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sábado, 4 de enero de 2020

La lotería en el diccionario


Hace unos días se presentaron nueve palabras relacionadas con la lotería que se han incorporado a la 23ª edición del Diccionario de la Lengua Española, una vez que han sido aprobadas por las academias que forman la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

En estas fiestas, y ahora que estamos entre el gordo y el niño, vamos a citar esos nueve términos, a ver si nos dan suerte:

alambre. [Adición de acepción]. ‖ m. 2 bis. En la lotería de algunos países, cada uno de los alambres en que se ensartan, una vez extraídas del bombo, las bolas de los números premiados y las de sus premios correspondientes.

capilla.[Adición de acepción]. ‖ f. 8 bis. En la lotería española, maqueta final de un décimo o de un billete, en el que aún no figura impreso un número del sorteo.

copa.[Adición de acepción]. ‖ f. 13 bis. En la lotería de algunos países, recipiente ancho y transparente, en forma de copa, donde cae la bola que sale del bombo tras deslizarse por la trompeta.

lira.[Adición de acepción]. ‖ f. 3 bis. En la lotería de algunos países, aparato formado por diez varillas metálicas donde se ordenan las bolas tras su recuento y comprobación antes de introducirlas en el bombo.

paraguas. [Adición de acepción]. ‖ m. 2 bis. En la lotería de algunos países, estructura circular de la que penden las liras que contienen todas las bolas de los números en juego.

postero, ra. [Adición de artículo]. m. y f. Esp. Persona que tenía a su cargo un puesto de lotería.

tabla. [Adición de acepción]. ‖ f. 18 bis. En la lotería de algunos países, expositor o tablero en que se muestran las bolas de los números premiados y las de sus correspondientes premios.

tolva. [Enmienda de artículo]. f. 1. Recipiente o depósito abierto por abajo, generalmente en forma de tronco de pirámide o de cono invertidos, que se utiliza para dosificar el paso de algo como granos, monedas, bolas, abonos, líquidos, etc. ‖ 2. En la lotería de algunos países, recipiente transparente en forma de embudo que sirve para hacer pasar las bolas con los números en juego desde las liras hasta el bombo.

trompeta.[Adición de acepción]. ‖ f. 2 bis. En la lotería de algunos países, embudo o canal por donde se deslizan las bolas desde el bombo hasta la copa.

En el acto de presentación, el académico y escritor Luis Mateo Díez leyó un microrrelato relacionado con la lotería:

La papelera
 

Por lo menos había visto a siete u ocho personas, ninguna de ellas con aspecto de mendigo, meter la mano en la papelera que estaba adosada a una farola cercana al aparcamiento donde todas las mañanas dejaba mi coche.

Era un suceso trivial que me creaba cierta animadversión, porque es difícil sustraerse a la penosa imagen de ese vicio de urracas, sobre todo si se piensa en las sucias sorpresas que la papelera podía albergar.

Que yo pudiera verme tentado de caer en esa indigna manía era algo inconcebible, pero aquella mañana, tras la tremenda discusión que por la noche había tenido con mi mujer, y que era la causa de no haber pegado ojo, aparqué como siempre el coche y al caminar hacia mi oficina la papelera me atrajo como un imán absurdo y, sin disimular apenas ante la posibilidad de algún observador inadvertido, metí en ella la mano, con la misma torpe decisión con que se lo había visto hacer a aquellos penosos rastreadores que me habían precedido.

Decir que así cambió mi vida es probablemente una exageración, porque la vida es algo más que la materia que la sostiene y que las soluciones que hemos arbitrado para sobrellevarla. La vida es, antes que nada y en mi modesta opinión, el sentimiento de lo que somos más que la evaluación de lo que tenemos.

Pero si debo confesar que muchas cosas de mi existencia tomaron otro derrotero.

