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lunes, 8 de julio de 2019

Vals negro - Ana María Moix


Título: Vals negro
Autora: Ana María Moix

Páginas: 202
 
Editorial: Círculo de lectores

Precio: 11,99 euros 

Año de edición: 1994

Si me hubieran dicho que iba a leer un libro sobre Sissí emperatriz, lo hubiera rechazado de plano. ¿Quién no se acuerda de la mítica película protagonizada por la no menos mítica Romy Schneider, que rezumaba almíbar en todos sus fotogramas y que, a pesar de datar de 1956, pasó una y mil veces por las salas y fue favorita en la televisión? 

Fue una «estupenda» película para que la vieran entonces las chicas jóvenes, por la imagen ideal de mujer que proponía. Salvando la distancia de ser emperatriz, lo que evidentemente no estaba a la altura de las jovencitas que veían la cinta, la hermosísima actriz fue identificada con el personaje que presentan lleno de virtudes:  enamorada de su marido; amada por el pueblo por su proximidad y bondad con él y por cumplir el dicho, que resulta ser francés, «A Jesús por María» ya que se la consideraba intercesora de causas justas y mejoras sociales ante el poderoso Francisco-José; pelín rebelde con su marimandona suegra; amantísima hija y hermana; lectora cuando a las mujeres les estaba prohibido (estupendo guiño de la autora que la hace leer Madame Bovary); capaz de hablar varios idiomas… Vamos un dechado de perfección. Y, «a pesar de todo», desgraciada. Pero nunca me ha interesado la realeza, ni comprobar que «los ricos también lloran».

Me acerqué a esta novela con el interés natural de conocer al menos parte de la obra de las escritoras objeto de un curso de literatura. Sin conocer el contenido, elegí esta obra por ser una novela y porque tiene un título más que sugerente. No solo no me ha decepcionado, sino que me ha provocado tanto interés como para buscar información de la situación política tan compleja de aquellos momentos en los que se desmembraba el gran imperio austro-húngaro, comprar otra biografía de Sissí y ¡hasta volver a ver la película!

Lo que más me ha impresionado de la lectura es la magnífica forma de escribir de Ana María Moix. Desde que se abre la novela hasta que se termina se disfruta de la lectura. Y si lo más seguro es que no sabríamos responder a la pregunta de qué es buena literatura, no dudaríamos en poner como ejemplo de ella a esta novela. Porque importa lo que se cuenta, pero, sobre todo, cómo se cuenta.

Si se añade que a la autora, de siempre rebelde, no se le presume una especial simpatía por la monarquía, se deduce que los episodios que resalta son aquellos que dan una idea de la personalidad de la biografiada y de sus padecimientos a lo largo de toda su vida. Empatizamos con la persona de la que al final nos queda la sensación de que nació para ser una persona «normal» y se convirtió en una prisionera de su cargo y las obligaciones que conllevaba –entre ellas las del estricto protocolo español que se seguía en las cortes del momento-. Así que he tenido que revisar mis prejuicios para deshacerme de ellos, porque he sentido simpatía por una rica que lloraba y mucho.

La estructura de la obra es original, son varios los narradores que nos van dando cuenta, con una gran y fina ironía, de las diferentes costumbres de una corte que se miraba en el espejo de la francesa, pero la de Luis XV, por tanto ya anacrónica. Nos relata muchos momentos importantes en el devenir histórico no sólo del centro de Europa, en donde comenzaba la industrialización y las consecuentes revueltas obreras, sino también de otros países muy alejados como México donde fue asesinado el hermano de Francisco José, Maximiliano, a quien se había coronado emperador con la aquiescencia de Napoleón. Y no faltan los detalles truculentos de la corte, como que a la muerte de los emperadores su corazón era guardado separado del cuerpo, o la curiosa ceremonia de comprobación de la consumación del matrimonio. En fin, que además de gozar leyendo, se aprende mucho porque, aunque sea ficción, el esfuerzo de documentación de la autora fue muy importante y supo reflejar muy bien el ambiente de la época.

Estupenda lectura para disfrutar y, como dirían los franceses, para «regalarse» –obtener deleite y placer- con la buena literatura.

