Título: Tengo miedo torero
Autor: Pedro Lemebel
Páginas: 192
Editorial: Seix Barral
Precio: 19,90 euros
Año de edición: 2026
Tenemos la suerte de que Seix Barral acaba de reeditar esta estupenda novela, la primera y última escrita por este peculiar autor chileno, polifacético, homosexual y apasionado. Publicada originalmente en 2014, un año antes de la muerte de Lemebel, está dedicada a la chica Myrna, la Ceci, el Flaco, el Julio, la Olga y el Pato, arranca con una frase que muestra la delicada orfebrería del lenguaje utilizado y define el contexto de la narración: «Como descorrer una gasa sobre el pasado, una cortina quemada flotando por la ventana abierta de aquella casa, la primavera del 86».
Estamos en Santiago de Chile, a finales de los años 80, en los años duros de la dictadura de Pinochet, cuando las calles estaban llenas de humo de neumáticos quemados, estudiantes corriendo y policías empleándose a fondo. Esta es la historia de la Loca del Frente, un trasunto del propio autor, que borda manteles mientras no para de cantar boleros antiguos, que alquila un ático, lo llena de flores y acoge en él las misteriosas cajas y las reuniones clandestinas de un estudiante subversivo, del que se enamora sin remedio. Un planteamiento prometedor, un romance imposible y algo disparatado en medio de una represión y persecución política extremadamente duras. Amor y sacrificio, ilusión y el mal rondando en cada esquina, kimonos floreados y porras antidisturbios. El melodrama está servido, a medio camino entre el vodevil y la tragedia.
El estilo es espléndido, rico y colorido, adornado sin ser pesado, juguetón y creativo, a veces algo desvergonzado, lleno de frases de alta expresividad y de hallazgos estilísticos. El autor hace gala de una imaginación exuberante y una sensibilidad a flor de piel, algo exacerbada y hasta con un punto de ironía que le permite reírse de sí mismo y de su personaje. El texto está punteado por letras de boleros, melancólicos y desgarrados, y por terribles noticias de lo que está ocurriendo en el país. Por otro lado, hay dos hilos narrativos que se desarrollan en paralelo: las venturas y desventuras de la protagonista y su idolatrado Carlos, el estudiante, y las reflexiones de dos mujeres del régimen, la esposa de un general y la mujer del tirano. Por último, estas páginas están salpicadas de sabrosos chilenismos, cuyo significado se adivina a menudo por el contexto, pero que obligan a veces a consultar el Diccionario de americanismos de la ASALE: chasquilla (flequillo), pololo (joven), copuchento (chismoso), cucha (cama), punga (carterista), cachureo (cachivache), pilcha (prenda de vestir), poto (trasero), yapa (propina), lacho (amante, galán), capotudo (de párpados caídos), cabro (joven), zuácate (golpe), cachar (atrapar), choclón (multitud), luma (porra), upeliento (perroflauta), quiltra (chucho), cahuín (chisme), garúa (calabobos), cafiche (proxeneta).
Un cóctel jugoso, estupendamente estructurado que hace la lectura ágil y variada. Hay una descripción soberbia de la fiesta sorpresa que le prepara la Loca a su Carlos, una verbena del lenguaje y un regalo para los ojos del lector avezado. Una novela que es una maravilla, divertida, arrebatada, original y algo delirante. La mejor y única escrita por un autor con una pluma formidable. Afortunadamente, no acaba en tragedia, al menos no en tragedia policial, y nos regala algunos párrafos que son para enmarcar. Una obra que es una locura deliciosa, el brillante debut de un autor en estado de gracia. En dos palabras: im presionante.
Esta edición incluye un atractivo prólogo de la escritora Alana S. Portero. Hay otra edición, un poco más económica, en la editorial Las Afueras.
Pedro Lemebel (Santiago de Chile, 1952-2015) fue un periodista y cronista chileno. Hijo de un panadero, nació en un barrio marginal de la capital chilena. Estudió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, del que salio titulado como Profesor de Artes Plásticas. Dió clases en varios liceos, pero fue detenido porque no ocultaba su homosexualidad. Entonces se dedicó de lleno a los talleres literarios, comenzó a escribir relatos y ganó varios premios.
En 1987, formó junto con Francisco Casas, poeta y artista, el dúo Las yeguas del Apocalipsis, que se dedicó a irrumpir de modo sorpresivo y provocador en lanzamientos de libros y exposiciones de arte. Sus propuestas mezclaban la performance, el travestismo, la fotografía, el video y la instalación, y al mismo tiempo la defensa de la memoria histórica, la democracia y los derechos humanos, especialmente los del colectivo LGTBI.
Como escritor es autor de una novela, diez libros de crónicas urbanas sobre la marginalidad, los homosexuales, la prostitución y la pobreza, entrevistas, artículos, guiones de cine y de cómic, y también apareció en varias películas interpretándose a sí mismo. Falleció a los 62 años de un cáncer de laringe.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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