viernes, 3 de octubre de 2025

La violencia nazi - Enzo Traverso

Título: La violencia nazi
Autor: Enzo Traverso
 
Páginas: 222
 
Editorial: Fondo de Cultura Económica

Precio: 16 euros
 
Año de edición: 2025

Esta triste historia comienza con la guillotina. El método revolucionario para ejecutar en serie, de manera eficiente, rápida e impersonal. Con la guillotina el técnico releva al verdugo a la antigua usanza. No mata un hombre, sino una máquina. El hombre muere en un instante. Caen en el cesto un montón de cabezas indiferenciadas, como ovejas en un matadero. La guillotina anuncia las matanzas burocráticas del siglo XX. Los genocidios. Y si hablamos de genocidas, los nazis salen a escena. No fueron los únicos en matar a mansalva de manera fría y premeditada. Pero hay que reconocer que elevaron la matanza a un nivel desconocido de eficiencia. Durante los dos últimos siglos se fueron sentando los precedentes que cuajaron en el Holocausto. 

El historiador italiano Enzo Traverso repasa en su libro La violencia nazi (2022) la genealogía de las ideas, discursos y prácticas que cuajaron en los genocidios del siglo veinte. El Antiguo Régimen desaparece guillotinado por una gran revolución que marcó el comienzo de la era contemporánea protagonizada por las masas. Pero no se trataba solo de matar, sino también de vigilar y castigar. Aparece la prisión moderna. Con sus trabajos forzados. El trato cruel a los presos. El dominio de las conciencias. Jeremy Bentham ideó el panóptico, la prisión reformadora, como el ojo que todo lo ve, al que nada se le escapa. 

Guillotina, cárceles, mataderos, ejércitos nacionales, fábricas jalonaron el nuevo paisaje macabro del siglo XIX. Las élites conservadoras se obsesionaron con disciplinar a presos, soldados y obreros. De la disciplina alienante de los trabajadores de las fábricas se ocupó el ingeniero Taylor. La cadena de montaje funcionaba en las factorías de Henry Ford en Detroit. El proceso productivo moderno borró al hombre, como denunciaron desde Karl Marx hasta Charles Chaplin, pasando por Walter Benjamin.  

El siglo XIX fue también el de la expansión imperial europea a expensas de millones de africanos y asiáticos. Traverso destaca que las matanzas colonialistas, hasta llegar al genocidio, fueron el modelo de futuros exterminios en Europa, algo que suele olvidarse. Para justificarlas, políticos, militares e intelectuales empleaban un crudo discurso darwinista: el hombre blanco superior tiene derecho lisa y llanamente a eliminar a los pueblos de color, declarados «inferiores» en la escala evolutiva. Era el precio a pagar por el progreso. Cañoneras, balas dum dum, ametralladoras o trabajos forzados en condiciones de esclavitud fueron los instrumentos de tan truculento «progreso». Traverso calcula en un mínimo de 60 millones los muertos durante la aventura colonial. Fuera de la presunta civilización, la carga del hombre blanco era sencillamente criminal. 

La muerte anónima dispensada por ciegas máquinas alcanzó su culminación durante la Primera Guerra Mundial, semillero de los fascismos y del comunismo ruso. La vida perdió importancia ante la omnipresencia azarosa de la muerte, vomitada por millares de bocas de fuego. En 1916, durante la batalla del Somme, murieron en unas semanas 600.000 soldados. El matadero de la Primera Guerra Mundial prefigura otros mataderos. También los campos de concentración, las deportaciones y las represalias colectivas. La Guerra Total alcanzaba a los civiles. Nadie se escapaba de su radio de acción. Además, en 1915, los turcos, al abrigo del conflicto, emprendieron el exterminio de millón y medio de armenios. Hitler tomaría nota. 

En 1914 terminó abruptamente el siglo XIX. En 1918 muchos guerreros volvieron de las trincheras con ganas de gresca. Ahí está el origen inmediato de los fascismos. Los excombatientes de extrema derecha continuaron la guerra contra los enemigos internos: judíos, comunistas, socialistas, pacifistas o demócratas en general. Para el autor, el fascismo fue un compromiso entre el modernismo tecnológico y las ideas reaccionarias contrarias a 1789 y 1917. Una contrarrevolución que apelaba a las masas. Distinta, por esa razón, del viejo conservadurismo. Los fascistas querían fundar su imperio. El camino era la guerra sin concesiones. El escenario volvería a ser Europa a partir de 1939. 

