Título: Coloquio de invierno
Autor: Luis Landero
Páginas: 312
Editorial: Tusquets Editores
Precio: 20,80 euros
Año de edición: 2026
Pues aquí tenemos la última novela de este autor, en mi opinión, el novelista español en ejercicio que redacta mejor en castellano, un clásico moderno por más que algunos digan que escribe como un profesor de instituto.
Siete viajeros se quedan atrapados en un hotel rural durante una tormenta de nieve terrible, la que se llamó Filomena, a principios de 2021. Encerrados sin conexión con el exterior, ni teléfono, ni televisión, ni internet, pero con comida y bebida de sobra, deciden pasar el tiempo contándose historias, en una tertulia a la que se suma el matrimonio dueño del establecimiento. Allí surgen secretos ocultados durante años, anécdotas, comentarios y chascarrillos, en una suerte de Decamerón simplificado en el que lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta.
Landero pone en juego toda su maestría en el manejo del relato oral y nos regala un libro amenísimo, lleno de sabiduría popular y verbo llano, en el que se hacen interesantes y atractivos sucedidos más triviales, historias tremebundas y situaciones estrambóticas, y se llena de literatura la vida cotidiana de los contertulios.
Al principio de la obra se presentan los personajes, como si una obra de teatro se tratara, una librera, un periodista, una profesora de Filosofía, un médico, un empleado de ferrocarriles jubilado, un comandante de caballería, un profesor y el matrimonio de hosteleros. Alrededor de la mesa camilla surgen tres historias principales y multitud de historias pequeñas, que se van imbricando unas en otras según avanza la conversación. Un extraño incidente entre un caballero respetable y un tarambana, algunos pecados inconfesables de juventud, una belleza polaca, un campeón de pesca submarina, un niño que parece inocente, un enamorado que lee a Platón, una historia de celos que acaba mal, un vagabundo hecho a sí mismo, amores encontrados, un revólver, un pedo inoportuno, o muy oportuno, según se mire, un crimen infantil y muchas cosas y personajes más pueblan estas opulentas páginas.
El estilo es coloquial y verboso, elegante y rítmico, fluido y ligeramente arcaizante. El texto se compone de frases largas construidas a la perfección, un vocabulario amplio y profundo, y maravillosas enumeraciones que se leen con placer. En fin, una manera de escribir que me encanta y es un verdadero deleite para los ojos. Hay pocas palabras que pidan consultar el diccionario, yo solo he encontrado dos: regojo (muchacho pequeño) y caraba (reunión festiva). Es cierto que al acabar el libro uno tiene la sensación de salir de una clase de gramática, sintaxis y buen estilo, pero qué maravilla disfrutar de una novela escrita así, entre tanto escritor rudimentario y elemental.
El libro está salpicado aquí y allá de frases cortas y rotundas como aforismos de gramática parda, por ejemplo: «Las cabras nunca piensan nada bueno», «Sin creyentes, no puede haber dioses», «En el carácter va el destino», «Para el amor, se hace tarde muy pronto», «La ridícula, la intolerable fragilidad de la vida», «¿Qué tendrá el peligro, que gusta tanto a los humanos?», «El amor es invención», «La mediocridad de hoy será la nostalgia de mañana», «Dejemos las mujeres hermosas para los hombres sin imaginación» (Proust), «No hay otro crimen más perfecto e impune que el de la muerte natural», «Quizá somos todos hijos de unos cuantos momentos de asombro», «Para un niño, el verano es sobre todo un tiempo de impunidad».
Una obra estupenda que es una gozada leer. Muy recomendable como modelo de cómo escribir realmente bien. Una novela cervantina, sorprendente y con mucho truco. Una delicia para lectores landeristas, amantes de la lengua y gourmets del castellano.
En este enlace se pueden leer las primeras páginas del libro.
Luis Landero (Alburquerque, 1948), novelista español, nació en un pequeño pueblo de Badajoz, pegado a la frontera con Portugal.
Hijo de emigrantes extremeños en Madrid, tuvo que desempeñar los más variados oficios, por ejemplo, profesor de guitarra flamenca a los
16 años, para pagarse los estudios y poder hacer finalmente Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid.
Ha dado clase de literatura como profesor de instituto, en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y ha sido profesor invitado en la Universidad de Yale. Es un escritor tardío, que saltó a la fama a los 41 años con su primera novela, titulada precisamente Juegos de la edad tardía, con la que ganó el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura. Ésta es la decimoséptima obra que publica en 37 años, a un ritmo de una cada dos años.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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