sábado, 31 de enero de 2026

Un experimento que hizo temblar los cimientos de la psiquiatría

David Rosenhan

En 1973, David Rosenhan (1929-2912), un psicólogo estadounidense, profesor de la Universidad de Stanford, publicó un artículo en la revista Science titulad«On being sane in insane places» (Sobre estar sano en un entorno insano) que le hizo famoso y puso en solfa los cimientos de la psiquiatría.

En el texto, relataba un experimento en el que doce voluntarios entre los que estaba el propio Rosenhanmentalmente sanos se presentaron en otros tantos hospitales psiquiátricos de cinco estados de EE. UU. con identidades falsas y declarando que escuchaban una voz que susurraba palabras sueltas, como «vacío» y «hueco». Una vez diagnosticados de esquizofrenia e ingresados, comenzaron a comportarse con total normalidad, a decir a los médicos que ya no oían voces y que se sentían bien. Se trataba de ver si la salud mental, el ser normal, era evidente o no.

Y no lo fue. Siguieron siendo vistos como enfermos y todas sus actitudes se volvieron sospechosas. Si tomaban notas en un cuaderno, la conclusión era que mostraban «un comportamiento de escritura compulsiva»; si se ponían a la cola para la comida antes de tiempo porque se aburrían, eso era una «conducta de adquisición oral»; si eran amables con el personal, presentaban una «disfunción afectiva», etcétera. Y lo más irónico fue que los demás pacientes sí los reconocían como sanos, se acercaban a ellos y les decían cosas como «Tú no estás loco. Tú eres periodista o profesor».

No les resultó fácil conseguir el alta. Estuvieron ingresados una media de 19 días, Rosenhan lo retuvieron durante 52 días, les recetaron 1200 pastillas que se encargaron de tirar por el inodoro, nunca les quitaron la etiqueta de enfermos mentales y les costó un gran esfuerzo convencer a los médicos de que podían irse a casa. 

Cuando publicó sus resultados, uno de los hospitales psiquiátricos desafió a Rosenhan a que le enviase pseudopacientes en los próximos tres meses, dando por seguro que su personal los detectaría. El psicólogo aceptó y al cabo de un tiempo, el hospital anunció orgullosamente que de un total de 193 pacientes había identificado sin lugar a dudas a 43 personas sanas infiltradas. La respuesta de Rosenhan fue contundente: «No he enviado a nadie».

Rosenhan fue muy criticado por una investigadora que rastreó todos los casos y encontró que había ocultado los datos de una pseudopaciente para la que su estancia de 20 días en un psiquiátrico resultó muy positiva y salió muy mejorada. Me parece que probablemente era una mujer con algún pequeño problema psicológico o psiquiátrico que le paso desapercibido a nuestro investigador. Otro ejemplo más de lo difícil que es separar a desequilibrados y normales.

La experiencia causó una gran conmoción y contribuyó a mejorar el diagnóstico psiquiátrico a  través de la tercera edición del DSM, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales.

Como comentario final, ya hemos comentado aquí el caso de la escritora neozelandesa Janet Frame, depresiva y con una personalidad peculiar, diagnosticada erróneamente como esquizofrénica y que se salvó de una lobotomía porque ganó un premio literario. 

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

viernes, 30 de enero de 2026

Pesadillas y alucinaciones - Stephen King

Título: Pesadillas y alucinaciones
Autor: Stephen King
 
Páginas: 765
 
Editorial: Orbis
 
Precio: 6,25 euros 
 
Año de edición: 1997

Stephen King es un avezado autor de historias cortas. Entre su inmensa producción, desde el seminal y magnífico El umbral de la noche, destacan unos cuantos volúmenes de cuentos. Los relatos de este autor presentan las mismas características que sus novelas. La trama suele desenvolverse en escenarios cotidianos. Los personajes son gente corriente, con sus pequeños sueños, deseos y frustraciones. Cualquiera puede identificarse con ellos. Son como nosotros. Las historias empiezan sin aspavientos hasta que sucede algo raro. Puede tratarse de una aparente tontería, de una nimiedad. Sin embargo, el espejo está roto y algo horrible se cuela desde la oscuridad. El lector queda atrapado por el escalofrío y quiere conocer el final. Claro que King tiene la mala costumbre de estirar demasiado sus narraciones: ganan en extensión lo que pierden en intensidad. La podadera no les vendría mal. Pese a todo, resultan muy legibles y a veces, magistrales. 

