En La canción de las sombras (2017) el detective Charlie Parker vuelve a la carga. El personaje creado por John Connolly está convaleciente. La muerte le rozó con el ala. Logró sobrevivir. Ahora, roto por varios sitios, intenta salir adelante en una casita a orillas del mar. Hay que recuperar fuerzas. Evitar sobresaltos. Caminar por la arena con la ayuda de una muleta. Relajarse contemplando la puesta de sol. Dormir a pierna suelta. Y, sobre todo, evitar cuidadosamente meterse en líos. Los quebraderos de cabeza llevan a la acción. La acción de Charlie Parker es un peligro mortal, para él y para sus enemigos. Mejor la contemplación, la paz y los buenos alimentos.
Pero los designios del señor son inescrutables y el detective Parker se vuelve a ver metido en un follón. Resulta que tiene una vecina algo rara con una pequeña hija. Tienen miedo. No se sabe a qué. Todavía peor: un mal día aparece en la playa el cadáver de un hombre ahogado. Está algo carcomido. Quizá lo hayan asesinado. Se trataba de un tipo singular, de origen judío, dedicado a la caza de abueletes nazis. Porque parece que en Maine aún existen unos cuantos nonagenarios de pasado cuando menos turbio. Y hasta aquí todo lo que se puede contar del argumento.
Los aficionados a Connolly saben que sus thrillers se adentran en lo sobrenatural. Ciertos personajes se mueven en un limbo entre la vida y la muerte. Los muertos no acaban de morir. Los vivos sienten en ocasiones un aire frío. Es el aviso de que algo se acerca. El problema es que ese algo carece de sombra. Lo que resta de alguien que estuvo vivo es un espectro ambulante. Un heraldo del otro mundo con intenciones buenas, malas o incomprensibles para los mortales. John Connolly es un avezado escritor de cuentos de miedo. Se nota en sus novelas policíacas. Sabe crear un ambiente onírico. La angustia de los malos que se saben condenados. La esperanza de los buenos que no esconden su miedo. Lo desconocido asusta siempre. También al incombustible Charlie Parker.
En esta novela se plantea que la justicia humana puede no alcanzar a los culpables. El hombre posee una gran capacidad para escabullirse. El perseguido engaña a los demás y se engaña a sí mismo. Inventa una vida apócrifa que sustituye a la auténtica. Vive en falso. Se las arregla incluso para apagar la última chispa de su conciencia. De esta forma, el culpable queda totalmente solo, abandonado de la mano de Dios. Cree que la muerte será una liberación. Es ateo por la esperanza de evitar el castigo. Pero, casi al final, intuye que existe otra justicia. No la de los hombres, sino la justicia de las sombras de los muertos, que extienden sus manos esqueléticas para agarrarlo y arrastrarlo con ellos a la perdición eterna. John Connolly ha inventado toda una mitología de ultratumba de estirpe dantesca. Resulta espeluznante.
La corrupción es la gran protagonista de La canción de las sombras, quizá en mayor medida que en otras novelas de este autor. La putrefacción del alma se manifiesta en la deformidad del cuerpo. Existe como advertencia una especie de teratología que no es del todo de este mundo. Hay que abandonar la esperanza si uno se encuentra con esos monstruos ya que son el mal. Dan asco. Son malolientes. Parecen leprosos. Ante todo, son malos. Su lepra es espiritual. Una enfermedad del alma más que del cuerpo (aunque el cuerpo se desintegre entre mil fluidos nauseabundos). Charlie Parker sabe cómo detectarlos y anularlos antes de que hagan más daño.
Esta obra es asimismo una novela de viejos. No de encantadores ancianos que abren sus brazos amorosos a correteantes nietecitos sonrosados. Nada de eso. Los viejos de Connolly son carcamales crueles, irredentos y vengativos. Quieren olvidarse de sí mismos y que los olviden. No lo consiguen porque el mal habita en el tuétano de sus almas decrépitas. La maldad nunca muere. Es inagotable. Se descompone lentamente en los sótanos del alma. Un mal corrompido y que todo lo corrompe. Lean esta estupenda novela. Entretenimiento asegurado.
John Connolly (1968) es un escritor irlandés nacido en Dublín. Tuvo numerosos empleos antes de convertirse en novelista. Se licenció en inglés por el Trinity College de su ciudad natal. Trabajó como reportero para el Irish Times. El éxito le sonrió con la publicación de Todo lo que muere (1999), su primera novela, que dio a conocer al detective Charlie Parker. La serie de novelas de Parker le han convertido en uno de los grandes de la novela negra, con un enfoque sobrenatural muy particular. En sus libros el mal aparece como algo tangible, representado por los malvados, que tendrán su merecido castigo en este mundo y, sobre todo, en el otro.
John Connolly ha sido comparado, con razón o sin ella, con Stephen King. Sobre su gusto por lo sobrenatural (nada extraño, por lo demás, en un escritor irlandés) dice lo siguiente: «Sé que eso molesta a muchos críticos. Debo mantener un equilibrio. Sería peligroso que los culpables fueran unos fantasmas. Describo edificios, calles, ciudades, para que la intrusión de lo sobrenatural sea algo sorprendente porque sucede en un mundo cotidiano y muy creíble».


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