domingo, 14 de diciembre de 2014

Platero y yo - Juan Ramón Jiménez


Título: Platero y yo 
Autor: Juan Ramón Jiménez 

Páginas: 264 

Editorial: Cátedra 

Precio: 9 euros 

Año: 2005 (14ª edición)

El pasado viernes, el 12 de diciembre, Platero cumplía 100 años y es que en 1914 se publicaba por primera vez, «Platero y yo», el famoso libro sobre la relación del autor con su burrito, en una versión reducida para niños que luego Juan Ramón Jiménez ampliaría tres años más tarde.

Para celebrarlo, Google publicó un Doodle conmemorativo y en la Fundación Juan Ramón Jiménez, en Moguer, se regala un ejemplar durante todo este año a los visitantes.


Es ya un clásico del siglo XX, un libro delicioso, tierno y poético, que consigue no caer en la cursilería ni en la simpleza. Está basado en los recuerdos del poeta con varios burros que tuvo y es una maravilla de equilibrio y de prosa poética modernista, llena de símbolos y metáforas. Es un libro que me encanta, llena de color y optimismo.

Pero tiene un inconveniente, que antes era lectura obligada en los colegios y no hay mejor forma de hacer aborrecer un libro que obligar a leerlo cuando a uno no le interesa. Leí a la fuerza y en clase «Platero y yo» y «El principito», dos obras maravillosas que tardé años en descubrir gracias a los desvelos de los que diseñaron un sistema educativo erróneo, que confundía (y me temo sigue confundiendo) lo que les gusta leer a los niños con lo que les gustaría a los adultos que les gustase a los críos.

Me parece que para iniciar a los niños en el noble vicio de la lectura es fundamental en primer lugar dejarles elegir, no impornerles nada, sólo ofrecerles y sin insistir mucho. Y en segundo lugar, dejar a su alcance tebeos. Tintín y Astérix no suelen fallar, novelas de aventuras y libros sencillos de humor, que es lo que les divierte de verdad. Las lecturas más profundas vendrán solas luego.

Volviendo a Platero, creo que es un libro para adultos, con una atmósfera muy especial que acaba envolviendo al lector y transportándolo a un mundo rural, tranquilo y placentero, rodeado de goces primarios y sensuales. Una obra estupenda, escrita por un poeta en estado de gracia, que se lee en un momento y siempre deja muy buen sabor de boca. Os lo recomiendo.

Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881-1958) fué un poeta español, hiperestésico, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1956 por el conjunto de su obra. Hijo de un comerciante de vinos, estudió en Sevilla y comenzó a dedicarse a la pintura mientras colaboraba en los periódicos de la capital andaluza. Empezó a estudiar Derecho por imposición de su padre, pero lo dejó en seguida.

La muerte de su padre y la ruina de la familia al perder un pleito de embargo con el Banco de Bilbao le sumieron en una depresión, de la que se recuperó en parte teniendo un romance con su doctora. Pasó una época de desenfreno en la que tuvo numerosas amantes, mujeres casadas, monjas, de todo un poco.

Tuvo que vivir en su pueblo durante años debido a su situación económica. Con 32 años se enamoró del gran amor de su vida, Zenobia Camprubí, oyendo su risa desde la casa de al lado, y sentó la cabeza definitivamente. Fué Director de la Residencia de Estudiantes en Madrid y durante la Guerra Civil Española se exilió en EE. UU. y Puerto Rico. Dejó escritos treinta libros de poesía y está reconocido como una de las figuras clave de la generación del 27.

La Fundación Juan Ramón Jiménez tiene una página web con mucha información sobre el poeta y su obra.

 
Juan Ramón Jiménez

Aquí os dejo de propina una muestra de su poesía.

El viaje definitivo

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.


Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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