 
Ana María Moix

Publicado por Paloma Martínez.

jueves, 4 de julio de 2019

La agonía y el éxtasis - Irving Stone


Título: La agonía y el éxtasis
Autor: Irving Stone

Páginas: 562
 
Editorial: Seix Barral

Precio: 16,50 euros  
 

Año de edición: 1998

Es una novela biográfica sobre Miguel Ángel Buonarroti, uno de los artistas más reconocidos de la historia. Nacido en Settignano, una aldea cercana a Florencia, ya muestra sus dotes desde niño entrando de aprendiz en la bottega del maestro Ghirlandaio y estrenándose con los frescos de la capilla Tornabuoni de la impresionante basílica de Santa María Novella.

Siendo gobernante de Florencia, Lorenzo de Médici alojó a Miguel Ángel en su casa, donde había fundado el «jardín de la escultura», una cantera para formar a los aprendices más talentosos de la ciudad. En aquel momento se produjo la conexión cósmica, coincidieron el mecenas apodado el Magnifico y el artista antológico, juntos en el entorno donde germinaba el Renacimiento. El conglomerado final solo podía ser majestuoso.

Miguel Ángel, dotado de una voluntad inquebrantable y una técnica perfecta desde el punto de vista formal, consigue la materialización de numerosas obras maestras que solo están al alcance de creadores extraordinarios. El aplica tanto la inteligencia como la pasión a cada una de sus actividades. A pesar de haber pintado las maravillas de la Capilla Sixtina y de morir siendo el responsable de la construcción de la Basílica de San Pedro, su auténtica debilidad era esculpir sobre mármol extraído en los Alpes. Nada le satisfizo tanto como hacer aflorar la escultura escondida en el interior de un bloque pétreo, a base de golpearlo con martillo y cincel.

Una rasgo vital de Michelangelo es buscar la excelencia en todos los proyectos artísticos que acomete y reivindicar la componente intelectual, además de la puramente manual, en cualquiera de sus obras, ya sea pictórica, escultórica, arquitectónica o ingenieril. Cada escultura representa un momento clave de sus protagonistas. El David con el ceño fruncido, inmediatamente antes de lanzar a Goliat su ataque mortal. La Pietá, una Virgen joven con su hijo exánime en el regazo.

Estamos ante una novela histórica, incardinada en el crisol del Renacimiento, el triángulo compuesto por las ciudades de Roma, Venecia y Florencia, cuyo hilo conductor es un artista total, apasionado y huraño, amigo de Papas y desheredados, enamorado platónico y soltero hasta la muerte, austero en lo material pero rico en espíritu, voluntarioso y bravo como un torero en racha, sensible y delicado como una flor.

Una biografía tan extensa como jugosa. Escrita por un experto en novelar vidas de personajes insignes (Freud, Darwin, Van Gogh, etc.) cuyo estilo fluido y ameno convierte la narración en una sucesión de aventuras de cómoda digestión. Irving Stone se detiene en los vericuetos personales que van imprimiendo carácter a su personaje, aunque hábilmente evita la tentación de construir una hagiografía incondicional del protagonista. No en vano, el escritor americano muere siendo considerado un acreditado autor de bestsellers.

El guion cinematográfico de «El tormento y el éxtasis» está basado en este libro y dió lugar a una película de 1965 protagonizada por Charlton Heston, que se parece a Miguel Ángel lo mismo que Usain Bolt a Stephen Hawking, acompañado de Rex Harrison en el papel del Papa Julio II. El film se limita a mostrar las vicisitudes del florentino para pintar los frescos de la Capilla Sixtina bajo el mandato de un Papa guerrero. Pero es asimismo muy recomendable, a pesar de tomarse alguna licencia histórica para amenizar el espectáculo.

En resumen, el texto es la materialización de un homenaje imperecedero a un artista irrepetible, que con su arte por bandera convivió con la crema de la intelectualidad renacentista y emergió de la hoguera de las vanidades de la Piazza della Signoria, hasta ascender al olimpo de las Bellas Artes, a imagen y semejanza de sus numerosas obras, que cinco siglos después siguen enseñando al mundo que los genios existen y demostrando que Miguel Ángel es uno de sus máximos exponentes.
                   