Pesadillas y alucinaciones es una recopilación de historias cortas publicada en 1993. Se trata de un volumen bastante irregular. En su momento no tuvo buenas críticas. Los cuentos fueron tachados de cansinos, desganados, previsibles y largos en exceso. Un criterio demasiado duro: la mayoría de los cuentos son estupendos. El mismo Stephen King está de acuerdo en que él no es precisamente Faulkner. Así que divirtámonos con las retorcidas fantasías del maestro del terror contemporáneo, admitiendo esa verdad incontestable. 

No todas las historias brillan a la misma altura (con otros escritores sucede lo mismo). A algunas les sobran páginas. Otras podrían estar mejor resueltas. Casi todas se pueden disfrutar. ¿Literatura de consumo para lectores poco sofisticados? Bueno, habría mucho que decir sobre el elitismo insoportable de ciertos iniciados que confunden la literatura con un ladrillo ilegible e indescifrable. Por lo demás, quien desee sumergirse en las profundidades abisales de pretendidos genios al día, también puede hacerlo. 

Este volumen recoge una buena cosecha de criaturas nada recomendables: locos furiosos, asesinos, brujas, vampiros, zombis, alienígenas y peste más. La mente calenturienta del señor King nunca descansa, persiguiendo el sano objetivo de aterrorizar y entretener al lector paciente. En el prólogo del libro afirma que el mito constituye la raíz del escritor fantástico. Un buen cuento ha de ser creído por su autor. Después deben creerlo los lectores. Cumplido este requisito, el asunto va sobre ruedas. Hay que tener cierta fe en lo sobrenatural mientras se lee. Es lo que King llama la suspensión de la incredulidad. Con la superchería toca pasarlo bien. La vida real sigue caminos más prosaicos. El embrujo se evapora como por ensalmo cuando cerramos el libro. 

Vamos a comentar ligeramente algún cuento, sin otra pretensión que despertar el apetito del posible lector. Como aperitivo. En «El cadillac de Dolan» asistimos a la venganza que planea un maestro de escuela contra el asesino de su mujer. Es una historia tan delirante como bien llevada. El sufrimiento físico del protagonista casi lo convierte en un mártir, aunque su causa sea el ajuste de cuentas. El escenario: un desierto tórrido y enervante. Cambiemos de tercio. «Parto en casa» comienza como la crónica banal de una recién casada dubitativa que vive en una isla remota de pescadores de langostas. Duda de todo. Hasta que irrumpe lo impensable, obligándola a empoderarse (qué remedio le queda). 

«El piloto nocturno» es una aguda crítica de la prensa sensacionalista. Un reportero sin escrúpulos, Richard Dees, busca carnaza para su público. Suena la flauta: en varios aeropuertos se han sucedido una serie de misteriosos crímenes perpetrados por un piloto enloquecido. Dees sigue a su presa con una constancia digna de mucha mejor causa. Hasta que el horror insinuado acaba por hacerse real. Quizá el cuento más original de todos sea «El dedo móvil». El asesor fiscal menos conocido de Nueva York tiene un encuentro inesperado en el cuarto de baño de su casa: un dedo impertinente y contumaz sale por el desagüe del lavabo, dedicándose a alterar su vida hasta llevarlo al borde de la locura. El absurdo del relato es tan riguroso que termina cerca de la fábula kafkiana. Memorable. 

En definitiva: cuentos de terror que dan otra vuelta de tuerca a los viejos mitos, a la vez que improvisan con mejor o peor fortuna algunos mitos nuevos. Sazonados con una buena dosis de humor, son muy apetecibles. A Stephen King le sobra el talento en las distancias cortas, pese a lo que digan los agoreros. Sabe llevarnos de la mano por territorios que no son gratos de frecuentar, pero que gracias a él se hacen practicables y hasta divertidos. Cualquier aficionado al terror debe sentirse atraído por la mezcla infalible de King: costumbrismo, horror y un desenfado estilístico próximo al cómic. He ahí la fórmula ganadora. Yo no me la pierdo. 

Stephen King

Stephen King (1947) es un escritor estadounidense que vino a este valle de lágrimas en la localidad de Portland, Maine. La familia de King no tenía un duro. El joven Stephen se concentró en la lectura de cuanto libro o cómic caía en sus manos. Logró estudiar, fue profesor de instituto, se casó y tuvo hijos. Pero las cosas no le iban nada bien hasta que publicó Carrie en 1974. A partir de ahí, un éxito comercial incomparable y lluvia de millones.

Pocos autores han contribuido tanto al imaginario popular como Stephen King. Sus novelas han sido adaptadas al cine por importantes directores: Stanley Kubrick, Brian de Palma, Rob Reiner, Frank Darabont, John Carpenter, David Cronenberg o George A. Romero. Casi nada. King vive en la pequeña localidad de Bangor, Maine, en una mansión victoriana, lugar muy apropiado para un escritor aficionado a las sombras. Sigue en la brecha. 

