viernes, 23 de octubre de 2015

La tierra de los abetos puntiagudos - Sarah Orne Jewett


Título: La tierra de los abetos puntiagudos
Autora: Sarah Orne Jewett
 
Páginas: 166
 
Editorial: Dos bigotes
 
Precio: 18,95 euros 

 
Año de edición: 2015

Esta novela corta, que no llega a las 170 páginas, fué escrita por su autora a los 47 años y está considerada su mejor y más típica novela. Una obra aparentemente deslavazada y sin un argumento claro, lo que precisamente es una de sus mayores cualidades: tener la modernidad de romper con la estructura clásica de la novela decimonónica. 

Se trata de una narración en la que aparentemente no pasa nada, o mejor dicho, pasan un montón de cosas, lo que ocurre es que no se estructura alrededor de una historia con planteamiento, nudo y desenlace, sino que se dedica a describir la vida en los pueblos pesqueros de la costa de Nueva Inglaterra a finales del XIX, en pleno declive de la pesca y las actividades económicas asociadas. Lugares de una gran belleza, vibrantes y puros, llenos de bosques de abetos y montañas frente al mar.

Dos grandes protagonistas se adueñan de este libro, el paisaje y las mujeres. El paisaje, es decir la naturaleza, la fauna y la flora de la región, se describe con una riqueza de detalles espléndida, sin caer en largas y tediosas descripciones, sino con rápidos apuntes que se leen con facilidad, como bellas y vistosas acuarelas que llenan de colorido estas páginas y deslumbran al lector. Se puede decir que estamos ante una novela de paisajes, que bien puede tomarse como ejercicio de estilo y modelo a seguir para describir una región.

Dividido en 21 capítulos de unas siete u ocho páginas cada uno, que se leen con extraordinaria facilidad, el texto está salpicado de frases que expresan un gran cariño por aquellas tierras, y un profundo conocimiento de la naturaleza: «Los fresnos son propensos a pasar por periodos mustios, no tienen la determinación de otros árboles».

Y el otro papel protagonista está adjudicado a las mujeres de la zona. Mujeres fuertes, independientes y valientes, que hacen las cosas de otra manera que los hombres, con otro estilo y son las que sirven de soporte y aliento a una sociedad en franco declive económico. Las mujeres, simbolizadas por la señora Todd, experta en hierbas y remedios naturales, se vuelven hacia la naturaleza y viven en cierta manera en comunicación íntima con ella.

Resulta curioso ver cómo los hombres desempeñan papeles secundarios en esta novela y, al menos por una vez, las mujeres se erigen en auténticas protagonistas y sus puntos de vista, sus ideas, sus peripecias y lo que sienten es lo que realmente importa en este caso. Porque, además de ser una novela de paisajes y naturaleza, es también una novela de sentimientos, porque aquí no hay acción, no hay epopeya ni épica. Lo que encuentra el lector es un catálogo intenso y apasionado de emociones, afectos y sentimientos, que no cae nunca en la cursilería, auténtico, veraz y emocionante.

El argumento es muy sencillo: una escritora alquila una casa para pasar un verano escribiendo en un sitio tranquilo. Allí establecera una conexión muy especial con su casera, la señora Todd, y entrará en contacto con una naturaleza de una belleza fascinante y con un puñado de personajes inolvidables. El tema de la sororidad sirve de telón de fondo a toda esta novela. La sororidad como alternativa a la fraternidad, la amistad masculina y patriarcal, es la amistad entre mujeres, franca y positiva, que incluye una complicidad y apoyo mutuo frente a la dominación  masculina.

Por otro lado, este texto está plagado de pequeñas historias, relatos engastados como piedras preciosas en la novela: la historia del capitán Littlepage, que vió cosas asombrosas en uno de sus naufragios, la de Joana Todd, retirada voluntariamente a una pequeña isla tras un desengaño amoroso, la reunión de la familia Bowden, la historia del general borrachín, la de Elija Telley, el lobo de mar que vive en el recuerdo de su esposa fallecida...

En fin, una novelita deliciosa, aparentemente ligera y sencilla, llena de un particular sentido del humor, rabiosamente moderna y seductora, dedicada a la naturaleza, los paisajes y la vida en el mar. Una novela de sentimientos en la que las mujeres y su manera de hacer las cosas son protagonistas. Otro libro que recomendar a los amigos y que añadir a la lista de mis favoritos. Un verdadero clásico que recomiendo a todo el mundo, magnífico y profundo, lleno de virtudes, diferente y atrevido. Una pequeña maravilla. No os lo perdáis. 

Sarah Orne Jewett (South Berwick, Maine,1849-1909) fué una novelista y cuentista estadounidense, famosa por sus hitorias regionalistas ambientadas en Nueva Inglaterra. HIja de un médico rural, acompañaba a sus padre durante sus visitas y como remedio contra una artritis reumatoide se dedicó a pasear durante toda su vida, lo que facilitó el que desarrollase un profundo cariño por elpaisaje de su tierra.

A los 19 años publicó su primer relato y en pocos años se convirtió en una escritora famosa y muy bien valorada. Tuvo una amistad muy estrecha con la también escritora Annie Fileds y cuando ésta se quedó viuda, ambas se fueron a vivir juntas a Boston. Su casa se convirtió en el centro de reunión de la intelectualidad bostoniana.

Desde entonces se utiliza la expresión un matrimonio de Boston (Boston marriage) para referirse a dos mujeres que viven juntas, mantienen una amistad sin ser pareja y viven sin el apoyo de ningun hombre.
 
Sarah Orne Jewett

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada