domingo, 19 de octubre de 2014

Sorolla y Estados Unidos


Título: Sorolla y Estados Unidos 
Autor: Blanca Pons-Sorolla (comisaria de la exposición) 

Páginas: 376 

Editorial: Fundación Mapfre
 
Precio: 39,90 euros 

Año de Edición: 2014

Este otoño, en la Sala de la Fundación Mapfre situada en el Paseo de Recoletos 23 de Madrid, podemos disfrutar hasta el 11 de enero de 2015 de una estupenda exposición sobre la etapa estadounidense del gran pintor impresionista Joaquín Sorolla. 

Una muestra muy atractiva de un pintor que supo pintar la luz y el color como nadie. Está formada por un buen número de obras, unos ochenta y dos óleos y más de cincuenta apuntes, dibujos, estudios y notas de color, que se pueden ver tranquilamente en unas dos horas. Me ha gustado muchísimo.

Se incluye una selección variada que sirve como panorámica de los temas y estilos de este gran postimpresionista: los cuadros de tema social («¡Otra Margarita!» y «¡Triste herencia!»), pinturas de gran tamaño y temas conmovedores, con los que Sorolla ganó varios premios internacionales y atrajo el interés de varios mecenas y coleccionistas estadounidenses; una selección de retratos extraordinarios de los más de cincuenta que realizó en EE. UU., a cual mejor, en los que capta el gesto, el carácter y la personalidad de los retratados de manera magistral; escenas de playa y sol, llenas de luz y colores, con un asombroso manejo del color; paisajes y jardines, y los mencionados apuntes.

Hay muchas obras que llaman poderosamente la atención, pero voy a mencionar tres de mis favoritas. En primer lugar, un cuadro de tema campeste, «El algarrobo», centrado en un rebaño de ovejas que pace sosegadamente a la sombra del árbol, entre manchones de luz.

El algarrobo (1898)

A continuación, un impresionante cuadro de Colón, para el que posó un descendiente del marino genovés, el Duque de Veragua. Es un retrato magnífico, que recoje la penetrante mirada del protagonista, desconfiada, taimada y astuta. Una maravilla.
 
Colón saliendo del Puerto de Palos (1910) 

Y por último, una escena deliciosa de niños jugando y corriendo en la playa, llena de movimiento y dinamismo, un cuadro fantástico, acompañado de varios estudios previos sencillamente espléndidos.

Corriendo por la playa (1908)

Mención aparte merecen tres salas muy especiales, con obras hasta ahora no vistas. Una de ellas presenta 24 apuntes a lápiz dibujados por el pintor en el menú del restaurante en el que solía comer en Nueva York. Son bosquejos rápidos que parecen viñetas de cómic, ejecutados con una maestría apabullante. Otra, incluye trece guaches pintados del natural desde la ventana del Hotel Savoy de Nueva York en el que se alojaba. Esta vez están pintados sobre los cartones que servían para doblar las camisas. Muestran las calles neoyorquinas con todo su colorido, vistas desde arriba en contrapicado; hay dos que retratan Central Park bajo la nieve que me han parecido deliciosos. Y la última recoge unas cuarenta o cincuenta notas de color, como el propio autor las llamaba, cuadritos pequeños al óleo que le servían para estudiar y ensayar el color de una escena.

Una exposición muy recomendable, un regalo para la mirada, que ofrece una panorámica muy interesante y bastante completa de la obra del genial pintor valenciano, con una buen avariedad de formatos y de temas, paisajes, retratos, escenas de la playa, jardines... no os la perdáis. Y para lo que no viven en Madrid, hay una visita virtual disponible en este enlace.

El catálogo contiene fotografías de gran calidad de todas las obras de la muestra, en las que el color se reproduce de manera bastante fiel, los textos que acompañan a los cuadros en la sala y una cronología de la vida de Joaquín Sorolla.

Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863-1923) se quedó huérfano de padre y madre a los dos años y fué criado por sus tíos. Su tío, cerrajero, le intentó enseñar la profesión pero pronto se dió cuenta de que su vocación artística. Estudió Bellas Artes en Valencia y comenzó a enviar cuadros a concursos de pintura y a ganar premios. 

Viajó a París y se dejó influir por los impresionistas. Triunfó en la capital gala ganando el Grand Prix en el certamen internacional de 1900 y allí llevó a cabo poco después una magna exposición con más de 500 obras que fué un éxito clamoroso. Varios críticos, mecenas y coleccionistas estadounidenses quedaron impresionados por su pintura, y expuso en Nueva York, Chicago, San Luis, Boston, Búfalo.

En 1911 la Hispanic Society of America le encargó un conjunto de catorce murales de tres metros y medio de altura por cinco de ancho, que tardó seis años en completar y ofrecen un verdadero reportaje pictórico de las regiones y gentes de España. Destacó como retratista, pintor de paisajes, de jardines y de los temas más variados. 

Dos cosas llaman la atención sobre su carrera: que siempre pintaba de modelos naturales y muy a menudo al aire libre, y que pintaba incansablemente, con una actividad febril. Hay catalogadas más de 4 000 cuadros suyos al óleo y a eso hay que añadir multitud de bocetos, dibujos y obras pequeñas. Dibujaba y pintaba sin parar, en menús, cartones, papeles y todo lo que se le pusiera por delante. 

En Madrid, en el número 37 del Paseo de Martínez Campos, puede visitarse el Museo Sorolla, un sitio muy agradable, en la que fué antigua casa y estudio del pintor.

Joaquín Sorolla (fragmento del autorretrato de 1909)

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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