Publicado por Alberto. 

jueves, 29 de enero de 2026

La paradoja del comediante - Denis Diderot

Título: La paradoja del comediante
Autor: Denis Diderot
 
Páginas: 102
 
Editorial: Ediciones del Dragón
 
Precio: 9,90 euros 
 
Año de edición: 1986
 
En este libro, escrito en 1773 y publicado originalmente de manera póstuma en 1830, el gran enciclopedista francés nos da su visión del fenómeno teatral, a través de una serie de reflexiones agudas, penetrantes, sobre el teatro y su magia. Y lo hace a través de un diálogo entre dos personajes, llamados sencillamente Primer interlocutor y Segundo interlocutor, lo que hace que la exposición de su pensamiento sea ágil y más entretenida. 
 
Diderot, el gran pensador, el genio ilustrado que parecía entender de todo, muestra aquí todo el esplendor de su pensamiento. Analiza lo que él llama un protocolo de hace 3000 años, una ceremonia curiosa si lo pensamos un poco, en la que, sin ningún acuerdo previo, un grupo de personas asume lo que se llama una supresión temporal de la incredulidad y el espíritu crítico, y toma por real lo que dicen y hacen otro grupo de personas, sabiendo que es falso y simulado. Una suerte de autohipnosis mágica que nos hace reír y llorar, gozar y sufrir, emocionarnos hasta la médula y realizar un viaje imaginario hacia lo desconocido.
 
El autor disecciona el trabajo del actor y plantea una serie de cuestiones de gran enjundia sobre ese juego de simulaciones, en el que alguien pretende ser quien no es y alguien pretende creerlo durante un rato. Lo primero que llama la atención de este diálogo es su enorme actualidad; parece haber sido escrito ayer mismo y lo que plantea es perfectamente válido en este momento, tanto en la forma como en el fondo. Lo segundo, la inteligencia con la que se abordan las cuestiones planteadas.
 
Veamos algunos ejemplos entresacados del texto: «Nada de lo que sucede en la escena se da igual que en la vida», «Las palabras no son ni pueden ser más que signos aproximados de un pensamiento, un sentimiento o de una idea; signos que completan su valor con el movimiento, el gesto y la circunstancia dada», «No os expliquéis si queréis haceros entender», «El que nos arrebata es el hombre que se controla», «Su talento consiste no tanto en sentir, sino en manifestar tan escrupulosamente todos los signos exteriores del sentimiento que consigue engañarnos», «Entonces ¿qué es lo verdadero en la escena?», «Con los placeres violentos ocurre como con las penas profundas: son mudas», «Los comediantes no impresionan al público cuando están furiosos; sino cuando representan bien el furor».
 
En fin, una obra que es una deliciosa rareza, una visión ilustrada del fenómeno teatral. Un buen ejemplo de cómo funcionaban los mecanismos analíticos del autor cuando abordaba algo que, en principio, estaba fuera de su especialidad. Un libro curiosísimo.
 
La traducción del francés es obra de Daniel Sarasola (Bilbao, 1962), actor, narrador, dramaturgo, traductor y profesor en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD). Esta edición cuenta con un interesante y revelador prólogo del dramaturgo y escenógrafo Francisco Nieva, otro hombre de teatro. En este enlace puede leerse el texto completo.
 
Denis Diderot (Langres, 1713-1784) fue un escritor y pensador francés, una de las figuras claves de la IIustración. Es famoso por su erudición, su empuje dialéctico y su genio. Revolucionó el teatro, la novela, la crítica y fue uno de los padres de la «Enciclopedia», junto con D'Alambert. Él solo escribió más de 6000 entradas de la obra cumbre del Siglo de las Luces.

Nació en el seno de una familia artesana de provincias y se fugó del internado jesuita donde estudiaba para ir a París, donde pasaban las cosas. Allí estudió Artes y luego Derecho. Conoció a Voltaire, Rousseau y a todos los intelectuales del XVII francés. Pronto destacó por sus escritos filosóficos y emprendió la redacción y coordinación con D'Alambert  de la «Enciclopedia», en la que llegaron a participar más de 150 intelectuales.

En 1773 viajó a Rusia para agradecerle a Catalina II el que hubiese comprado su fabulosa biblioteca, lo que por cierto, le salvó de la ruina y le permitió liquidar todas sus deudas. Los que le conocieron destacan su curiosidad inagotable, su lógica implacable en los debates, que le hacía prácticamente invencible y su enorme espíritu crítico. En el mejor retrato que nos ha quedado de él, se ve a un joven sensible y delicado. Es el gran Diderot.
 
Denis Diderot (Louis-Michel van Loo, 1767)
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.