Título: Mimos
Autor: Marcel Schwob
Páginas: 60
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Precio: 12 euros
Año de edición: 1988
Este libro reúne 21 mimos y un epílogo. Estos mimos son textos livianos, prosas poéticas que el autor simula haber sido escritas por el poeta griego Herondas, que vivió en la isla de Cos bajo el buen rey Ptolomeo, en el siglo III a. C.. El poeta escribió, efectivamente, lo que se llamaba entonces mimos: pequeñas escenas teatrales humorísticas escritas en verso. Schwob revive el género para idear estas composiciones, encantadoras y dotadas de un atractivo que muy probablemente emula el de los originales, y en todo caso resultan brillantes y hermosos.
El estilo es poético, brillante, lleno de referencias sensuales a perfumes, comidas y bebidas, fragancias y colores, con un lenguaje y un ritmo que simulan muy bien la poética griega más clásica. Schwob toma aquí el papel de médium que invoca el alma del poeta griego y nos deleita con pequeñas historias pobladas de héroes, dioses, donceles y bellas muchachas. Un ejercicio de estilo maravilloso que asombra por la calidad del resultado.
Un refinado cocinero, un vendedor de lampreas, un esclavo disfrazado, una mujer que se lamenta por el esclavo que ha huido de su cama, un marinero poeta, una serpiente de barba dorada, el despiadado tirano Polícrates, la diosa Kinné, así son los personajes que llenan estas páginas. Aquí aparecen lirones confitados, nueces fritas, ánforas de delicado vino, un albergue infestado de chinches, una esclava de pechos como limones, jarras de leche, cestas de higos, un quitasol enamorado, un espejo que habla, la guardiana de un templo que aguarda a una sombra, los pastos de Sicilia, las calles blancas de una ciudad y cien imágenes más, a cual más evocadora. Mención especial merece una versión muy particular del mito de Dafnis y Cloe, que en estas páginas se nos ofrece, inteligente y muy original.
En fin, un libro con sabor a clásico, que contiene poesía de muchos quilates y nos transporta al mundo simbólico de la antigua Grecia. Una lectura delicada como un ensueño y con grandes dosis de erudición. Una miniatura que es una maravilla y que nos recuerda que Marcel Schwob es un genio de las distancias cortas. Una obra que respira poesía y clasicismo. Todo el mundo debería leer a este francés que escribe como los ángeles. Es un título relativamente difícil de encontrar, que a veces está incluido con otras prosas en un único volumen. Creo que se puede localizar en Iberlibro y en las bibliotecas de la Comunidad de Madrid.
La traducción del original en francés es obra del mexicano Rafael Cabrera (1884-1943), poeta, periodista y diplomático mexicano, conocido por sus poemas simbolistas y por sus excelentes traducciones.
Marcel Schwob (Chaville, 1867-1905) fué un crítico, traductor y escritor francés muy original, próximo al simbolismo. Nació en una familia culta y acomodada de origen judío, su padre escribió una obra de teatro mano a mano con Julio Verne.
Hablaba inglés, francés y alemán, estudió filología en París y se especializó en el conocimiento del argot, sobre el que escribió un tratado, «Estudio sobre el argot francés». Hubo dos mujeres en su vida, se enamoró de una joven prostituta llamada Louise, a la que inmortalizó en «El libro de Monelle», y la otra fué una famosa actriz de teatro, Marguerite Moreno, con la que tuvo una relación de diez años y con la que acabó casándose.
Gran admirador de Stevenson, viajó a Samoa para conocer la isla en la que había vivido. Tuvo una salud delicada durante toda su vida y a la vuelta del viaje, cayó enfermo de gripe y falleció cuando tenía solo 37 años. Está enterrado en el Cementerio de Montparnasse. Es autor de una obra corta, pero deslumbrante. Aquí hemos reseñado varios de sus libros.
Hablaba inglés, francés y alemán, estudió filología en París y se especializó en el conocimiento del argot, sobre el que escribió un tratado, «Estudio sobre el argot francés». Hubo dos mujeres en su vida, se enamoró de una joven prostituta llamada Louise, a la que inmortalizó en «El libro de Monelle», y la otra fué una famosa actriz de teatro, Marguerite Moreno, con la que tuvo una relación de diez años y con la que acabó casándose.
Gran admirador de Stevenson, viajó a Samoa para conocer la isla en la que había vivido. Tuvo una salud delicada durante toda su vida y a la vuelta del viaje, cayó enfermo de gripe y falleció cuando tenía solo 37 años. Está enterrado en el Cementerio de Montparnasse. Es autor de una obra corta, pero deslumbrante. Aquí hemos reseñado varios de sus libros.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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