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sábado, 24 de agosto de 2024

¿Los 100 mejores libros del siglo XXI?

Cuando queda año y medio para que transcurra el primer cuarto del siglo XXI, al New York Times se le ha ocurrido confeccionar una lista de los 100 mejores libros de este siglo, preguntando sobre la cuestión a más de 500 autores y críticos, supongo que la mayoría estadounidenses. La lista completa puede verse en español en varios sitios, por ejemplo en el diario AS, que no solo de deporte vive el hombre:

«Esta es la lista de los 100 mejores libros del siglo XXI».

Vaya por delante que hay que tomarse estas clasificaciones como lo que son, un conjunto de opiniones subjetivas, relativas, inevitablemente sesgadas y muy discutibles. Pueden ser útiles como recordatorio de obras que vale la pena leer y como estímulo para recordar qué títulos echamos de menos porque no han encantado. Porque una de las ventajas de estos canones, es poder criticarlos y discutirlos. Vamos allá.

Aún teniendo en cuenta las limitaciones de ese tipo de listas, el ranking del diario estadounidense tiene demasiados olvidos y carencias muy notables. En primer lugar, hay poca variedad de géneros. Casi todo son novelas, no hay casi relatos, ni ciencia ficción, ni teatro, ni poesía, ni libros para niños y un único cómic, Persépolis (¿por qué será?). Apenas hay ensayo y la Historia brilla por su ausencia. En fin, muy poca variedad de géneros.

En segundo lugar el etnocentrismo anglosajón es sonrojante. Aparecen pocos escritores latinoamericanos: los chilenos Roberto Bolaño y Benjamín Labatut, la mexicana Fernanda Melchor y dos autores que residen en Estados Unidos, Junot Díaz (nacido en Repúbica Dominicana) y Hernán Díaz (argentino de nacimiento). No hay prácticamente escritores africanos, salvo la nigeriano-estadunidense Chimamanda, ni asiáticos, excepto el japonés Kazuo Ishiguro, la coreana Han Kang y la coreano-estadounidense Min Jin Lee, a los que se podría añadir quizás el estadounidense descendiente de taiwaneses Hua Hsu. Y muy pocas referencias europeas no anglosajonas, Elena Ferrante, Jon Fosse, Annie Ernaux y poco más. Se diría que hay que irse a vivir allí para que reparen en tí como escritor, o ganar el Nobel; si no, pasas desapercibido.

Echo de menos a bastantes libros de países europeos, como:

También a un buen número de títulos latinoamericanos:

A algunos africanos, asiáticos... :

Incluso a varios autores estadounidenses, como:

Y, cómo no, a algunas obras españolas:

45 títulos que añadir a una selección de 100. No está mal. Seguramente habría que sumar más libros a esta lista, pero soy un lector limitado y no consigo conocer todo lo que se publica y promete ser interesante. Además tengo mis sesgos, mis querencias y mis gustos. Seguramente se me han olvidado muchos libros imprescindibles y habrá muchos más que ni siquiera conozco, pero si no están todos los que son, creo que al menos son todos los que están, según mi particular y modesta opinión.

¿Añadiríais alguno que os parezca indiscutible?

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 27 de mayo de 2020

La vida verdadera - Adeline Dieudonné


Título: La vida verdadera
Autora: Adeline Dieudonné

 
Páginas: 192 

Editorial: Salamandra
 
Precio: 17 euros
 
Año de edición: 2020 

¿Cómo interpretan los niños una cotidianidad familiar en la que la violencia y el miedo son una constante? ¿Cómo viven el maltrato a la madre por un padre depredador? ¿Cómo sobreviven en la hostilidad absoluta, sin una caricia, sin un acercamiento afectivo de sus padres? ¿Cómo conjuran la violencia dirigida hacia ellos?

