jueves, 12 de mayo de 2022

La dama del perrito - Antón Chéjov

 

Título: La dama del perrito                                                                                                 Autor: Antón Chéjov

Páginas: 80 pág.

Editorial: Nórdica

Precio: 17,50 euros

Año de edición: 2019

Escrito en 1899, éste es uno de los relatos más famosos de Chéjov y probablemente, uno de los más típicos y representativos de su extensa producción. Cuenta la aventura de un adinerado empleado de banca, acostumbrado a engañar a su mujer, con una delicada dama que conoció en el balneario de Yalta. Después de algunos encuentros amorosos y de una despedida pactada y tranquila, nuestro hombre, curtido en mil batallas, se da cuenta de que se ha enamorado por primera vez, y corre a buscar a la dama del perrito a la ciudad de provincias en la que vive. La historia continua con varias alternativas y finaliza con un desenlace abierto, moderno para la época.

Varias cosas llaman la atención en este relato. La primera, la habilidad del autor para dar mucha información en cada frase y en cada párrafo. Decía Chéjov que «El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras» y aquí sigue ese principio a rajatabla, porque el texto tiene solo 14 páginas y cuenta un montón de cosas con una asombrosa riqueza de matices y detalles.

Además, hay que decir que no sobra nada en el relato, todas las piezas encajan en la historia que se quiere contar y contribuyen a desarrollarla, siguiendo otro principio que se ha dado en llamar el principio del arma de Chéjov, quien en una carta a un autor novel le explicó que si en una historia se dice que hay un rifle colgado en la pared, antes o después, debe alguien descolgarlo y disparar. Todos los elementos de una narración deben ser necesarios e irremplazables. 

También es curioso el arco de evolución que sigue el protagonista, un hombre algo frívolo y egoísta, casado muy joven con una mujer a la que no quiere, que al principio de la historia encadena un romance tras otro, pero desprecia a las mujeres la «raza inferior», que luego se encapricha de una dama, se da cuenta de que está enamorado como nunca lo ha estado y acaba dándose cuenta de que la quiere más que a nada en este mundo.  

Por otro lado, se ve en este cuento la empatía y compasión que muestra el autor con sus personajes. Chéjov nunca los juzga, comprende la naturaleza humana y siempre trata de entender sus defectos. En este caso, construye toda suerte de disculpas para los amanes adúlteros: los dos se casaron muy jóvenes y sin amor, no son felices, su convivencia con sus respectivos cónyuges no es nada buena y ambos, en el fondo saben que están siendo engañados. En ese sentido, esta historia, de la que el autor dijo que «Quería mostrar a seres humanos que aman, lloran, piensan y ríen. No podía censurarlos por un acto de amor», se contrapone a «Anna Karénina» (1877) del gran Tólstoi, que concluye que «Nadie puede construir su felicidad sobre el dolor de otro».

Por último, hay que destacar lo maravillosamente bien escrito que está el texto, el poder evocador de cada escena, de cada frase y la capacidad del autor de describir toda una atmósfera con unas cuantas frases, siempre cortas. Por ejemplo, se describe una excursión a Oreanda, a 5 km de Yalta, en un solo párrafo. Un lugar con bosques, vistas al mar estupendas y todo tipo de atractivos, que el lector se imagina lleno de belleza y encanto.

En suma, un relato maravilloso, muy bueno, que bien puede servir de síntesis y resumen del estilo y buen hacer de este autor universal, un verdadero especialista en la distancia corta. Extremadamente recomendable.

Hay una espléndida versión cinematográfica muy libre titulada «Ojos negros», dirigida en 1987 por Nikita Mijalkov y protagonizada por Marcello Mastroianni. El argumento mezcla varios relatos de Chéjov y propone un desenlace diferente. Es una gran película, que capta muy bien el espíritu de los cuentos chejovianos. Es una pena que no consiguiese ninguno de los diez premio a los que estuvo nominada.

Para acabar, hay que decir que esta edición está muy bien ilustrada por Javier Zabala y que la traducción del ruso es de Víctor Gallego, que ganó el premio Read Rusia con su versión española de «Anna Karénina», publicada por la editorial Alba.

Antón Chéjov (1860-1904) nació en Taganrog, el principal puerto del Mar de Azov, hijo de un cristiano ortodoxo muy estricto y nieto de un siervo que consiguió comprar su libertad, es posible que ambas cosas hiciesen que amase la libertad por encima de todo a lo largo de su vida. Su madre era una gran contadora de cuentos, que entretenía a los seis hermanos con sus historias.
   
Para ayudar a la quebrantada economía familiar comenzó a escribir para la prensa artículos y cuentos. Se hizo médico y siguió publicando relatos, hasta un total de casi 600, con los que ganó varios premios y llegó a convertirse en un gran maestro. Admirador y heredero del arte de Maupassant, está considerado uno de los mejores cuentistas de la historia. También escribió obras de teatro muy notables.
    
Fue una de las grandes figuras del naturalismo; consiguió escribir de manera completamente natural, sin artificios, con una fluidez y una cercanía envidiables. Falleció muy joven, a los 44 años, de una tuberculosis que arrastró casi toda su vida. Compatibilizó su profesión de médico con su afición a escribir, de manera que llegó a decir: «La medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante».

Retrato de Antón Chéjov a sus 38 años, obra de Osip Braz

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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