Me convertí en un solvente empresario, me separé de mi mujer y contraje matrimonio con una jovencita encantadora, me compré una preciosa finca y hasta un yate, que era un capricho que siempre me había obsesionado y, sobre todo, me hice un transplante capilar en la mejor clínica suiza y eliminé de por vida mi horrible complejo de calvo, adquirido en la temprana juventud.

El billete de lotería que extraje de la papelera estaba sucio y arrugado, como si alguien hubiese vomitado sobre él, pero supe contenerme y no hacer ascos a la fortuna que me aguardaba en el inmediato sorteo navideño.

Luis Mateo Díez


Para más información véase este enlace.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

lunes, 4 de noviembre de 2019

El infinito en un junco - Irene Vallejo

                     
Título: El infinito en un junco
Autora: Irene Vallejo

Páginas: 452 

Editorial: Siruela 

Precio: 23,70 euros 

Año de edición: 2019

Gozo: alegría del ánimo.

Para los escritores, lograr que los lectores gocen con sus obras, no se trata tanto de una técnica, como de una habilidad mágica difícil de alcanzar.
                   
Deleite: Placer del ánimo y de los sentidos.
              
Decía el poeta Horacio: «Obtiene la general aprobación quien une lo útil a lo agradable, deleitando e instruyendo al lector al mismo tiempo».

Éste es un ensayo enormemente gozoso y que cumple con el equilibrio del que hablaba el poeta pues instruye y a la vez deleita. Y es que Irene Vallejo es una incansable divulgadora de la historia en su sentido más amplio. De su pasión por el mundo antiguo sabemos bien los aragoneses pues tenemos la suerte de escucharla en conferencias, charlas con autores literarios, presentaciones de libros, clubs de lectura y bibliotecas de cualquier localidad por pequeña que sea, colegios y otros lugares a donde acude siempre con enorme generosidad para deleitar contando «cosas» de la historia que son objeto de su pasión y su trabajo. Fue una pregonera de lujo en la última Feria del libro en Zaragoza en la que nos impresionó con su relato de los libros y los escritores que por Aragón han pasado y dejado su impronta. También tenemos la suerte de leerla asiduamente en sus columnas del Heraldo de Aragón, amén de sus libros editados.

El estilo de Irene Vallejo es especial, muy propio e identificable, pues en cada charla, en cada texto, relata con una amabilidad y afabilidad extraordinarias -reflejadas en su amplia y permanente sonrisa que llega hasta los escritos manifestándose como fina ironía- y en esa manera suave, a veces susurrante y poética de contarnos la historia. Otra de sus características es traer al momento actual, y a las situaciones que vivimos cotidianamente, historias antiguas y hacernos descubrir que mucho de lo que ocurre ahora ya lo vivieron y escribieron nuestros ancestros. El resultado son unas señas de identidad que están definitivamente instauradas -si es que eso hiciera falta- en este estupendo libro.
  
El título hace mención simbólica al contenido: un viaje por la historia del libro y sus avatares a lo largo de los siglos. Este viaje por las civilizaciones griega y romana fundamentalmente, no empieza con la utilización de los juncos del papiro para crear el soporte de los libros, sino que se remonta hasta los principios de la escritura y el descubrimiento del alfabeto -más revolucionario que internet dice la autora-, a las tablas de arcilla sumerias y a la utilización de las pieles de animales, los pergaminos, en la ciudad de la que tomaron nombre.
  
