En 1934, Manuel Chaves Nogales, entonces subdirector del diario Ahora, acompañó a una pequeña fuerza militar española a tomar posesión efectiva del territorio de Ifni, una franja al sur del protectorado de Marruecos sobre la que España poseía derechos históricos desde el tratado de Wad-Ras de 1860. Esta zona de hecho estaba bajo su jurisdicción y se había convertido en refugio habitual de bandidos y salteadores expulsados del protectorado francés y que ponían en peligro las comunicaciones y el comercio en el extremo occidental del Sahara. Así, presionado por Francia, el gobierno de la república decidió hacer efectivo su dominio allí e intervino para pacificar y estabilizar dicha región.
Se encomendó la misión al coronel Capaz, quien, haciendo honor a su apellido, lo logró en poco tiempo y sin enfrentamientos: por un lado, los lugareños y los españoles estaban de acuerdo en la necesidad de pacificar la zona, por otro, las espingardas y escopetas de los árabes con taraceas e incrustaciones de nácar en las culatas eran muy vistosas y adecuadas para decorar un salón, pero poco eficaces frente a un ejército regular. A esto se añadía, según Chaves Nogales, «el prestigio personal y el poder maravilloso que sobre las masas ejerce siempre el hombre de excepción», como consideraba al coronel.
La operación se desarrolló en un ambiente distendido y casi pacífico, bajo las estrictas órdenes del coronel sobre cómo relacionarse con la población local, en especial con las mujeres. Se formó una fuerza militar de control con efectivos locales bajo mando de oficiales españoles y se respetó la jerarquía de la organización tribal existente. El ambiente amigable, tranquilo y con sensación de ausencia de peligro hizo que el periodista sevillano sacara su ironía y sentido del humor en ocasiones, como cuando refiere que el momento de mayor riesgo fue el viaje en avión.
Chaves Nogales y el fotógrafo Contreras fueron los únicos periodistas que viajaron con la expedición y convivieron con ellos durante los dos meses que fue lo que duró la operación, y mandó regularmente crónicas a su periódico. Para ello habla con los militares españoles y franceses, entrevista a los jefes locales y toma contacto con la población. Hay varias cosas que le sorprenden y le agradan: la ausencia de violencia con la que se desarrolló la misión, la acogida de la población, la organización participativa de la sociedad magrebí (el soviet perfecto) donde el jefe local rinde cuentas y puede ser apartado de su puesto por el pueblo.
En varias ocasiones hace alabanzas al buen funcionario de la metrópoli y felicita a los mandos militares y a los aviadores; insiste en el problema de las comunicaciones y de la falta de un puerto y hace pesquisas intensas sobre posibles soldados españoles capturados anteriormente y retenidos; tras las crónicas, el libro se completa con varios artículos en los que desmiente razonadamente la existencia de prisioneros españoles de las campañas previas, cuando sucedió el desastre de Annual, una hipótesis muy en boga en aquellos años, pero que nunca fue confirmada.
Receloso y atento a los acontecimientos Chaves reflexiona y advierte de las diferencias entre una verdadera ocupación y una toma simbólica del sitio; el tiempo le dio la razón, en los años 1957 y 1958 se libró allí la última guerra colonial española, un episodio silenciado en su momento por las autoridades y que enlaza con el conflicto todavía latente del Sahara occidental.
Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-1944) es una referencia del periodismo español en la primera mitad del siglo XX. Hijo de un escritor y periodista y de una pianista, pronto siguió los pasos de su padre. Fue colaborador de varios diarios de Sevilla y de Madrid, y cubrió distintos episodios señalados de la actualidad política de esa época, viajó a Rusia, Alemania e Italia para escribir sobre los regímenes totalitarios que se instauraban en Europa.
Defensor de la república y enemigo de la revolución bolchevique, tuvo que exiliarse durante la guerra civil primero a París y luego a Londres, y siguió escribiendo artículos en defensa del bando republicano en numerosos periódicos de varios países. Falleció en Londres, tras ser intervenido de una peritonitis. Es autor de numerosos artículos, ensayos, novelas, biografías, obras de teatro, crónicas y reportajes viajeros.





