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miércoles, 20 de marzo de 2019

Cinco cuentos filosóficos - Honoré de Balzac


Título: Cinco cuentos filosóficos
Autor: Honoré de Balzac

Páginas: 223
 
Editorial: Espuela de plata
 
Precio: 17,90 euros 
 
Año de edición: 2018


Balzac (Tours, 1799-1850), es un viejo conocido de este blog, en donde ha aparecido ya varias veces. Su producción es muy irregular, pero contiene verdaderas joyas, obras inimitables, tanto en forma de novelas como de relatos cortos. Balzac es un río enorme en el que se pueden pescar libros muy interesantes. 

Como estos cuentos, escritos entre 1830 y 1836, de mediana extensión, unas 30 páginas cada uno, salvo el último, titulado «La interdicción» que ocupa 100 páginas. Son historias en las que siempre aparece al menos un personaje pobre, humilde, noble y honrado. A la vez transmiten cierto cansancio de la vida, parece que el autor está ya de vuelta de todo. Menos mal que la mezcla queda suavizada por una fina ironía, que no acaba de tomarse nada demasiado en serio.

«La obra maestra» es de tema artístico. Un viejo pintor ha descubierto la manera de pintar la naturaleza con perfecto realismo, sin imitarla. Una variación sobre el tema clásico del pintor y la modelo. «El elixir de la larga vida» es en realidad un cuento de terror espantoso, que conmueve hasta la médula. «La misa del ateo» es una deliciosa historia sobre la bondad y la solidaridad humanas, en la que se explica por qué un ateo recalcitrante escucha una vez al año una misa en la Iglesia de San Sulpicio. «Facino Cane» es la peculiar historia de un noble veneciano, que acaba ganándose la vida como músico callejero.

Cinco cuentos extraordinarios de un escritor que conocía muy bien la naturaleza humana y sus debilidades. Un autor completamente entregado a la escritura, que triunfó con su genio en un país como Francia, lleno de talentos y maestros. Una fiesta para todo buen lector, no os lo perdáis.

Honoré de Balzac (Tours, 1799-1850) fue un novelista francés, figura destacada del realismo y de la novela clásica decimonónica. Empezó a estudiar Derecho, lo dejó, fué periodista, tipógrafo y editor, hasta que se dió cuenta de que tenía vocación de genio de la literatura. Trabajador infatigable, se pasaba el día bebiendo café, escribiendo, mudándose de casa para escapar de sus acreedores y atendiendo a sus innumerables amantes. 

Escribió una obra monumental, la «Comedia humana», todo un ciclo narrativo que iba a tener 137 novelas, que se quedaron en 87 y 7 novelas de propina no previstas. Su objetivo era describir exhaustivamente la sociedad francesa de su tiempo para, según su famosa frase, «hacerle la competencia al registro civil». 
    
Inició varios negocios y se arruinó también varias veces. Todo en su vida fué disparatado y excesivo. Era un monstruo trabajando, un genio arrollador que vivió la vida a toda velocidad. Parece mentira que le diese tiempo a hacer tantas cosas en solo 51 años.

Balzac, en el famoso daguerrotipo de Bisson (1842)
      
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 9 de enero de 2019

La catedral y el niño - Eduardo Blanco Amor

                 
Título: La catedral y el niño 
Autor: Eduardo Blanco Amor

Páginas: 496

Editorial: Libros del asteroide

Precio: 21,95 euros

Año de edición: 2018

Aquí tenemos una gran novela, de corte clásico y decimonónico, que ha permanecido en el olvido durante años junto a su autor, probablemente por ser exiliado y homosexual, dos motivos de marginación y desmemoria.

Publicada en 1948, se trata de una novela de formación, una narración que arranca con los recuerdos de un niño en su Orense natal, camuflado en el nombre de Auria, igual que Oviedo lo está en Vetusta, una pequeña ciudad dominada por una imponente y bella catedral. Se describe con maestría la atmósfera de la ciudad a principios de siglo, en 1905, y la vida familiar de un niño de 8 años cuando su padre abandona el hogar.

