sábado, 24 de septiembre de 2016

La famosa lengua de señas otomana

La famosa escuela de sordomudos en Estambul

El ser humano ha empleado los más variados métodos para comunicarse con sus semejantes, lo que ha dado lugar a las más variadas y sofisticadas creaciones culturales, desde la ópera al alfabeto morse, pasando por el lenguaje del abanico y los libros, naturalmente. Pero una de las historias más raras y curiosas sobre sistemas de comunicación es la lengua de señas otomana, o lengua del serrallo, hoy completamente perdida. Vamos a tratar de resumirla.

En la corte de los sultanes otomanos las conspiraciones eran el pan de cada día y no eran raros los fratricidios y parricidios para conquistar el sultanato. Las pequeñas intrigas para hacerse con algún puesto interesante también eran frecuentes, así que en el siglo XVI, se hizo habitual que el sultán se rodease de una corte de sordomudos protegidos y leales, que no pudiesen transmitir información, ser sobornados, entender las negociaciones secretas y bastante impermeables al mundo exterior.

El siguiente paso es que se hizo de mal gusto que el sultán hablase en público y el protocolo exigía que lo hiciese en contadas ocasiones. Para su vida cotidiana los monarcas aprendieron el lenguaje de señas que usaban sus criados, cocineros, eunucos, personal de servicio y funcionarios de palacio. El primer sultán que aprendió el lenguaje de señas fué Osman II (1604-1622),que llegó al poder a los 14 años mediante un golpe de estado contra su tío el sultán, invadió Polonia y murió asesinado a los 18 años por su visir. Osmán II llegó a estar rodeado de 100 sordomudos a su servicio.

Retrato de Osman II

Se comunicaba con ellos y con el resto de la corte mediante el lenguaje de signos y se hizo costumbre desde entonces que el sultán guardase silencio en público, lo que causó trastornos psicológicos a más de un monarca. Vivir en silencio y rodeado de personas que le observan a uno continuamente, incluso en los momentos de mayor intimidad, puede desquiciar a cualquiera. Ahmed III se quejaba de que al entrar en una habitación había 40 personas observándole y que no podía estar solo ni cuando se desvestía.

Volviendo al lenguaje de signos, al principio los sirvientes jóvenes lo aprendían mediante fábulas y cuentos, se transmitía por tradición «manual» hasta que se fundó una escuela oficial para mudos. Según los expertos y los testimonios hallados parece que era sofisticada y permitía comunicar ideas complejas como cualquier otro idioma.

Tan extendido y enraizado estaba esa lengua de signos que se dice que el sultán Mustafá I (1592-1639) se negó a aprenderlo y fué practicamente obligado por la corte a abdicar a los tres meses de estar en el trono.

El escritor español Otavo Sapiencia dejó escrito en 1622: «Toda la conversación del Gran Turco es con mudos, enanos y truhanes, y en Palacio todos hablan a lo mudo, haziendo dello particular profesión, y no quiere otra conversación, sino del dicho género de gente».

La lengua de signos otomana sesiguió utilizando en la corte turca hasta los años 20 del siglo pasado, pero no se ha conservado ningún manual ni tratado y es una incógnita saber si la actual lengua de signos turca procede o no de aquel antecedente otomano. 

Una historia rara y curiosa ¿verdad? Siempre he pensado que no andaba muy descaminado el lema de una editorial esotérica de hace algunos años: hay otros mundos, pero están en este.

Para más información, véase este artículo sobre los sordos en la corte otomana y esta recopilación de fuentes en inglés. He descubierto esta historia en la Brújula verde.

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

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