jueves, 29 de abril de 2021

El color que cayó del cielo - H. P. Lovecraft

  

Título: El color que cayó del cielo                                                                                      Autor: H. P. Lovecraft

Páginas: 64

Editorial: Pulpture

Precio: 10 euros

Año de edición: 2020

En los últimos meses del año de 1882, en una remota y solitaria área rural al oeste de Arkham, la ciudad imaginada por el autor en Nueva Inglaterra, una luz en el cielo anunció la caída de un meteorito en una granja. Las asombrosas propiedades de la misteriosa roca y el aura maligna que la rodea sembrará el miedo, los recelos y los instintos más atávicos de los habitantes del lugar.

Ese es el punto de arranque de esta novela corta, publicada por primera vez en 1927, un relato cargado intriga, muy inquietante, en el que casi se puede tocar el miedo que sienten los personajes. El relato está contado en primera persona por un ingeniero que llega a la zona para construir un lago artificial y se va enterando, poco a poco, de lo que pasó allí hace años, durante los llamados extraños días en el marchito erial.

Un texto magistral, en el que el autor pone en juego dos de las estrategias más eficaces para conjurar la aversión y el miedo del lector: no describir directamente lo que causa el horror, sino hacerlo indirectamente, como dando vueltas alrededor de un agujero negro, y dejar esa tarea a la imaginación del que lee; y mantenerle durante el máximo tiempo posible con explicaciones incompletas, de manera que no sepa bien que está pasando o que pasó, y por qué.

El resultado es una narración que desasosiega, neblinosa y difusa sobre algo demasiado horrible para ser descrito, algo innombrable, ominoso y terrible, que marcó una zona para siempre y dejó un espantoso recuerdo a los pocos supervivientes que consiguieron escapar.

Está edición se basa en una impecable traducción de J. R. Plana, incluye las ilustraciones originales de la primera edición, fragmentos de cartas y un prólogo eruidto y penetrante a cargo de Javier Jiménez Barco

Uno de los mejores y más representativos relatos de terror cósmico, en la línea habitual de Lovecraft, desasosegante, extraño, perturbador, con un toque malsano y la maestría narrativa del genio de Providence

H. P. Lovecraft en 1934

Howard Philips Lovecraft (Providence, 1890-1937), hijo único, se quedó huérfano a los tres años, cuando su padre murió de neurosífilis. Era un lector empedernido, devorador de libros y niño prodigio que recitaba poesía a los dos años, leía a los tres y empezó a escribir a los seis. A los 13 años fundó una agencia de detectives, a los 15 escribió su primera novela titulada «La bestia de la cueva», una historia de terror gótico, y a los 16 escribía una columna de astronomía para el «Providence Tribune». 

A los cinco años decidió ser ateo, decisión que mantuvo hasta su muerte. Debido a su precaria salud, asistió a la escuela de forma intermitente y cuando estaba en casa se sumergía en la gran biblioteca de su abuelo para leérsela entera. Estudió por su cuenta Qímica y Astronomía y llegó a publicar artículos en revistas científicas. 

Vivió con una madre sobreprotectora, que le convirtió en una persona excéntrica, solitaria y retraída. Cuando ella murió, viajó a Nueva York y se casó, pero su matrimonio duró menos de dos años y volvió a recluirse en Providence. Era extraordinariamente inteligente, tímido y bastante racista. Recluido en la mansión familiar, escribió unas 100 000 cartas durante toda su vida. 

Murió joven, a alos 47 años debido a un cáncer intestinal. En su tumba pueden leerse unos inquietantes versos de su poema La llamada de Cthulhu:

No está muerto lo que puede yacer eternamente,
y con el paso de extraños eones incluso la muerte puede morir.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 28 de abril de 2021

Esa gente - Chico Buarque

  

Título: Esa gente                                                                                                                Autor: Chico Buarque

Páginas: 160

Editorial: Random House

Precio: 17,90 euros

Año de edición: 2021
   

Novela innovadora, surrealista y original, compuesta de múltiples fragmentos narrativos, que se combinan en la mente del lector como piezas de un puzle hasta armar una historia completa, la de los últimos años de vida de Manuel Duarte, un escritor de novelas históricas que tuvo su momento de gloria hace años y ahora se encuentra en franca decadencia y escasez de ideas.

Escrita en 2019, a los 75 años, es una de las mejores novelas de este músico y poeta extraordinario, que ha sido capaz de brillar con talento en casi todos los grandes géneros. Porque Chico Buarque es famoso sobre todo por su música, pero hay que decir que es escritor antes que compositor, según sus propias palabras, y ha estado compaginando toda su vida tres carreras exitosas como músico, dramaturgo y novelista.