El lenguaje es barroco y depurado, las frases largas y armoniosas, el tempo, algo lento y es una verdadera gozada disfrutar de los recuerdos de niñez del protagonista, la narración de las delicias de la vida provinciana y las descripciones de la ciudad. Poco a poco, la historia se anima, se van presentando los miembros de la familia, sus relaciones y conflictos, para acabar contando una historia familiar y cómo el protagonista deja atrás la infancia y se interna en una nueva etapa de su vida.

Hay muchos elementos autobiográficos, el padre que abandona el hogar, el ambiente de la capital gallega, el viaje a la Argentina... en una novela de categoría con resonancias que recuerdan los textos de Clarín, Miró, Valle-Inclán y Eça de Queirós. Hay términos que el lector no conoce, pocos afortunadamente, cuyo significado se intuye por el contexto y que vale la pena ir apuntando para luego consultar el diccionario (remezón, boira, anta, pincerna, réspice, zalagarda, lacería, chinero, serondo). El prólogo aclara que el castellano está enriquecido con palabras gallegas y localismos, lo que hace contribute al tipismode la atmósfera creada.

No falta la retranca gallega, el humor fino y la ironía en estas páginas, tampoco las sorpresas ni la crónica llena de detalles de una época y una clase social: el niño remilgado y repelente, la llegada a Orense de los autocares, la electricidad, los barcos de vapor, los indianos, los conciertos en directo, la vida de los señoritos, las beatas... todo un fresco de la vida provinciana de principios del siglo pasado. Una maravilla.

La génesis de esta obra es curiosa. El autor recibió una comida en Buenos Aires como homenaje por su labor periodística y después de los postres, pronunció unas palabras en las que evocó su infancia en Ourense, con las que encandiló al público y se lo metió en el bolsillo. «Siempre tengo la maleta hecha debajo de la cama para volver en cualquier momento» dijo. Alejandro Casona le propuso al día siguiente que convirtiese todo aquello en una novela, Blanco Amor le hizo caso y en tres años, acabó «La catedral y el niño».

Esta edición cuenta además con un buen prólogo a cargo de Andrés Trapiello, todo un lujo. En fin una gran novela que hará las delicias de todos los amantes de los clásicos. Es un gran placer descubrir una obra tan completa y conseguida, un verdadero clásico desconocido.

Eduardo Blanco Amor (Orense, 1897-1979) fué un escritor y periodista gallego. Su padre abandonó el hogar cuando él tenia 3 años y a los 17 años entró a trabajar como secretario en «El Diario de Ourense». A los 22 años emigró a Buenos Aires, donde siguió ejerciendo el periodismo.

Entró a trabajar en La Nación, donde conoció a grandes escritores argentinos, como Leopoldo Lugones, Borges, Sabato y Mallea, y uruguayos como Horacio Quiroga. Publicó sus primeras novelas y en 1928 regresó a España como corresponsal de La Nación, conoció a Lorca, se hicieron grandes amigos.

Al estallar la guerra civil española, volvió a Argentina y ya no volvió a nuestro país hasta 1965. Publicó varias novelas, una de las cuales, Parranda, fué llevada al cine en 1977 por Gonzalo Suárez, libros de relatos y poesía. Ha permanecido en el olvido por su condición de exiliado y homosexual.

Eduardo Blaco Amor

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Breviario del kraken - Varios autores

  
Título: Breviario del kraken
Autores: Varios autores

Páginas: 94

Editorial: Aventuras literarias


Precio: 15 euros

Año de edición: 2018


Aventuras literarias ha tenido el acierto de publicar esta antología de textos sobre la leyenda del kraken, el monstruo marino más citado y temido desde hace siglos. Un pulpo o calamar gigante, los testimonios son vagos y poco precisos, que ha habitado las pesadillas de los marineros de mil tripulaciones a lo largo de los siglos..

