De entre los grandes escritores españoles, Miguel Delibes ocupa un lugar muy particular. Se trata de un autor de reconocida calidad que siempre ha tenido innumerables lectores. La categoría literaria no fue en su caso un obstáculo para la popularidad. Se puede extraer de ello una conclusión optimista: los gustos del respetable público no siempre son tan vulgares como pontifican ciertos santones. Miguel Delibes era, por lo demás, un hombre discreto. Vivió en Valladolid. Escribía sobre su tierra: la Castilla mesetaria y desnuda, los pueblos, la gente del campo, los niños y los humildes. Delibes era de ideas liberales. Cristiano. De un humanismo machadiano. Le gustaban la caza, la pesca y la vida familiar. Tampoco su obra tuvo grandes altibajos, ni períodos de silencio creativo. Desde La sombra del ciprés es alargada, su primera novela, ganadora del Premio Nadal en 1947, Delibes fue publicando sus libros a buen ritmo.
Mi idolatrado hijo Sisí es la cuarta novela del vallisoletano. Se publicó en 1953. A lo largo de tres partes, que transcurren entre 1917 y 1938, nos retrata la vida familiar de Cecilio Rubes. Cecilio es un buen burgués provinciano. Vende bañeras y otros artículos higiénicos. Es un tipo rubicundo, bastante gordo, de inteligencia limitada y comodón. Un perfecto egoísta. Las relaciones con su mujer Adela, tímida y de clase social inferior a la suya, son superficiales. Tiene, por supuesto, una querida. Forma parte de un club con socios tan fariseos como él. La imagen que tiene de sí mismo es bastante equivocada, ya que se considera un hombre inteligente, emprendedor y de ideas brillantes. No es el caso. Cecilio Rubes es un modelo de mediocridad y vulgaridad.
Mi idolatrado hijo Sisí toca con acierto varios temas: la existencia burguesa, los cambios de la sociedad española a lo largo de dos décadas decisivas y la educación de los hijos. Se pueden comentar brevemente estos tres aspectos.
Delibes analiza con exquisito detalle los modos y maneras de la burguesía católica en una ciudad que podría ser perfectamente Valladolid. Los rituales sociales que se repiten una y otra vez. Las reuniones entre amigos. Los cafés. El cuplé, que las buenas gentes del momento consideraban como un espectáculo pecaminoso («sicalíptico»). El teatro. El cine, más tarde. Las señoritas tocando el piano. La importancia del qué dirán (el temido escrutinio público en una sociedad cerrada en donde todos se conocen). El exhibicionismo de las cosas que se salen de lo corriente (ejemplo: un automóvil). La religiosidad acomodaticia y cosmética. Las conversaciones triviales. Miguel Delibes demuestra su talento para ofrecernos el retrato preciso de un sector acomodado de la sociedad española de su tiempo. Solo por eso, la novela es magnífica.
Si la vida es cambio y el cambio es historia, Mi idolatrado hijo Sisí es a su manera una novela histórica. Fuera del apacible universo burgués de los Rubes, la existencia se acelera. El bueno de Cecilio teme que esa gran revolución que ha estallado en Rusia llegue a su ciudad. Es posible que algunos de sus empleados simpaticen con los bolcheviques. Barrunta que los revolucionarios rusos no simpatizan demasiado con los fabricantes de bañeras. Las transformaciones no cesan. Cambia la moda de las señoras. Los coches de caballos empiezan a considerarse como un anacronismo. Cecilio instala en su casa el teléfono. Las imágenes del cinematógrafo empiezan a hablar. La publicidad es cada vez más importante. Las empresas familiares dan paso a las sociedades anónimas. Para alegría de Cecilio Rubes, la higiene se va imponiendo. En fin, de la historia nadie se escapa, ni siquiera en la adormilada Castilla.
Delibes, por último, toca el asunto de la educación de los hijos. Cecilio Rubes en principio no quería tenerlos: dan demasiada guerra para su estilo de vida sin compromisos. Pero, claro, cuando su mujer se queda embarazada, cambian sus ideas al respecto. El pequeño Cecilio, apodado Sisí, es un querubín rubio adorado por su progenitor. Lo malcría. El niño crece. Acabará siendo un parásito sin educación. Un señorito que ha heredado todos los defectos de su progenitor y ninguna de sus escasas virtudes. Un ser hueco que busca únicamente satisfacer sus deseos inmediatos. Delibes parece querer contraponer aquí a la familia Rubes con sus vecinos, los Sendín, que son católicos sinceros, cargados de hijos y llevan una existencia esforzada lejos de la vida muelle de los otros. Para mí esta es la parte menos interesante del libro, porque se acerca peligrosamente a la novela de tesis (contra el maltusianismo, en este caso).
En definitiva, una de las mejores novelas de un escritor de excepción. El estilo es excelente. Un castellano perfecto, depurado, de frases breves y redondas, carente de retórica y que se adapta como un guante a lo que quiere decirse, sin manierismos ni retortijones verbales. Delibes era un maestro y Mi idolatrado hijo Sisí lo demuestra con creces. Recomendable y más que recomendable.
Miguel Delibes Setién (1920-2010) fue un escritor español nacido en Valladolid. La familia Delibes era burguesa y descendía del compositor francés Léo Delibes. Miguel fue el tercero de ocho hermanos. Luchó durante la Guerra Civil en el bando sublevado. Terminada la contienda, estudió Derecho y llegó a ser en 1943 catedrático de derecho mercantil en la Escuela de Comercio de Valladolid. Publicó su primera novela La sombra del ciprés es alargada en 1947. Luego le seguirán Aún es de día y El camino, una de sus obras maestras.
A partir de ahí se convirtió en uno de los novelistas españoles más destacados gracias a títulos como Mi idolatrado hijo Sisí, Las ratas, La hoja roja, Cinco horas con Mario, Diario de un cazador, Señora de rojo sobre fondo gris, Los santos inocentes o El hereje. Ingresó en la Real Academia Española en 1975. Aficionado a la vida campestre, cronista impecable de la vida castellana, fue director de El Norte de Castilla, el gran periódico de su ciudad. Delibes falleció en Valladolid en 2010 tras una larga enfermedad.


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