Esta novela no trata de simpáticos roedores. Por ejemplo: encantadores ratoncitos blancos de campo que parecen hechos para que las criaturas jueguen con ellos correteando por el jardín de casa. Tampoco de ratas comunes, vecinas de la basura, inquilinas de las alcantarillas, sucias y con mala fama. Las ratas son repugnantes, pero no monstruosas. Forman parte del orden natural de las cosas, aunque vivan en el submundo más pringoso. No, esta novela trata de ratas fuera de lo normal. Ratas de un tamaño considerablemente mayor que las ratas ordinarias. Ratas traicioneras e inteligentes. Ratas negras de mirada maligna y amarilla. Ratas que atacan a las personas y las devoran. Ratas que transmiten el morbo. Ratas que son monstruos y amenazan a la humanidad.
James Herbert publicó Las ratas en 1974 e inmediatamente se convirtió en un clásico del horror más brutal, gráfico y contundente. Vendió cientos de miles de ejemplares, catapultando a la fama a su autor. Quede claro desde el principio que Las ratas no es lo que se dice una novela para todos los gustos. Los lectores que tengan aversión a los roedores o no gusten de las escenas crueles pueden evitarla. Ellos se lo pierden. Este libro está escrito con una destreza notable. Si se superan ciertos prejuicios acerca del llamado buen gusto, debe admitirse que James Herbert es un escritor nada desdeñable.
Las ratas es francamente buena como novela de horror. Cumple con nota. Tiene una trama atractiva, un estilo directo y sin florituras y una capacidad envidiable para encandilar desde la primera hasta la última página. No se le puede negar un ritmo que nunca decae, excepto en algún capítulo fastidioso. Ahora bien: resulta innegable el exhibicionismo casi pornográfico de la violencia del que hace gala el avisado señor James Herbert. Una cuestión comercial, supongo. Hasta cierto punto la violencia se justifica por la propia naturaleza del libro: una novela sobre ratas asesinas debe tener por fuerza sus momentos repulsivos. Herbert cuenta las sangrientas tropelías de las encantadoras ratitas de un modo frío e impasible, con escasas concesiones al bienestar emocional del lector y desde una perspectiva casi científica. Desde el principio domina un enfoque objetivo del horror. En una novela como Las ratas puede tratarse de un mérito, aunque sea dudoso.
El argumento, a grandes rasgos y sin destripar la trama (de eso ya se ocuparán las ratas peludas), es como sigue: en los barrios bajos del East End londinense comienzan a menudear los ataques de unas ratas especialmente agresivas. De hecho, en pocos minutos mondan literalmente a sus víctimas. Los testarudos animalitos no tienen miedo al hombre, son imperturbables y únicamente retroceden cuando huelen el peligro. Se barajan con habilidad las peripecias trágicas de varios personajes antes de centrarse en el protagonista, un antiguo vecino del East End. El profesor Harris, pese a su ascenso social, sigue siendo fiel al barrio y su gente. Es el héroe de esta historia.
Así que los ataques van creciendo en intensidad hasta convertirse en grotescas matanzas que obligan a intervenir a las autoridades. El incremento progresivo del número y la violencia de las ratas está muy logrado: primero aparece una, luego otra, más tarde una camada, hasta que «la negra silueta pareció deshacerse en siluetas más pequeñas que empezaron a subir las escaleras». Lo mismo ocurre con las víctimas: al principio son vagabundos, personas marginadas, sombras solitarias que vagan por canales de agua putrefacta, casas derruidas o cementerios abandonados. La policía está perpleja. Nadie cree que las familiares ratas londinenses puedan cometer semejantes desafueros. Cuando el desastre es inminente, saltan las alarmas. El gobierno recuerda de repente el abandono de los barrios de la clase trabajadora. En algunos pasajes de la novela se advierte una cierta crítica social del sistema de clases británico.
Conclusión: Las ratas encantará a los aficionados al terror duro, implacable y sin concesiones. Otros lectores se echarán para atrás por esta misma razón. Recomiendo sin embargo su lectura. James Herbert sabe plantear una historia atractiva, desarrollarla de manera impecable y entretener y repugnar a partes iguales. ¿Qué más se puede pedir? Señores: no estamos en un delicado idilio campestre tocando la flauta entre bestezuelas retozonas. ¡Esto es la invasión de las ratas asesinas!
James Herbert (1943-2013) fue un escritor británico nacido en Londres. Hizo sus pinitos como cantante, para luego trabajar en una agencia de publicidad. El éxito de Las ratas le convirtió en uno de los grandes escritores de terror de su generación (la de Stephen King, Dean R. Koontz y Peter Straub). Ha vendido libros como churros en innumerables idiomas. En 2010 fue nombrado Gran Maestro del Terror. Ha recibido además la Orden del Imperio Británico, lo que no es moco de pavo. James Herbert falleció a los 69 años.


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