Hay quien dice, atendiendo al tamaño descomunal de algunos picos encontrados (porque los calamares tienen pico), que el animal más grande no es la ballena, sino el calamar gigante, que podría alcanzar los 100 metros de longitud y en ocasiones atrapa a un cachalote y lo hunde al fondo del abismo hasta que se axfisia por falta de oxígeno.

En el Centro del Calamar Gigante de Luarca (Asturias) se podían contemplar algunos especímenes realmente extraordinarios, de hasta 10 y 12 metros de longitud, hasta que en febrero del 2014 vino el mar, en forma de tempestad desatada e inundación, a anegar las salas, romper las vitrinas y llevárselos a las profundidades abisales.

Parece que hay testimonios de avistamientos de cefalópodos de 40 m de longitud, pero sin ninguna prueba ni registro documental. Sin embargo, tal fuerza tiene el mito, que un bulo basado en un burdo montaje fotográfico que muestra un supuesto calamar descomunal capturado en Nueva Zelanda, se ha hecho viral en las redes. Aquí podéis verlo.
 

Desde tiempos inmemoriales hay testimonios de ataques de pulpos gigantes y avistamientos de calamares ciclópeos. Este volumen reúne cronológicamente 20 testimonios e historias sobre el tema, seleccionados según su relevancia y la de su autor. Aquí hay relatos de Plinio el Viejo, de antiguos cronistas noruegos, islandeses y suecos, de zoólogos, viajeros y estudiosos de prácticamente todas las épocas y culturas, de Walter Scott, Alfred Tennyson, Herman Melville, Víctor Hugo y Julio Verne, entre otros.

Al leerlos, da la sensación de que algo tiene que haber detrás de tantos relatos coincidentes. ¿Y si en las negras profundidades de los océanos habitase una criatura gigantesca y misteriosa, todavía por descubrir? Mientras se resuelve el enigma, os recomiendo leer el inquietante «Breviario del kraken».

Calamar gigante de 5 m encontrado en Nueva Zelanda en agosto del 2018
                             
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

martes, 15 de mayo de 2018

Cumandá - Juan León Mera

                 
Título: Cumandá
Autor: Juan León Mera
 

Páginas: 296
 

Editorial: Cátedra
 
Precio: 12,25 euros 
 
Año de edición: 2005

Publicada en 1879 en Ecuador y en Madrid en 1891, ésta es la primera novela ecuatoriana, una obra que tuvo mucho éxito desde un primer momento y fundó toda una literatura.

Subtitulada «Un drama entre salvajes», narra los atribulados amores entre una bella indígena de la etnia zápara, Cumandá (que significa cormorán blanco) y el blanco Carlos Orozco. Con una trama llena de giros y sorpresas, se sitúa entre la novela de aventuras y la novela sentimental, el romanticismo y el indigenismo típico del continente americano.

Entonces no se conocía muy bien la zona oriental del país, selvática y poco explorada; se sabía poco sobre los zácaras y los jíbaros, con fama de terribles y peligrosos, y a los habitantes de esa zona se les conocía como salvajes, lo que denota la diferencia cultural y social entre los indígenas y los colonos de país.

En ese contexto se cuenta esta historia, guiada por el hilo conductor del amor imposible y perseguido de la india y el blanco. Es interesante que la protagonista absoluta es la chica, ejemplo de bondad y dulzura, pero también de carácter, fuerza y voluntad indomable. Ella se enfrenta a su familia, su tribu y al mundo entero por su amado, es una verdadera heroína. Él desempeña un papel casi pasivo, noble y valiente, pero claramente secundario ante el trueno de enamorada que se ha echado.

El autor describe en largos párrafos el paisaje y la selva ecuatoriana, en pasajes tan frondosos y exuberantes como el país que retrata, con amenidad, aliento poético y de manera brillante, que no se hace pesada en ningún momento. Volcanes, picos, bosques y grandes ríos pasan por estas páginas con fuerza evocadora.

