Título: Otoño alemán
Autor: Stig Dagerman
Páginas: 128
Editorial: Pepitas de Calabaza
Precio: 16,90 euros
Año de edición: 2021
En otoño, de 1946 el diario sueco Expressen envió a Stig Dagerman, un joven de 23 años, como reportero a la Alemania destruida en la guerra, a ese gran cementerio bombardeado en el que malvivía la sombra de una población derrotada física y anímicamente. El panorama era desolador y nadie en la escena internacional se compadecía de las personas que, de buen grado o más o menos obligadas, se habían involucrado en la locura del nazismo.
Sin embargo, el autor, un escritor y periodista de sensibilidad anarquista, un existencialista muy observador y despierto, escribió estas lúcidas y penetrantes crónicas de lo que vió y vivió, contradiciendo los tópicos en circulación en aquel momento. Dagerman visitó «un frío y lluvioso infierno en ruinas», se metió en los sótanos con el agua por los tobillos, llenos de humo, miseria y corrientes de aire, oyó a los niños toser, llorar de hambre, tuvo la paciencia de escuchar a todo el mundo, de hablar largo y tendido con la gente de la calle y así pudo escribir esta visión terrorífica de los vencidos que lo han perdido absolutamente todo, hasta la autoestima y la dignidad.
Una experiencia muy especial, que le hizo plantearse muchas preguntas, por ejemplo: ¿Todos se merecían aquello realmente? ¿Hasta qué punto la obediencia es un deber universal? ¿Se le puede pedir a cualquiera que se comporte como un héroe? y también ¿Cómo se levanta una sociedad en la que la gente se vende por una chocolatina? Así mismo su particular periplo le permitió obtener conclusiones tan inesperadas como llamativas: «El hambre y la guerra son malos pedagogos», «El que tiene hambre y carece de recursos no se culpa a sí mismo, sino al que puede ayudarle y no lo hace», «El hambre es una forma de trastorno psíquico», «El sufrimiento merecido es tan duro como el inmerecido», «Primero la comida, luego la moral», «Cuando se han agotado todas las formas de consuelo, hay que encontrar otra, por absurda que sea», «Esta es la Alemania de hoy: jugarse la vida por una patata», «¿Por qué deberíamos ayudarles a ustedes los alemanes a ponerse en pie en 3 años cuando pueden hacerlo en 30?», «La derrota no ha abolido las clases en Alemania», «Este Berlín frío, hambriento, sucio, inmoral, de comercio clandestino todavía tiene fuerzas para bromear».
Por otro lado, llaman la atención las facetas de este submundo demencial, mísero y miserable: la ciudad más destrozada era Hamburgo, la gente buscando carbón entre las ruinas, la indiferencia y el cinismo generalizados ante los juicios de Nuremberg y las primeras elecciones libres, la sensación devastadora de estar bajo un marco legal estadounidense, las sesiones de los tribunales de desnacificación, para los que se pagaba entrada, el precio de un testigo judío favorable, el cruel desprecio de los soldados aliados y muchos detalles más hasta completar una visión insólita, directa, realista, bastante objetiva y brutal.
El estilo es espléndido, contenido, preciso y objetivo, salpicado de reflexiones inteligentes y oportunas. Un clásico del periodismo literario, un reportaje sobre una realidad que casi nadie quiere mirar, ni entonces ni ahora. Un libro insólito y muy interesante. Una obra extraordinaria.
La traducción del sueco ha sido realizada por José María Caba y revisada por Jesús García Rodríguez.
Stig Dagerman (Älvkarleby, Suecia, 1923-1954) fue un escritor y periodista sueco. Hijo de un obrero de una cantera y una telefonista, se mudó a los 11 años a Estocolmo. Militó desde muy joven en la SAS, una organización anarcosindicalista sueca a la que pertenecía su padre. A los 20 años se casó con Anne Marie Götzes, una refugiada alemana, y entre los 21 y 26 años escribió 4 novelas, 4 obras de teatro,
un libro de novelas cortas y un gran número de artículos, crónicas
y reportajes.
Cuatro años más tarde, a los 27 años, se separó de su mujer e inició una relación con la actriz sueca Anita Björk, con la que tuvo una hija y se casó a los 30. Al año siguiente se suicidó. A partir de 1996, se concede anualmente un premio literario que lleva su nombre.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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