Título: Señales
Autor: Tim Gautreaux
Páginas: 536
Editorial: La Huerta Grande
Precio: 23,95 euros
Año de edición: 2025
Un buen amigo me ha regalado este libro —¡Gracias, Jesús!— y la verdad es que me ha encantado, me ha gustado mucho. Ha sido una oportunidad para conocer a un buen escritor de relatos estadounidense, con una voz muy especial y temas originales. El volumen, publicado originalmente en 2012, se compone de 21 relatos, 12 nuevos y 9 escritos con anterioridad. Cubren, por lo tanto un amplio espacio de tiempo y se nota la evolución del autor, que poco a poco va encontrando el tono justo desde los tres primeros, un poco tentativos, hasta llegar a los 12 siguientes, que me parecen geniales.
Se trata de textos de unas 25 páginas de media, en lo que el autor se toma su tiempo para introducirnos en la atmósfera del sur profundo, donde vive gente trabajadora, baqueteada por la vida, a la que les sobra alcohol en el cuerpo y les faltan ilusiones. Gente dura y sufrida, a veces damnificados de la vida, que a menudo se desliza por la pendiente de la catástrofe sin poder evitarlo. Por aquí aparecen viejos duros de pelar, curas que han perdido casi toda su memoria en un accidente, ludópatas empedernidos, delincuentes que hacen reír, alcohólicos bien intencionados, ancianos al borde de la demencia, perdedores habituales, trabajadores precarios, policías cachazudos y con retranca, maniáticos incorregibles, pobres diablos obsesionados con un imposible, marginados irrecuperables... el sur estadounidense más profundo y atávico, poblados de personas que viven sumergidas cada día en el desastre.
Estos relatos me parecen dignos herederos de El camino del tabaco, esa obra maestra de personajes que habitan el fracaso, que encarnan a la perfección el reverso del sueño americano. Son historias que podrían ser muy duras, pero están suavizadas por un finísimo humor que lo hace todo más llevadero. Y es que es imposible mantener el dramatismo cuando lo ridículo, lo risible aparece, y en estas páginas, despunta cada dos por tres, aunque a veces sea en forma de humor negro, negrísimo. Estos relatos son todos crónicas de un naufragio, de un tipo u otro, pero están empapados de ironía y de costumbrismo, de sabor local y de buenas historias, porque Gautreaux es un magnífico contador de historias. Al leerlas, parece que estamos escuchando a un viejo, algo achispado ya, que sentado en el bar del pueblo va desgranando la vida y milagros de todos sus vecinos, con cierta socarronería y un punto de exageración intencionada, que no hace dudar de la veracidad de todos los detalles que nos cuenta.
Me ha gustado especialmente la pieza titulada «El cielo en las Vegas», en la que un grupo de amigotes que se conocen de toda la vida juegan a contarse historias a cual más disparatada mientras juegan una partida de cartas. El relato, sirve de resumen y síntesis de todo el libro y constituye todo un alarde de ingenio y creatividad del autor, capaz de rizar el rizo en una sarta de sucedidos disparatados. También me ha encantado «Bueno para el alma», sobre un cura demasiado aficionado al brandy, que trata de hacer una buena acción, aunque algo arriesgada y, naturalmente, la lía parda y la cosa acaba en un desastre tan fenomenal como hilarante.
El estilo delata a un escritor que conoce muy bien su oficio. Es una forma de escribir que parece inofensiva, bastante sencilla e incluso con poca gracia... hasta que nos damos cuenta de que casi sin querer nos embarca en unas tramas que, de estar contadas de otra manera, nos resultarían inverosímiles. Podría citar un buen número de frases divertidas, muchas de ellas por lo exageradamente expresivas que resultan, pero no quiero estropearos el placer de descubrirlas por vosotros mismos. Porque tenéis que leer este libro.
En fin, un libro de relatos de antología, que es una oportunidad para conocer a un autor más que interesante. Un buen ejemplo de literatura del desastre, de fracasología y de cultura sureña, empapada de la más fina ironía, con una buena dosis de humor negro y generosas cantidades de alcohol. Un cóctel irresistible.
La traducción del inglés, que me ha parecido muy buena, la verdad, es obra de José Gabriel Rodríguez Pazos, profesor de la Universidad Villanueva de Madrid.
Tim Gautreaux (Morgan City, Luisiana, 1947) es un escritor estadounidense. Como indica su apellido, es descendiente de franceses acadianos que, expulsados por los ingleses en el siglo XVIII de Nueva Escocia y Acadia (una antigua región entre Canadá y Estados Unidos), se establecieron en Luisiana. Allí, en el sur profundo, formaron la cultura cajún, con su folclore propio, sus costumbres, su gastronomía, su música, sus tradiciones orales y su idioma, un dialecto derivado del francés.
Estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Nichols y se doctoró en la Universidad de Carolina del Sur. Desde los 25 hasta los 53 años, estuvo impartiendo clases de escritura creativa en la Universidad del Sureste, en Florida. Empezó a escribir poesía, hasta que se decidió por los relatos de unas 20 páginas, la longitud que suelen publicar las revistas literarias. Ha publicado tres novelas y tres recopilaciones de cuentos. Está considerado como uno de los mejores cuentistas estadounidenses, lo cual es mucho decir, porque hay una competencia tremenda. Es el señor de la foto, el de la sonrisita irónica.
Publicado por Antonio F. Rodríguez.


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