Irving Stone

Publicado por Adolfo Pérez.

lunes, 1 de julio de 2019

Como si un ángel - Erich Hackl


Título: Como si un ángel
Autor: Erich Hackl
 
Páginas: 192
 
Editorial: Periférica

Precio: 17 euros  

Año de edición: 2019

Hace solo unos días ha fallecido de un infarto de miocardio el escritor, galerista, artista y editor Julián Rodríguez Marcos (Ceclavín, 1968), que contaba tan solo 50 años de edad, cuando estaba en su casa de Segovia.

Figura clave de la cultura extremeña, era el responsable de una de las editoriales españolas más interesantes de los últimos años, la editorial Periférica, dedicada a publicar libros inéditos en castellano de la más variada procedencia, con mucho criterio y una selección fabulosa. Mi recomendación es que compréis todos los libros que encontréis de esa editorial. Tienen todos una calidad media magnífica y no se sabe qué ocurrirá con la editorial a partir de ahora.

Como homenaje y en su recuerdo, vamos a comentar uno de los últimos títulos que ha editado, una novela maravillosa.

Julián Rodríguez

¿Cómo contarían unos padres la vida de su hija más querida, una chica excepcional, una idealista desaparecida durante los años duros de la dictadura argentina por haberse  implicado, por coherencia ideológica y con todas las consecuencias, con los guerrilleros montoneros en la lucha contra el régimen?

Pues eso es lo que hace el austríaco Erich Hackl, meterse en la piel de los padres de Gisela Tenenbaum (Mendoza, 1955), Gisi, de 22 años, de padres austríacos y judíos exiliados del nazismo, buena estudiante y campeona de natación, hija modelo, una de esas jóvenes llenas de carisma y encanto, y contar toda su historia en esta novela que es algo más que una novela. Es una reconstrucción, apasionada y tierna, contenida y veraz, conmovedora y emocionante, de la vida de una chica que pasó por la vida como un ángel, dejando un rastro brillante y fugaz.

No hay maniqueísmo en estas páginas, todo está narrado con mesura y equilibrio. Un maravilloso cuento sin final feliz, bello y terrible como la vida misma, escrito en un alarde de inteligencia emocional con una mezcla alquímica y sabia, por un lado, de ternura y delicadeza, y por otro de la más dura realidad.

Todo lo que se cuenta aquí es real, no se han cambiado los nombres, ni hay licencias literarias más allá del tono, el estilo y la manera de narrar una historia real, especialmente conmovedora y bella. 

Como telón de fondo, vemos pasar el peronismo y la vida política de Argentina durante los años 60 y 70, la crónica de la adaptación de unos inmigrantes judíos y la vida cotidiana de los jóvenes mendocinos de aquellos años.

La novela, escrita con un estilo sencillo y sin pretensiones, resulta amenísima y se lee en un suspiro. Dividida en veintiocho capítulos realmente cortos, de unas cinco o seis páginas  cada uno, que van construyendo la historia a pinceladas, va intercalando las peripecias de las tres hermanas Tenenbaum en Mendoza con los avatares de la vida de sus padres, que vivieron de niños el irresistible ascenso del nacismo en Austria y tuvieron que huir y construir una vida completamente nueva en otro país.

Una novela con mucho corazón, de las que enamoran. Un libro maravilloso que le deja a uno una sensación agridulce, bella y amarga al mismo tiempo, y la sensación de haber vislumbrado la figura de Gisi, de haberla visto realmente, de lejos. El lector acaba con la impresión emocional de haberla conocido. Pura magia.

Gisela Tenenbaum, Gisi

Erich Hackl (Steyr, 1954) es un escritor y traductor austríaco. Ha estudiado Filología Germánica e Hispánica en las Universidades de Salzburgo, Salamanca y Málaga. Ha sido lector de Literatura Alemana en la Universidad Complutense de Madrid y profesor de español en la Universidad de Viena. 

Ha traducido al alemán a una larga lista de autores hispanoamericanos. Es miembro de la Academia de la Lengua y Poesía Alemanas, y ha ganado, entre otros galardones, el Premio Hidalgo (1997), otorgado por la asociación española Presencia Gitana, el Premio de Literatura de la Ciudad de Viena (2002) y el Anton Wildgans Prize (2015).

