Título: Pajaritos preñados
Autora: Andrea Abreu
Páginas: 504
Editorial: Anagrama
Precio: 23,90 euros
Año de edición: 2026
Aquí tenemos la esperada nueva novela de Andrea Abreu, que nos deslumbró a todos con su espléndido debut, Panza de burro (2020), un texto estupendo, con todo el aroma de la cultura y el lenguaje canarios. Había mucha expectación, después de ese primer éxito.
En esta ocasión, la apuesta es clara: páginas colmadas de canarismos, giros, expresiones, dichos y variaciones propios de aquellas tierras. Un verdadero festín lingüístico, una verbena, una celebración de la palabra que es una gozada. Color, olor y sabor tinerfeños a raudales, en unas páginas que casi no parecen escritas en español y que supongo que va a ser más que difícil traducir a otros idiomas. Y como siempre pasa en estos casos, la lengua trae incorporada de manera indisoluble una buena parte de la cultura canaria, de su manera de estar en el mundo y de ver la vida.
Solo por eso ya este libro es extraordinario, pero además tiene la virtud de dibujar la cara B del milagro turístico de las Islas Afortunadas, la trastienda de un panorama idílico de sol, playa y negocios, que no alcanza para todos. Estamos en los años 90 y los personajes pertenecen al Tenerife más rural y de interior, despoblado, marginado y pobre. Son los perdedores, especialmente representados por la protagonista, Cathaysa —un nombre guanche—, la hija del Tiznado, una adolescente de 16 años con los problemas propios de la edad, sin un rumbo claro en la vida, como todos los expulsados del sector turístico, que se encuentran perdidos, aislados y sin salida. Completamente atrapados, encerrados en la endogamia y predestinados al fracaso. Porque en una isla, el viejo dicho «Pueblo pequeño, infierno grande» adquiere dimensiones existenciales: aquí todos saben lo de todos, todos suponen, todos chismorrean y nada se olvida. Y la pobre protagonista acaba dando vueltas y vueltas, para acabar casi en el mismo sitio. Nuestra chica busca desesperadamente un gran amor y a su padre, chatarrero y borracho, al que adora, y los encuentra a los dos, pero ambos la decepcionan de un modo terrible. Incluso pierde la relación con su mejor amiga, La Macha, que la quiere de verdad.
Una historia de desánimo, en una isla arrasada por el turismo, sin salida, con el alcohol y las drogas como único consuelo. El fracaso suena triste y hermoso, nos duele y nos deleita a la vez, como en un blues rural e isleño. El título proviene de una expresión, «pensar en pajaritos preñados», que quiere decir estar en las nubes, hacerse ilusiones o pensar en algo tan poco realista como las aves embarazadas. Es propia de Venezuela, otros países hispanoamericanos y Canarias. Hay también multitud de palabras locales, cuyo significado se puede adivinar muchas veces por el contexto, pero en ocasiones es necesario consultar un Diccionario de canarismos. Algunos términos básicos para seguir la historia pueden ser: cambeo (cambio, trueque), mulería (enfado), jarrapentería (cachivache), fisco/fisquito (un poco/poquito), baifo (cabrito), higo pico (higo chumbo), veril (borde del terreno, cornisa), verijas (ingle), timple (guitarrrita canaria), cango (yugo), samancudo (mosquito), tusa (corazón de la mazorca), enbisnarse (robar), ferruja (sangre), bezos (labios) y bicho carretero (milpiés).
Y para dar una idea más cabal del espléndido lenguaje de estas páginas, aquí van algunas citas de muestra: «La guapura era una manzana envenenada con gaznate, un higo pico sin pelar, un pájaro capirote volando dentro del zarcerío cerrado», «¡Qué buen engodo pa los cabrozos!», «Ya el conejo me arriscó la perra», «Eres más bruto que un animal vestido», «Callado como una tusa», «Igual que cuando Moisés rajó los mares al centro como a unas bragas viejas», «Dios te guarde y te bendiga, de los pies a la barriga», «¡Cathaysa, no seas machanga mierda, no digas eso porque te escacho la cabeza por matraquillosa!», «Me duelen los dientes de tanto pensar», «Un hombre con la cabeza llena de emisoras», «¡Chiquita potranca!, chillaba uno cuando pasaba una piba, ¡te cojo te esbarato!, le respondía otro haciendo un pingazo en el aire, jaks jaks jaks, se reían con la lengua trinquillada entre los dientes y resoplaban por las narices y otra vuelta con el cuento del olorito a pan, y que si ya vieron pasar a youesmaikel».
La narración avanza siguiendo dos hilos paralelos, ambos escritos en tercera persona: uno sigue de cerca lo que le va pasando a Cathaysa y el otro cuenta las peripecias de su padre, el Tiznado. Hay pasajes magistrales, como las descripciones de una verbena de pueblo y la de un encuentro íntimo en una caseta de riego. Los diálogos son naturales, creíbles y están llenos de enjundia. Los apodos y nombres que gasta el personal son geniales (el Higo Pico, el Churrero, la Macha, el Tiznado, la Jocicuda, el Bigotuso, Chaxiraxi... ). Abundan las frases que son un prodigio de expresividad. Y la acción avanza lentamente en la primera mitad del libro, formada por las partes I y II, y se vuelve más movida en la segunda mitad, las partes III, IV y V. El texto se organiza en largos párrafos y capítulos sin numerar ni título.
En fin, una novela con un lenguaje fastuoso, una atmósfera espléndidamente retratada y una trama que no puede acabar bien. Una historia dura, con un envoltorio exquisito de frases y expresiones locales, en un relato muy cerca de la oralidad, arrollador, muy original y lleno de encanto. La historia de una adolescente que va dando tumbos por la vida, mientras el lector va descubriendo el origen de sus problemas: un bagaje familiar oscuro y tremendo. Recomendable para lectores intrépidos que no se arredran ante una montaña de 500 páginas de expresiones tinerfeñas. Quizás esta obra puede considerarse un ochomil literario, pero os aseguro que vale la pena. ¿A quién no le apetece un viaje a lo más profundo de las Canarias?
Andrea Abreu (Icod de Los Vinos, Tenerife,1995) es una escritora y poeta española. Ha estudiado periodismo en la Universidad de La Laguna y en el 2017 se mudó a Madrid, donde ha cursado un máster en Periodismo Cultural y Nuevas Tendencias de la Universidad Rey Juan Carlos.
Ha sido becaria, camarera, dependienta y periodista ocasional. Es autora de dos poemarios: Mujer sin párpados (2017) y Primavera que sangra (2017). Es codirectora del Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares. Con su primera novela, Panza de burro (2020), ganó el accésit del XXXI Premio Ana María Matute y deslumbró tanto a la crítica como al público. Pajaritos preñados es su segunda novela.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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