Este libro puede considerarse una novela de aventuras, un libro de viajes por países exóticos, o de memorias de una mujer pionera e independiente; quizás las tres cosas a la vez porque la vida de Beryl Markham fue un carrusel continuo de emociones, aventuras, experiencias y retos, cualquier cosa menos aburrida, la frase suya del encabezamiento la define. El libro no es una biografía, lo podemos llamar unas memorias incompletas; hay datos esenciales de su vida de los que no habla nada: no menciona a su madre, a su hermano, no cita a sus matrimonios ni habla de su hijo. Sólo habla con cariño y admiración de su padre con el que se fue a vivir a Kenia. Está estructurado en capítulos cortos a menudo sin un orden cronológico, parece que va escribiendo según en su memoria van apareciendo los recuerdos; así que para hablar de esta obra es preciso hablar de la vida de Beryl.
Cuando tenía cuatro años su padre compró una granja en Kenia, y allí se estableció la familia, pero su madre y su hermano regresaron pronto a Inglaterra. Pasó una infancia de aventura: vivía en una cabaña, andaba descalza, cuidaba de los animales de la granja y convivía con los niños nativos de la tribu nandi de los alrededores. Con ellos aprendió a usar el arco y la lanza, a cazar, a moverse por la selva y su idioma, el swahili; llevó una infancia de película, con gran autonomía de movimientos y vivió varios episodios llenos de emoción con sus amigos nativos. En los primeros capítulos narra varias de esas peripecias como partidas de caza con otros chicos (ella era la única chica), la actividad diaria de la explotación y sus tareas, o un ataque que sufrió por un león acogido desde cachorro en la granja.
Cuando su padre se arruinó y tuvo que vender la granja, ella contaba dieciséis años, se había dedicado a entrenar caballos con acierto y comenzó una vida independiente como empleada en otras granjas distantes como cuidadora y adiestradora para la caza y para las carreras. Fue la primera mujer con licencia de entrenadora de caballos en Kenia, tuvo trabajo continuo y éxito, tanto que con 18 años un pura sangre preparado por ella ganó importantes carreras nacionales. Hay varios capítulos dedicados a esa etapa, a las relaciones con otros granjeros y extranjeros aficionados a los caballos, en los que muestra su inclinación por la vida al aire libre y la poca atracción que ejercía la ciudad sobre ella.
Conoció a un piloto pionero de la aviación en África, que despertó en ella la afición por el vuelo y el placer de la perspectiva distinta del país desde el aire y la enorme sensación de independencia que le producía. Aprendió a pilotar hasta conseguir su licencia de vuelo venciendo obstáculos administrativos por su condición de mujer; en sus inicios fue la única mujer piloto en África y durante un tiempo la única aviadora autónoma en Kenia; trabajó trasportando correo, paquetes y personas por el aire, aparte de participar en tareas de rescate de mineros o cazadores heridos.
Conoció a Denis Finch-Hatton, un excelente piloto, buen cazador, persona atrayente y deslumbrante, que tuvo la idea de localizar elefantes desde el aire para así organizar safaris para cazadores adinerados, pero no pudo llevarla a cabo: falleció en un accidente al despegar su avioneta (¿verdad que os suena la historia?). Beryl desarrolló esta idea y se asoció con el barón von Blixen, marido de la escritora Karen Blixen, y ambos organizaron vuelos para localizar animales de caza y trasportar a los cazadores.
La hazaña que la hizo famosa fue atravesar el Atlántico Norte desde Inglaterra hasta América volando en solitario en sentido este-oeste en contra del viento preponderante; voló sola, tuvo que superar varios incidentes con el aparato y estando cerca de conseguir su meta en Nueva York el motor de su avión se paró y planeando logró realizar un aterrizaje forzoso en Nueva Escocia, Canadá.
Todas estas peripecias están contadas en capítulos cortos, de lectura muy amena, llenos de ironía y fino humor británico; un texto directo, sin adornos, con descripciones breves y precisas, la autora tiene la costumbre de hablar de un personaje nuevo para, después de un párrafo que provoca sorpresa en el lector, terminar de explicar quién es ese nuevo actor.
Es inevitable comparar el libro con Memorias de África, pero hay diferencias claras: Karen Blixen era una escritora formada y con trayectoria cuando escribió su famosa obra, y es probable que la aventaje en calidad literaria, pero Karen no estaba tan sumergida en el mundo africano, era una de los colonos que primordialmente quería ser escritora. Markham era una persona de acción, impetuosa e inconformista y eso lo refleja estupendamente en su libro, cuenta episodios de su vida sin florituras, yendo directamente al grano. Durante el vuelo, en la soledad de la cabina su imaginación y su memoria viajaban también, pero a otros lugares, y mientras nos relata el viaje añade recuerdos y otras historias. Curiosamente, o quizás no tanto, Karen Blixen no cita a Markham en sus memorias, es obvio que se trataron, y en este libro que nos ocupa aparece varias veces el barón Blixen, pero nunca Karen.
Estas son algunas de las frases llamativas del libro, que ayudan a hacerse una idea del estilo: «Aparentaba una edad u otra según el tiempo, la hora del día, su humor o la inclinación de su turbante», «Un hombre misterioso, sin edad ni juventud», «África es mística, salvaje, un infierno abrasador, un paraíso para el fotógrafo, el Valhalla para el cazador, una utopía para un escapista. Pero nunca es anodina», «La doble deuda que Inglaterra tiene con la antigua China por los dos dones que hicieron posible el Imperio: el té y la pólvora», «Tu planeta es tu avión y su único habitante eres tú», «Sola o no, sigo siendo inmune a la maldición del aburrimiento», «Tuvimos que esperar a que viniera un oficial del ejército mejor uniformado del mundo, el italiano, que hablaba inglés, bueno, esto último es una exageración».
Residió la mayor parte de su vida en África, salvo periodos cortos en el continente y una estancia más larga en Estados Unidos tras su vuelo. Regresó a Kenia en 1952 y volvió a retomar su pasión por los caballos y a ganar carreras con ellos. Falleció en Nairobi en 1986. Hay un cráter en la superficie de Venus que lleva su nombre.
Este libro se publicó en 1942 en EE. UU. con buena acogida por la crítica, y al año siguiente en Inglaterra, pero el éxito fue escaso. Ambos países estaban en guerra, había escasez de papel y el esfuerzo bélico no permitió que triunfara como merecía. Tuvo un resurgir inesperado en 1982 al encontrarse una carta elogiosa y faltona de Hemingway que lo alababa notablemente. El escritor americano dijo: «escribe tan bien, tan maravillosamente que me avergüenzo de mí como escritor, me he sentido como un simple carpintero de palabras que las ensamblaba».





No hay comentarios:
Publicar un comentario