viernes, 9 de octubre de 2026

La calle de Valverde - Max Aub

Título: La calle de Valverde 
Autor: Max Aub
 
Páginas: 450
 
Editorial: Destino
   
Precio: 8,79 euros 
 
Año de edición: 1998

Max Aub se exilió en México después de la guerra civil. Republicano y socialista, no tenía sitio en la España franquista. Siguió escribiendo en el destierro. De su pluma salieron novelas, cuentos, obras de teatro, ensayos, artículos, reseñas, diarios, discursos, microrrelatos, poemas y textos de una vanguardia tan personal como inclasificable. Max Aub fue un escritor difícil de clasificar. De origen judeo-alemán. Nacido en París. Familia burguesa. Infancia acomodada. Excelente educación políglota. Pero otra guerra, la del 14, expulsó a su familia de Francia. Los Aub se instalaron en Valencia. El niño Max se educó como español. La integración en su país de adopción fue completa: uno es de donde hace el bachillerato, decía. Max Aub vivió en primera persona el drama europeo y español.  Los acontecimientos que narró zarandearon su vida. Historia y vida se funden en una obra literaria fuertemente testimonial.

La calle de Valverde, publicada en 1961, es una de las mejores novelas de este autor. Se trata de un relato costumbrista acerca de la vida en Madrid hacia 1926-1927, centrándose en la pequeña calle del título, a tiro de piedra de la Gran Vía. En ese abigarrado microcosmos se agitan decenas de personas que van a lo suyo, aspirantes a una existencia plena que parece posible en ese momento histórico. Las esperanzas llenaban el mundo durante los felices años veinte. Crecían las ciudades. Había trabajo. El progreso se hacía realidad. También en la atrasada España. 

Por las páginas de La calle de Valverde desfilan aspirantes a escritor, cesantes, intelectuales, profesores, obreros, revolucionarios, viejos socialistas que veneran a Besteiro, prostitutas, poetas, señoras elegantes, señoritas modernas, ricachones, hambrientos y hasta asesinos. La novela transmite una intensa sensación de vida que se despliega de manera fulgurante a través de los vaivenes de los personajes. Es, en mi opinión, un libro alegre, acelerado e impresionista. Las figuras se mueven por sus páginas como en la pantalla de un cinematógrafo de la época. Por una rendija en el tiempo contemplamos ese Madrid color sepia. 

Max Aub imprime a su novela un dinamismo extraordinario. La narración casi nunca se para para coger aliento. Al contrario: las situaciones, los personajes, los asuntos, los malentendidos, los entresijos, las rencillas, las venganzas y los amores se suceden como una melodía de vida que parece no tener ni principio ni fin. Todo revuelto: como la vida misma antes de que la experiencia sea reelaborada por la conciencia de cada uno. La calle de Valverde es una novela colectiva. No existe un protagonista como tal. El protagonismo es el de la gente de la calle. O quizá de la misma calle, elevada a la condición de personaje vivo. Las existencias particulares duran un momento, pasan e inmediatamente son sustituidas por otras no menos efímeras. Esa sucesión vertiginosa es la vida madrileña durante la dictadura de Primo de Rivera. 

La vida colectiva no es solamente una sucesión cronológica. Es también un montaje simultáneo. Las cosas se suceden una tras otra y a la vez. El entramado de los sucesos tiene un espesor más allá de las manecillas del reloj. Por eso un personaje oye desde la ventana de su habitación hablar a dos literatos peripatéticos. En la noche madrileña unos duermen, otros charlan. La hora es la misma. Pero la coincidencia temporal no tiene importancia. Cada uno hace su propia vida, que a veces coincide con las de otros y otras veces no. Lo importante es el conjunto: el laberinto que día tras día forman tantas peripecias anónimas. 

La vida se desparrama por todas las arterias de la ciudad, a todas horas y en todas las direcciones. Aunque en algunos momentos Max Aub se detiene como en un remanso de paz: 

«A cualquier hora, la calle de Valverde parece de provincia. No que no sea madrileña -lo es como la primera-, pero entre la bullanguería de la de Fuencarral, la algarabía de la Corredera, el tráfico de la Gran Vía, da la impresión, a los pocos que por ella transitan, de un regreso a tiempos pasados (...) En cien metros se retrocede cien años. Todo callado, serio, gris, blanco, las sombras más acusadas. Las luces municipales no pasan todavía, ahora, en 1926, de los faroles de gas, adosados de trecho en trecho, a las paredes de las casas quintañonas de las que sobresalen las oscuras vigas de los aleros cortos. El silencio es grato». 

Los cafés madrileños acogen al viajero abrumado por el tráfago urbano: 

«Ancha muere la tarde en la calle de Alcalá, sentenciada por las luces municipales, anuncios, escaparates y terrazas de los cafés. El cielo traslúcido confunde todavía azules y amarillos. A Manuel, en su apresuramiento, le parece que todos bajan hacia la Cibeles molestando su paso. Cruza frente a Peligros, entra en el café Regina. El calor, el vaho le cogen de improviso». 

Creo que La calle de Valverde, con su aroma galdosiano y su montaje vanguardista, es una de las grandes novelas españolas del siglo XX. Recuerda poderosamente a clásicos madrileños como La colmena (1951) o Tiempo de silencio (1961). El estilo es depurado: con escasas pinceladas se describe un personaje, con unas pocas frases se evoca un estado de ánimo, los diálogos alcanzan una viveza maravillosa. Max Aub poseía un gran talento como escritor, más allá de las circunstancias que lo llevaron al exilio (y que supo contar como pocos). El valenciano era en los años veinte un joven inquieto que empezaba su carrera literaria. La calle de Valverde es una evocación brillante y nostálgica de aquella época dorada. Las esperanzas se marchitaron. Llegaron la guerra, el franquismo y el exilio. Max Aub resucitó el tiempo perdido en una novela castiza, laberíntica y magistral. Recomendable cien por cien. 

Max Aub

Max Aub (1903-1972) fue un escritor español de origen franco-alemán nacido en París. Su familia era culta, burguesa y de ascendencia judía. Con once años el joven Max se instaló en España. Pronto empezó a frecuentar los ambientes culturales de Valencia, Barcelona y Madrid. Sus primeros libros fueron breves, poéticos y vanguardistas. Durante la guerra civil apoyó al bando republicano.

Exiliado en Francia, Argelia y por fin, México, Max Aub escribió tanto que se le conocía en el gremio como Más Aún. En opinión de Augusto Monterroso, tenía escondido en su casa a un escritor fugitivo a quien obligaba a trabajar para él. Bromas aparte, su obra fue descomunal, de gran calidad e imaginación, aunque desconocida en España hasta mucho tiempo después de la muerte de Aub en Ciudad de México en 1972. Una de sus frases: «No tengo derecho a callar lo que vi para escribir lo que imagino». 

Publicado por Alberto. 

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