Últimamente estamos viendo cómo el clima está cambando a marchas forzadas. A principios del 2021 nos sorprendió a los madrileños una borrasca con nieve de una intensidad nunca vista en la ciudad, la llamada Filomena; casi todos los días de este verano se baten récords de temperaturas máximas en nuestro país, el Mediterráneo acumula más y más calor, y los incendios son cada vez más virulentos e incontrolables. El verano está siendo asfixiante en toda Europa y las temperaturas en torno a los 40º C que en Madrid eran normales a finales de julio, se repiten día tras día antes de que hayamos llegado a la canícula, las semanas más calurosas del año, que van del 15 de julio al 15 de agosto.
Y todo esto no son percepciones subjetivas o mensajes alarmistas de los meteorólogos. La conclusión principal de la cuarta edición del informe Indicadores del Cambio Climático Global, publicado el 11 de junio de 2026, es que ese cambio está acelerándose y cada vez nos queda menos margen de maniobra. Según el panel de más de 70 investigadores de 56 instituciones de todo el mundo que lo han elaborado, la actividad humana ha calentado el planeta 1,37º C a finales de 2025, y cruzaremos la temida frontera de los 1,5º C de incremento en 2030. Nada es seguro, pero los expertos dicen que superado ese límite, probablemente ya no haya vuelta atrás posible y el cambio se acelerará de manera imprevisible.
Nuestro ecosistema está en peligro. Nos lo estamos cargando y parece que a nadie le importa realmente. ¿Habéis visto la película No mires arriba (2021)? Pues eso. Una metáfora de lo más importante que está ocurriendo en la actualidad. La pregunta ya no es ¿Qué planeta le vamos a dejar a nuestros nietos, o a nuestros hijos? Sino ¿Vamos a poder sobrevivir en este planeta los próximos años?
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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