el análisis y la impartición de justicia haya tenido que dedicar gran parte de su esfuerzo a la guerra, las armas y la defensa de su cargo aún frente a sus coetáneos.

Leer esta novela nos acerca a ese momento histórico, nos permite reflexionar sobre el poder, la compasión, el dolor, la muerte y especialmente, la gratitud. Es significativo su análisis de un gobernante sensato, una cualidad de la que carecen la mayoría de los actuales dirigentes en el mundo. La estatura moral del Marco Aurelio que retrata invita a conocer más de su persona y su obra, por ello no dudo que muchos de los lectores se sentirán atraídos por conocer las Meditaciones.

Les invito a descubrir junto a Pablo Montoya un Marco Aurelio íntimo, ético y moral. Un hombre capaz de frenar sus instintos, frágil y con capacidad de sufrimiento y redención que al mismo tiempo es un estadista completo, un soldado ejemplar, un hombre sensible y universal. En pleno siglo XXI, los clásicos siguen siendo contemporáneos.

Una lectura que es una fascinante aventura. 

Pablo Montoya

Publicado por María Antonieta Canseco. 

lunes, 24 de febrero de 2025

Misericordia - Lídia Jorge


Título: Misericordia                                                                                                              Autora: Lídia Jorge

Páginas: 466

Editorial: Elefanta

Precio: 23,75 euros

Año de edición: 2023

Este precioso libro es intimidante desde el título, no muchos lectores están dispuestos a aventurarse ante una palabra tan compleja y plena de significados; estoy aquí para convidarlos a leerlo y descubrir una historia fascinante, profundamente humana, llena de compasión y amor por la vida. Nadie quiere hablar de la vejez y la muerte, a pesar de ser la única certeza de nuestra existencia, preferimos evitar el tema y vivir como si fuéramos eternos.

Lidia Jorge reivindica la esperanza y la riqueza de la vida interior a través de un personaje inspirado en su madre, Doña María Alberta Nunez Amado, que se encuentra recluida en un albergue para adultos, el Hotel Paraíso. No se trata de un libro de lamentos o tristezas, sino de la vitalidad y el compromiso de un ser humano por esforzarse cada día, por no perder su identidad y por no claudicar frente a la muerte.

Es un libro que nos hace reflexionar sobre la compasión, el compromiso y la urgencia de existencias plenas que puedan solventar las limitaciones y dolorosas claudicaciones que implica el paso del tiempo. Es un libro que habla de la resistencia, la dignidad que se requiere para enfrentarse a la vejez, para aceptar que uno ya no es independiente, que necesita ayuda para las tareas más apremiantes, que se tiene el temor de perder la memoria y la dolorosa y diaria constatación de la decadencia física, mientras la mente continúa activa y plena de certidumbres y anhelos. Es también un texto para reflexionar sobre la fragilidad de la vida, el dolor de las pérdidas, el esfuerzo por continuar y la heroica lucha por no claudicar.

Una mirada descuidada sobre nuestra querida Doña Alberta observará simplemente el cansancio, el doloroso batallar de cada día para realizar las cosas más simples, sin comprender la riqueza de su vida interior, su esfuerzo cotidiano por seguir en el mundo, conocer, aprender, leer, no olvidar y crecer como ser humano. Eso es precisamente lo más valioso de esta novela, la vejez como curiosidad; Alberta no quiere morir, quiere comprender lo que pasa en el mundo.

La novela está conformada como un diario que la protagonista lleva durante un año, donde escribe en breves palabras los acontecimientos que más le impresionan. Ella ha decidido al final de su vida, ante la imposibilidad de ser atendida por su hija, mudarse a una residencia para ancianos. A través de su narración, conoceremos a sus compañeros de asilo, a los directivos y cuidadores, y la cotidianidad de sus vidas. El asilo se convierte así en una metáfora del mundo, con todas sus alegrías y sinsabores. Cabe señalar que el relato es también un certero registro del aislamiento que significó la pandemia, de la necesidad de afecto y contacto humano.

El amoroso y puntual recuerdo de su casa y la evocación continua de la transformación de su jardín durante el paso de las estaciones del año revelan a una mujer sensible, delicada y generosa. Así como la emotiva descripción del chico que va a leerle y la conmueve hasta el alma, porque es precisamente la lectura la que le permite descubrir un mundo de fantasía.

«Setenta personas juntas que forman una familia, caminado hacia el final de su tiempo», que conviven en ese albergue, todos desconocidos, pero unidos por esa misma precariedad, soledad y vulnerabilidad. Ellos pertenecieron a mundos diversos con educaciones y experiencias distintas, nada de eso importa, ahora son compañeros de viaje y dolorosamente harán de ir perdiendo cada día a alguno de ellos. Caracteres diversos como Doña Joaninha Amaral, eterna enamorada del amor, el sargento Joao Almeida, el señor Peralta y su música que todo lo transforma. Sin embargo, la intención de esta obra de ficción con tintes autobiográficos es sensibilizarnos sobre esa otra parte de la humanidad, que nadie quiere ver, los que se van a morir. Es así una lección de vida, de compasión y de valoración de la vida humana. La necesidad de reencontrarnos con el otro, con aquellos que no están plenos ni libres.

Mención aparte merecen los cuidadores de los ancianos, algunos sensibles y dedicados, otros amargos y vengativos. Dolorosa revelación constatar cómo los internos están sujetos a los cambiantes estados de ánimo de quienes los procuran, presos de sus miserias y anhelos.

La novela es también un canto a la maternidad, a la relación entre mujeres y al significado de la convivencia. Doña Alberta tiene una hija escritora y, durante sus conversaciones, con frecuencia le cuestiona el tema de sus novelas; anhela que escriba obras sobre personajes históricos o individuos importantes. Ella le contesta que le interesan los seres y las cosas pequeñas. Le riñe comentándole «nadie lee tus libros porque terminan mal, debes darle algo de esperanza a los lectores» no logran ponerse de acuerdo y sin embargo, cuando doña Alberta le pregunta cómo es el oficio de escribir, ella le contesta que una escritora es una mujer que hace el amor con el universo.

El otro motivo para recomendar especialmente esta novela es que transmite vivamente el significado del amor a los libros y la pasión por la lectura. La metáfora de que el más allá es «Un libro que no tiene final, cada página una vida, cada vida una página, cuantas más vidas, más páginas. Eso es el más allá» me parece iluminadora y llena de esperanza. Es precisamente el poder de la literatura, el único poder capaz de derrotar a la muerte.  La vida como anhelo de conocimiento. Cada vida se multiplica infinitamente, si a través de los libros se vive la vida de los otros.

Un último comentario. Como todo libro de duelo es también un ejercicio de memoria, de recuerdos y de anhelos, el regalo invaluable de hablar con los muertos. Una forma de hermanar belleza y literatura. Todos los libros aspiran a un lector único que les está destinado. Quizás tú eres ese lector que está esperando comprender el verdadero significado de la palabra misericordia.

Lídia Jorge

Publicado por María Antonieta Canseco.