Llevaba sin leer algo de no ficción de JavierCercas desde que escribió sobre Enric Marco en El impostor. Es también el tiempo que ha tardado el autor en volver a escribirnos un ensayo y es significativo el salto que ha dado. Ha pasado de hablarnos de un farsante a hacerlo del que debiera ser el más puro de los cristianos, el Papa de Roma.
En 2023, Javier Cercas, gracias a su prestigio y con la condición de contar esa experiencia en un libro, fue invitado por el Vaticano a acompañar a la comitiva papal a un viaje oficial del pontífice, el verano de ese año, a Mongolia.
Cercas, ateo convencido, aceptó la propuesta de realizar el viaje, aunque lo hizo a cambio de que se le hiciera una concesión y no pequeña precisamente. Como todos nuestros orígenes culturales, el de Javier Cercas también es católico, independientemente de su fe y, como muchos de nosotros, tiene una madre de irrevocable creencia cristiana que anhela, el día que le llegue la hora, volver a encontrase con sus seres queridos, concretamente en este caso, con su ya difunto marido. La posibilidad de que se le presente la ocasión de charlar a solas con el Papa Francisco ―porque en ningún momento tiene la seguridad de que así sea―, anima a Javier Cercas a embarcarse en esta aventura.
Que una persona como este autor, llano y cercano, pueda hablar con el Papa sobre la vida eterna es un tremendo gancho para cualquier lector, pero El loco de Dios en el fin del mundo es mucho más que eso. Es el libro de un viaje en el que, además de su hipotético encuentro con Francisco, habla de cómo son los viajes vaticanos, cómo es esa comitiva que le acompaña, y cómo es un país como Mongolia, en el que apenas hay millar y medio de católicos y mucha desconfianza hacía esa religión y hacia la cultura occidental en general. Por no hablar del repaso vital que hace del penúltimo de los papas, cuando aún no sentía cerca la llamada definitiva de Dios y acababa de perder al papa emérito.
El uno de abril de 2025 salió a la venta este libro, y apenas veinte días después falleció Francisco I, protagonista omnipresente de la obra. La triste noticia catapultó a este libro a un éxito en ventas garantizado, acrecentado aún más al sucederse la coyuntura en vísperas de la celebración de Sant Jordi en Barcelona, tierra adoptiva del escritor. Desde entonces, miles de lectores nos hemos animado a leerlo y creo que hay unanimidad en las impresiones que nos ha dejado. El loco de Dios en el fin del mundo es una las obras cúspides del autor ―y lleva ya unas cuantas de gran calidad― y, aunque suscite una impresión similar a la de El imposto ―podía haberse escrito lo pretendido en menos páginas―, supone un tremendo placer lector acercarse a este libro mitad experiencia personal, mitad libro de viajes.


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