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jueves, 21 de diciembre de 2023

A tamaño natural - Erri de Luca

 

Título: A tamaño natural                                                                                                        Autor: Erri de Luca

Páginas: 176

Editorial: Seix Barral
 
Precio: 17,50 euros 

Año de edición: 2022
 
Este libro, subtitulado «Historias extremas de padres e hijos», reúne 9 cuentos y un prefacio del autor sobre relaciones paternofiliales difíciles o, al menos, problemáticas. Un terreno poderoso, profundo, que remueve emociones ancestrales y tiene alto voltaje dramático. En el prefacio, de Luca intenta explicar por qué ha escrito este libro. Él no ha sido padre, pero tuvo un progenitor honesto, que le marcó, y siempre ha tenido un sentido religioso muy especial, quizás algo heterodoxo, porque me parece que entiende la religión a su manera, pero muy profundo. Ni en vano, se dedicó durante años primero a aprender hebreo antiguo y luego, a traducir varios libros de la Biblia. De esa espiritualidad ha surgido cierto interés por ese tema, ya que al fin y al cabo Dios es una especie de figura paterna.

La historia de Abraham e Issac, un padre que traiciona a su hijo, la de Chagall y su padre, un hijo que traiciona a su padre, la relación con su propio progenitor, pobre y muy honesto, y su influencia en los oficios que ha ido escogiendo en la vida, los pilluelos de Nápoles, huérfanos aparentemente, la peripecia de una hija, modelo, que descubre que su padre es un criminal nazi muy buscado, la vida de Moisés, el pastor zahorí, la relación entre paternidad y religión, y la terrible historia de un director de orfanato que condujo a todos sus pupilos judíos a Treblinka son la esencia de las historias elegidas por Erri de Luca para reflexionar y poetizar sobre padres e hijos. Un libro muy personal, que dice mucho del talante y personalidad de este escritor, original y único.

El lenguaje es tremendamente lacónico, las frases son tan efectivas como escopetas recortadas, El texto es rotundo, lírico y va desgranando palabras y expresiones con la fuerza de cargas de profundidad que se sumergen en la mente del lector y levantan pensamientos, sensaciones, imágenes desde el fondo más olvidado. Veamos algunos ejemplos: «Dales peso a tus padres», «Se convierte uno en narrador inventando los porqués de las personas», «Hacen falta mil voces para contar una historia» (dicho indio), «No me gustan los cipreses. Hoy he comprendido por qué. No dan sombra», «El cristianismo empieza con la misión suicida de un hijo enviado por su padre». Además, en este enlace pueden leerse las primeras páginas; no sé durante cuánto tiempo estarán disponible.

Una colección de cuentos con mucho peso, que se leen en un momento, pero nos hacen pensar un buen rato. De Luca en estado puro, un escritor que me parece que no gustará a todo el mundo, pero que se convertirá en imprescindible para los que conectan con él, como me ha pasado a mí.
 
La traducción del original en italiano, que me ha parecido impecable, se la debemos a Carlos Gumpert, cuya larga trayectoria ha merecido el Premio Campiello Letteratura Spagna de traducción en 2007 y el Premio a la carrera Istituto Italiano di Cultura di Madrid — Biblioteche di Roma-Casa delle Traduzioni en 2020.
 
Erri De Luca (Nápoles, 1950) es un escritor, marino y alpinista napolitano, que ha sido además albañil, contrabandista, camionero, traductor, periodista, poeta y activista de izquierdas. Es ya uno de mis escritores favoritos y un habitual de este blog dado el número de entradas que le hemos dedicado. Ha escrito unos 50 libros, algunos de los cuales han sido traducidos a más de 23 idiomas. En este enlace se puede leer una interesante entrevista que le hicieron en 2018.

Hace poco ha estado envuelto en la polémica por incitar al sabotaje, en el sentido de resistencia y movilización civil, contra la construcción de una línea de alta velocidad entre Turín y Lyon, para la que es necesario perforar una montaña rica en amianto, lo que dicen algunos que contaminará de modo irreversible toda la zona. 

Luca se unió en el 2011 al movimiento de resistencia en el valle de Susa, después de haber presenciado algún que otro abuso de la violencia policial y para defender la libertad de expresión. Le juzgaron por desórdenes públicos, fue absuelto y actualmente, la obra está en marcha, aunque sigue envuelta en la polémica. Hay que excavar 164 km de túneles y parece que no será rentable.
 