También se recogen descripciones de las costumbres y usos de los zácaras, hasta cierto punto pacifistas, y los jíbaros, guerreros insaciables. No deja de llamar la atención el contraste entre los salvajes indios, que parecen culpables de todo y, salvo la bella Cumandá, el paradigma de la barbarie, y los civilizados, blancos, católicos y nobles, una situación que se resumen en una frase: «La culpa era de los conquistadores, pero el inhumano proceder, de los indios».

La historia de amor se enmarca en el romanticismo, el padre de la chica odia a los blancos, hay tres intentos de asesinato, condenas a muerte, huidas, persecuciones, matrimonios a la fuerza, secuestros, huidas, un amor imposible y desgraciado, muertes súbitas, sacrificios y una paternidad oculta que se desvela en el desenlace. Una novela movidita con todos elementos suficientes para componer el más desaforado drama romántico.

Toca además los temas fundamentales de la cultura del XIX en el Nuevo Mundo: la dialéctica entre el salvaje terrible y el buen salvaje, la confrontación naturaleza/civilización, la asimilación rápida de los valores del conquistador (catolicismo, supremacía blanca solapada y cultura europea) y la mixtura de dos culturas muy diferentes, con su riqueza y su problemática.

La estructura es clásica y ordenada. Primero se presentan y describen sucesivamente el país, las tribus que lo habitan, las tribus, la familia de la protagonista y la bella Cumandá. Luego comienza la trama que es como una montaña rusa de alternativas y sorpresas y finalmente, el desenlace del drama.

Una novela muy interesante, que se deja leer muy bien, escrita con un estilo potente y lleno de riqueza lingüística, que no llega a ser barroco. Un libro que inaugura toda una literatura y que recibió el aplauso de la crítica y los lectores nada más aparecer. León Mera la envió al presidente de la Real Academia de la Lengua de España, que le dió su beneplácito y ayudó a que se publicase en la Madre Patria. 

Juan León Mera (Ambato, 1832-1894) fué un escritor, pintor y político ecuatoriano. Su padre, un comerciante, abandonó a su madre durante el embarazo. Su infancia fué muy humilde, fué criado por su madre y educado en casa por su tío abuelo. A los veinte años, viajó a Quito para aprender a pintar, su primera vocación.

También le llamó la literatura y a los veintidós años publicó sus primeros poemas en el diario «La Democracia». Hombre con iniciativa y talento, hizo casi de todo en su país: compuso la letra del himno nacional, fundó la Academia Ecuatoriana de la Lengua, fue gobernador de la provincia de Cotopaxi, senador, presidente de la Cámara del Senado y del Congreso Nacional.

Escribió además  poesía, ensayo y siete novelas, entre las que se encuentra «Cumandá», la primera novela ecuatoriana, sobre la que hay una versión cinematográfica, una ópera y un ballet.
             
Juan León Mera
           
Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

domingo, 22 de abril de 2018

La fábula de Higinio



Cayo Julio Higinio (Valencia, 64 a.C. - 17) fué un famoso escritor hispano-latino. Nació esclavo, fué liberado por Augusto debido a su inteligencia y llegó a estar a cargo de la Biblioteca Palatina, en cuyas aulas enseñó Filosofía

Es conocido por dos obras, una «Astronomía poética», en la que describe la mayoría de las grandes constelaciones, vistas como los animales y seres mitológicos que les dan los nombres con los que las conocemos aún hoy en día, tal y como se ve en la ilustración medieval de más arriba, y una colección de «Fábulas mitológicas». Una de esas fábulas, que impresionó especialmente a Heidegger, versa sobre el origen del ser humano. Vale la pena reproducirla aquí:

Estaba un día Cura (el cuidado) atravesando un río y al ver gran cantidad de arcilla, cogió una buena porción y distraídamente, comenzó a modelar una figura. Mientras pensaba para sí qué había hecho, se acercó Júpiter. Cura le pidió que infundiese espíritu al trozo de arcilla modelado y Júpiter le concedió ese deseo. 