Erich Hackl

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

jueves, 20 de junio de 2019

Las soldadesas - Ugo Pirro


Título: Las soldadesas
Autor: Ugo Pirro
 

Páginas: 164
 

Editorial: Altamarea
 

Precio: 17,90 euros
 

Año de edición: 2019 

Cuando Ugo Pirro era Ugo Mattone, viajaba por el sur de estación en estación como un miembro más de una familia de ferroviarios. El adolescente tenía la manía de escribir comedias en el reverso de los telegramas que llegan a la estación, para luego representarlas en los vagones vacíos que esperan en la vía muerta. Al igual que muchos jóvenes de los años 40, se apasionaba por la visión fascista de un nuevo imperio romano que tomará para sí Etiopía, Albania y Grecia. Por ello, se presentó voluntario sin decir una palabra a sus padres, para combatir en Yugoslavia, Cerdeña y las tierras griegas, primero en la infantería y más adelante, saltando en paracaídas sobre las líneas enemigas. 

En Grecia, pudo comprobar el desprecio de unas gentes que tenían que mostrar respeto ante una tropa desaliñada y miserable mientras, a pesar de eso, se lanzaba a la calle tras ellos para gritar ¡psomí! ¡psomí!, es decir, para pedirles algo de pan que llevarse a la boca. Así, Ugo pasa a ser miembro del ejército «sagapó», insulto popularizado por Radio Londres para referirse a los italianos de uniforme que han aprendido a decir «te amo» en griego para conseguir mujeres.

Son militares que no tienen problemas en usar un chusco como llave maestra para introducirse en los hogares hambrientos, militares que se ríen con las gracias y se emocionan con las desgracias al sentarse a la mesa con la familia de una joven ateniense que se ha quedado en los huesos. Una muchacha que es parte de otra milicia de mujeres esqueléticas que se levantan la ropa al paso de un convoy en un intento de levantar la pasión entre los jóvenes armados, pero que causan primero las risas y a continuación, a algunos, el llanto, al ver un cuerpo reducido a pellejo y huesos; mujeres que intentan el asalto de un horno en medio de la desesperación y que, tras una lucha heroica con los guardias, entran para comprobar que no hay nada allí. El hambre se extiende de tal manera que se reciben telegramas en los que una ciudad advierte al centro de avituallamiento: «mandad trigo o ataúdes». Tras esta experiencia salvaje, Ugo se licencia como desertor y abandona sus sueños de conquista. 

El joven de Salerno habrá dejado las armas pero no deja las letras. En el 47 su vida cambia al ganar un concurso organizado por el periódico «L’Unità» con su crónica sobre la vida militar entre Atenas, Tebas y la isla de Eubea. No puede creer que una pieza escrita con el ánimo de no vencer —«a los concursos uno se presenta para perderlos», se dice— haya sido elegida como la mejor entre todas. 

El premio le permite ir a Roma y empezar a ganarse la vida como cronista. O al menos intentarlo, ya que apenas puede pagarse la cama y la comida. Le salva la vida su amistad con los pintores agitados que frecuentan el restaurante de los hermanos Menghi. Gente como Guilio Turcato, que una noche manchó las paredes de la Via del Babuino con pintura roja, dibujando martillos y hoces por todas partes, como Consagra, que ha pintado murales en el local, como Omiccioli, de rostro amoratado y cabello encrespado y gris, que discute de política y no tanto de arte, aunque una cosa siempre lleve a la otra, y como Scarpitta, capaz de embelesar a su audiencia con un mar de palabras. Y es que los artistas, a menudo, invitan a Ugo a comer un plato de carbonara y, cuando la ocasión lo merece, una langosta. No es que tengan una fortuna que gastar a la hora de cenar, sino que han logrado convencer a los dueños y pagan con sus dibujos.

Otro de los invitados a la mesa es el padre del neorrealismo Cesare Zavattini, que no puede meter baza en la conversación. Ugo se hace amigo del escritor de imágenes y entra en contacto con gente del mundillo como los directores Giuseppe de Santis, Carlo Lizzani o el guionista Franco Solinas, todos geniales y casi todos comunistas. Este contacto cercano con el parnaso cinematográfico agranda su viciosa aspiración de convertirse en guionista. De modo que empieza a componer guiones que son muy bien recibidos por productores que más tarde se niegan a firmar contrato alguno con un don nadie y encima periodista. 
  