Erri de Luca
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

domingo, 30 de enero de 2022

René Lavand, el mítico ilusionista manco

 

Hoy quiero rendir un homenaje al gran René Lavand, el único prestidigitador que conozco con una sola mano, el más dramático, el más literario y, para mí, uno de los mejores que he tenido la suerte de ver actuar. Dos cosas llamaban la atención de este genio del escenario: la primera, que era manco, ¿cómo podía hacer aquellos asombrosos juegos de cartas con una sola mano que, además, era la izquierda?, y la segunda, los pequeños cuentos que contaba mientras actuaba, de manera que parecía que sus espectaculares trucos no eran más que una ilustración de lo que contaba mientras.

Siempre elegantemente vestido, cortés y caballeroso, dominaba la escena, la pausa y el silencio, el efecto dramático, el énfasis, el pulso de la narración. Así que en realidad era un excelente contador de historias que, además y como propina, hacía números de magia para ilustrarlos. Él decía que había aprendido lo esencial de Mae West (Nueva York, 1893-1980), el icono sexual del Hollywood de los años 30, sin haberla conocido en persona: «lo realmente importante no es lo que se hace, sino cómo se hace; y más importante aún que cómo se hace, es lo que se dice mientras se hace, y lo más importante de todo, la mirada con que se hace».

Héctor René Lavandera (Buenos Aires, 1928-2015), más conocido como René Lavand, era hijo de un zapatero y una maestra. A los siete años, su tía Juana le llevó a un espectáculo y se quedó tan maravillado con los trucos de un mago llamado Chin Chan, que decidió dedicarse a eso. Tanto insistió, que un tío suyo le regaló una baraja, le enseñó un par de trucos y el niño se pasaba las horas muertas ensayando. Pero un año después, con solo ocho años, fue atropellado por un joven que iba conduciendo precisamente el coche de su padre. El automóvil le aplastó el brazo derecho, se le gangrenó la mano y se la tuvieron que cortar. Le quedó un muñón de once centímetros a partir del codo.

Sin embargo, aunque era diestro, no renunció a sueño y comenzó un largo y difícil aprendizaje completamente autodidacta, porque todos los trucos y libros de divulgación estaban pensados para personas con dos manos. Practicó obsesivamente la cartomagia y se convirtió en un verdadero maestro. Hasta los 32 años, trabajó en un banco como oficinista, a esa edad ganó un concurso de magia y ya no paró de actuar en teatros y televisión. Se hizo famoso en sus giras por Canadá, Estados Unidos, Japón y Europa, y al final de su vida, cogió la costumbre de venir a España cada poco tiempo a mostrar su arte. Encandiló a millonarios, políticos, presidentes, a David Copperfield y a todo tipo de público.

René Lavand en el show de Ed Sullyvan (1963)

Siempre llamó la atención no solo por hacer trucos de cartas increíbles con una sola mano, sino sobre todo por las historias con las que aderezaba sus números la mayoría inventadas por sus amigos Rolando Chirico y Ricardo Martín— y por su magistral manejo del silencio y la pausa para crear un mayor efecto dramático. Tenía frases que se hicieron famosas: «No se puede hacer más lento», «Esto es lentidigitización», «La cámara implacable no me deja mentir», «La belleza de lo simple», «Añadirle belleza al asombro»...

Aquí podéis ver un vídeo de su truco más famoso: el de la taza y las tres migas de pan.

Tuvo varios discípulos, como le gustaba llamarlos, que iban a su casa para aprender sus trucos y su filosofía. Acondicionó un vagón de tren como salón de magia y allí los recibía. Un día, un chico le preguntó qué tenía que hacer para conseguir hacer la magia de forma tan profunda y personal como él. René se quedó callado unos segundos y le dijo: «Pierda una mano». La respuesta puede parecer una boutade, pero es mucho más acertada de lo que parece. Solo una limitación radical y su ansia de superación le habían espoleado lo suficiente para practicar lo suficiente y para buscar otros caminos y un estilo diferente.

Durante algunos años, iniciaba su actuación con un relato que siempre emocionaba al público:

«Había terminado la guerra. La patrulla en retirada. Un soldado solicita permiso al capitán para volver al campo de batalla en busca de un amigo. Pero se lo niegan. 'Es inútil que vayas, está muerto', le dice el capitán. El soldado desobedece la orden y vuelve al campo de batalla por su amigo. Regresa con él en brazos. Muerto. 'Te lo dije, era inútil que fueras', lo retó el capitán. 'No mi capitán, no fue inútil. Cuando llegué aún estaba con vida, me miró a los ojos y me dijo: sabía que ibas a venir'».

En este otro vídeo cuenta varias historias de jugadores.

No le gustaba que le llamasen mago; la magia era para él otra cosa. Prefería llamarse ilusionista, es decir, generador de ilusión. El caso es que me parece que este hombre sí que tenía algo mágico, pero la magia no estaba en sus fascinantes trucos, sino en sus palabras.

René Lavand, en sus últimos años

Publicado por Antonio F. Rodríguez.