miércoles, 20 de julio de 2016

Huerto de cruces - Gabriel Miró


Título: Huerto de cruces 
Autor: Gabriel Miró 

Páginas: 178
 

Editorial: Edhasa

Precio: 10 euros 
 
Año de edición: 1991

Hoy quiero presentaros otro libro de Gabriel Miró, uno de mis escritores favoritos, creo que incomprensiblemente olvidado por el gran público. En esta ocasión se trata de una antología que agrupa veinte fragmentos ,escritos entre 1920 y 1928, extraídos principalmente de «El libro de Sigüenza» y «Años y leguas», más algunos artículos publicados en prensa, como el que da título al volumen «Huerto de cruces», que le sirvió para obtener el Premio Mariano de Cavia en 1925.

La selección es muy buena y este mosaico de textos ofrece una vista panorámica bastante completa de este autor alicantino. Varias cualidades hacen de este escritor algo excepcional que todo buen lector debe probar, porque si conecta con él y le gusta, es un auténtico filón.

Lo primero que hay que decir es que Miró poseía una sensibilidad exagerada y era sinéstesico, como Baudelaire es decir, percibía sensaciones sensoriales cruzadas, como ver sonidos, oír colores y oler texturas. Eso se nota en sus textos,  llenos de sensaciones, lirismo y sentimientos, a veces morosos y de tempo tranquilo.

El estilo está muy elaborado, es barroco en la expresión y magnífico, pero sobre una base de frases cortas y sencillas, llenas de metáforas, sinestesias y un vocabulario riquísimo. Creo que es uno de los pocos autores que escribe con todo el diccionario, incluso emplea arcaísmos sonoros que enriquecen aún más la experiencia del lector. Pero no os asusteís, es un recurso que utiliza con mesura y que no impide entender entender el sentido general de lo que se está leyendo.

Como ejemplo aquí os traigo algunas de las palabras que se pueden enconrar en este volumen:

oxear espantar animales domésticos y la caza.

pegujal pequeña porción de terreno que el dueño de una finca cede al guarda o encargado para que la cultive como parte de su remuneración.

lardoso grasiento pringoso

roznar comer haciendo ruido

cermeño especie de peral, de hoja lanceolada y velluda

afrecho salvado, cáscara molida del grano de un cereal

legón especie de azadón

En fin, leer a este hombre es una experiencia única, una fiesta del lenguaje y un estímulo para los sentidos. Un bocado delicioso para gourmets de la palabra. Así que si os gusta la literatuda de verdad, leed, leed a Miró todo lo que podáis.

Gabriel Miró (Alicante, 1879-1930) es el miembro olvidado del Novecentismo. Hijo de un ingeniero de obras públicas, estudió en el Colegio de los jesuitas en Orihuela, fué un niño enfermizo y un gran lector. Estudió Derecho en Valencia y Granada, no consiguió aprobar las oposiciones a juez y tuvo varios empleos en el Ayuntamiento de Alicante, hasta que triunfó como novelista y consiguió una muy merecida fama de estilista.

Se casó con la hija del Cónsul de Francia en Alicante, trabajó en las Diputaciones de Alicante, Barcelona y finalmente en Madrid, en el Ministerio de instrucción pública. Colaboró intensamente en los periódicos de las ciudades en las que vivió,  estuvo a punto de ingresar en la Real Academia Española.  

Parece que no consiguió los suficientes votos debido al escándalo que supuso la publicación de su gran novela «El obispo leproso» (1926), que se consideró anticlerical, cuando él siempre fué un hombre religioso, católico y más bien tradicional. Poco simpatico a la izquierda y con una campaña en contra organizada desde la derecha, cayó en el olvido durante una época. Lo curioso es que sigue olvidado y menospreciado, como un autor pintoresco y colorista, cuando me parece un mago del lenguaje y un gran novelista.

Gabriel Miró (1926)

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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