viernes, 5 de junio de 2026

La DGS. El palacio del terror franquista - Pablo Alcántara

Título: DGS: el palacio del terror franquista
Autor: Pablo Alcántara
 
Páginas: 384
 
Editorial: Espasa
  
Precio: 20,90 euros 
 
Año de edición: 2024

La Puerta del Sol madrileña es desde hace mucho tiempo el epicentro de las protestas públicas en nuestro país. En el siglo XVIII se construyó el magnífico edificio de la Real Casa de Correos, que hoy es sede de la presidencia de la comunidad madrileña. Desde su reloj se dan las campanadas de fin de año. Este entrañable palacio dieciochesco tiene una historia siniestra. Una historia de abusos de poder, tortura y represión. Una historia que merece ser contada. No es agradable. Resulta repugnante y dolorosa. Pero es bueno conocerla con cierto detalle, quizá por aquello tan viejo de que los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla. De contarla brillantemente se ocupa el joven historiador Pablo Alcántara en su libro La DGS. El palacio del terror franquista (2024).

DGS son las siglas de la Dirección Generalde Seguridad. Se fundó en 1912, después del asesinato del presidente del gobierno José Canalejas a manos de un anarquista en la misma Puerta del Sol. Pero la DGS adquirió toda su siniestra resonancia durante la dictadura franquista y la convulsa transición a la democracia. Pablo Alcántara, como buen historiador, investiga con detalle el origen de la Puerta del Sol remontándose a la Edad Media. Con Carlos III, el mejor alcalde de Madrid, se erigió definitivamente la Real Casa de Correos, para centralizar el negocio postal. Una anécdota premonitoria: las obras tuvieron que ser exorcizadas porque los obreros aseguraban que por allí pululaban fantasmas. Mal asunto. 

A lo largo del siglo XIX y principios del XX fue construyéndose el estado liberal y los servicios policiales. Apareció el famoso reloj. La gente comenzó a celebrar el año nuevo en la Puerta del Sol. Los años pasaban. Con la Segunda República la Real Casa de Correos se convirtió en sede del Ministerio de la Gobernación. Estalló la Guerra Civil. En 1939 se reorganizó la DGS. En 1941 apareció la Brigada Político-Social (BPS), siniestra policía política del franquismo. La dictadura fue extremadamente represiva desde el principio hasta el fin. Pablo Alcántara levanta acta de esta dureza. Lo hace con intachable erudición, claridad y buena pluma. La peculiar «paz» de Franco consistió en mantener abiertas las heridas de la guerra civil durante cerca de medio siglo.

Los detenidos eran torturados por norma en las dependencias de la DGS. Daba lo mismo que fueran comunistas, anarquistas o socialistas. Hombres o mujeres. Incluso menores de edad. Los torturadores solo se controlaban cuando el preso tenía cierta relevancia. En este caso, su maltrato podía provocar un escándalo internacional. Con esta excepción pragmática, que no ética, el principio a seguir era siempre el mismo: leña. A veces hasta la muerte. No había límites en cuanto al sadismo. Se llegó a contratar a un boxeador profesional para dar puñetazos. Un funcionario, reciclado en la democracia, intentó justificarse empleando el argumento clásico: las órdenes se cumplen, sea en dictadura o en democracia. Obediencia debida. 

Los testimonios que aporta Alcántara son pavorosos. En 1953 fue asesinado en la DGS el socialista Tomás Centeno. En 1962 defenestraron al comunista Julián Grimau (luego lo fusilaron para completar la faena). En 1969 también arrojaron por una ventana al estudiante Enrique Ruano. Eran extraños saltos al vacío, muertes repentinas, suicidios inexplicables. Los inspectores se encogían de hombros. Sus jefes proclamaban enfáticamente, cómo no, que en España se respetaban escrupulosamente los derechos humanos. 

Miles de obreros, estudiantes, intelectuales, artistas, propagandistas, profesionales, quinquis y hasta algún sacerdote pasaron por las delicadas zarpas de la BPS. Todos ellos acabaron con marcas en el cuerpo y en el alma. Algunos nombres célebres: el sindicalista Marcelino Camacho, el estoico comunista Simón Sánchez Montero y el genial literato Fernando Arrabal, detenido en 1967 por blasfemo, disfrazarse de mujer y escribir la siguiente dedicatoria pánica: «me cago en Dios, en la Patria y en todo lo demás».

En 1964 el anarquista escocés Stuart Christie recaló en la DGS. No lo golpearon demasiado porque era extranjero. En sus memorias hizo un detallado resumen de su experiencia. El edificio era oscuro, sucio y laberíntico. Los funcionarios apaleaban a la gente de manera rutinaria. Algunos llevaban batas blancas, como si estuvieran en un quirófano. Ciertos personajes de la DGS se harían tristemente célebres: el comisario Roberto Conesa, el inspector Juan Antonio González Pacheco («Billy el Niño») o el inexpresivo militar Eduardo Blanco (de quien Christie hizo una descripción memorable). 

Murió Franco. La nueva democracia no depuró responsabilidades: pacto del olvido. Los torturadores siguieron en su sitio y en ocasiones, torturando. En la DGS siguieron registrándose muertes «misteriosas»: el presunto miembro del GRAPO José España Vivas, el etarra Arregui o la truculenta desaparición del delincuente Santiago Corella alias «El Nani». Hasta 1992 la policía no abandonó la Real Casa de Correos.

Han pasado los años. Con la eclosión de la memoria histórica se quiere recordar esa parte del pasado barrida debajo de la alfombra. El autor señala que ciertas dependencias policiales se han convertido en lugares de memoria en países que han sufrido dictaduras. Una cuestión de justicia reparadora. En la antigua DGS no existe ni una placa. Sin comentarios. El excelente libro de Pablo Alcántara nos permite conocer ese pasado de algún modo escamoteado. Muy recomendable.  

Pablo Alcántara

Pablo Alcántara Pérez (1992) es un historiador español nacido en la localidad asturiana de Avilés. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo, es asimismo doctor cum laude en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Especialista en violencia política, represión y el período de la Transición. Autor de diversas publicaciones y del libro La secreta de Franco. La Brigada Político-Socialdurante la dictadura (2022), complementario del que comentamos aquí.  

Publicado por Alberto. 

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