domingo, 16 de octubre de 2016

Bob Dylan y Alfred Nobel


Aunque figuraba como un candidato más en las listas de los premiables, ha resultado una sopresa para todos el que el Premio Nobel de Literatura haya ido a parar a Bob Dylan. La decisión ha desencadenado cierta polémica en las redes y medios de comunicación. No me resisto a dar mi opinión, aunque vaya por delante que me confieso fan incondiiconal del bardo de Minnesota y puede que no sea muy objetivo.

En la única encuesta que he visto, la del Huffington Post, ha sido doble el número de lectores que han pinado que el premio está bien concedido, que el número de los que han votado que no, aunque eso no quiere decir mucho porque en temas especializados los métodos democráticos no dan la respuesta definitiva.

En cualquier caso, siempre he creído que las canciones constituyen uno de los nuevos géneros literarios de la cultura popular. Hace tiempo leí «La poesía del rock», un libro que me encantó, y hace algo menos «Rapsodia española», una antología de poesía popular en forma de copla. Además ¿quién no se ha emocionado con la poesía de un buen bolero? 

Mucha gente no recita sonetos de Shakespeare, pero tararea las letras de su cantante favorito y me parece innegable que en los temas de algunos (como por ejemplo, Bruce Spingsteen, el adolescente primaveral, o Joaquín Sabina, por nombrar a alguien más cercano) late un auténtico aliento poético.

En ese sentido, en el 2011 le concedieron el Premio Princesa de Asturias de las Letras a Leonard Cohen, un gran poeta, y no hubo tanta polémica. Y por poner otro ejemplo, cualquier crítico o poeta con criterio os dirá que las letras de los Beatles son fundamentales y revolucionaron la manera de decir del pop y del rock.

Así que si aceptamos a los cantautores como poetas, no olvidando el papel de juglares y trovadores en el nacimiento de la poesía, hay que reconocer que es imposible comparar el teatro con la novela o con la poesía, que cada género es casi un universo independiente y que tan acertado puede ser premiar uno como otro.

Y si este año tocaba poesía, ya puestos, creo que Bob Dylan es una excelente opción, símbolo de la generación de cantautores de la canción protesta de los 60, comprometido, sin pretensiones y una de las voces más influyentes en varias generaciones de figuras de primera línea. Se dice que se puede rastear en la trayectoria artística de los Beatles lo que supuso para ellos conocer a Bob Dylan.

Así que, creo que hay que concederla al menos el beneficio de la duda, y leer su poesía a ver qué nos parece.

Bueno, os dejo el enlace de un artículo que me ha gustado especialmente, Dylan, ciudadano de la república de las letras, y una muestra de la poesía del galardonado.


Los maestros de la guerra (1963) 

Ustedes, que fabrican las grandes armas
Ustedes, que construyen los aviones de la muerte
Ustedes, que construyen todas las bombas
Ustedes, que se esconden tras los muros
Ustedes, que se esconden detrás de escritorios
Sólo quiero que sepan
Que puedo verlos a través de sus máscaras.


Dura lluvia va a caer (1963)
 
Vi a un recién nacido rodeado de lobos salvajes
Vi una autopista de diamantes que nadie usaba
Vi una rama negra goteando sangre fresca
Vi una habitación llena de hombres cuyos martillos sangraban
Vi una escalera blanca cubierta de agua
Vi diez mil oradores de lenguas rotas
Vi pistolas y espadas en manos de niños pequeños
Y es dura, dura, dura
Muy dura la lluvia que va a caer.


Está todo bien, Ma (1965)

Aquel que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo


Flotando en el viento (1963)

¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre,
antes de que le llames
«hombre»?
¿Cuántos mares debe surcar una blanca paloma,
antes de dormir en la arena?

¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón,
antes de ser prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
la respuesta está flotando en el viento.

¿Cuántos años puede existir una montaña,
antes de que sea lavada por el mar?
¿Cuántos años pueden vivir algunos,
antes de que se les permita ser libres? 

¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza,
y fingir que simplemente no lo ha visto?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.

¿Cuántas veces debe un hombre levantar la vista,
antes de poder ver el cielo?

¿Cuántas orejas debe tener un hombre,
antes de poder oír a la gente llorar?

¿Cuántas muertes serán necesarias,
antes de que él se de cuenta,
de que ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.



Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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