Y para hablar de libros es necesario hablar de bibliotecas, lo que le lleva a instruirnos en el carácter ecuménico de Alejandro Magno, creador de la gran Biblioteca de Alejandría, de sus seguidores en la tarea hasta Ptolomeo XIII y de sus tres destrucciones; de la nueva biblioteca de Alejandría inaugurada con gran boato el año 2002, en donde, curiosidad, faltaban los libros de su premio Nobel, Naghib Mahfouz; de los bibliotecarios -desde Aristóteles a las bibliotecarias represaliadas por Franco, como María Moliner-; de los escritores -desde los anónimos hasta los que inauguraron el reconocimiento de la autoría- y de los numerosos actuales que cita; de los copiadores y traductores; de los lectores y sus maestros; de los narradores y contadores de cuentos; de los filósofos para quienes los libros fueron determinantes; y de todas las personas, en fin, que tenían y tienen como vehículo máximo la palabra. Recuerda a Borges, también bibliotecario, para quien el libro es el instrumento fundamental del hombre porque los otros –decía- son extensión de su cuerpo (telescopio, teléfono, arado, espada…) y éste lo es de su memoria e imaginación.
  
Habla de cómo los libros son útiles para sobrevivir a las grandes catástrofes de la historia -y a las nuestras personales-; cuenta cómo los precedentes de la psicología y la psiquiatría se encuentran en un griego, Antifonte, que abrió un local para escuchar y hablar a los afligidos. También hace repaso de los grandes destructores de libros que en la historia ha habido y recuerda las desgraciadamente ciertas palabras de Heinrich Heine «allí donde queman libros, acaban quemando personas». Nos dice cómo los libros han sido vehículo para matar personas, desde el rey Yunán y su médico asesino Ruyán del cuento de Sherezade, hasta los modernos libros-bomba. En cuanto a las técnicas de escritura, nos informa de que Heródoto es el antecedente del multiperspectivismo que creemos tan moderno.

Habla de la ciudad que da título a este blog, «Biblos», -hoy llamada Jubay-  en la que se encontró la tumba esculpida de su rey Ahiram en torno al año 1000 a.C. y nos cuenta que fue famosa por su comercio de papiros. De ella procede la palabra griega que designa a los libros: biblion
  
Habla también de y, sobre todo, para nosotros, lectores empedernidos a quienes tiene en cuenta siempre y así lo sentimos al leerlo. El libro se completa con un más que singular Epílogo y una amplísima bibliografía, además de un índice onomástico de gran utilidad para volver a lo que en cada momento nos interese. Porque es un libro de largo alcance, que no finaliza cuando terminamos su última página. Tiene vocación de ser revisitado.
  
En fin, es tan apabullante la información que nos ofrece y es tan amena la forma de contarla - una escritura trufada de interesantes y habitualmente muy divertidas anécdotas remotas y actuales- que resulta un libro enormemente atractivo, que se lee con la agilidad de una novela, para la que buscamos horas donde no las hay.

Conclusión: pienso en los muchos niños y jóvenes a quienes «se les atraganta» la historia. Si tuvieran a alguien tan especial como Irene Vallejo de profesora, las humanidades serían de sus asignaturas preferidas. Y los adultos, que ya no tenemos la obligatoriedad de estudiar a los antiguos, debemos estar agradecidos de tener una docta humanista que nos produce tanto gozo y deleite como es Irene Vallejo . Nos ocurre con su libro como confiesa le pasa a ella cuando lee algo que le gusta, que se siente la única lectora de un libro que ha sido escrito solo para ella. Gracias Irene por escribir este libro para mí.

Irene Vallejo

Irene Vallejo es una zaragozana (1979) que cuenta con un currículo académico que da cuenta de su pasión por el estudio del mundo antiguo. Es doctora en Filología clásica por partida doble: Universidades de Zaragoza y Florencia. En su haber cuenta ya con una obra importante en diferentes géneros: ensayo, cuento, relato y novela. En todos ellos se nota la marca de su enorme sensibilidad. Ha sido ya reconocida y premiada ampliamente por diferentes entidades.

Publicado por Paloma Martínez.

jueves, 24 de octubre de 2019

La tienda de palabras - Jesús Marchamalo

 
Título: La tienda de palabras
Autor: Jesús Marchamalo

Páginas: 255
 
Editorial: Siruela

Precio: 16,50 euros 

Año de edición: 1999

Pues aquí tenemos este libro juguetón e instructuvo como pocos, que bien merecería ser libro de obligada lectura en enseñanza media porque enseña a jugar y divertirse con el lenguaje. De hecho, el ejemplar que encontré en una librería de lance, traía en la primera página escrito a lápiz el nombre de un alumno de 3º de la ESO. Qué tierno.