El texto es arriesgado en su planteamiento y al principio cuesta un poco hacerse con la narración, pero después de uno o dos capítulos, se atraviesa un punto de inflexión y la experiencia comienza a mostrar todo su encante. Dentro del mosaico de múltiples voces, narradores, registros que componen la novela, hay una cierta armonía, un ritmo de fondo que resulta muy agradable y recuerda, sí, a un tema musical.

El autor practica con asiduidad el contraste chocante y algo absurdo, casi poético («Lo cierto es que existe un misterioso vínculo entre la compasión y la perversidad»), hay continuos saltos en el tiempo hacia atrás y hacia delante, un buen número de cartas de los personajes insertadas en el texto, conversaciones que mezclan realidad y ficción, peleas de ascensor y encuentros en la ducha, castrati brasileños, un caimán, un perro labrador llamado Faulkner, un secuestro, un muerto y un revólver, parlamentos peculiares con un vigilante de playa negro...

Un material heteróclito y sin mucho orden, que Buarque maneja con pericia para componer una historia espléndida, algo triste y melancólica, que retrata la lenta caída de un escritor que fué y ya no es, que trata de acabar la novela que espera su editor mientras tiene la cuenta en números rojos. Como telón de fondo, se ofrece de propina una instantánea del Brasil de Bolsonaro.

La traducción del catalán Roser Vilagrassa es francamente espléndida, hasta el punto de que al leer el texto el lector tiene la percepción de que bien podría haber sido escrito originalmente en español.

Una novela potente y original, innovadora y diferente, polifónica y con ritmo, en un peculiar rompecabezas, a veces surrealista, a veces absurdo y desolador, siempre melancólico y bellamente escrito, tragicómico, con ritmo y sabor a Río, a Río de Janeiro. Un gran libro de un gran autor.

Chico Buarque
 
Chico Buarque (Río de Janeiro, 1944) no es sólo un gran músico y compositor, sino también un autor de teatro notable, un poeta y un muy buen novelista. No es un músico que escribe, es alguien que vive la música y la literatura por igual, y las dos cosas las hace de maravilla. 
 
Hijo del historiador y sociólogo Sergio Buarque de Hollanda, nació en una familia de clase alta y desde niño mostró interés y un talento precoz para la música y la escritura. La bossa nova (estilo nuevo) le impresionó especialmente, sobre todo los trabajos de João Gilberto. Debutó como compositor y músico a los 20 años, con sambas pegadizas y letras llenas de juegos de palabras y aires de nostalgia.
 
Después del golpe de estado de 1964, escribió temas de protesta contra el régimen, sorteando la censura con mensajes crípticos, que acababan entendiendo todos menos los censores. Su tema A pesar de você pasó la censura, no se sabe porqué, se convirtió en el himno de la oposición, vendió más de 100 000 copias y finalmente fué prohibido.
 
Es una de las grandes figuras de la bossa nova, pero además de lanzar 39 discos, ha escrito 9 libros de narrativa y 6 éxitos teatrales, con los que ha ganado varios premios de prestigio, como el Premio Camões por toda su carrera literaria. «Esa gente» es su última novela y ésta es su página web, en portugués, con música, textos y documentos multimedia.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

martes, 27 de abril de 2021

El jardín de vidrio - Tatiana Țîbuleac

  

Título: El jardín de vidrio                                                                                                    Autora: Tatiana Țîbuleac

Páginas: 360

Editorial: Impedimenta

Precio: 21,66 euros

Año de edición: 2021

¿De qué manera se construye como persona una criatura que es abandonada al nacer en un terrible orfanato, un lugar en donde nunca recibió nada parecido al amor, a la seguridad, a la alegría, y a qué se puede aferrar cuando, para más inri, a los ocho años es sacada de allí por una mujer alcohólica y miserable que la compra sí, la comprapara que trabaje para ella y que utiliza la violencia para enseñarle a golpes el idioma ruso que es lo poco que le puede descubrir? ¿Cómo crearse una identidad, cuando no solo los cimientos familiares son inexistentes, sino que tampoco se tiene una única lengua que sirva para enraizarse a un lugar, sino tres, pues se pertenece a un territorio que pasa de unos países a otros por decisiones tomadas por gobernantes lejanos que, aunque desconocen las implicaciones en el día a día de la gente, lo condicionan todo?

