Título: Los recuerdos del viejo Jack
Autor: Wendell Berry
Páginas: 180
Editorial: Chai Editora
Precio: 21 euros
Año de edición: 2026
Pocos libros con capaces de evocar una forma de vida y una cultura con la fuerza que lo hace esta poderosa novela, aparecida originalmente en 1974 y recientemente publicada en castellano por Chai Editora, un sello dedicado al descubrimiento y traducción de narrativa contemporánea de todo el mundo.
Ambientada en 1952, en el pueblo imaginario de Port William, situado en el más profundo Kentucky, esta bonita novela nos cuenta el último día en la vida de Jack, un viejo granjero de la vieja escuela, un hombre de palabra, honesto, leal y trabajador, respetado por todos, que se ha arruinado más de una vez y ha tenido que volver a empezar casi desde cero, que una vez estuvo a punto de convertirse en un hacendado, pero tuvo mala suerte y perdió su oportunidad por una tontería. El hombre vive en un pequeño hotel muy especial, que en realidad es una residencia de ancianos y para el día entre el porche del establecimiento, la barbería, un banco al sol que suele estar vacío y el colmado del pueblo, rememorando su vida. Así nos vamos enterando de su historia, de las peripecias que pasó y de las mujeres que amó: Ruth, una cabeza rubia en la iglesia de la que se enamoró, pero luego el matrimonio no funcionó bien, se desilusionó cuando «descubrió con consternación que Jack andaba sin calcetines en verano y dormía en camisa en invierno»; Clara, su hija, de la que se distanció cuando creció, y Rose, su amante apasionada y su tierra prometida. De cómo conoció al que llegó a ser su mejor amigo, Will Wells y cómo lo perdió, y mil episodios más, a cual más sabroso.
Pero el tema de estas páginas es un modo de vida de otra época, el de los granjeros de pocas palabras, gente de fiar, estoicos y sufridos, chapados a la antigua, supervivientes en su particular arcadia que se fajan ante los sinsabores de la existencia y lo encajan todo con serenidad. Un ambiente en el que se valora la habilidad de cada uno para las tareas del campo y para sacar adelante una propiedad; un mundo en el que el prestigio entre pares lo es todo y en el que cada día trae un nuevo afán.
Una novela del Oeste diferente, que sabe a verdad, realista y escrita con compasión, que contrapone el apego a la tierra, las tradiciones y las costumbres antiguas, el valor de la pertenencia a una comunidad solidaria y la identidad rural al progreso acelerado y voraz, al llamado desarrollo sostenible —un oxímoron como otro cualquiera— y a la economía faústica que promete un paraíso y entrega a cambio un infierno. Se hace hincapié en las tareas comunitarias, el trabajo gozoso, la diferencia entre el trabajo esperanzado y el trabajo desesperado, el esfuerzo y el sacrificio, y también en los bailes de los sábados.
El lenguaje es sencillo y de una curiosa belleza, que sabe a pura autenticidad. El ritmo es moroso, tranquilo, la narración se remansa como un río tranquilo y la lectura resulta relajante sin llegar a ser pesada. Abundan los capítulos que comienzan presentando a un nuevo personaje, que en principio no tiene nada que ver con el hilo de la narración... hasta que se conecta con la historia principal. El texto está lleno de frases redondas como sentencias, de las que se recuerdan durante mucho tiempo, como éstas, por ejemplo: «Jack conoce a Ben Felter desde hace casi cuarenta años y nunca lo ha visto ni apresurado ni enfadado», «Después de haber vivido lo suficiente, uno muere y eso está bien», «Soy como un perro viejo. En mi cabeza no hay más que sopa y alguna que otra mosca», «Ese es el orden que conoce: la necesaria relación entre el trabajo y el hombre», «Las miradas silenciosas que se cruzaban los unían y los separaban a la vez», «... se había convertido en un hombre cuya presencia modificaba el comportamiento de los demás», «La ignorancia moderna consiste en la creencia de la gente de ser más inteligentes que su propia naturaleza. En la arrogancia de no creer nada que no puedas comprender y de no valorar nada que no puedas vender», «Hijo, ¿le debes algo a alguien? Pues mientras le debas algo, no vales nada», «Sé lo que un hombre puede hacer en un día», «Si vas a hablar conmigo, tendrás que usar los pies».
Una novela con encanto, conmovedora y auténtica como un trago de agua fresca. Muy bien escrita y plagada de personajes bien caracterizados. Un libro de mucha calidad que, en realidad, sospechamos que retrata al hombre que le gustaría ser al autor, algo así como su ideal: un granjero estoico y trabajador, respetado en su comunidad. Tal y como está el mundo, no es un mal plan de vida.
La estupenda versión española del original en inglés es obra de Vincenzo Perna,
Wendell Berry (Henry, Kentucky, 1934) es un granjero y escritor estadounidense. Hijo de un abogado y productor agrícola, tanto la familia de su padre como la de su madre han tenido granjas en el Condado de Henry durante al menos cinco generaciones. Estudió e hizo un máster sobre Literatura Inglesa en la Universidad de Kentucky, donde conoció al también escritor Gurney Norman.
Realizó un curso de escritura creativa en la Universidad de Stanford y publicó su primera novela, Nathan Coulter, a los 26 años. Al año siguiente consiguió una beca Guggenheim para escribir. Viajó por Francia e Italia. Ha enseñado inglés en la Universidad de Nueva York y escritura creativa en la Universidad de Kentucky. A los 31 años compró una finca de 50 ha y desde entonces se dedica a cultivarla tierra, los animales y a escribir. Se ha manifestado muy activamente en contra de la Guerra de Vietnam, la pena de muerte y a favor de causas ecológicas.
Ha publicado 16 volúmenes de narrativa, 36 ensayos y 27 libros de poesía.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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