«Al tercer día de su vida, Antonio Borjas Romero fue abandonado en los escalones de una iglesia, en una calle que hoy lleva su nombre». Así arranca este texto exuberante y colorido, rico como los productos tropicales, en el que se describen a menudo sitios y ambiente por el olor que desprenden. El lenguaje y su estructura recuerdan al estilo de Gabriel García Márquez, salvando las distancias, y la historia de las tres generaciones de una familia, cuya devenir empieza en Maracaibo y acaba en París, las tramas que urde con habilidad Isabel Allende.
El estilo es rico, barroco y jugoso, con frases como párrafos, larguísimas, cuyos términos sorprenden al lector continuamente al jugar con lo exótico y lo inesperado, con las ideas originales y los hechos menos rutinarios que se puedan imaginar. Estas páginas nos recuerdan que también se puede hacer gran literatura con un lenguaje florido y verboso, lleno de digresiones y exotismo. No todo es minimalismo y contención. Bonnefoy emplea varios trucos para mantener el interés en lo más alto: mezcla elementos de la novela picaresca con varias historias de amor, todas ellas arrebatadas y muy románticas, anuncia cosas que van a suceder, con lo que mantiene un nivel de intriga casi constante; pone en juego la sorpresa de manera constante, el encanto de lo exótico e inesperado y la exageración desmedida; utiliza frecuentes retornos de personajes que regresan del pasado; finaliza muchos capítulos arriba, con un pequeño clímax, e intercala numerosas enumeraciones coloridas y maravillosas. El conjunto es una narración entretenidísima, plagada de personajes peculiares que se ganan la complicidad del lector, y que ofrece por añadidura y como decorado un resumen de los hitos más importantes de la historia venezolana.
«... y sabía echar las cartas, pues la muda Teresa le había garantizado que era la única ciencia capaz de convencer a los hombres sin contar con el inconveniente de ser verdadera», «... hasta tal punto que llamaba a todo el mundo por su nombre de pila, incluso a aquellos que jamás le habían sido presentados», «Porque sólo me casaré con el hombre que me cuente la historia de amor más hermosa», «No se puede uno morir con el estómago vacío», «A las tres de la tarde, la ciudad se endiabló», «... le puso por delante un atlas abierto y empezó a hablarle de ciudades construidas en las cimas de las montañas, y de vergeles colgantes en Perú, del marfil etíope y los dialectos de la India, de las ceremonias celestes de Nepal y las danzas antillanas, de los misterios de Japón y las utopías secretas de Libertalia; le habló de las ciudadelas excavadas en acantilados birmanos, de las aldeas al borde de los fiordos daneses, de las calas mediterráneas, de los templos chinos, delos mercados senegaleses... », «No entendía cómo se podía enseñar a hablar a los niños para luego no escuchar lo que tenían que decir», «Solo los seres puros mueren en la misma fecha que nacieron», «... había alcanzado esa edad en la que uno no se echa de menos», «Todos somos hijos de un sueño de jaguar».
Un libro llamado a ser un superventas, un fenómeno editorial. Una obra estupenda y redonda, tropical, llena de vitalidad y energía, rematada con un desenlace muy borgiano. Una novela exuberante, olorosa y colorida, muy cinematográfica, que gustará a todo tipo de lectores y les hará pasar unas horas muy agradables.


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