sábado, 20 de agosto de 2016

Sobre la mujer del césar

Julio César

«La mujer del césar no solo debe ser honesta, además tiene que parecerlo». Si no cito la famosa frase atribuida a Julio César por Plutarco, reviento. No entiendo cómo nadie se ha acordado en los medios, al menos que yo sepa, de tan conocido adagio, tan de actualidad en estos tiempos a pesar de tener más de 2000 años.

Porque efectivamente, la inmensa mayoría de políticos españoles parece haber olvidado que además de la responsabilidad penal, existe la responsabilidad política y que dimitir no es un nombre ruso. Hemos sabido últimamente que en otros países hay responsables públicos capaces de dejar el puesto cuando han dado positivo en un test de alcoholemia, por haber plagiado su tesis doctoral hace años y cosas por el estilo. 

Mientras tanto, en la piel de toro no dimite casi nadie hasta que un juez no lo imputa (cambiar el término no suele arreglar nada) por un delito grave y empieza a resultar evidente que es un delincuente. Y varios partidos políticos declaran con desfachatez que eso está así estipulado en su «código ético», esperar hasta que ya resulta insoportable para actuar contra un correligionario por su conducta poco edificante. ¡Madre mía! 

Declaraciones vergonzosas, excusas disparatadas, actitudes bochornosas, ridículos que dan grima y situaciones mil de auténtica vergüenza ajena no tienen ninguna consecuencia política y lo peor es que, poco a poco, nos vamos acostumbrando a casi todo.

A lo mejor tan peculiar estado de cosas depende en parte del hecho de que muchos de nuestros políticos no saben hacer otra cosa que eso, ser políticos, cosa en la que por cierto, no son muy diestros; algunos no han trabajado en su vida, y no pueden permitirse el lujo de perder su «trabajo» e ir al paro. No alcanzo a comprender porqué no se trata de evitar esa situación. Los políticos podrían ser personas bien formadas, con un título, idiomas, un puesto de trabajo estable y un carrera profesional, que dejarían durante cuatro u ocho años para ejercer alguna responsabilidad pública y luego volver a su antigua ocupación.

Del escándalo de los aforados, término que precisamente viene del latín forum (espacio público donde de desarrolla la actividad política), es decir, esos españoles privilegados que solo pueden ser juzgados por magistrados propuestos por los partidos políticos a los que pertenecen, es posible que hablemos otro día. 

En cuanto a que el primer deber de un político es mantener su buena fama, Julio César ya la sabía.

Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

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