Traverso es claro en este espléndido libro: la violencia genocida nazi no fue un accidente, una casualidad o una locura transitoria. Se fue incubando a lo largo de decenios desde el momento en que la barbarie fue dominando el escenario europeo y colonial. El lenguaje racista ya estaba codificado, la tecnología disponible y las víctimas propiciatorias señaladas. Esta filosofía del crimen y la muerte, como la llamó Antonio Machado, era compartida, aun parcialmente, por personas que no eran en absoluto fascistas o nazis. Auschwitz, fábrica de muertos, e Hiroshima, ciudad aniquilada gracias a la física moderna, iban a entrar en la historia. 

Enzo Traverso

Enzo Traverso (Gavi, 1957) es un historiador italiano, actualmente catedrático de la Universidad Cornell. Estudió en la Universidad de Génova y durante muchos años vivió en Francia. Influido por el marxismo, el profesor Traverso es uno de los grandes expertos sobre el fascismo, los totalitarismos y la historia de las ideas del siglo XX. Entre sus libros se cuentan La historia, instrucciones de uso (2007), A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1918) (2009) o Revolución. Una historia intelectual (2022).   

Publicado por Alberto.

jueves, 2 de octubre de 2025

La nieta - Bernhard Schlink

Título: La nieta
Autor: Bernhard Schlink
 
Páginas: 360
 
Editorial: Anagrama


Precio: 21,90 euros
 
Año de edición: 2023
 
¿Conocemos realmente a las personas que amamos? ¿Qué secretos de su vida ignoramos? ¿Afecta eso a nuestra relación con ellos? Esas y otras preguntas de caladose plantea el lector al abordar esta interesante novela. La historia, como en El lector, el gran éxito de Bernhard Schlink, tiene que ver con la memoria, la historia europea y sus consecuencias en la vida cotidiana de la gente de a pie. 
 
En esta ocasión se nos presenta a Birgit, melancólica y a veces deprimida, que huyó en los años sesenta del siglo pasado del Berlín Oriental al Occidental por amor y buscando la libertad para reunirse con Kaspar. El libro empieza cuando Birgit, ya mayor, se suicida, y Kaspar descubre que su mujer pagó un alto precio personal en aquella huida y que guardaba toda una vida secreta, desconocida para él. Empieza entonces toda una pesquisa personal y, poco a poco, descubre toda una historia que desconocía. La obra nos ofrece distintos puntos de vista que van encajando unos en otros, se completan y complementan para contarnos la historia entera: primero se nos da la versión de Kaspar, luego pasamos al punto de vista de Birgit y finalmente, volvemos a lo que vive Kaspar para cerrar definitivamente la novela. 
 
El argumento se despliega con habilidad, de manera que la intriga se mantiene en cada paso, hasta que Kaspar desvela todo el pasado de Birgit y entonces, empieza otra narración, sobre la relación personal que puede llegar a establecerse entre dos personas con un vínculo emocional, pero de edades muy distintas y formas de pensar casi opuestas. Una situación conmovedora. El lenguaje empleado es intensamente emotivo, apela a los sentimientos desde las primeras líneas. El estilo es rico y elegante, dibuja ideas y situaciones llenándolas de matices y colorido. La forma de redactar es eficaz y atractiva, el discurso, complejo e inteligente, plagado de consideraciones y detalles interesantes. El texto tiene algunas referencias culturales, el autor menciona cuadros, autores y piezas musicales para ilustrar el relato, pero sin abusar de ello en ningún momento.
 
Como telón de fondo, se describen algunos pasajes de la historia reciente de Alemania y sus consecuencias. Se exploran similitudes y diferencias entre las zonas este y oeste, y se realiza un profundo análisis de la fractura que dividió al país y de las enormes dificultades de una reunificación, que todavía no se ha resuelto completamente. Los alemanes occidentales siguen pensando que los orientales no están acostumbrados a trabajar duro, que son algo perezosos y quieren que se les de todo resuelto. Les miran con cierto desprecio y condescendencia. Por otro lado, los orientales creían que occidente era el paraíso y todos sus problemas se iban a resolver mágicamente, ven que los occidentales son egoístas, que no quieren ayudarles y que les menosprecian. Sienten que no hay igualdad de oportunidades. Y por último, fruto del desengaño, cada vez más jóvenes de las dos alemanias coquetean con el nazismo. Estas son algunas frases significativas que me han llamado la atención: «¿Quién habría llegado a ser si me hubiese quedado?», «No sabía el daño que a la larga puede hacer el silencio», «Nada era como debía ser. Yo ya no estaba allí, pero tampoco aquí», «Querían que fuese como ellos».
 
