Título: La paradoja del comediante
Autor: Denis Diderot
Páginas: 102
Editorial: Ediciones del Dragón
Precio: 9,90 euros
Año de edición: 1986
En este libro, escrito en 1773 y publicado originalmente de manera póstuma en 1830, el gran enciclopedista francés nos da su visión del fenómeno teatral, a través de una serie de reflexiones agudas, penetrantes, sobre el teatro y su magia. Y lo hace a través de un diálogo entre dos personajes, llamados sencillamente Primer interlocutor y Segundo interlocutor, lo que hace que la exposición de su pensamiento sea ágil y más entretenida.
Diderot, el gran pensador, el genio ilustrado que parecía entender de todo, muestra aquí todo el esplendor de su pensamiento. Analiza lo que él llama un protocolo de hace 3000 años, una ceremonia curiosa si lo pensamos un poco, en la que sin ningún acuerdo previo, un grupo de personas asume lo que se llama una supresión temporal de la incredulidad y el espíritu crítico, y toma por real lo que dice y hacen otro grupo de personas, sabiendo que es falso y simulado. Una suerte de autohipnosis mágica que nos hace reír y llorar, gozar y sufrir, emocionarnos hasta la médula y realizar un viaje imaginario hacia lo desconocido.
El autor disecciona el trabajo del actor y plantea una serie de cuestiones de gran enjundia sobre ese juego de simulaciones, en el que alguien pretende ser quien no es y alguien pretende creerlo durante un rato. Lo primero que llama la atención de este diálogo es su enorme actualidad; parece haber sido escrito ayer mismo y lo que plantea es perfectamente válido en este momento, tanto en la forma como en el fondo. Lo segundo, la inteligencia con la que se abordan las cuestiones planteadas.
Veamos algunos ejemplos entresacados del texto: «Nada de lo que sucede en la escena se da igual que en la vida», «Las palabras no son ni pueden ser más que signos aproximados de un pensamiento, un sentimiento o de una idea; signos que completan su valor con el movimiento, el gesto y la circunstancia dada», «No os expliquéis si queréis haceros entender», «El que nos arrebata es el hombre que se controla», «Su talento consiste no tanto en sentir, sino en manifestar tan escrupulosamente todos los signos exteriores del sentimiento que consigue engañarnos», «Entonces ¿qué es lo verdadero en la escena?», «Con los placeres violentos ocurre como con las penas profundas: son mudas», «Los comediantes no impresionan al público cuando están furiosos; sino cuando representan bien el furor».
En fin, una obra que es una deliciosa rareza, una visión ilustrada del fenómeno teatral. Un buen ejemplo de cómo funcionaban los mecanismos analíticos del autor cuando abordaba algo que, en principio, estaba fuera de su especialidad. Un libro curiosísimo.
La traducción del francés es obra de Daniel Sarasola (Bilbao, 1962), actor, narrador, dramaturgo, traductor y profesor en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD). Esta edición cuenta con un interesante y revelador prólogo del dramaturgo y escenógrafo Francisco Nieva, otro hombre de teatro. En este enlace puede leerse el texto completo.
Denis Diderot (Langres, 1713-1784) fue un escritor y pensador francés, una de las figuras claves de la IIustración.
Es famoso por su erudición, su empuje dialéctico y su genio.
Revolucionó el teatro, la novela, la crítica y fue uno de los padres de
la «Enciclopedia», junto con D'Alambert. Él solo escribió más de 6000 entradas de la obra cumbre del Siglo de las Luces.
Nació en el seno de una familia artesana de provincias y se fugó del internado jesuita donde estudiaba para ir a París, donde pasaban las cosas. Allí estudió Artes y luego Derecho. Conoció a Voltaire, Rousseau y a todos los intelectuales del XVII francés. Pronto destacó por sus escritos filosóficos y emprendió la redacción y coordinación con D'Alambert de la «Enciclopedia», en la que llegaron a participar más de 150 intelectuales.
En 1773 viajó a Rusia para agradecerle a Catalina II el que hubiese comprado su fabulosa biblioteca, lo que por cierto, le salvó e la ruina y le permitió liquidar todas sus deudas. Los que le conocieron destacan su curiosidad inagotable, su lógica implacable en los debates, que le hacía prácticamente invencible y su enorme espíritu crítico. En el mejor retrato que nos ha quedado de él, se ve a un joven sensible y delicado. Es el gran Diderot.
Nació en el seno de una familia artesana de provincias y se fugó del internado jesuita donde estudiaba para ir a París, donde pasaban las cosas. Allí estudió Artes y luego Derecho. Conoció a Voltaire, Rousseau y a todos los intelectuales del XVII francés. Pronto destacó por sus escritos filosóficos y emprendió la redacción y coordinación con D'Alambert de la «Enciclopedia», en la que llegaron a participar más de 150 intelectuales.
En 1773 viajó a Rusia para agradecerle a Catalina II el que hubiese comprado su fabulosa biblioteca, lo que por cierto, le salvó e la ruina y le permitió liquidar todas sus deudas. Los que le conocieron destacan su curiosidad inagotable, su lógica implacable en los debates, que le hacía prácticamente invencible y su enorme espíritu crítico. En el mejor retrato que nos ha quedado de él, se ve a un joven sensible y delicado. Es el gran Diderot.
Denis Diderot (Louis-Michel van Loo, 1767)
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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