Quizás no sea posible expresar tanto dolor más que de forma sincopada, a pequeñas bocanadas ardientes que tienen que servir para exorcizar tanta negrura, tanta miseria, tanta soledad y tanta lucha por sobrevivir. Así lo hace la autora que nos cuenta en primera persona la vida de esa niña moldava en muchos pequeños capítulos que en ocasiones dejan mucho espacio en blanco hasta la página siguiente. Espacios que nos sirven para, por una parte, asimilar lo leído y por otra, para permitirnos un pequeño lapso de serenidad antes de continuar la inmersión en otra parte de la historia, en otro recuerdo de la niña que recogía botellas sucias para sobrevivir o de la mujer ya adulta, madre de una niña discapacitada, que no encuentra nada bueno en ella misma porque como no ha recibido amor se cree incapaz de darlo.

Es un libro duro por lo que cuenta, exigente para quien lee, incluso en algunas ocasiones podemos sentir que perdemos algún detalle alegórico o algo que pertenece a una historia política que nos es lejana, pero que podemos llegar a entender con un poco de información adicional. Quizás esas pequeñas dificultades son intencionadas y quizás la autora pretende que hagan su papel para que como lectores podamos comprender el desconcierto de vivir con varias lenguas y bajo diferentes estados, pero sin cambiar de plaza, escuela, apartamento o ciudad. La propia autora, que vivió entre dos idiomas, explica que el libro puede leerse también como una alegoría de Moldavia, su pequeño país, que es abandonado y criado por extranjeros y al crecer tiene que decidir en qué lado estaba. 

A diferencia de otros libros cuya dificultad nos hace desistir o llegar agotados y descontentos al final, en «El jardín de vidrio» queremos saber más y ese interés nos mantiene la tensión.

Porque nos cautiva tanta lucha, tanto esfuerzo, tanto coraje que, finalmente, aunque no sea causa de celebración, se verá de alguna manera recompensado.

Porque la historia es tan verosímil que queremos todavía más detalles para ponernos en el lugar de esa niña y, ya que no podemos cambiar la historia, al menos tenerla presente en nuestra mente que es a donde llega lo que leemos porque si de algo carece esta novela es de sensiblería, lo que es un mérito.

Porque necesitamos estar preparados para percibir y reconocer otros dolores de desarraigo también reales de gentes cercanas a nosotros y así poder, saber y querer ofrecerles acogida y con ella nuestro afecto, comprensión y cuidado. Nos hace falta recordarlo porque, por desgracia, el fallo de esta sensibilidad por parte de algunos, desgraciadamente muchos, está copando la más vibrante actualidad en nuestros países occidentales y también en el nuestro que presumíamos no era racista ni xenófobo.

El título es estupendo y quien tome la, a mi juicio, buena decisión de leer la novela verá por qué. No seré yo quien lo descubra.

En cualquier caso, al igual que nos sorprendió, nos impresionó y nos gustó mucho con su primer y también duro libro «El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes», la autora con esta nueva novela lo ha vuelto a conseguir. Es una escritora que nos ofrece historias que, si son estupendas, todavía ganan más por su manera de contárnoslas.

Tatiana Țîbuleac

Tatiana Țîbuleac (Moldavia, 1978) ha sido periodista durante muchos años en su país. En su trabajo de crónica social, tuvo que ver y vivir situaciones muy dolorosas, que han influido mucho en su temática narrativa, por ejemplo, los orfanatos, que visitó y conoció. Todavía «vivo» de los sentimientos y recuerdos de mis años de periodista, afirma. Cuando fue madre tuvo la obsesión de si era o no una buena madre, de lo que también dejó constancia en las dos novelas que ha publicado. 

Sus narraciones no son autobiográficas, pero sí escribe de lo que conoce y siente. Otro ejemplo son los idiomas en los que se crió y que todavía le crean inquietud, como aparece con claridad en esta segunda novela. Y es que Moldavia, pequeño país de cultura rumana, estuvo durante 50 años bajo el yugo ruso y en un momento determinado tuvo un idioma «inventado» a partir del rumano, pero con escritura cirílica.

La traductora, Marian Ochoa de Eribe, que ya lo fue de su primer éxito, vuelve a hacer un buen y cuidado trabajo.

Tatiana Țîbuleac es una escritora que con su primer libro recibió muchos premios como: el de la Unión de Escritores Moldavos; el de la revista literaria rumana Observador Cultural (2018); el Premio Cálamo (2019); el Premio Novela europea (2020), o el Premio Las librerías recomiendan (2020). Como está recién editado, no ha tenido tiempo de recibirlos por este nuevo trabajo, pero sin duda los tendrá. El nuestro ya lo tiene.