Pero al querer Cura ponerle nombre a su obra, Júpiter se lo prohibió, diciendo que debía ponerle nombre él que le había infundido vida. Mientras Cura y Júpiter discutían sobre quién debía ponerle nombre, se levantó la Tierra (Tellus) y dijo que solo a ella le correspondía darle nombre al nuevo ser, puesto que ella le había dado el cuerpo. La discusión se prolongó largo tiempo, hasta que los litigantes escogieron por juez a Saturno, el dios del tiempo, que dictó la siguiente sentencia: 

Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu, lo recibirás a su muerte; tú, Tierra, por haber ofrecido el cuerpo, recibirás el cuerpo. Pero por haber sido Cura quien primero dio forma a este ser, será quien lo posea mientras viva. Y en cuanto al litigio sobre el nombre, que se llame homo, puesto que está hecho de humus (tierra).

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Los argonautas - Baltasar Porcel


Título: Los argonautas
Autor: Baltasar Porcel
 
Páginas: 240
 
Editorial: Seix Barral
 

Precio: 13 euros 

Año de edición: 1990 

Esta novela, escrita en mallorquín y luego traducida al castellano, obtuvo el Premio de la Crítica en el año 1967 y creo que vale la pena rescatarla del olvido editorial, porque es realmente difícil de encontrar, para disfrutar de una novela moderna de aventuras, aventuras que eran contemporáneas cuando se escribió.

Cuenta las peripecias de una lancha de contrabandistas, la «Botafoc», en un accidentado viaje desde Gibraltar a Mallorca en el que a los tripulantes les pasa casi de todo, con una narración realista y bien hilada, rematada con un final abierto y con un toque de esperanza. El lenguaje es rico y sensual, abundan las descripciones breves y poéticas en un texto que va intercalando en cada capítulo la vida y milagros de cada uno de los tripulantes de la expedición.

Corren los años 60 y resulta curioso asomarse a la España de aquellos años, una España todavía negra y tremendista, atrasada y rural, a través de la biografía de los contrabandistas, pequeños relatos espléndidos que acaban dibujando un retrato sociológico de los españoles de entonces, al menos de una parte de la sociedad, la clase baja, casi marginal. Un puñado de personajes que va dando tumbos por la vida hasta dedicarse al contrabando.

Un libro estupendo, que parece a la vez una novela y un volumen de relatos, digno heredero de los temas de Cela, García Pavón, Ignacio Aldecoa y la generación de los 50. Este texto está cargado de realismo, no en vano Porcel era reportero y periodista, y al mismo tiempo tiene una calidad literaria deslumbrante. Por otro lado, mezcla a partes iguales la rudeza de la vida marinera y clandestina de sus personajes y el lirismo de su vida interior.

http://www.farsdebalears.com/es/faro-de-llebeigEl Faro de Llebeig, en la Isla de Dragonera, que aparece en la novela

Una novela muy recomendable, local y universal a la vez, sobre la vida de unos modernos argonautas que viajan por el Mediterráneo sorteando peligros en búsqueda de su particular vellocino de oro.

Baltasar Porcel (Andrach, 1937-2009) fué un periodista y escritor español, nacido en la isla de Mallorca. Estudió Comercio en Palma de Mallorca y a los 17 años ya comenzó a escribir relatos y a colaborar en prensa. Viajó por Europa, Estados Unidos, Oriente Medio y Asia,  especialmente China

Colaboró con los principales diarios nacionales de la época y destacó  por sus entrevistas, realizadas con un estilo propio. Escritor muy prolífico, publicó un buen número de novelas en catalán y artículos periodísticos, ganó varios premios y sus obras fueron traducidas a más de ocho idiomas.

