jueves, 14 de enero de 2016

Bartebly y compañía - Enrique Vila-Matas


Título: Bartebly y compañia
Autor: Enrique Vila-Matas
 
Páginas: 184
 
Editorial: Anagrama
 
Precio: 17 euros

Año de edición: 2000

Me encantan los libros que, siendo buenos como éste que traemos hoy aquí, resultan inclasificables porque mantienen el equilibrio cual hábiles funambulistas encima de la línea que separa varios géneros sin llegar a caer nunca en ninguno de ellos. Si añadimos ironía, un toque de surrealismo y grandes dosis de metaliteratura, nos aproximaremos bastante a este texto estupendo del barcelonés Vila-Matas.

En él, el autor se inventa un alter ego, que no sabemos hasta qué punto guarda cierto parecido con él, que tras una primera novela de juventud y un trauma que le ocasiona su padre, se queda bloqueado sin poder escribir durante casi treinta años, situación que consigue finalmente romper con esta obra, que trata precisamente de las sequías creativas de los escritores.

Como Vila-Matas no es un escritor muy conocido en nuestro país, la invención cuela muy bien de primeras, hasta que el lector averigúa que este autor ha estado publicando como un descosido, de manera frenética y compulsiva desde hace casi cuatenta años. Pero la ficción está muy bien. Organizada en 86 capítulos cortos, casi a modo de diario o dietario, consigue demostrar que «escribir que no se puede escribir también es escribir» y acaba transformando su imaginaria sequia creadora en un frondoso vergel.

Repasa la historia de grandes escritores que en un momento dado, dejaron de escribir durante años, por decisión propia o por atasco mental, cosa que curiosamente es más frecuente de lo que parece, y aquí nos encontramos por supuesto a Juan Rulfo y a Salinger, pero también nada menos que a Robert Walser, Rimbaud, Sócrates, Wittgenstein, Hölderlin, Stendhal, Jules Renard, Duchamp, De Quincey, Mallarmé, Juan Ramón Jiménez y muchas otras firmas, unas famosas y otras bastante desconocidas, como el español Pepín Bello, que no publicó casi nada pero está considerado como el alma de la generación del 27.

Hay anécdotas desternillantes, otras surrealistas, personajes que se inventan miles de excusas disparatadas e ingeniosas para justificar porqué no escriben, reflexiones jugosas, dichos, historias sueltas, miscelánea y otras cosas. Un pupurrí delicioso, que también sirve para conocer a un buen número de escritores raros y heterodoxos, ingenioso inteligente y de lo más curioso.

El título recoge el nombre de uno de los inactivos por naturaleza más conspicuos de la Historia de la Literatura, Bartebly el escribiente, el personaje de Melville, que si se veía urgido a escribir o a hacer lagoprovechoso resondía con un no rotundo y demoledor. Es uno de los grandes hombres del no.

Un libro genial, original y divertido a su manera, lleno de datos interesantes y de la particular forma de hacer literatura de este barclelonés irrepetible. Lo suy es decir «» a esta pequeña enciclpedia del «no».

Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es un escritor español, autor de más de treinta libros, entre novelas, ensayos y libros inclasificables. Estudió Derecho y Periodismo, y a los 20 años empezó a trabajar como redactor para la revista «Fotogramas». En 1970 dirigió dos cortometrajes y inició una corta carrera como actor en siete películas, todas prohibidas por la censura franquista.

Hizo el servicio militar en Melilla mientras escribía su primera novela, la segunda la escribió en París poco después, en una buhardilla que le alquiló Marguerite Duras. A partir de ese momento se sucenden los ensayos, libros de relatos y novelas, que se han traducido a nueve idiomas.

Ha ganado varios premios de gran prestigio, como el Rómulo Gallegos, el Médicis y el FIL en Lenguas Romances, además de la Legión de Honor francesa. Su literatura irónica, inclasificable, autorreferencial es muy valorada en el extranjero, la verdad es que es uno de los narradores españoles más elogiados en el extranjero, mientras que en España no es un autor muy conocido. Ésta es su págna web.
       
Enrique Vila-Matas

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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