Bueno, a lo que íbamos, esta novela de literatura juvenil, muy recomendable para adultos de todas las edades, cuenta la historia de alguien que descubre una tienda de palabras, en la que venden términos y todo tipo de juegos lingüísticos, como palíndromos, juegos de palabras, combinacones, refranes, metáforas y retruécanos, frases con las 24 letras del alfabeto, frases.y palabras escritas con las msmas letras, tipografía curiosas y divertidas... todo un arsenal lúdico y festivo, un circo del lenguaje de lo más ameno.

La trama es entretenida, el texto se lee muy bien y la historia funciona como un entramado narrativo mínimo para disfrutar jugando con el castellano. Una obra estupenda y maravillosa paraleer en cada momento y también muy apropiada para regalar a preadolescentes de toda condición. Muy buena.

Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) es un escritor y periodista que se confiesa lector más que bibliófilo, como podéis comprobar en esta entrevista

Ha trabajado en televisión, radio y prensa escrita, en un notable número de medios, como presentador y autor de contenidos.También ha realizado trabajos de periodismo de investigación y ha impartido numerosas conferencias, cursos y seminarios, sobre temas relacionados con el periodismo y la creación literaria, la promoción de le lectura, y el lenguaje. 

Ha ganado varios premios de periodismo y como autor ha publicado una veintena de títulos, la mayoría ensayos, como su primera obra, e linefable y maravilloso  Manual ilustrado de copia y chuletaje (1985), uno de los libros más fotocopiados clandestinamente en los últimos años.

http://aloslibros.com/jesus-marchamalo-soy-lector-mas-que-bibliofilo-porque-no-tengo-en-casa-libro-alguno-que-no-este-dispuesto-a-leer/ 
Jesús Marchamalo

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 30 de marzo de 2019

Libro de estilo de la lengua española - RAE

             
Título: Libro de estilo de la lengua española
Autor: Real Academia Epañola
 
Páginas: 504
 
Editorial: Espasa
 
Precio: 24,90 euros 
 
Año de edición: 2018

Este libro, sobre cómo escribir correctamente en español y con buen estilo, ha sido coordinado por el Presidente Honorario de la RAE, Víctor García de la Concha, y elaborado con la colaboración de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que agrupa a 22 instituciones. Sigue la norma panhispánica, así que tiene en cuenta los usos lingüísticos de todos los países hispanohablantes. 

Ha seguido la evolución que en los últimos años han experimentado ciertas cuestiones gramaticales, ortográficas y léxicas, con especial atención a la escritura digital. Porque efectivamente el uso ortodoxo de un idioma lo define la comunidad de hablantes y la RAE solo se dedica a fijar y describir los usos consolidados.

Una obra muy completa e interesante, con capítulos dedicados a la ortotipografía (usos y convenciones empleados en el uso de caracteres tipográficos), la pronunciación, la elocución y la comunicación digital. Al final se incluye un glosario y apéndices de conjugaciones, numerales, abreviaturas, símbolos alfabéticos y no alfabéticos.

Un manual sencillo, manejable y muy bien ordenado, que resulta muy práctico como libro de consulta y ayuda para mejorar el uso del lenguaje. Muy recomendable para profesionales y aficionados al buen escribir.

Edificio de la Real Academia Española, en Madrid
           
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 26 de enero de 2019

Sabir, el idioma del Mediterráneo

Portulano de Abraham Cresques (1375), Biblioteca del Congreso de EE. UU.

Pocos saben que hubo una lingua franca en todo el Mediterráneo desde el siglo XIV hasta el XIX; yo me acabo de enterar. Durante 500 años, el Mare Nostrum, como si de una patria de facto se tratase, tuvo su propio idioma con el que se entendían marinos y viajeros de toda laya que surcaban sus aguas.