Baltasar Porcel

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Finalistas del XII Premio Esther Benítez

  https://www.casadellibro.com/libro-el-camino-estrecho-al-norte-profundo/9788439731139/2772973 https://3.bp.blogspot.com/-6kueIteBwlw/WgPkJ-RpCxI/AAAAAAAAYzQ/aol0LIkx91QFnA8LZxq7DabGlQtxiWBugCLcBGAs/s1600/LaNocheDeLosNi%25C3%25B1os.jpg https://3.bp.blogspot.com/-0GXzVBnQCd0/WgQA2u5RQJI/AAAAAAAAYzk/9oLbjBRuL9snuhQA3v8ZVuPXzTl_4WtNQCLcBGAs/s1600/CuandoElDiabloalioDelBa%25C3%25B1o.jpg
https://www.amazon.es/Hasta-arriba-W-Bowman/dp/8416290539  https://www.lacentral.com/berlin-lucia/manual-para-mujeres-de-la-limpieza/9788420416786
 
Ya han sido seleccionados, de entre los 36 candidatos iniciales, los cinco finalistas del XII Premio Esther Benítez de traducción que organiza cada año ACE Traductores. Son cinco espléndidos ejemplos de cómo verter un original en otra lengua al castellano, además de cinco estupendas novelas, cada una en su estilo, muy recomendables:
Es un placer, poner al menos por una vez en primer lugar el nombre del traductor/a, porque en este caso es la figura protagonista, persona admirable, de un mérito extraordinario, al que todos los lectores debemos estar profunda y cariñosamente agradecidos.

Estos cinco libros bien pueden servir para tener un panorama de lo mejorcito de la traducción española publicada el año pasado y, desde luego, corro a comprarme los cuatro que me faltan a mi librería favorita, porque solo me he leído el de Lucia Berlin

La traducción ganadora se anunciará a partir del 17 de noviembre. Si queréis conocer más detalles sobre el premio, la traductora que le da nombre o los galardonados en las once convocatorias anteriores, podéis visitar esta página.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

domingo, 17 de septiembre de 2017

El canario - Katherine Mansfield


¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: «Antes allí debía de colgar una jaula». Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo.

…No te puedes figurar cómo cantaba. Su canto no era como el de los otros canarios, y lo que te cuento no es sólo imaginación mía. A menudo, desde la ventana, acostumbraba observar a la gente que se detenía en el portal a escuchar, se quedaban absortos, apoyados largo rato en la verja, junto a la planta de celinda. Supongo que eso te parecerá absurdo, pero si lo hubieses oído no te lo parecería. A mí me hacía el efecto que cantaba canciones enteras que tenían un principio y un final. Por ejemplo, cuando por la tarde había terminado el trabajo de la casa, y después de haberme cambiado la blusa, me sentaba aquí en la varanda a coser: él solía saltar de una percha a otra, dar golpecitos en los barrotes para llamarme la atención, beber un sorbo de agua como suelen hacer los cantantes profesionales, y luego, de repente, se ponía a cantar de un modo tan extraordinario, que yo tenía que dejar la aguja y escucharlo. No puedo darte idea de su canto, y a fe que me gustaría poderlo describir. Todas las tardes pasaba lo mismo, y yo sentía que comprendía cada nota de sus modulaciones.


¡Lo quería! ¡Cuánto lo quería! Quizá en este mundo no importa mucho lo que uno quiere, pero hay que querer algo. Mi casita y el jardín siempre han llenado un vacío, sin duda; pero nunca me han bastado. Las flores son muy agradecidas, pero no se interesan por nuestra vida. Hace tiempo quise a la estrella del atardecer. ¿Te parece una tontería? Solía sentarme en el jardín, detrás de la casa, cuando se había puesto el sol, y esperar a que la estrella saliera y brillara sobre las ramas oscuras del árbol de la goma. Entonces le murmuraba: «¿Ya estás aquí, amor mío?». Y en aquel instante parecía brillar sólo para mí. Parecía que lo comprendiera…; algo que es nostalgia y sin embargo no lo es. O quizá el dolor de lo que uno echa de menos, sí, era este dolor. Pero ¿qué era lo que echaba de menos? He de agradecer lo mucho que he recibido.


