Título: Brevísima descripción de la destrucción de las Indias
Autor: Bartolomé de las Casas
Páginas: 200
Editorial: Alianza
Precio: 11,95 euros
Año de edición: 2014
No está nada mal leer algún clásico que otro, de vez en cuando y sin exagerar, y hace tiempo que tenía ganas de hincarle el diente a este libro y conocerlo así de primera mano. Lo primero que hay que decir es que esta Brevísima descripción de la destrucción de las Indias fue publicado originalmente en 1522 y el lenguaje es el propio de la época: antiguo, algo repetitivo, lleno de frases interminables y algo farragoso. Pero a la vez es muy explicativo y no se deja nada en el tintero. La obra está dedicada al príncipe Felipe, que luego se convertiría en el todopoderoso Felipe II, encargado por aquel entonces de los asuntos americanos por orden de su padre, Carlos I.
Presenta al indio americano como una persona simple, sin maldad ni dobles, fiel, leal, dócil y pobre, libre de codicia y ambición. Un retrato un poco idílico en el que llega a compararlo con un cordero y a los conquistadores, con leones y depredadores. Carga las tintas al describir matanzas, estragos, despoblaciones de pueblos y otros atropellos no menos espantosos, todos ellos cometidos con el fin de lucrarse con el oro y riquezas que encontraban. El texto es una denuncia que busca remover conciencias y todo está orientado a conseguir ese objetivo.
Son muy interesantes, y en ocasiones cómicas, las descripciones que el autor hace de la isla La Española y otras cercanas, comparando su tamaño con zonas de la península, y de varias provincias de la llamada tierra firme. Nos cuenta los reinos que había allí y narra con gracia sus costumbres y formas de vida. Denuncia casos de violencia, violaciones, mutilaciones, castigos crueles, quema de personas vivas y otras atrocidades. También denuncia la inoperancia de los reglamentos y leyes promulgados por la corona para acabar con los desmanes y atrocidades cometidos en el Nuevo Mundo.
En suma, un libro que carga las tintas y exagera en las valoraciones de lo que allí sucedió, que aporta pocos datos concretos de cómo, dónde y cuándo se cometieron los crímenes que describe, pero que seguramente refleja hechos reales y conocidos de primera mano. Y desde luego, está escrito con la sana intención de acabar con los desmanes y barbaridades perpetradas por los españoles. Un texto clave en la historia del Imperio Español, que nos hace pensar que, si bien es cierto que no se puede juzgar lo sucedido siglos atrás con la mentalidad actual, en este caso basta con considerar lo sucedido en América con la visión del buen Fray Bartolomé. En cualquier caso, la obra resulta interesantísima por todo lo que cuenta y muy especialmente por las descripciones que contiene de aquellas tierras y sus gentes.
Curiosamente, este libro fue prohibido por la Santa Inquisición en 1660, 108 años después de su publicación y de que hubiera estado circulando libremente por España todo ese tiempo.
La responsable de esta edición y la introducción que la presenta es Trinidad Barrera López, Catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de La Rioja. En este enlace, pueden descargarse las primeras 21 páginas del libro.
Bartolomé de las Casas (Sevilla, 1474-1566) fue un abogado, fraile dominico, sacerdote, obispo, teólogo, filósofo y encomendero español del siglo XVI. Hijo de un comerciante y sobrino de uno de los tripulantes del primer viaje de Colón a América, su padre se embarcó en el segundo viaje del descubridor y le trajo de regalo a su hijo un indio como esclavo. Bartolomé comenzó a estudiarlo, pero la reina Isabel la Católica prohibió tener indígenas americanos esclavizados.
Estudió Teología en la Universidad de Salamanca, viajó a las Indias en 1502, se ordenó sacerdote en La Española (Santo Domingo) en 1512 y partió como capellán con la expedición que conquistó Cuba. En esa isla le concedieron una encomienda, un terreno para explotar con indígenas incluidos. Conmovido por los abusos de los colonos españoles, inició una campaña en defensa de los indios, renunció a su encomienda y denunció que era un sistema de esclavitud encubierta. Propuso reformar las Leyes de Indias e ingresó en la orden de los Dominicos, que siempre había defendido los derechos de los indígenas, y finalmente consiguió que se aprobasen las llamadas Leyes Nuevas en 1542 y 1543, que establecían que los indios eran hombres libres.
En 1542 fue nombrado obispo de Chiapas y en 1552 publicó su famosa Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Desde 1551 hasta su muerte, fue procurador de indios, con la misión de transmitir a las autoridades las
quejas de la población indígena de toda la América española. Murió a los 88 años, ya retirado, en Madrid y está enterrado en la Basílica de Nuestra Señora de Atocha.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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