miércoles, 29 de septiembre de 2021

Soy leyenda - Richard Matheson

  

Título: Soy leyenda                                                                                                            Autor: Richard Matheson

Páginas: 175

Editorial: Minotauro

Precio: 16,95 euros

Año de edición: 2020

Imagínense una historia que podría ser de hoy mismo: se declara una enfermedad contagiosa y universal de origen poco claro. Como resultado de la pandemia, la humanidad se tambalea y acaba por hundirse. Se extingue. Pero sucederá algo alucinante y terrible. Los muertos recientes vuelven a la vida en forma de vampiros. Estos vampiros son nuestros amigos, vecinos y familiares. Son unos vampiros de barrio, pero más espeluznantes que los distinguidos caballeros pálidos, misteriosos y con acento que venían del este de Europa. Los vampiros modernos consecuencia de la pandemia son simplemente repugnantes. No son presentables en sociedad. Eso sí, siguen con su sed de sangre, las costumbres noctámbulas y la inefable aversión a los ajos, espejos y crucifijos. 

Pues bien, ese es, ni más ni menos, el tema de «Soy leyenda» (1954), la memorable, aunque un tanto excéntrica, novela del escritor y guionista norteamericano Richard Matheson (1926-2013). A él se deben otras estupendas aportaciones a la literatura fantástica como «El hombre menguante» o «La mansión infernal». Matheson era un tipo alto, corpulento y con barba, de ascendencia noruega, y todo un experto en la complicada labor de provocar el escalofrío en el sufrido lector. Lo que se dice un clásico del espanto.  

Robert Neville, protagonista de «Soy leyenda», parece ser el único superviviente de este mundo muerto tras la hecatombe bacteriológica. Neville es un hombre normal y corriente, pero pragmático e inteligente, que se enfrenta a lo imposible de una manera ordenada, coherente. Por un lado, intenta mantener a raya a los vampiros que rondan desde el anochecer su casa con el propósito de sumarlo a su lúgubre pandilla: sal Neville, le gritan. Por el día, los busca en sus cubiles y les da muerte al viejo estilo: clavándoles una estaca bien afilada en el corazón. Además, intentará, en la medida de sus fuerzas, buscar una solución racional y científica a la pandemia vampírica, investigando su origen con la ayuda de un microscopio. Aquí Neville se nos muestra como un derivado de los héroes progresistas de H. G. Wells: la fuerza de la razón disipará las tinieblas. En definitiva: estaca y microscopio; superstición y ciencia.

Pero el día a día de Neville es monótono y enervante: largos, metódicos viajes por la ciudad fantasmagórica, cuyo vacío es hipnótico. La soledad pesa a Neville. Un silencio de muerte parece acechar en cada esquina. Un ruido inesperado, una confusa figura fugitiva entrevista, el recuerdo de su mujer, que murió y volvió, despiertan en Neville los mayores terrores, cuajados de pesadillas y sudores fríos. Cuando cae la noche, los vampiros tratan de convencerlo para que abandone esa vida asediada y se una a ellos. Algunas vampiras, desnudas y blancas como estatuas de mármol, le hacen gestos lascivos desde las tinieblas. Neville intenta contrarrestar el ruido infernal que hacen los monstruos con música y alcohol.

Sin embargo, Neville, superviviente nato, resiste; se aferra desesperado a la vida. Como Robinson Crusoe, el náufrago Neville busca desesperadamente una compañía que le permita sentirse vivo. Un perro callejero será su primer amigo. A partir de ahí, se acelera la historia. Neville, el solitario y correoso cazador de vampiros, testigo del fin del mundo, tendrá su leyenda. Robert Neville se impondrá finalmente como símbolo: él lo entiende, lo acepta y a los lectores nos deja temblando de emoción.   

Hay muchos puntos de interés en «Soy leyenda», una novela de horror con toques de ciencia ficción postapocalíptica, que van más allá del género fantástico. En esencia, el libro es la crónica de un pionero solitario e individualista que elimina eficazmente a sus enemigos, abriendo camino a una nueva sociedad, que no tendrá más remedio que rechazarlo como hombre para preservarlo como mito. Por otro lado, la novela presenta una relectura original del mito del vampiro: los no muertos son los de siempre, pero el escenario de sus correrías es totalmente contemporáneo, sin rastro de imaginería gótica. Además, se ofrece una explicación científica, secular, del vampirismo. En plena guerra fría, el autor incide en el miedo colectivo al fin del mundo por culpa de una irresponsabilidad humana. También, en la necesidad de reconstruir una convivencia civilizada. Así pues, de la leyenda del último hombre vivo enfrentado a los muertos, la sociedad del futuro sacará la épica necesaria para su supervivencia. Neville es un mito fundacional. Casi como lo fue la conquista del oeste para EE. UU.

Del estilo, poco hay que decir. Matheson opta por la claridad, la precisión y la funcionalidad. En ocasiones, parece que estemos ante un guion, tal es la parquedad de las descripciones y la velocidad con la que se suceden las páginas en esta breve novela. Pero esa sobriedad no le resta eficacia, ni fuerza expresiva. Eficacia, porque es una novela de estructura perfecta y final redondo; fuerza expresiva, porque a Matheson le bastan algunas pinceladas maestras para evocar el horror, narrar una peripecia individual marcada por la soledad, el aislamiento y la angustia, o recordar cómo era el mundo antes del fin. En verdad, es una pequeña gran novela. 

Dos palabras sobre la influencia a posteriori de esta obra. De ella se han hecho varias adaptaciones cinematográficas: la primera en 1964, con el gran Vincent Price; la segunda es de 1971, con el sólido Charlton Heston, y en 2007 se estrenó la tercera, con el insoportable Will Smith como Robert Neville. Existe asimismo una interesante y temprana adaptación española de 1967. El atento espectador decidirá qué versión le gusta más. A mí, la que más me gusta no es ninguna de esas cuatro, sino la inolvidable «La noche de los muertos vivientes» (1968) que, como confesó su director George A. Romero, es una adaptación libre de la novela de Matheson. El afable Romero decía que sus zombis son unos tipos corrientes dentro de los monstruos. Lo mismo sucede con su inspiración, los vampiros zarrapastrosos de Matheson. Así que «Soy leyenda» está en el origen mismo de la moda zombi. Casi nada. 

Para terminar: lean y disfruten de esta novela breve, precursora, entretenida y magistral. Son dos horas. Y si pasan algo de miedo, no protesten. 

Richard Matheson

Publicado por Alberto.

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