martes, 7 de octubre de 2014

Confesiones de un bribón - Wilkie Collins


Título: Confesiones de un bribón
Autor: Wilkie Collins

Páginas: 223

Editorial: Obelisco

Precio: 12 euros

Año de edición: 2003


Aquí tenemos otra novela apasionante del gran maestro británico del suspense decimonónico, nada menos que Wilkie Collins, autor de joyas como «La piedra lunar» y «La dama de blanco». Una trama llena de aventuras, herencias, peripecias, bandas de delincuentes, malos y buenos, casas llenas de pasadizos y trampas, efectos melodramáticos, huidas y diligencias, persecuciones, matrimonios secretos, una cándida enamorada, un malvado adornado de algunas cualidades que se llama Doctor Dulcifer (curioso nombre que recuerda a Lucifer, pero resulta dulce) y la guinda que nunca falta en las obras de este autor: una historia de amor.

En este caso, el protagonista es un briboncete de clase alta, un bala perdida, un joven de familia noble con poca personalidad y menos autodominio, que no sabe controlar su vida y se deja arrastrar por las peores inclinaciones. Sin embargo, este libro puede verse como una historia de redención, porque el amor y la aventura salvan finalmente a este particular «antihéroe» y la cosa acaba razonablemente bien, dentro de lo que cabe.

Una vez más me he encontrado en esa situación en la que uno se identifica con el protagonista de una historia y esta deseando que, aunque no sea trigo limpio, le salgan las cosas bien y se salve. Eso de desear que «el malo» tenga suerte, siempre me ha perturbado un poco.

Dos características de esta novela me han llamado la atención. Primero, la gran habilidad del autor para dosificar la información, ocultar precisamente lo que el lector se pregunta en cada momento, despertar su curiosidad y satisfacerla justo cuando hay otra pregunta que sigue espoleandole a seguir leyendo a ver qué pasa. Segundo, el espíritu positivo que transmite el texto en todo momento, no sé en qué estriba esa sensación, pero la voz de este escritor británico mantiene un cierto optimismo, una energía benéfica que hace agradable la lectura.

Varios detalles interesantes amenizan la lectura: en Escocia en aquellos tiempos, una pareja podía casarse simplemente ante un testigo; la parte de arriba de una dligencia se llama el imperial de la diligencia... Y tampoco faltan frases para recordar: «La sociedad manifiesta siempre una inexplicable indulgencia por el bribón», «Todo hombre con suficente experiencia en la vida habrá observado cuán íntimamente undos están lo grotesco y lo terrible, lo cómico y lo serio».

Una novela paradigmática dentro de la producción de este genial autor, una de sus primeras obras, escrita en 1857, en las que están ya sus principales temas y cualidades, que se lee a velocidad de vértigo, llena de acción y dramatismo, apasionada, intrigante y escrita con mano hábil por un escritor que dominaba la literatura de entretenimiento. Muy recomendable para todo tipo de lectores y para descansar de lecturas más sesudas y difíciles.

William Wilkie Collins (Londres, 1824-1890) fué un novelista y dramaturgo inglés, muy popular en su época y amigo íntimo de Dickens, que nos ha dejado escritas 27 novelas, 60 relatos, más de 14 obras de  teatro y otros escritos. Se ha convertido ya casi en un habitual de La antigua Biblos, como puede verse en este enlace.

Hijo del pintor William Collins, vivió con su familia en Italia desde los doce a los quince años, lo que le marcó en su carácter. Comenzó en el comercio del té, luego se dedicó a la pintura y llegó a exponer, empezó a estudiar Derecho, hasta que a los 24 años escribió su primera novela y decidió dedicarse a la literatura.

Su gran amistad con Charles Dickens impulsó su carrera como escritor. Escribieron novelas a medias, colaboraban en las mismas revistas, Collins aditó varios de los libros de Dickens y acabaron siendo parientes cuando el hermano menor de nuestro escritor se casó con una hija de Dickens.

Padecía artritis (gota reumática), para soportar el dolor tomaba opio en forma de láudano y finalmente se hizo adicto. Tomaba tal cantidad que veía visiones, se le aparecía un doble suyo, al que llamaba Ghost Wilkie, con el que discutía y a veces, al acabar una novela no se acordaba de lo que había escrito.

Collins es el rey del folletín decimonónico, sus novelas por entregas levantaban pasiones: románticas, con intriga, emoción, efectos dramáticos y fáciles de leer. Es un gran escritor.

Wilkie Collins pintado por J. E. Millais en 1850
       
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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