Ugo se da cuenta de que no cuenta para ellos a menos que haya escrito un libro. Por tanto se dispone a redactar uno, pero sin la voluntad clara de publicarlo, como cuando se presentó al concurso sin pretender ganarlo. En sus horas libres, empieza a relatar su experiencia en Grecia inventando poca cosa. Contará la desgracia de las «soldadesas», las griegas que entraban en el ejército italiano como prostitutas por apenas 250 gramos de buey congelado, en un ajuste de cuentas consigo mismo, con su pasado como agresor de inocentes. Pero duda. Al hacerlo, podría destruir la base sobre la que se sostiene a duras penas la democracia. 
  
El ejército italiano había escapado del horror de la Segunda Guerra Mundial con su honor casi intacto. A los ojos de los aliados, no se podían comparar con las bestias alemanas o japonesas que provocaron crueldades infinitas. Pero él sabía que eso no era así. Incluso los norteamericanos, asustados por el inmenso PartidoComunista Italiano, habían cerrado los ojos ante el desembarco de numerosos fascistas en la nueva sociedad libre del país. Mejor hacer borrón y cuenta nueva. 

Logra resumir el espíritu del bando italiano con la imagen de dos soldados desnudos, sobre una cama, que se pelean porque uno de ellos ha escupido sobre el retrato del Duce, mientras una prostituta espera. Además, escribe cómo en la Grecia ocupada, una huelga por las asesinas condiciones en las que se encuentran los civiles, se podía abortar con la mera visión de una niña que caminaba con un pan bajo el brazo hacia su casa; cómo un niño, Leónidas, muere justo antes de darle un mordisco a un mendrugo que un oficial le acaba de dar; o cómo una soldadesa que se muere pide como última voluntad el probar un poco de carne enlatada, antes de ser enterrada con las manos cruzadas sobre un trozo de pan. Tiene que sacarse todo eso de su corazón. Al fin, el protagonista, junto al autor, junto a Italia, confiesa pintando en un muro que: «En Patras he pagado una noche de amor con pan. Te pido perdón por ello». Tras un frenesí en el que se mezcla su angustia por tener un futuro mejor bajo los focos de un plató y su rabia por lo que había visto y cometido en la guerra, termina «Las soldadesas» y se convierte en Ugo Pirro.

Aunque haya escrito su primera obra, puede que nunca vea la luz. No hace tanto, un relato que contaba la misma historia de prostitución y vergüenza en Grecia acabó con el autor, Renzo Renzi, condenado por un tribunal militar. La suerte de Ugo cambia en el momento que Vasco Pratolini, escritor y amigo suyo, toma el manuscrito y lo presenta a una editorial que busca autores jóvenes para una nueva colección. A Giangiacomo Feltrinelli, el dueño de la editora, no sólo no le asusta la dura reacción que pueden suscitar esas páginas en el ejército o en los escondidos adoradores del Duce, sino que la busca. Esta búsqueda de la confrontación convertirá al editor en uno de los protagonistas de los conocidos como «Años de plomo» en Italia, una velada guerra civil entre los extremos de la política.

Por fin se publica la novela y Ugo Pirro obtiene un reconocimiento que le valdrá para entrar en la edad dorada del cine italiano. Escribirá películas que, aunque triunfen en ceremonias de la vanidad como los Oscars o Cannes, tienen la misma rabia y ansias de denuncia que su primera novela. Feltrinelli morirá bajo un poste de alta tensión, hecho pedazos por la bomba que él mismo portaba.