Una de las claves del gran éxito obtenido por esta pequeña novela editada en 2018 quizás sea la mirada infantil a esos graves problemas. El punto de vista no es habitual, ni en la literatura ni en la vida. Son temas que se hablan entre adultos, pero no con los niños en un intento, ¿adecuado?, de protegerlos. Es la mirada infantil como un grito solitario y desgarrador, mudo al fin, que refleja la necesidad de salir, aunque solo sea mentalmente, de ese ambiente agobiante donde el miedo campa y tiñe todos los aspectos de la vida y donde no hay agarre posible pues, en la novela, la madre está tan aterrorizada que no tiene otra actitud de supervivencia que la de hacerse invisible en su sumisión y no centrarse más que en el cuidado de unas cabras que no reclaman de ella explicaciones a su actitud. 

Ricardo Piglia, gran escritor y crítico argentino, reflexionaba acerca de cómo narrar el terror y llegaba a la conclusión de que solo puede hacerse desde la ficción destinada a decir la verdad y que sea otro el que narre. En esta novela es una niña de 10 años, sin nombre, quien nos cuenta en primera persona lo que vive en su casa junto a su hermano de 6 años. A partir de un accidente del que fueron testigos principales, a ella le quedará una imagen mental indeleble dispuesta a asaltarle bajo el mínimo estímulo y al pequeño, la pérdida de la alegría y un ensimismamiento cuasi autista. A la vista de la situación de imposibilidad de contar con ayuda, ella se erige en protectora de su hermano y decide «salvarlo». Es el estímulo necesario para que se desencadene en su mente, a manera de obsesión, la necesidad de transformación de la realidad. La fórmula clave, la solución, está clara, la ha visto en películas en la tele y funciona, un viaje hacia atrás en el tiempo para cambiar los hechos que han ocurrido, borrar el accidente que les trastorna. ¿Cómo hacerlo? Necesita una nave para tan portentoso viaje del que nos contará las vicisitudes de su construcción.

Hasta aquí estamos ante un relato amable en el que la imaginación de la niña y su candidez nos ha hecho incluso sonreír, aunque al final la sonrisa se nos vuelva mueca pues la inevitable confrontación con la realidad del fracaso supone el comienzo de la pérdida de la inocencia y haber vuelto a la casilla de salida, pero sin la opción soñada.

A partir de este momento, la protagonista nos va a ir desgranando hechos que ocurren a lo largo de 5 veranos, hechos que nos van a llenar primero de asombro y luego de estupor, por la escalada de violencia y horror que vive en soledad. Mientras, su hermano se va haciendo cada vez más extraño e introvertido, ya no comparten juegos y cada uno tiene su vida al margen del otro. Su soledad aún se intensifica más cuando el padre, que es cazador, apunta al hermano al club de tiro creando así un espacio de relación en el que no cabe ella y que es pieza clave para el episodio culmen de maldad que la chica sufrirá y que nos dejará sin aliento. Pasan los años y la niña se va convirtiendo en una adolescente bonita con pulsiones que se centran en admiración primero, y deseo después, por un adulto a cuyos hijos cuida. Es la parte del viaje vital que marca el fin de su niñez y, por tanto, la necesidad de enfrentarse a su situación, al mal, y tomar una decisión si no quiere terminar como su madre. Y no quiere terminar como su madre.

Es una novela que se lee de un tirón, en una tarde, no solo por su brevedad, sino por el poder de atracción de la manera de contar, esquemática, gráfica, eficaz, y por la intriga bien manejada mediante una tensión que va creciendo hasta un final sin concesiones a la redención. Una novela en la que, desde «la ficción destinada a decir la verdad», la revela, algo que los niños no se atreven a hacer.
  
Adeline Dieudonné 

Adeline Dieudonné es una joven actriz belga (1982) que había escrito algún cuento y una obra de teatro y con esta, su primera novela, ha tenido un estreno espectacular. Buenas críticas, muchos lectores, más de 14 premios, entre ellos uno muy interesante, el Reanudot des Lycéens. Parece que habrá película y no lo ha puesto difícil porque la narración es muy visual.
                           
Publicado por Paloma Martínez.