He aquí una magnífica novela apocalíptica con una fuerte carga de crítica social. En el siglo XXI el mundo se encamina hacia su destrucción. A las catástrofes medioambientales se une la desintegración social. El calentamiento global del planeta provoca el deshielo de los casquetes polares. El clima parece haberse vuelto loco. El nivel de los mares asciende peligrosamente. La economía capitalista colapsa. La sociedad se estratifica como en tantos períodos de decadencia. El estado se vuelve ineficiente y despótico. La civilización tal y como se conocía está llegando a su fin. El progreso acaba en desastre. Un desenlace pesimista.
Las torres del olvido, publicada por primera vez en 1987, es una novela escrita por el australiano George Turner. Ha sido reeditada en varias ocasiones. Se considera como la obra maestra de su autor. Es un libro largo, bien escrito, en donde se nos cuenta el hundimiento de la civilización a través del desclasamiento de los Conway, una familia australiana de clase media. Así que Las torres del olvido es, como tantas novelas de ciencia ficción, una vigorosa alegoría social. A través del retrato de un futuro sombrío se critican lacras bien reales del presente, que podrían llevar, si no se pone remedio, a un mundo parecido. Por eso muchas de estas novelas constituyen una advertencia con una fuerte carga moral. Las mejores han demostrado ser proféticas.
La antaño próspera Australia se muere azotada por múltiples desastres: naturaleza herida, economía muerta, sociedad empobrecida. El resto del mundo tampoco va mejor. Los recursos disminuyen. Una parte mayoritaria de la sociedad es desechada como si se tratara de un trasto viejo. Los desheredados son concentrados en unas inmensas e inhóspitas torres de hormigón lamidas por el mar, cuyo nivel no para de subir. Sus habitantes están, literalmente, con el agua al cuello.
En ese entorno pesadillesco va surgiendo una nueva sociedad marcada por la pobreza, el desarraigo y la violencia. Es el mundo de los infra. Los de abajo. Los supra están arriba. Son la élite. Viven en barrios aparte, con la despensa bien surtida y los servicios automatizados. Pero el ascensor social sigue moviéndose, aunque mal, al igual que lo hacen los desvencijados ascensores de las torres de marras. Algunos infra inteligentes ascienden a la condición de supra. Y bastantes supra descienden al submundo infra. Entre unos y otros malvive una acosada clase media, la periferia, que se acerca al abismo social. Esta sociedad futurista se basa en la estratificación social, la corrupción consentida, el dominio policíaco y la mentira institucionalizada. Las torres del olvido recuerda poderosamente a otros clásicos del género, como 1984.
La familia Conway ha descendido del paraíso supra al limbo de la periferia y está amenazada por el infierno infra. Su caída supone el derrumbe de las tranquilas certezas de la clase media. Las torres en donde se apiñan los desheredados infra quedan muy cerca del decadente barrio de los periféricos. El futuro, un futuro de miseria y abandono, se palpa con la mirada. También por el hedor. Por no hablar de la jerga arrabalera y casi ininteligible de los infra. Por lo demás, el mundo se va al cuerno. Las noticias manipuladas ya no consiguen encubrir el desastre. La economía se planifica ante la disolución del mercado. Los infra malviven con subsidios estatales cada vez más miserables. Mientras tanto, el mar, impasible, acabará por «tragarse con su ira azul tanta fría miseria», recordando el verso de Luis Cernuda.
Los hijos de los Conway no son agradables. Quieren huir de la amenaza del desclasamiento. Su madre acaba renunciando, aunque no del todo, a su estatus mesocrático, y se une a Billy Kovacs, un infra intreligente y decidido que la quiere y protege. El personaje de Kovacs es notable: jefe de torre, gánster, confidente de la policía, padre de innumerables retoños, guardián de un orden precario en este mundo que se desliza hacia la barbarie. Las vidas cruzadas de estos y otros personajes constituyen el cuerpo de la novela. Son seres insatisfechos, rencorosos, en ocasiones desesperados, que intentan salir a flote con mil estrategias de supervivencia. Quizá dentro de mil años se tenga la perspectiva adecuada para entender semejante mundo.
Las torres del olvido se lee estupendamente. Posee un estilo ágil, diálogos llenos de vivacidad, personajes ambiguos y complejos zarandeados por las circunstancias que les han tocado vivir y una excelente estructura, bien pensada, desarrollada y resuelta. Novela de ciencia ficción, relato apocalíptico y sátira de las diferencias de clase en las sociedades anglosajonas, Las torres del olvido brilla con luz propia. Excelente.
George Reginald Turner (1916-1997) fue un escritor y crítico literario australiano. Nacido y crecido en Melbourne, luchó en la Segunda Guerra Mundial. Tuvo muchos trabajos durante sus años mozos. Acabó siendo crítico literario de ciencia ficción. Sus estudios y antologías le dieron un notable reconocimiento. En 1978 publicó su primera novela. En 1987 se editó su obra maestra, Las torres del olvido, una destacada alegoría sobre el cambio climático, la desigualdad social y el autoritarismo estatal. Esta novela ganó el prestigioso Premio Arthur C. Clarke en 1988. Turner falleció en 1997 con 80 años.


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