…Pero, en cuanto el canario entró en mi vida, olvidé a la estrella del atardecer: ya no me hacía falta. Y aquello ocurrió de una manera extraña. Cuando el chino que vendía pájaros se detuvo delante de mi puerta y levantó la jaulita donde el canario, en vez de sacudirse como hacían los dorados pinzones, lanzó un débil y leve gorjeo, me sorprendí a mí misma diciéndole:
-¿Ya estás aquí, amor mío?


Desde aquel instante fue mío.


…Aún me asombra ahora recordar cómo él y yo compartíamos nuestras vidas. En cuanto por la mañana quitaba el paño que cubría su jaula, me saludaba con una pequeña nota soñolienta. Yo sabía que quería decirme: «¡Señora! ¡Señora!». Luego lo colgaba afuera, mientras preparaba el desayuno de mis tres muchachos pensionistas, y no lo entraba hasta que volvíamos a estar solos en casa. Más tarde, en cuanto terminaba de lavar los platos, empezaba una verdadera diversioncita nuestra. Solía poner una hoja de periódico en la mesa, y, cuando colocaba la jaula encima, el canario sacudía las alas desesperadamente como si no supiera lo que iba a ocurrir. «Eres un verdadero comediante», le decía riñéndolo. Le frotaba el plato de la jaula, lo espolvoreaba de arena limpia, llenaba de alpiste y de agua los recipientes, ponía entre los barrotes unas hojas de pamplina y medio chile. Y estoy segura de que él comprendía y sabía apreciar cada detalle de esta ceremonia. ¿Comprendes? Era, de natural, de una pulcritud exquisita. En su percha jamás había una mancha. Y sólo viendo cómo disfrutaba bañándose se comprendía que su gran debilidad era la limpieza. Lo que yo ponía por último en la jaula era el envase en que se bañaba. Y al momento se metía en él. Primero sacudía un ala, luego la otra, después zambullía la cabeza y se remojaba las plumas del pecho. Toda la cocina se iba salpicando de gotas de agua, pero él no quería salir del baño. Yo solía decirle: «Es más que suficiente. Lo que quieres ahora es que te miren». Y por fin, de un salto, salía del agua, y sosteniéndose con una pata se secaba con el pico, y al terminar se sacudía, movía las alas, ensayaba un gorjeo y levantando la cabeza… ¡Oh! No puedo ni siquiera recordarlo. Yo acostumbraba limpiar los cuchillos mientras tanto, me parecía que también los cuchillos cantaban a medida que se volvían relucientes.


…Me hacía compañía, ¿comprendes? Eso es lo que me hacía. La compañía más perfecta. Si has vivido sola, sabrás lo inapreciable que eso puede ser. Sin duda tenía también a mis tres muchachos que venían a cenar, y a veces se quedaban en casa leyendo los periódicos. Pero no podía suponer que ellos se interesaran en los detalles de mi vida cotidiana. ¿Por qué se iban a interesar? Yo no significaba nada para ellos: tanto es así, que una noche, en la escalera, oí que, hablando de mí, me llamaban «el adefesio». No importa. No tiene importancia, la más mínima importancia. Lo comprendo bien. Ellos son jóvenes. ¿Por qué me iba a incomodar? Pero me acuerdo de que aquella. noche me consoló pensar que no estaba sola del todo. En cuanto los muchachos salieron, le dije a mi canario: «¿Sabes cómo la llaman a tu señora?». Y él ladeó la cabeza, y me miró con su ojito reluciente, de tal forma que tuve que reírme. Parecía como si le hubiese divertido aquello.