Una historia con muchas facetas, de un hombre que conoció a una mujer que había dejado completamente atrás su pasado y después, a otra que traía al presente de  nuevo  un pasado ominoso y terrible. Un libro sobre afectos y segundas oportunidades, que acaba con un final abierto y esperanzador. Una gran novela, compleja y sutil, que hará las delicias de los amantes de este tipo de textos que podríamos llamar superventas histórico con calidad literaria. Muy bueno.
 
La traducción del original en alemán, que me parece estupenda, es de Daniel Najmías Bentolila. En este enlace se pueden leer las primeras 49 páginas.

Bernhard Schlink (Bielefeld, 1944) es un juez y escritor alemán. HIjo de padre alemán y madre suiza, ambos teólogos, estudió Derecho y en 1988 fué nombrado juez en la corte constitucional del estado de Renania del Norte-Westfalia. Es además profesor de Historia del Derecho en la Universidad Humboldt. Vive a caballo entre Bonn y Berlín.

Comenzó a conocer el viejo oficio de escribir produciendo novelas policiacas protagonizadas por un detective llamado Selb, que significa yo mismo. Llegó a tener cierto éxito e incluso a ganar el Premio Glauser, pero su carrera dió un giro con El lector, que le ha dado fama, prestigio y una larga lista de premios, el último en Corea del Sur. 
 
Bernhard Schlink
 
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 1 de octubre de 2025

El pueblo que no quería ser gris - Beatriz Doumerc y Ayax Barnes

Título: El pueblo que no quería ser gris                                                                 Autores: Beatriz Doumerc y Ayax Barnes (ilustrador)

Páginas: 40

Editorial: Colihue

Precio: 8,90 euros

Año de edición: 2015

Hay veces en las que un libro no puede llegar en un momento más oportuno —o inoportuno, según se mire—. El momento histórico en el que se publicó esta obra y la posterior repercusión ha hecho que yo, cincuenta años después, me anime a leerlo y a compartirlo con vosotros, y eso que es un libro infantil, que no es lo que habitualmente leo.

Era 1975, cuando este libro apareció en Argentina, nadie sabía aún que quedaba muy poco tiempo para que el Golpe de Estado de 1976 supusiera un cambio de régimen dramático, una terrible dictadura y con ello, la promulgación de una serie de decretos que prohibieron la difusión de títulos como el que hoy traigo en esta reseña, por lo que estuvo años prohibido y retirado de las librerías de su país.

Estoy hablando de El pueblo que no quería ser gris de Beatriz Doumerc (Buenos Aires, 1929-2014), un cuento para niños que tiene una moraleja tal vez demasiado adulta y, sobre todo, una trama bastante subversiva.

El pueblo que no quería ser gris narra la historia de una ciudadanía que, con algo tan simbólico como el color de las fachadas de sus viviendas, desobedecen el dictamen de un gobernador que ordena cómo pintar esas paredes. Su inicio, sus primeras palabras, ya dicen mucho:

Había una vez un rey grande, en un país chiquito.

La edición de este cuento contó con las ilustraciones de Ayax Barnes (Rosario, 1924–1993), marido de la autora, quien ilustró muchas de sus creaciones y, al igual que Beatriz Doumerc, sufrió la censura argentina y un exilio primero en Italia y posteriormente en nuestro país hasta su fallecimiento.

Hoy día, al menos en un país como España, se puede leer como un cuento con un mensaje que no pasará desapercibido, pero al tiempo con una tranquilidad que no convulsiona conciencias. Su sencillez, el buen gusto de las ilustraciones y un pasado condicionado por la historia de Argentina son tres motivos de mucho peso por los que animo a leer esta obra.

Beatriz Doumerc y Ayax Barnes

Publicado por Jesús Rojas.