Se llamaba sabir, porque la pregunta típica con la que se trataba de iniciar una conversación en esa lengua con alguien empezaba por Sabir...? (¿Sabes..?). Era un pidgin (lengua simplificada creada a partir de otras por una comunidad de hablantes sin un idioma común para entenderse entre ellos), generado a partir del genovés, con aportaciones del castellano, portugués, occitano y catalán. Con el tiempo, se extendió hasta el Mar Rojo e incluso el Océano Índico, e incorporó términos del francés, griego, turco y árabe.

Molière incluyó algunas frases en sabir en «El burgues gentilhombre»: Se ti sabir, ti respondir, se non sabir, tazir, tazir (Si tú sabes, responde, si no sabes, calla, calla).

Cervantes en «El Quijote» lo menciona y dice que es lengua que se halla entre cautivos y moros, que ni es morisca ni castellana ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas, con la cual todos nos entendemos.

Para dar un ejemplo más, así sería el padrenuestro en sabir:

Padri di noi,
ki star in Cyelo,
noi voliri ki nomi di ti star saluti.
Noi volir ki il paisi di ti star kon noi,
i ki ti lasar ki tuto il populo fazer volo di ti na tera,
syemi syemi ki nel Cyelo.


Un idioma curiosísimo, prácticamente perdido.

Para más información véase este enlace.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 19 de enero de 2019

Duelos y quebrantos, otros españolismos y algunos americanismos


El estreno en España de «Roma» (2018), la estupenda película del mexicano Alfonso Cuarón (Ciudad de México, 1961), ha levantado una polvareda de comentarios y reacciones más que notable. El motivo ha sido que la cinta se proyectaba con subtítulos en español, lo que si bien era razonable cuando la protagonista y sus compañeras hablaban en mixteco, resultaba de lo más chocante cuando servía para traducir el español de México a español peninsular, como si de idiomas diferentes se tratase.

La polémica ha dado lugar a textos que vale la pena reseñar, como el estupendo artículo de Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) titulado «Duelos y quebrantos», sobre españolismos y americanismos, la visión deformada y españocéntrica que considera el castellano patrimono español y no de todos los hablantes, y otros extravíos. 

Efectivamente, ni España es el país con mayor número de hispanohablantes de nacimiento, porque por delante parece que están México (124 millones), Estados Unidos (57) y Colombia (50), ni ya el mejor español se habla en Valladolid, sino probablemente en Colombia.

Por otro lado, a veces se encuentran al otro lado el charco soluciones mejores para decir algunas cosas. Por ejemplo, «desempeño» es estupendo para referirse al rendimiento y calidad de resultados de alguien, «egresar» es un buen antónimo de «ingresar», «computador» parece más preciso que «ordenador» y «grabadora» es preferible a «casete» o «magnetófono».

Precisamente otra pieza muy interesante es la recopilación de americanismos que ha publicado «El País», pidiéndole a una docena de escritores latinoamericanos que elijan el que prefieren. Son términos y giros sabrosos, llenos de colorido y expresividad: chamuyar, macana, elay pues, chinchi, muy este,  pajpaku, forme, altiro, raja, tuanis, yuma, chilero, rascuache, chunche, vidajena, huachafo, zafacón, pila, arrecho... palabras y usos que ayudan a retratar la cultura de cada país.

Se dice que en una ocasión el poeta mexicano José Emilio Pacheco, hospedado en un hotel madrileño, llamó a recepción para pedir «Un plomero que componga la tina». El recepcionista no entendió que lo que solicitaba el escritor era un fontanero que arreglase la bañera.

Anécdotas aparte, lo habitual es que se entiendan los localismos por el contexto y no haya problema. Muy al contrario, esa variedad es señal de vitalidad y riqueza de la lengua.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.