…¿Has tenido pájaros alguna vez?… Si no has tenido nunca, quizá todo esto te parezca exagerado. La gente cree que los pájaros no tienen corazón, que son fríos, distintos de los perros y los gatos. Mi lavandera solía decirme cuando venía los lunes: «¿Por qué no tiene un foxterrier bonito? No consuela ni acompaña un canario». No es verdad, estoy segura. Me acuerdo de una noche que había tenido un sueño espantoso (a veces los sueños son terriblemente crueles) y, como que al cabo de un rato de haberme despertado no conseguía tranquilizarme, me puse la bata y bajé a la cocina para beber un vaso de agua. Era una noche de invierno y llovía mucho. Supongo que aún estaba medio dormida: pero, a través de la ventana sin postigo, me parecía que la oscuridad me miraba, me espiaba. Y de pronto sentí que era insoportable no tener a nadie a quien poder decir: «He soñado un sueño horrible» o «Protégeme de la oscuridad». Estaba tan asustada, que incluso me tapé un momento la cara con las manos. Y luego oí un débil «¡Tui-tuí!». La jaula estaba en la mesa, y el paño que la cubría había resbalado de forma que le entraba una rayita de luz. «¡Tui-tuí!», volvía a llamar mi pequeño y querido compañero, como si dijera dulcemente: «Aquí estoy, señora mía: aquí estoy». Aquello fue tan consolador que casi me eché a llorar.


…Pero ahora se ha ido. Nunca más tendré otro pájaro, otro ser querido. ¿Cómo podría tenerlo? Cuando lo encontré tendido en la jaula, con los ojos empañados y las patitas retorcidas, cuando comprendí que nunca más lo oiría cantar, me pareció que algo moría en mí. Me sentí un vacío en el corazón como si fuera la jaula de mi canario. Me iré resignando, seguramente: tengo que acostumbrarme. Con el tiempo todo pasa, y la gente dice que yo tengo un carácter jovial. Tienen razón. Doy gracias a Dios por habérmelo dado.


Sin embargo, a pesar de que no soy melancólica y de que no suelo dejarme llevar por los recuerdos y la tristeza, reconozco que hay algo triste en la vida. Es difícil definir lo que es. No hablo del dolor que todos conocemos, como son la enfermedad, la pobreza y la muerte, no: es otra cosa distinta. Está en nosotros profunda, muy profunda: forma parte de nuestro ser al modo de nuestra respiración. Aunque trabaje mucho y me canse, no tengo más que detenerme para saber que ahí está esperándome. A menudo me pregunto si todo el mundo siente eso mismo. ¿Quién lo puede saber? Pero ¿no es asombroso que, en su canto dulce y alegre, era esa tristeza, ese no sé qué lo que yo sentía?


Katherine Mansfield (Wellington, 1888-1923) tuvo un vida corte y agitada. Hija de un banquero, pronto supo lo que era el desamor porque su madre hubiese preferido tener un hijo y apenas si le prestaba atención. Neozelandesa, violonchelista, bisexual, periodista, rebelde y tuberculosa, su corta vida no fue ni fácil ni feliz. 

Nos dejó varias novelas y una larga lista de relatos inteligentes, penetrantes y sensibles, escrito con una habilidad asombrosa para sugerir sin decir explícitamente. Como éste que publicó el año de su fallecimiento, en 1923.
                
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

domingo, 30 de julio de 2017

Muchos minerales se están agotando - Daniel Wahl

 

Daniel Wahl es un consultor internacional sobre desarrollo regenerativo y sostenibilidad. Estudió Biología en las Universidades de Edimburgo y California, Ciencia Holística en el británico Schumacher College y se doctoró en la Universidad de Dundee (Escocia) con una tesis sobre «Diseño para la salud humana y planetaria». Ha trabajado en varias ONG y organizaciones dedicadas a la sostenibilidad.

Su último libro, publicado en Reino Unido en el 2016 y titulado «Designing Regenerative Cultures», le ha hecho famoso en poco tiempo. Ésta se un pagina web.

Hace poco se ha publicado una entrevista suya muy interesante, en la que explica que buena parte de los minerales y elementos químicos clave para nuestro desarrollo industrial no son eternos y se van a agotar, algunos puede ser que en tan solo treinta, cuarenta o cien años.

Sin embargo, es optimista y propone métodos de explotación circular que garanticen su reciclaje. Aquí tenéis la entrevista:  

Publicado por Antonio F. Rodríguez.