Publicado por Paloma Martínez. 

lunes, 26 de abril de 2021

Canallas y mangurrinos - Enrique Gallud Jardiel

  

Título: Canallas y mangurrinos                                                                                          Autor: Enrique Gallud Jardiel

Páginas: 176

Editorial: Espuela de plata

Precio: 15,90 euros

Año de edición: 2018

Pues aquí tenemos a un nieto del eximio y original humorista Enrique Jardiel Poncela siguiendo los pasos de su antepasado y publicando este libro, lleno de humor, ironía y desparpajo, en la que el autor hace de su capa un sayo para reinterpretar la figura de un buen número de personajes históricos y actuales, la mayoría muy conocidos.

Desde Homero a Karlos Arguiñano, pasando por Lady Godiva, Moctezuma, Agustina de Aragón, Pavlov, Henry Ford, Sánchez Dragó y otros, Gallud pone en solfa a un total de 38 celebridades, incluyéndose a sí mismo, las satiriza, las vuelve del revés y exprime, para ofrecer un conjunto de semblanzas, que el autor bautiza como biografeas, surrealistas, ocurrentes y muy personales, con las que no se puede hacer otra cosa que reírse de buena gana.

No faltan los toques surrealistas, las ideas y puntos de vista originales, el descaro y la sorpresa. El autor llama a las personalidades que nombra canallas, a los que define como los que podrían ser expulsados de la cárcel por mala conducta, y mangurrinos, o sinvergüenzas que despiertan simpatía, aunque no aclara quiénes son una cosa y quiénes, otra.

En fin, un libro muy divertido y diferente, que continúa las líneas maestras de los textos de Jardiel Poncela y las prologa con acierto y notables resultados. Aunque no es justo comparar como escritor al nieto con el abuelo, este hombre aguanta la prueba perfectamente y, en cualquier caso, estamos ante un libro cómico muy serio, coherente en su desquiciado planteamiento y muy bien ejecutado. Un texto muy divertido, que se lee con placer y raya muy alto en uno de los géneros más difíciles que hay, como es el del humor.

Enrique Gallud Jardiel (Valencia, 1958) es un escritor y ensayista, nieto del gran Enrique Jardiel Poncela e hijo de los actores Rafael Gallud y María Luz Jardiel. Empezó una carrera teatral interpretando papeles infantiles desde los 4 años de edad. A los 18 se fué a la India a correr aventuras y a formarse, con tan buena fortuna que a los 23 años ya estaba dando clase de Literatura Española en la Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi. Allí obtuvo un doctorado en Filología Hispánica y a los 36 años regresó a España y se instaló en Madrid.

Desde entonces ha sido profesor en las Universidades Francisco de Vitoria, Alfonso X el Sabio y en otras instituciones. Ha dirigido la Compañía Teatral Barbieri y otros grupos de teatro, también ha actuado Grupo de Teatro.

Ha publicado más de 200 libros de ensayo y narrativa. En 2010 se doctoró por la Universidad Complutense de Madrid y en 2011 recibió un doctorado honoris causa por la Bircham International University de Delaware. Actualmente, es profesor en la Universidad Francisco de Vitoria.

Enrique Gallud Jardiel

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

domingo, 25 de abril de 2021

La censura de cómics - Juan Ramón Mora

 
La censura también afecta, y mucho, a los cómics y viñetas que se publican, tal y como se puede ver en una estupenda y muy documentada entrada del blog de Juan Ramón Mora, distinguido dibujante e historietista.
 
El primer ejemplo llamativo que menciona es el del simpático vaquero Lucky Luke, al que ya no le dejan fumar en algunos países, pero hay muchos otros ejemplos, tal y como se muestra en el libro de Jan Smet titulado «Duizend bommen en castraten» (Mil bombas y castrados), que se publicará en Bélgica el próximo mes de junio. Esperemos que se traduzca pronto al español. Dividida en capítulos temáticos (juramentos, desnudez, sexo, sida, racismo, sexismo, tabaquismo, ataques a la corona, etc.), es un tratado muy completo, de 572 páginas, sobre una larga lista de excesos en el afán de prohibir que tienen, demasiado a menudo, las autoridades.
 
Sobre el mismo tema, y basada en el libro, se puede visitar en la sala Bozar de Bruselas una interesante exposición.

Si los medios de comunicación constituyen el cuarto poder en las democracias, en las que es deseable el mayor número de contrapesos y contrapoderes para equilibrar, las historietas y viñetas satíricas han cumplido históricamente un papel esencial en cuanto a libertad de expresión y crítica del poder.

Como todo poder, debería ser libre e independiente y a la pregunta de si hay algunos temas que justifican la censura de viñetas, como la protección de minorías, el odio, el racismo y otros, la respuesta es obvia: ellos mismos, los historietistas y los medios, son los que deben autorregularse. 

Afortunadamente, parece que, al menos en España, a Lucky Luke sí le dejan fumar. 

Publicado por Antonio F. Rodríguez.