Ugo Pirro

Publicado por Antonio Palacios.

miércoles, 5 de junio de 2019

Nos vemos allá arriba - Pierre Lemaitre


Título: Nos vemos allá arriba
Autor: PIerre Lemaitre

Páginas: 448

Editorial: Salamandra 


Precio: 21 euros

Año de edición: 2014


Estamos en noviembre de 1918 en el frente francés donde ya se atisba la proximidad de un armisticio; el teniente Pradelle, al mando de una unidad francesa, ordena un ataque sin sentido contra una posición alemana. Lo hace pensando únicamente en su gloria y su promoción, sin el menor escrúpulo. La acción triunfa pese a provocar muertos y heridos en sus filas, entre ellos dos jóvenes soldados que regresan con grandes alteraciones psicológicas tras la guerra: uno es Edouard, proveniente de una rica familia, que regresa con graves mutilaciones por lo que rehúye el contacto con su familia y en particular con su padre, un banquero y hombre de negocios de éxito y con poder, que siempre menospreció su sensibilidad y  talento para el dibujo. El otro es Albert, de origen humilde, apocado, ligado incondicionalmente a Edouard por haberle salvado la vida en el frente, que está dispuesto a cualquier cosa por su amigo, esté o no de acuerdo con él.

El tercer personaje es el teniente Pradelle de origen aristocrático, ahora venido a menos, de familia arruinada, cínico, mujeriego y falto de escrúpulos, que  está obsesionado con recuperar el estatus social que cree que le pertenece y reconstruir la casona familiar.

Los tres tienen una idea en común: se rebelan contra la sociedad que les mandó a la guerra, les arruinó la vida y no les reconoce el gran sacrificio que hicieron. Cada uno decide saltarse las normas de convivencia más elementales, ponerse el mundo por montera y resarcirse de la sociedad, compensar su situación haciendo fortuna de cualquier forma que sea rápida.

Nos encontramos frente a una novela sobre una sociedad devastada por la guerra, en lo material y en los humano. Un relato de gran nivel, con retazos de historia, de crónica social, relato antibélico y de aventura picaresca con alguna dosis de humor negro. Por las páginas desfilan secuencias de codicia, situaciones irónicas y ácidas, y escenas de trampas y engaños, al principio para sobrevivir y más adelante para resarcirse.

Los personajes de Lemaitre son personajes que sufren, pasan aprietos y atraviesan situaciones difíciles. El autor no es amable ni condescendiente con ellos, es duro, se lo hace pasar mal como es lógico que les suceda a excombatientes en el París de 1919.

Según el autor, la novela tiene que tener veracidad pero no exactitud histórica. La novela es un conjunto de mentiras y por eso se le concede un margen dentro de la historia real; debe reflejar la mentalidad y la situación de la época pero, sin empeñarse en la exactitud de los detalles.

El libro parte de un hecho real, un escándalo lleno de picaresca sobre la exhumación de los soldados muertos en el frente y la construcción de cementerios para combatientes, y otro ficticio: una estafa en la construcción de monumentos a los caídos en combate.
 
Pierre Lemaitre se ha convertido en uno de mis autores favoritos actuales. Nació en París en 1951, estudió psicología y se dedicó a la enseñanza de adultos en campos como cultura, comunicación y literatura. Comenzó a escribir a los 55 años y fue enlazando un éxito tras otro. Ha escrito varias obras policíacas con un protagonista común: el comandante de la Brigada Criminal de Paris Camille Verhoever. También ha publicado varias novelas, entre las que destaca un brillante thriller de suspense al más puro estilo de Hitchcock, «Vestido de novia», ya reseñado aquí.  Con la novela hoy comentada, traducida a dieciocho idiomas, ganó el Premio Goncourt en 2013.

Pierre Lemaitre

Publicado por John Smith.

lunes, 3 de junio de 2019

Taxil. Nunca digas la verdad - María Viedma García


Título: Taxil. Nunca digas la verdad
Autora: María Viedma García

Páginas: 416

Editorial: Ediciones del Genal

Precio: 17 euros

Año de edición: 2019

La imaginación es calenturienta. A los genios, a veces, les hace producir monstruos. A la gente corriente, a veces, nos provoca la sonrisa e incluso la risa. Es lo que me ha ocurrido -incitada por esta novela- al pensar en León XIII -cuya imagen es la de una persona tranquila y benévola poco dada a los excesos-, presa de un arrebato de rabia  clamando  por las estancias del Vaticano: ¡Vade retro me Satana! 
    
