lunes, 14 de abril de 2014

Las águilas - José López Pinillos (Parmeno)


Título: Las águilas 
Autor: José López Pinillos (Parmeno) 

Páginas: 269 

Editorial: Turner 

Precio: 14 euros 

Año de edición: 1991 

Me vuelvo a encontrar, andando el tiempo, con esta novela que leí hace tres o cuatro años.

El autor, tipo pintoresco, utilizó el seudónimo de «Parmeno», el criado de «La Celestina», gran parte de su vida, después de haber utilizado el de «Puck», personaje fantástico de la literatura anglosajona. Nacido en Sevilla en 1875, emigró pronto a la capital de España para buscar fortuna como escritor y periodista.

La novela, que no es larga, once capítulos y casi doscientas cincuenta páginas, describe  la trayectoria de un muchacho, Josele, de principios de siglo XX, desde sus inicios como hijo de un zapatero calavera y pendenciero de Sevilla hasta su ascenso como figura del toreo. El protagonista  emerge de la escala social en la que le ha tocado nacer, para progresar en la vida, a cornadas, a dentelladas y a fuerza de jugársela cada tarde «como un tío», eje de su ciencia y de su éxito… como un águila, intentando salir del nido en el que le tocó nacer y en el que un día decide que no quiere permanecer, buscando cada instante de su existencia un impulso que le aúpe desde esa mediocridad que le ha deparado el destino y le aleje de un futuro como zapatero.

Con una pretendida pátina de novela social, de denuncia, con un espíritu regeneracionista, propio de la Generación del 98 y de la escuela de Joaquín Costa, su autor que se alineó en esa corriente de pensamiento y que abrazó ideas progresistas, trabajó en los periódicos más importantes de la época, «El Globo», «España», «El Liberal» y conoció a Pío Baroja, Azorín, Unamuno, Galdós y otros.

Aquí pretende mostrarnos el lado más lacerante de la sociedad en la que vive y particularmente de la sociedad andaluza, espacio en el que centró la mayor parte de su producción literaria. El narrador, toda la novela está escrita en tercera persona, relata la historia de un muchacho cualquiera de origen humilde de una ciudad del sur de España y de las mil peripecias que le ocurren hasta que llega a alcanzar su objetivo a través del toreo. Esa escusa, como podría haber sido otra cualquiera, le sirve para retratar la España de la época, y más concretamente Andalucía, para hablarnos de sus personajes, de su modo de vida, de sus preocupaciones, de las relaciones entre hombres y mujeres, de su escala de valores, de las profesiones de la época, del lenguaje… abarca así una vertiente social muy significativa, como apuntábamos anteriormente, que está dentro de la preocupación de su autor, de la necesidad de mostrarnos la situación del país, el ambiente y todo ello sin necesidad de moralizar en ningún momento, ya que no hay un párrafo donde se atisbe esa posibilidad, ese juicio de valor, ni a través del narrador ni de ninguno de sus personajes, solo nos dibuja sobre el lienzo y nos describe la historia para que sea el propio lector quien opine .

Con un estilo exagerado, precursor del tremendismo, que alcanzaría su máximo nivel en la posguerra española, describe a unos personajes y unas situaciones, por momentos, parece que sacados de alguna epopeya épica, por lo heroico de sus hazañas o lo grotesco, como la corrida de toros que se lidia en el pueblo de Selvática, y nos presenta  un mosaico de lo que, por antonomasia, podía ser el perfil del andaluz medio  de principios de siglo - El maestro Lasarte, Dolores, Trini, Cordobán, Cachirulo, Jaquimilla, Piesdeliebre, el doctor Pajarit, Salud-, perteneciente a una sociedad rural, escasamente alfabetizada, con situaciones y pasajes propios de un sainete coral, género que cultivó con éxito su autor … nos muestra los patios de vecinos,  que hacían, a la vez, la función de terapia social, lugar de convivencia, comedor común, encuentro de amores, convivencia en familia… y sobre todo las tabernas, lugar de psicoanálisis colectivo, de interacción social o centro de negocios. 

Las tabernas tienen una gran importancia en el libro y en el se describen pasajes  memorables ocurridos en ellas, como epicentro de la vida social de la época, los tahúres, los cuadros flamencos, las bailaoras, los personajes de la noche. Todos los diálogos, de sus personajes, sin excepción, están escritos en la fonética dialectal andaluza  de la época, haciendo una especie de «preciosismo modernista» a la inversa,  en palabras de Cansinos Assens. Esto no esconde cierta dificultad, si se piensa que para algunas palabras en «andaluz» difícilmente encontramos hoy su significado o su trascripción al castellano.

La novela, adolece de cierta fragmentación narrativa, algunas escenas parecen tener más fuerza como un hecho aislado que como parte del conjunto de la obra, quizás aquí intuyamos la inercia de su autor a favor de relato o novela corta, que también cultivó con éxito, o de la pieza teatral. También aparecen ciertos personajes aislados que sin dejar de ser pintorescos no aportan mucho, o casi nada, a la novela, por eso resulta que aún tratándose de una novela no muy extensa, hay partes que sobran y podría haber quedado aún más aligerada sin que le echáramos en falta ese exceso. Con todo, es una novela que va alcanzando su excelencia a medida que avanza y que al final del todo llega a su momento álgido de contenido y de estilo.

Escrita a comienzos, de lo que suele conocerse como «época dorada de la tauromaquia», aquel fabuloso lapso de tiempo transcurrido entre 1912 y 1920, en el que se dieron cita las dos máximas figuras de la época, Juan Belmonte y Joselito el Gallo, supone una innovación en la literatura de corte «taurómaco», ya que se acerca a la figura del torero y de su entorno desde una óptica realista, naturalista, alejada de la literatura anterior, de la época romántica donde todos sus personajes eran semihéroes aflamencados, aristócratas, triunfadores o sus mujeres damas de alta cuna… 

Junto a la vertiente social mencionada, hay una vertiente taurina en esta novela muy importante, y aunque se haya apuntado que nació con una pretendida noción antitaurina, el autor demuestra ser un profundo conocedor del mundo, del argot y del sentimiento taurino, describe pasajes donde perfectamente demuestra conocer las suertes del toreo, la técnica, etc…fruto todo ello, posiblemente, de que en la época en que está escrito el libro el lenguaje  taurino estaba más imbricado en la sociedad que hoy día y sobre todo gracias a su labor como periodista.

El autor, a quien Pío Baroja llegó a definir como «tipo revulsivo, un andaluz gordo, seboso, con el pelo rojo, como de virutas, y que hablaba mal de todo el mundo…», abarca en esta obra una tercera vertiente, junto a la social y la taurina, que a mi me interesa mucho, y es la vertiente artística, haciendo alardes de ser un buen narrador, describiéndo una época y una profesión magistralmente, recreando los ambientes en que se mueven los personajes como si se trataran de fotogramas de cine neorrealista italiano y haciéndo uso de un gran léxico y de una gran imaginación. Es, a mi parecer, una obra muy interesante de un autor desconocido para el gran público que utilizó una voz y un lenguaje propios.

José López Pinillos (Parmeno)

Publicado por Gregorio Camacho.

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