¿Por qué nos interesa comentar un libro que nos acerca a un personaje del siglo dos de nuestra era? ¿Qué puede ser tan importante que valga la pena ser reseñado en plena época del reinado de la tecnología, la inteligencia artificial, el populismo insano, las guerras recurrentes y la incapacidad del ser humano para labrarse un destino?
La excepcionalidad del sujeto, la enorme sensibilidad, la pasión con que acometía todos sus encargos, la capacidad de reflexión, su prudencia y discernimiento. Su infinita paciencia para comprender la volubilidad humana, su capacidad de observación, su sentido de responsabilidad y su comprensión de lo humano como responsabilidad comunitaria.
Un hombre educado desde el poder para acometer la tarea más importante en su momento, la supervivencia del gran imperio que fue considerado el paradigma de la sociedad civilizada. Consciente de su encargo, educado por un preceptor griego; inició desde joven la escritura de reflexiones y sentencias para orientar la acción. No simplemente un diario, sino un examen de conciencia destinado a sí mismo para asumirse como emperador y servidor; hombre justo y disciplinado, solidario, estudioso y analítico.
Un hombre distinto, que despreciaba el juego, las carreras de caballos y las peleas de gladiadores; que ignoraba los placeres de la mesa y de la carne; sin inclinación vana a los deleites elementales y un profundo admirador de la sabiduría, la mesura, la virtud y la guía de la razón.
Marco Aurelio gobernó durante casi veinte años y durante ese tiempo su mayor preocupación fue vigilar los límites del Imperio romano, cuidarse de las «invasiones bárbaras», en aquél tiempo las tribus germánicas que se encontraban al margen del Danubio. ¿Quiénes eran los bárbaros? Todos aquellos pueblos que no hablaban ni el griego ni el latín, y que atraídos por la grandeza del imperio invadían los territorios civilizados porque carecían de cultura y conocimientos sobre la agricultura, el uso del hierro y las letras.
El mayor logro del colombiano Pablo Montoya (Barrancabermeja, 1963)es haber realizado una investigación exhaustiva sobre ese periodo histórico, haber leído concienzudamente las Meditaciones de Marco Aurelio, libro que llegó en el siglo X de nuestra era a Aretas, arzobispo de Cesarea, en Capadocia, hoy Turquía, antiguo Imperio bizantino, que recibió un viejo libro muy deteriorado, del que en seguida, se sacó una copia. Los investigadores señalan que dicha copia se ha perdido, pero es muy probable que ése sea el origen de la traducción manuscrita de nuestras ediciones modernas. La primera edición impresa es la de Zúrich (1558-59) hecha por Andrea Gesner, el texto de esa edición se basa en un manuscrito palatino. El otro importante manuscrito del que se habla es el Codex Vaticanus Graecus (1950), que contiene las Meditaciones en una copia de finales del siglo XIV al XV. Cabe la pena señalar que en Cambridge apareció en 1652 la edición del texto griego con una nueva traducción latina y que, en el caso de nuestro idioma español, fue Fray Antonio de Guevara el responsable de darlo a conocer en el siglo XVI, a través de su Libro Áureo de Marco Aurelio, impreso por vez primera en Sevilla en 1528. Desde entonces, ha sido traducido a todos los idiomas europeos, doce libretas escritas en griego, redactadas en el día a día del emperador. Disculpen esta breve digresión, absolutamente necesaria para enfatizar el esfuerzo de Pablo Montoya por hacer accesible a los lectores del siglo XXI esta obra extraordinaria.
Cuatro años de dedicación al hombre y su época, al entorno histórico, las filosofías en boga, enfatizadas desde luego en la escuela de los Estoicos, permiten a Montoya escribir una novela coral, donde presenta un personaje polifacético con sus infinitas posibilidades: estadista, filósofo, militar, humanista y sobre todo un sensible poeta capaz de agradecer y disfrutar los sencillos regalos de la vida y la naturaleza.
Tiempos aciagos y de crisis: la peste, las invasiones bárbaras, las disputas locales, las conjuras de los cercanos, los riesgos del poder, las traiciones de los incondicionales y las ambiciones de los menos capacitados… no deja de ser significativo que un hombre especialmente dotado para la reflexión, el análisis y la impartición de justicia haya tenido que dedicar gran parte de su esfuerzo a la guerra, las armas y la defensa de su cargo aún frente a sus coetáneos.
Leer esta novela nos acerca a ese momento histórico, nos permite reflexionar sobre el poder, la compasión, el dolor, la muerte y especialmente, la gratitud. Es significativo su análisis de un gobernante sensato, una cualidad de la que carecen la mayoría de los actuales dirigentes en el mundo. La estatura moral del Marco Aurelio que retrata invita a conocer más de su persona y su obra, por ello no dudo que muchos de los lectores se sentirán atraídos por conocer las Meditaciones.
Les invito a descubrir junto a Pablo Montoya un Marco Aurelio íntimo, ético y moral. Un hombre capaz de frenar sus instintos, frágil y con capacidad de sufrimiento y redención que al mismo tiempo es un estadista completo, un soldado ejemplar, un hombre sensible y universal. En pleno siglo XXI, los clásicos siguen siendo contemporáneos.
Una lectura que es una fascinante aventura.


No hay comentarios:
Publicar un comentario