¿Cuándo y por qué habría podido ocurrir ese arrebato del Papa? Nos lo cuenta María Viedma: al enterarse de que había sido presa del gran embaucador, tramposo y sinvergüenza, Leo Taxil (1854 - 1907). Ese personaje, que tuvo que ser muy listo, era un editor parisino que al ser expulsado de la comunidad cristiana por las severas críticas que publicaba contra la institución, se infiltró en la masonería, donde tampoco duró mucho tiempo –quizás el suficiente para conocer a sus miembros más notables y las debilidades de la comunidad-. Lo suyo era provocar, hacer daño y sacar beneficio de ello. 

Para rizar el rizo y hacer más daño, planeó una estrategia que atacara a las dos organizaciones a la vez – a eso le llamaríamos ahora eficiencia-. Para ello, hizo una «confesión pública de vuelta al redil católico» y enseguida se posicionó junto a los poderosos, los tocados con el solideo, y comenzó a editar libros, panfletos y toda clase de escritos –no hay que olvidar que le salía barato imprimir- en los que inventó cualquier tipo de barbaridad contra los masones. Inventó a un grupo de entre ellos que, decía, adoraban al diablo, comían a los niños crudos y otra serie de lindezas… Contrató a quien le hiciera unos dibujos estupendos para ilustrar tanta palabra impresa de ese ser maléfico al que decía se rendían muchos de los próceres de la política y la intelectualidad de entonces. Concertó con la curia parisina y con el mismísimo Papa y acordó con ellos que debía seguir esta campaña antimasónica pues la Iglesia siempre los había considerado como enemigos. Es curioso anotar que León XIII en su encíclica Humanum genus, en 1884 dejó escrito: 
                 
«El género humano quedó dividido en dos campos contrarios, de los cuales el uno ―el reino de Dios en la Tierra, es decir, la Iglesia verdadera de Jesucristo― combate sin descanso por la verdad y la virtud y el otro campo es el reino de Satanás [...] bajo la guía y con el auxilio de la masonería». 
   
Cuando Leo Taxil se cansó del juego, en 1896, convocó un congreso que estuvo cumplido de periodistas y, por supuesto, del más alto clero, además de civiles hípercatólicos y también sus enemigos, los masones y acabó con su farsa.
      
Y de aquellos lodos otros barros, como el odio de Franco a la masonería, de quien es bien conocido que persiguió y ordenó fusilar a no pocos masones –quizás inspirado por Hitler-. Aún hoy, en lo que se ha dado en llamar el «imaginario colectivo», queda la idea de que los masones son una secta y que sus miembros tienen gran poder.
               
Todo esto, pero muchas cosas más, son las que nos cuenta María Viedma con un lenguaje pausado que sin pesadas descripciones nos sumerge en el ambiente parisino de finales del siglo XIX. Hay numerosos guiños de humor –muchos de ellos a Málaga, lugar de nacimiento de la autora- que hacen más amable si cabe la lectura.
                         
Aparecen una serie de temas bien ligados con el desarrollo de la novela como son: el feminismo, que en aquel momento empezaba con las sufragistas; la psiquiatría de la época con los terribles manicomios y sus más terribles tratamientos; la prostitución y su justificación social porque así el hombre deja tranquila a su mujer de la que no está enamorado, entre otras cosas, porque en esa época se casaban por interés; las relaciones homosexuales, y con gran protagonismo, las funestas consecuencias del amor romántico.
                 
Dando unidad al conjunto, la mentira y cómo el ser humano desea creer en lo que sea para vivir tranquilo. Al final, todo es transportable a las nuevas situaciones políticas que estamos viviendo y en ese mundo de creencias, que no ideas,  las modernas fake news. Miente que algo queda, siempre se ha dicho. 
  
Una novela, en fin, muy entretenida que nos descubre muchas cosas y nos estimula para conocerlas más a fondo y así podamos labrarnos una idea con criterio y desterrar las creencias superficiales. 

María Viedma García, es malagueña, licenciada en Filosofía y autora de una novela anterior, «El mar de Salomón», y un ensayo «Historia de la Masonería desde una perspectiva de género» que le valió el XVI Premio deInvestigación María Isidra de Guzmán del Ayuntamiento de Alcalá de Henares. También es autora de numerosos artículos y trabajos de investigación relacionados con la historia de las mujeres.

María Viedma García

Publicado por Paloma Martínez.